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1745. Las enseñanzas de la victoria de Teruel

Es muy legítimo que la toma de Teruel haya producido honda satisfacción a las masas populares. En toda la España leal se celebra el triunfo con verdadera alegría. Y en la zona todavía sometida al poder de los facciosos y del invasor extranjero, estoy seguro de que miles y miles de españoles saludan en silencio nuestra victoria. Porque ésta les anuncia, del mismo modo que nos anuncia a nosotros, la perspectiva del triunfo final.

Legítimo es, igualmente, que nosotros, dirigentes de los partidos y otras organizaciones antifascistas, nos esforcemos en determinar con la máxima precisión cuál es la significación y el alcance de la victoria de Teruel, con el fin detener la visión más clara posible de las tareas inmediatas de nuestras organizaciones y de nuestro pueblo.

La victoria de Teruel no es la primera victoria militar de la República. Más bien se puede decir que es la consecuencia y la continuación de toda una serie de éxitos alcanzados por nuestro Ejército Popular. Desde la defensa heroica de Madrid por las milicias populares, desde el Jarama y Guadalajara, donde ya se afirmaba, a pesar de grandes dificultades y resistencias, un principio de organización de un Ejército Regular; desde las batallas victoriosas de Brunete y Belchite, en las cuales manifestó nuestro Ejército sus altas cualidades y su heroísmo, hasta la gran operación ofensiva que nos ha permitido conquistar Teruel, hay una continua evolución positiva, hay un proceso ininterrumpido, de mejoramiento y consolidación de nuestra organización militar, de sus mandos y comisarios, de su unidad, de su capacidad de resistencia y de ataque.

¿Por qué ha sido posible esta evolución? ¿Por qué, enfrente de un enemigo fuerte, numeroso, bien armado, decidido a defender a toda costa sus posiciones, ha logrado nuestro Ejército arrebatar una posición como la de Teruel y conquistar para la República tan espléndida victoria?

Se refleja en este éxito el progreso general que hay en la organización de todo nuestro país, particularmente desde que se liberó el pueblo de España de un gobierno como el de Largo Caballero, que con su inercia, con su orientación sectaria, con su política personalista, no hacía más que aflojar y obstaculizar la marcha del pueblo y de su Ejército hacia la victoria. La República es deudora de este progreso, no a unos hombres determinados -y al decir esto no quiero disminuir en nada el alcance del papel que han jugado hombres como el actual presidente del Consejo, el ministro de Defensa Nacional, el jefe de Estado Mayor, general Rojo, y otros tantos-, sino a todas las organizaciones y a las masas que integran el Frente Popular y apoyan a su gobierno, y a otras organizaciones y masas también, que todavía no están formalmente incorporadas en el Frente Popular, pero que cada vez se acercan más a él y trabajan con todos nosotros, codo con codo, en la tarea común de ganar la guerra. La unidad: esto es lo que nos ha dado y nos dará la victoria, que nos hace marchar adelante seguros de nuestro triunfo final. Los comunistas Cartón Vega, Líster, el militante confederal Vivanco, los jefes y comisarios republicanos, socialistas y sin partido, las masas de soldados que estos mandos han educado para el combate, se han unido en un esfuerzo supremo de voluntad, de resistencia, de heroísmo, y la victoria fue nuestra. Teruel está bajo la bandera republicana. Y el triunfo no es de uno u otro partido, sino de todo el pueblo, de toda la España republicana.

Esta unidad es el alma de nuestro Ejército, el fundamento de su desarrollo victorioso. Y la primera y fundamental enseñanza que hay que sacar de la victoria de Teruel es que se debe evitar todo lo que vaya en contra de la unidad del Ejército, todo lo que tienda a disminuirla. Nuestro Partido trabaja y trabajará sin descanso en este sentido.

No es hoy el momento de plantear en el Ejército el problema de las “posiciones” de ésta o de otra organización. El Ejército es de todo el pueblo, y si nuestro Partido goza en sus filas de tantas simpatías y adhesiones la causa está simplemente en el hecho de que nuestros militantes se esfuerzan en ser modelos de disciplina, de firmeza y de espíritu de sacrificio, cualidades que son la base misma de la organización militar.

