Lo Último

1418. El partido del pueblo.

Juan Guilloto León
(El Puerto de Santa María, Cádiz, 24 de septiebre de 1906 - Praga, 19 de abril de 1969)




Cuando salimos de España, nos separamos de amigos inolvidables y camaradas entrañables, a muchos de los cuales no volveríamos a ver.

Siguieron en el país, o volvieron a él, para proseguir en las nuevas condiciones la misión y obra del Partido en las entrañas del pueblo, en la lucha por la libertad. Ellos son nuestro orgullo. En la trayectoria seguida a través de los años, ha sido el Partido Comunista de España la fuerza política en liza per­manente en defensa del pueblo.

Como lo fue en la guerra: el 18 de julio; en la defensa de Madrid; en la contención del desastre del Este; en la resistencia de Levante; en la gesta del Ebro. Como lo fue en las crisis que se produjeron en el curso de la guerra; crisis todas ellas mortales para cualquier régimen que no tuviera el arraigo popular de la democracia española; crisis todas ellas superadas por la voluntad de los españoles y su unidad en la lucha.

Sólo cuando la unidad se deteriora, las dificultades son mayores; cuando se rompe, viene la derrota. Esa es la gran enseñanza.

No vencimos en la guerra, porque a pesar de ser su teatro nuestro territorio nacional, sus aguas y sus cielos, era el primer episodio de la segunda guerra mundial.

El enemigo tuvo de su parte fuerzas y medios a discreción, con arreglo a sus necesidades, y el arsenal bélico de las poten­cias nazi-fascistas, organizadoras de la gran tragedia mal llamada del 39-45, porque debe llamase del 36-45.

Las potencias occidentales aceptaron la intervención germano-italiana. La "No intervención", hija del imperialismo occidental, fue socia de aquella y la Junta de Casado su hijastra.

Salimos de España con la cabeza alta, como la mantuvo el pueblo español.

En todas partes los combatientes de España se incorporaron a las filas de la resistencia, aportando su temple, su pasión, sus experiencias, a la lucha por la democracia. Hoy, treinta años después, estamos orgullosos de la gesta imperecedera del pueblo español, del que somos hijos, en la guerra nacional-revolucionaria que libró contra los agresores.

Ellos, los agresores nacionales y extranjeros, desencadenaron la guerra, su guerra contra España, de la que se han lucrado el imperialismo y sus socios españoles. Al discurrir de los años, ya no es un secreto que la derrotada en 1936-1939 fue España, fueron sus hijos, beneficiándose el puñado de gentes de la situación y los potentados de la Banca y las finanzas nacionales y foráneas.

En la tragedia del final de la guerra, sólo el Partido permanece enhiesto, sin claudicar, sin responsabilidad histórica en la traición que desarma la defensa, acogota la resistencia y capitula.

En su puesto de combate, traicionados como el pueblo, junto con el pueblo, entramos los comunistas en el período del martirologio.

El destino del pueblo, su suerte, es la nuestra. Sus tragedias nos son propias, aceptadas por ser ley que nos rige, firmes, conscientes rumbo a la libertad, a la victoria indudables.

Esa es la razón de su existencia, la verdad del ser del Partido.

Este relato, conscientemente incompleto, se refiere sólo a la guerra. Los comunistas en ella cumplimos con nuestro deber. El pueblo español por su heroísmo y su sacrificio mereció la victoria. Hacia ella, y nosotros con él, marcha con firme paso.


Juan Modesto Guilloto
"Soy del Quinto Regimiento"

















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