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1817. El destino de los exiliados

Refugiados españoles atraviesan el puente colgante de Boulou, en la frontera franco-española, el 8 de febrero de 1939



La diáspora de los republicanos exiliados llevó a estos españoles a los más alejados e insospechados lugares del planeta. Una parte de ellos combatió a los alemanes durante la Guerra Mundial. Unos lo hicieron con los soviéticos a través de toda la Europa del Este. Otros, integrados en las unidades del general Leclerc que desde el norte de África avanzó por territorio francés hasta liberar París y Estrasburgo, o luchando en la resistencia francesa y participando de manera decisiva en la liberación de diversas localidades del sur de Francia. No pocos terminaron en los campos de exterminio alemanes de los que pocos salieron con vida. Otros, más afortunados, llegaron a América desparramándose por casi todos sus rincones.

Francia, que había visto cómo en el curso de los tres primeros meses de 1939 el número de refugiados españoles había sobrepasado el medio millón, intentó desembarazarse del mayor número posible de ellos. El Gobierno francés, agobiado por los problemas que le creaba aquel éxodo de dimensiones inesperadas y por los gastos que le ocasionaba, llevó a cabo campañas entre los refugiados para fomentar su repatriación, buscó nuevos países de asilo y terminó por encuadrar a varias decenas de miles en las CTE (Compañías de Trabajadores Extranjeros) promulgando leyes que disponían el trabajo obligatorio de los refugiados.

De esta manera se produjo una diáspora de los refugiados españoles durante los meses siguientes a la finalización de la Guerra Civil española, lo que hizo que corrieran suertes muy diversas.

Las autoridades francesas consiguieron persuadir a unos 360.000 refugiados que fueron regresando de manera discontinua a España a lo largo de todo el año 1939. En el mes de diciembre de 1939 quedan en Francia aproximadamente 140.000 refugiados españoles, de los que 40.000 son mujeres y niños y 100.000 ex combatientes.

A primeros de junio de 1939 la Confederación Nacional de Ayuda a los Refugiados Españoles había pedido la supresión de los campos de concentración en que estaban recluidos los exiliados españoles en condiciones penosas y que se reintegraran en la vida civil francesa. Esta petición fue desoída. Por el contrario, el Gobierno francés para aliviar los gastos que le ocasionaban y aprovechar su potencialidad a favor de los intereses franceses, decidió utilizar a los que quedaron en territorio francés como mano de obra para fines militares o económicos, para lo que promulgó leyes por las que creó las Compañías de Trabajadores Extranjeros.

También hicieron propaganda en los campos para reclutar voluntarios para la Legión. Los que eligieron ese camino -unos 10.000- fueron destinados al norte de África. El 75 por ciento de ellos perdieron la vida meses después, en 1940, en la batalla de Francia.

Mayor aceptación tuvieron entre los refugiados españoles los Batallones de Marcha y las Compañías de Trabajo. La Legión, los Batallones de Marcha, las Compañías de Trabajo, fueron las fórmulas sucesivas ideadas por las autoridades francesas para encuadrar militarmente a la masa de refugiados españoles, especialmente a los más jóvenes. Cuando comprobaron que los alistamientos a la Legión se hacían con cuentagotas, decidieron la creación de los Batallones de Marcha dirigidos por oficiales franceses. Tampoco tuvieron demasiado éxito, según el testimonio de Pons Prades, porque esos Batallones parecían una copia de la Legión. Como último recurso crearon las Compañías de Trabajadores Extranjeros que incorporaron a oficiales españoles como auxiliares de los franceses.

Estas CTE quedaban a disposición de los generales jefes de las regiones militares y se les encomendó labores de defensa, construcción de fábricas de armamento y sobre todo la construcción de fortificaciones en el Atlántico y en las fronteras con Alemania e Italia.

Pons Prades calcula que de abril del 39 a marzo de 1940 los alistados, voluntarios o forzosos, en estas Compañías de Trabajo fueron unos 75.000. Otros 35.000 se integraron en unidades del Ejército francés, de los que unos 10.000, como queda dicho, se alistaron en la Legión Extranjera.


Félix Santos





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