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1865. Estado de la economía fascista antes del 19 de Julio

Fotografía: Alfonso, 1933



Nos encontramos al país en un estado económico, que causa grima y vergüenza, por lo desquiciado y lo caótico.

Los burgueses, los comerciantes, los banqueros y todos cuantos elementos intervenían en la fiscalización de la economía, y en la administración de la cosa pública del país, demostraban hasta la saciedad, la incapacidad administrativa y también la ausencia de sentido de superación político y social.

Estaban carentes de honradez, de moralidad, de solvencia y de ese patriotismo de que tan descaradamente blasonaban.
Carecían de pudor humano, de decoro cívico y de generosidad racional.

Un voraz apetito de no sé qué festines inconfesables, guiaban todas sus maquinaciones repaces, diríase, que eran los modernos fenicios al revés, pues carecían del dinamismo de aquellos y al mismo tiempo del preciado don de la belleza y de la estética.

Una alocada bacanal, impulsaba toda su funesta obra económica, que más bien parecía hija de una falange de neuróticos y orates, que no de una colectividad de hombres cultos y honestos.

El panorama de verdad, imparcial, cierto, irrefutable de la España fascista antes del 19 de Julio, era el que vamos a describir.

Los montes sin un árbol, completamente desnudos, donde el tórrido sol ibérico campaba a su antojo y a su influencia, se agostaban las tierras montañosas y se secaban a la vez, prestamente, las fuentes que nacían ya agonizantes. Las tierras llanas de la mayoría del país, estaban totalmente abandonadas, por lo áridas y por lo inhospitalarias, donde la gente no podía morar, por la falta de medios con que poder subsistir un poco dignamente. Estaban despobladas esas tierras, por la falta del preciosos líquido que las bautizara cariñosamente. Y en cambio, vemos con honda pena, con profunda tristeza, como en otros lugares, las aguas de las torrenteras y de los ríos, cantarinas y sonoras, se pierden estéril y mansamente, sin dar fruto alguno, en el mar lejano.

!Ah, sí!, no sabían o no querían los estamentos dirigentes del país, repoblar los bosques, cuya arboleda había de humedecer los montes y que luego, su bienhechora umbría tenía que beneficiar las tierras llanas; y no querían o no sabían encauzar debidamente las aguas que habían de llenar de vida y alegría los diversos parajes del solar español, que es una estepa y un nido de pajarracos graznadores.

Tampoco poseemos carreteras apropiadas para poder transitar cómoda y fácilmente, y con ellas, fomentar el turismo, que tan pingües ingresos podría proporcionarnos la riqueza natural del país.

El viajar por España era un castigo y una maldición y a no ser de gran necesidad, nadie sentía el placer de recorrer el país para contemplar toda la maravilla natural y artística que natura pródiga y generosa nos regalaba y que nos habían legado a la vez, el genio de nuestros mayores.

Y en lo tocante a ferrocarriles, también era una desdicha y una pesadilla, pues además de ser lentos, de una lentitud desesperante, eran viejos y sucios, en los cuales, era una vergüenza y un oprobio viajar en ellos. Sobre todo en los departamentos de tercera, donde veíanse obligados a viajar las clases menesterosas, era un escarnio y un insulto, que se hacía a esa clase tan bondadosa y tan honesta. Y para el colmo de males, el precio de tales viajes, casi sólo estaban al alcance de los ricos y de los poderosos. En fin, las compañías explotadoras de hefecio (sic, beneficio), no daban ninguna facilidad para viajar, ni por lo que se refiere a la comodidad, no por lo que atañe al coste. Los Consejos de Administración de las mencionadas compañías, cuidábanse sólo de asignarse fantásticos sueldos y de repartir entre sus accionistas dividendos cuantiosos. Ahora bien, de mejorar y renovar el material para el buen servicio del país, no se preocupaban, porque eso significaba disminución en los beneficios y a ese sacrificio no se hallaban dispuestos los señores consejeros, bajo ningún concepto. Pero, a pesar de todo lo expuesto, poquito a poco, por incapacidad técnica y por absoluta carencia de honradez administrativa, estaban todas esas compañías ferroviarias, en los últimos tiempos, al borde de la quiebra.

