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1307. Los Republicanos.

Litografía de Tomás Padró  en La Flaca, en conmemoración de la proclamación de la I República española




Un domingo de abril, por la tarde, se habían reunido en el invernadero, huyendo de la lluvia, 
unos cuantos y charlaban alrededor de la mesa.

—¿Y Maldonado? —preguntó Manuel al llegar y notar su falta.

—Ya no viene —dijo Prats.

—¡Hombre, me alegro!

—Todos dicen lo mismo —exclamó el Madrileño—. Maldonado es el tipo del republicano español. ¡Son admirables esos tíos!

—¿Por qué? —dijo el Bolo.

—Sí, hombre; odian a los aristócratas, porque no pueden ser aristócratas; se las echan de demócratas, y les molesta todo lo plebeyo; se las echan de héroes, y no han hecho ninguna heroicidad; se las echan de Catones, y el uno tiene casa de juego; el otro taberna... ¡Rediós! Así es muy fácil ser austero... Luego todos son absolutistas..., y toda su emancipación consiste en dejar de creer en el Papa para creer en Salmerón o en cualquier fabricante de frases por el estilo... A nosotros nos odian porque ya discurrimos sin necesidad de ellos.

—¡Qué mala intención tienes! —dijo el Bolo, que era anarquista con simpatías republicanas—. Hay que verles a esos en el Congreso.

—Yo no he estado nunca en el Congreso —replicó el Madrileño.

—Ni yo —añadió Prats.

—Yo sí —replicó el Libertario.

—¿Y qué? —le preguntaron.

—¿Vosotros habéis visto la jaula de monos del Retiro?..., pues una cosa parecida... Uno toca la campana, el otro come caramelos, el otro grita...

—¿Y el Senado?

—¡Ah! Esos son los viejos chimpancés... muy respetables.

—¡Qué guasón! —dijo el Bolo.


Pío Baroja
Aurora Roja, 1904




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