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1414. El Gran Dictador (Discurso final).




«El más grande clown y la personalidad más querida de su tiempo, 
retó al hombre que había instigado más maldad y miseria humana 
que cualquier otro en la Historia de la humanidad» 
(Paul Robinson. Charlie Chaplin Research Foundation)



Recordamos en el aniversario de su nacimiento a Charles Chaplin, el hombre que dijo que Hitler «le había robado el bigote», con el discurso final del El Gran Dictador, película que es un alegato en forma de parodia contra el nazismo, el fascismo, el antisemitismo y todas las dictaduras, a la vez que un canto a esperanza, la democracia, la paz y la libertad.

En El gran dictador subyace el deseo de Chaplin por reducir a Hitler al más absoluto de los ridÌculos y esto no pasó desapercibido para la diplomacia alemana que protestó ante el Gobierno de los Estados Unidos en contra de la exhibición de la película. Sin embargo, de poco sirvieron las presiones ejercidas en el rodaje y en el estreno. No disuadieron a Chaplin, que llegó a afirmar: «ìLa voy a proyectar ante el público, aunque tenga que comprarme o mandarme construir un teatro para ello, y aunque el único espectador de la sala sea yo!» Chaplin había adquirido el compromiso de dar a conocer al mundo los efectos letales que podía conllevar la megalomanía sin freno de un dictador enajenado.

Fue el primer largometraje sonoro de Chaplin, y su rodaje comenzó tan solo una semana después de iniciada la invasión de Polonia. Se estrenó en Nueva York el 15 de octubre de 1940.

Chaplin nunca se libró de las presiones, y acabó siendo víctima de la caza de brujas del gobierno americano y expulsado del paÌs el 18 de septiembre 1952.

En 1964 Chaplin declararía que de haber sido consciente del horror que supondría la Segunda Guerra Mundial y la crueldad con la que los nazis aplicaron sus brutales teorías racistas, no habría realizado la película: «Si hubiera tenido conocimiento de los horrores de los campos de concentración alemanes no habría podido rodar la película: no habría podido burlarme de la demencia homicida de los nazis; no obstante, estaba decidido a ridiculizar su absurda mística en relación con una raza de sangre pura».

La película fué prohibida en Alemania, Italia y todos los países ocupados y no se estrenó en Alemania hasta 1958. En España fué censurada. No llegó a los cines hasta 36 años después,  el 30 de abril de 1976, una vez muerto el dictador.


El Gran Dictador. Discurso final.

Realmente lo siento, pero no aspiro a ser emperador. Eso no es para mí. No pretendo regentar, ni conquistar nada de nada. Me gustaría ayudar en lo posible a cristianos y judíos, negros y blancos. Todos tenemos el deseo de ayudarnos mutuamente. La gente civilizada es así. Queremos vivir de nuestra dicha mutua, no de nuestra mutua desdicha. No queremos despreciarnos y odiarnos mutuamente.

En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede garantizar la subsistencia de todos. El camino de la vida puede ser libre y magnífico, pero hemos perdido ese camino. La voracidad ha envenenado el alma de los hombres, ha rodeado el mundo con un círculo de odio y nos ha hecho entrar marcando el paso de la oca en la miseria y en la sangre. Hemos mejorado la velocidad pero somos esclavos de ella. La mecanización que trae consigo la abundancia nos ha alejado del deseo. Nuestra ciencia nos ha vuelto cínicos. Nuestra inteligencia duros y brutales. Pensamos en exceso y no sentimos bastante. Tenemos más necesidad de espíritu humanitario que de mecanización.

Necesitamos más la amabilidad y la cortesía que la inteligencia. Sin estas cualidades la vida solo puede ser violenta y todo estará perdido. La aviación y la radio nos han acercado los unos a los otros. La naturaleza misma de estos inventos requería la bondad del hombre y reclamaba una fraternidad universal para la unión de todos.

En este momento mi voz llega a miles de seres esparcidos por el mundo. A aquellos que puedan comprenderle les digo: no desesperéis, la desgracia que ha caído sobre nosotros no es más que el resultado de un apetito feroz, de la amargura de unos hombres que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará y los dictadores perecerán, y el poder que han usurpado al pueblo volverá al pueblo. ¡Y mientras existan hombres que sepan morir, la libertad no podrá perecer! Soldados, no os entreguéis a esos brutos... hombres que os desprecian y os tratan como esclavos, hombres que regimientan vuestras vidas, imponen vuestros actos, vuestros pensamientos y vuestros sentimientos; que os amaestran, os hacen ayunar, os tratan como ganado y ¡os utilizan como carne de cañón!. No os pongáis en manos de esos hombres contra natura, de esos hombres-máquina con corazones de máquina. ¡Vosotros no sois máquinas!¡Vosotros no sois ganado!¡Vosotros sois hombres!¡Vosotros lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones! No odiéis. Sólo los que no son amados odian. Los que no son amados y los anormales.... Soldados, ¡no combatáis por la esclavitud! Combatid por la libertad! En el capítulo 17 del evangelio según San Lucas está escrito: "El reino de Dios está en el hombre mismo". No en un solo hombre, ni en un grupo de hombres, ¡en todos los hombres! Y ¡vosotros! 

Vosotros, el pueblo tenéis el poder para crear máquinas. El poder para crear la felicidad. Vosotros el pueblo tenéis el poder para crear esa vida libre y espléndida para hacer de esa vida una radiante aventura. Entonces, en nombre de la democracia, utilicemos ese poder... ¡unámonos todos! Luchemos por un nuevo mundo, un mundo limpio que ofrezca a todos la posibilidad de trabajar, que de a la juventud un porvenir y resguarde a los ancianos de la necesidad, prometiendo estas cosas gente ambiciosa se ha hecho con el poder, pero ¡han mentido! No han mantenido sus promesas, ¡ni las mantendrán jamás! Los dictadores se han liberado pero han domesticado al pueblo. Combatamos ahora para que se cumpla esa promesa. Combatamos por un mundo equilibrado...un mundo de ciencia en el que el Progreso lleve a todos a la felicidad. ¡Soldados! en nombre de la democracia, ¡unámonos!


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