El Ejército sabe que nuestro Partido pone por encima de todo la unidad, sin la cual la organización militar y la victoria no son posibles; que es enemigo encarnizado de la vieja costumbre política, que consiste en gobernar fomentando la división entre Partidos y organizaciones políticas diferentes. Sólo puede ser verdaderamente popular, hoy, en el pueblo y en el ejército, que es la fiel expresión del alma popular, quien trabaja por la unidad abierta y consecuentemente, en cada instante. Esto es lo que hace nuestro Partido. ¡Cómo se fortalecería el Ejército si todos nuestros camaradas y hermanos socialistas comprendieran la necesidad de acelerar la fusión de nuestros dos Partidos, realizando rápidamente la consigna que sale de las trincheras de Madrid y del campo de batalla de Teruel: “Un solo carnet para socialistas y comunistas.”.

Yo hablo de estos problemas hoy aquí, comentando la última victoria de nuestro Ejército, porque son problemas candentes de hoy y de mañana y su solución está estrechamente ligada al desarrollo de nuestra lucha.

Ingenuo es quien considere que con un solo triunfo se ha terminado nuestro esfuerzo. La victoria de Teruel llena a nuestro pueblo de entusiasmo y de coraje, da un golpe formidable a todos los derrotistas y enemigos del gobierno, levanta el prestigio de nuestras armas y de la República en el extranjero, siembra la confusión en las filas enemigas, corta una vez más el camino a las maniobras oscuras con las cuales se intentaba desmoralizar al pueblo, hablándole de compromiso y de paz sin victoria. Todo esto es cierto, pero con esta victoria no se termina la guerra y hay que tener cuidado que este éxito no nos haga perder la cabeza.

El enemigo no capitula. El fascismo italiano y alemán no renuncia tan fácilmente a su lucha para hacer esclavo a nuestro pueblo y conquistar en España las posiciones que le permitan desencadenar una guerra mundial contra los pueblos democráticos de Europa. Al contrario. Habiendo comprobado nuestras fuerzas, el enemigo va a preparar sus próximos golpes y a organizar su resistencia con mucha más atención y tenacidad. Va a intentar concentrar más cantidad de tropas y material bélico, y si queremos rechazarlo y aplastarlo necesitamos nosotros también de fuerzas más grandes, de una mayor tensión de nuestras energías para el combate. La victoria de Teruel sólo puede ser considerada como el preludio de luchas de carácter decisivo. Para estas luchas que nos esperan hay que prepararse en todos los campos y de todas las maneras. Por esto nuestro Partido dice a todo el pueblo de España: ¡Atención! Hemos logrado una gran victoria y estamos orgullosos de ella. La hemos logrado porque supimos organizar un fuerte Ejército; fortalecer nuestra retaguardia y luchar con éxito por la unidad. ¡Necesitamos hoy un Ejército todavía más potente, una retaguardia más libre de enemigos y, ante todo y sobre todo, una unidad más fuerte, más amplia, más sólida que nunca!

El ascenso a general del coronel Sarabia, comandante del Ejército de Levante, anuncia probablemente la intención del Gobierno de recompensar dignamente con ascensos y condecoraciones a los militares y comisarios que, particularmente en las últimas operaciones, han merecido el reconocimiento del pueblo. Si tal intención existe, la saludamos con satisfacción porque esto sólo podrá estrechar más y más la ligazón del pueblo con su Ejército y levantar la moral para futuros combates.

Pero la obra de hacer más potente el Ejército no es exclusiva del gobierno, sino de todas las organizaciones antifascistas del país, y lo mismo la de limpiar de enemigos la retaguardia y consolidar nuestra unidad.

Los combatientes y héroes de Teruel piden y esperan. Piden que la victoria de unidad que ellos han conquistado sea seguida por otras victorias de unidad en todo el país, conquistadas por las voluntades concordes de todos. Esperan que el Frente Popular se haga más fuerte y amplio, que se liquiden las discordias injustificadas, que se haga imposible toda labor de división. Nuestro Partido se compromete una vez más a trabajar, y trabajará en este camino. Está seguro que en el mismo camino se pondrán todas las fuerzas antifascistas de España.


José Díaz Ramos
Artículo publicado en "Frente Rojo" el 24 de diciembre de 1937 y recogido en el libro Tres años de lucha. Editions de la Librairie du Globe, Paris 1970


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