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1858. Una carta de Franco a Hitler





A. Su Excelencia Adolf Hitler, Führer del pueblo alemán

El Pardo, 26 de febrero 1941 


Estimado Führer: 

Su carta del día 6 me hace desear que le envíe mi respuesta con prontitud, ya que considero que es necesario hacer ciertas aclaraciones y confirmar de mi lealtad.

Considero como usted que el destino de la historia le ha unido conmigo y con el Duce de manera indisoluble. Nunca he tenido que ser convencido de ello y como os he dicho más de una vez, nuestra guerra civil desde su concepción y durante todo su trayecto, es más que una prueba. También comparto su opinión de que el hecho de que España se encuentra en las dos orillas del Estrecho obliga a la extrema enemistad hacia Inglaterra, que aspira a mantener el control del mismo.

Estamos hoy donde siempre hemos estado, en forma decidida y con la más firme convicción. No debe tener ninguna duda sobre mi absoluta lealtad a este concepto político y a la realización de la unión de nuestros destinos nacionales con los de Alemania e Italia. Con la misma lealtad, he dejado claro desde el inicio de las negociaciones de las condiciones de nuestra situación económica, único motivo por lo que no ha sido posible hasta ahora determinar la fecha de la participación de España.

Teniendo en cuenta nuestras propias dificultades después de la guerra, recordará que nunca he fijado un plazo demasiado corto para nuestra entrada en la guerra. Me permito, Führer, decir que el tiempo transcurrido hasta este momento no se ha perdido totalmente, ya que hemos estado obteniendo suficiente, aunque no ciertamente grandes cantidades de grano para permitirnos construir acciones, pero sin duda para algunos el pan necesario para el sustento diario de las personas que de lo contrario habrían perecido de inanición en un número considerable.

Además, debe reconocerse que en esta cuestión del suministro de productos alimenticios, Alemania no ha cumplido sus ofrecimientos de apoyo efectivo hasta hace muy poco. Ahora estamos empezando a movernos en el terreno de hechos concretos y dentro de este campo lo que más deseo es acelerar las negociaciones lo más posible.

Con este fin hace unos días le envié información sobre nuestras necesidades en cuanto a productos alimenticios, así como económicas y militares. Estos datos están abiertos a un nuevo examen, aclaración, verificación y discusión con el fin de alcanzar rápidamente a la solución que tanto nos interesa a ambos. Sin embargo, comprenderá que en el momento en el los españoles están sufriendo la mayor hambruna y aguantando todo tipo de privaciones y sacrificios, no es el más propicio si mi llamamiento no va precedido por un alivio de esta situación, que al mismo tiempo, nos permitiría llevar a cabo una propaganda inteligente sobre la amistad y el efectivo apoyo del pueblo alemán que en el español será el despertar de los sentimientos de sincera amistad y admiración que siempre ha tenido para su Nación.

Mis observaciones sobre nuestro clima fueron simplemente una respuesta a sus sugerencias, y no eran en modo alguno un pretexto para aplazar indefinidamente lo que en el momento adecuado será nuestro deber hacerlo. 

Durante la reciente conferencia de Bordighera di prueba al mundo de la naturaleza de mi actitud firme; esta conferencia también sirvió como una llamada al pueblo español que marca la dirección en la que se encuentran sus obligaciones nacionales y la preservación de su existencia como una nación libre.

Una observación que debo repetir a su Excelencia: el cierre del Estrecho de Gibraltar no es sólo un requisito previo para el mejoramiento inmediato de la situación de Italia, sino también quizás para el final de la guerra. Sin embargo, a fin de que el cierre de Gibraltar puede tener un valor decisivo, también es necesario cerrar al mismo tiempo el Canal de Suez.  Si esta última circunstancia no se da, los que estamos realizando una contribución real de nuestros esfuerzos militares tenemos el deber de sincerarnos para decir que la situación de España en el caso de una prolongada guerra pasaría a ser extremadamente difícil.

Usted habla de nuestras demandas y las compara con las suyas y las de Italia. No creo que pueda describir las exigencias españolas como excesivas, y menos aún, si tenemos en cuenta el tremendo sacrificio del pueblo español en una batalla que fue una digna precursora de la actual. En relación con este punto no existe la precisión necesaria en nuestro acuerdo. El protocolo de Hendaya -si me permite expresarlo- es en este sentido extremadamente vago y recuerdo a Vuestra Excelencia las condiciones (hoy tan cambiadas) de esta vaguedad y falta de precisión. Los hechos de hoy en su desarrollo lógico han dejado muy atrás las circunstancias que en el mes de octubre se tuvieron en cuenta respecto a la situación imperante, y el protocolo de entonces se ha quedado anticuado.