De la flota mercante para la exportación de nuestros productos, ni merece la pena de hablar, porque era escasa y mala, y aun esta tenía que ser suvencionada por el Estado español y así y todo, a pesar de la subvención del Estado, del fletaje carísimo y del pasaje más caro aun, la fascista compañía naviera, la Transatlántica, tuvo irremisiblamente, que suspender pagos.

Del estado ruinoso de nuestras cuencas mineras, es de todo el mundo sabido el por qué, y el por qué, era que se entregaban las concesiones mineras a unos cuantos aventureros de la política y de las finanzas, sin pudor ni dignidad, y esos mercachifles las explotaban sin cariño ni capacidad, dejando por ese motivo, en la miseria y en la desesperación, a millares de proletarios.

El estado precario de la industria y del comercio nacional, era bien notorio, pues diariamente se dejaban protestar por falta de pago centenares de letras de cambio y debido a esos protestos, mensualmente, una lluvia de embargos caían sobre los comercios y las industrias, y así, ibanse paralizándose todos los trabajos y un ejército de parias, pululaban tristes y hambrientos por plazas y calles.

Los bancos, también sufrían una aguda crisis monetaria, pues si en un momento dado, el Estado hubiera exigido las garantías que para la seguridad del circulante de los cuenta-correntistas, las leyes regularizaban, todos, completamente todos, habrían tenido que cerrar sus puertas y dejar de realizar por largo tiempo, toda clase de operaciones de banca y bolsa. Y la verdad sea dicha, aun a pesar de que el Estado hacía la vista gorda en ese menester, de vez en cuando, diversos bancos, cerraban sus puertas y dejaban en la miseria a los pequeños imponentes.

Y si damos una ojeada a la propiedad privada, constataremos de un modo real y fehaciente, que casi toda la propiedad, tanto rústica como urbana, estaban hipotecadas. Una afirmación veraz y justa:

Unas fincas hipotecadas y embargadas, y, por lo tanto, sometidas a juicio de la ley hipotecaria y expuestas, como es natural y lógico, a ser sacadas a pública subasta.

Y, para que mencionar la situación deplorable de las diversas sociedades anónimas que habían esparcidas por España ? De la situación catastrófica de esas sociedades anónimas, pueden hablaros larga y tendidamente los tenedores de acciones y obligaciones emitidas por las mismas, y ellos nos dirán lealmente, que jamás cobraron intereses del capital invertido en esas insensatas operaciones bursátiles. !Ah! precisamente en esas ruinosas emisiones del papel industrial y comercial, iban a estrangularse el pequeño ahorro nacional, y así, desfallecía en un ritmo acelerado, la economía del pobre país.

Y no hablemos del sin fin de timos y estafas que legalmente se cometían todos los días y a cada momento, porque levantaríamos una polvareda que asfixiaría a todos los estamentos de la Nación.

Este es el fiel balance de la realidad económica del país, antes del 19 de julio del año 36.

Esta es la verdad pura y escueta del estado financero de la España fascista, antes de levantarse en armas contra el honrado pueblo productor español.

Y esta verdad, y estas verdades, para aseverar más verazmente nuestras afirmaciones, pueden comprobarse algunas de ellas, en las secretarías de los distintos juzgados, en los registros de la propiedad y en los protocolos de las notarías. Pues, si éste era el estado decadente y pobrísimo de la economía española, qué temor, qué pánico nos ha de causar el tener que eliminarlo y en su lugar, levantar una nueva economía, que responda a nuestras necesidades y a nuestro alto sentir de superación humana?

La nueva economía que ha de estructurarse, que estructurará la revolución ibérica, ha de ser a base de honradez, de moralidad y de capacidad,sin trampas ni combinaciones, donde todos los hombres de buena fe, sientan el culto del bienestar y de la propiedad de todos los hombres que se desvelan y producen, en beneficio y provecho de la colectividad toda.

¡Muera el Fascismo! ¡Viva España libre! ¡Viva la Revolución Proletaria!


Juan Blasco
Conferencia ante el micrófono de la emisora E.C.N. 1 - Radio C.N.T-F.A.I 
4 de marzo de 1937
Base documental d'Història Contemporània de Catalunya




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