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2299. Arsenal de la barbarie

Bandera histórica de los exiliados republicanos en Brest, tomada de La H/historia en la memoria




Los trajeron en vagones como bestias,
los recluyeron en barracones como reos,
los sometieron a durísimos trabajos forzados,
pero nadie pudo doblegar
su humanidad transterrada.

¡Exiliados republicanos
entre los más indómitos
esclavos de Hitler
en Bretaña y en las islas
anglonormandas!

Procedían de la vega de Granada,
de las rías de Galicia,
de las calles de Madrid,
de miles de rincones perdidos
en su tierra ocupada por el fascio
del que nunca serían súbditos...
Y su único patrimonio
era la resistencia o la nada.

Quinientos días en el búnker submarino
cargando con el peso de la historia
bajo las aguas más grises del Atlántico nazi.

Quinientos mil metros cúbicos
de oscuro hormigón fascista
y tan solo un miligramo de esperanza clara.

Algunos fueron engullidos
por el cemento fresco.
Otros pudieron seguir siendo
los primeros luchadores antifascistas
de Europa hasta la liberación o la muerte.

Dice la canción que en Brest
no quedó nada,
pero el recuerdo de las víctimas
perduró en su prole
y en toda dignidad frente a barbarie.

Porque la fuerza torrencial e irreductible
de los solidarios sifones de la memoria
rescató a los ahogados en el océano,
a los extenuados en la base,
a los fugitivos de las islas,
bajo las espesas toneladas de niebla
que enterraban tanto sufrimiento.

Que los vientos más atlánticos y libres
inunden aquella injusticia inolvidable
con olas rompientes de fraternidad sin fin.


Claudio Rodriguez Fer




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