Estas son mis respuestas, estimado Führer, a sus observaciones. Quiero disipar con ellas toda sombra de duda y declaro que estoy enteramente a su lado, y decididamente a su disposición, unido en un destino histórico común, la deserción significaría mi suicidio y el de la causa que he conducido y representa en España. No necesito la confirmación de mi fe en el triunfo de su causa y repito que siempre seré un fiel seguidor de la misma. 

Créame su amigo sincero, con mi cordial saludo, 


F. Franco


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To: His Excellency Adolf Hitler, Führer of the German People

El Pardo, 26 February 1941


Dear Führer:

Your letter of the 6th makes me wish to send you my reply promptly, since I consider it necessary to make certain clarifications and confirmation of my loyalty.

I consider as you yourself do that the destiny of history has united you with myself and with the Duce in an indissoluble way. I have never needed to be convinced of this and as I have told you more than once, our Civil War since its very inception and during its entire course is more than proof. I also share your opinion that the fact that Spain is situated on both shores of the Strait forces her to the utmost enmity toward England, who aspires to maintain control of it.

We stand today where we have always stood, in a resolute manner and with the firmest conviction. You must have no doubt about my absolute loyalty to this political concept and to the realization of the union of our national destinies with those of Germany and Italy. With the same loyalty, I have made clear to you since the beginning of these negotiations the conditions of our economic situation, the only reasons why it has not been possible up to now to determine the date of Spain's participation.

Having in mind our own post-war difficulties, you will recall that I have never fixed too short a period for our entry into the war. Permit me, Fuehrer, to say that the time elapsed until this moment has not been completely lost, since we have been obtaining not certainly great enough quantities of grain to permit us to build stocks, but certainly for some of the bread necessary for daily sustenance of the people who otherwise would have perished of starvation in considerable numbers.

Furthermore, it must be acknowledged that in this question of the supply of foodstuffs, Germany has not fulfilled her offers of effective support until very recently. We are now beginning to move in the realm of concrete facts and within this field there is nothing I desire more than to hasten the negotiations as much as possible. With this end in view several days ago I sent to you information on our needs as to foodstuffs and in general economic and military fields. These data are open to new examination, clarification, verification, and discussion in order to reach quickly the solution which interests us both equally. However, you will understand that at a time when the Spanish people is suffering the greatest starvation and enduring all sorts of privations and sacrifices, it is not certainly propitious for me to ask further sacrifices of them if my appeal is not preceded by an alleviation of this situation, which at the same time may permit us to carry out beforehand an intelligent propaganda on the constant friendship and effective support of the German people, which will reawaken in the Spaniard the sentiments of sincere friendship and admiration which he has always had for your Nation.

My remarks about our climate were simply an answer to your suggestions, and were not in any way a pretext to postpone indefinitely that which at the right moment it will be our duty to do.

During the recent Bordighera conference I gave proof to the world of the nature of my resolute attitude; this conference also served as a call to the Spanish people marking the direction in which lie their national obligations and the preservation of their existence as a free nation.

One observation I must repeat to your Excellency; the closing of the Strait of Gibraltar is not only a prerequisite for the immediate amelioration of the situation of Italy but also perhaps for the end of the war. However, in order that the closing of Gibraltar may have a decisive value it is also necessary that the Suez Canal be closed at the same time. If this last circumstance should not take place, we who are making the actual contribution of our military effort have the duty sincerely to say that the situation of Spain in the event of an inordinately prolonged war would then become extremely difficult.

You speak of our demands and you compare them with yours and those of Italy. I do not believe that one could describe the Spanish demands as excessive, still less, when one considers the tremendous sacrifice of the Spanish people in a battle which was a worthy forerunner of the present one. Concerning this point the necessary preciseness does not exist in our agreement as well. The protocol of Hendaye-permit me to express it-is in this respect extremely vague and Your Excellency remembers the conditions (today so changed) of this vagueness and lack of preciseness. The facts in their logical development have today left far behind the circumstances which in the month of October had to be taken into consideration with respect to the prevailing situation, and the protocol then existing must at the present be considered outmoded.

These are my answers, dear Fuehrer, to your observations. I want to dispel with them all shadow of doubt and declare that I stand ready at your side, entirely and decidedly at your disposal, united in a common historical destiny, desertion from which would mean my suicide and that of the Cause which I have led and represent in Spain. I need no confirmation of my faith in the triumph of your Cause and I repeat that I shall always be a loyal follower of it.

Believe me your sincere friend, with my cordial greetings,


F. Franco




Fuente del texto en inglés: The Avalon Proyect, Universidad de Yale.





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