Lo Último

2305. La guerra de España un 1 de abril de 2017






Llegó el 1 de abril de 1939 en España. Terminaban así los 988 días más violentos de nuestra historia contemporánea donde las retaguardias sangraron casi más que los frentes de batalla. Y lo hicieron por el clima de violencia que surgió de la inercia de la sublevación militar del 17 de julio de 1936. No debemos olvidar la radicalización política del período precedente tras las elecciones que encumbraron al Frente Popular a retomar el poder por parte de las fuerzas de izquierda. La II República había sido una lucha de fuerzas entre dos posturas antagónicas y contrapuestas. Era la ideología progresista contra el inmovilismo político. La ausencia en España de una gran revolución al estilo de la francesa, comportó la culminación de la lucha de clases en España de forma paralela a la existencia de tres grandes poderes totalitarios en Europa, Hitler, Stalin y Mussolini. El Eje Berlín-Roma se alineaba para frenar la preeminencia del comunismo soviético y las democracias occidentales completaban la diversidad política de la Europa de entreguerras.

En España las derechas habían vivido ya un antecedente serio como fue la revolución de octubre de 1934 en Asturias y Cataluña. El ejército de África veía con mala cara la reforma militar del bienio azañista y los frentepopulistas decidieron “aislar” a los grandes generales africanistas. Tras la victoria del frente popular en febrero la conspiración tomaba cuerpo toda vez que el desterrado general Sanjurjo buscaba una segunda oportunidad para redimirse del fallido golpe de estado del 10 de agosto de 1932.

Por otro lado el anarquismo había crecido de forma exponencial sobre todo en Cataluña y Valencia. La CNT era el sindicato mayoritario en la antesala de la guerra de España. Y el banquero mallorquín Juan March se mostraba proclive a derrocar la II República, convirtiéndose en  vehículo de financiación de la sublevación militar de aquel verano de 1936.

Pero antes de aquel primero de Abril a las 22:30 horas Fernando Fernández de Córdoba leyese aquel último parte de guerra el fracaso del golpe militar supuso la extensión del conflicto durante más tiempo de lo esperado. Si el primer y claro objetivo de la insurgencia golpista era Madrid para dar el jaque mate al gobierno republicano, los sucesivos fracasos (Guadarrama, Batalla de Madrid, Jarama y Guadalajara) hicieron ver al mando único del gobierno de Burgos ver la posibilidad de una guerra larga. Por entonces la internacionalización del conflicto era ya una realidad. Tanto las potencias del Eje Berlín-Roma, como la dictadura portuguesa salazarista o la Irlanda católica mandaron tropas y material bélico para ayudar a la España sublevada. En contraposición a esto, el comunismo soviético se posicionaba con el gobierno republicano y Valencia fue el principal puerto de entrada de material bélico stockaje de la Gran Guerra en gran parte que poco podía hacer contra la industria de guerra alemana.

A esto debemos sumar la multiplicidad de fuerzas ideológicas contrapuestas que imperaban en la zona republicana y la carencia en los primeros meses de la contienda de un verdadero ejército disciplinado como era el de África. La revolución social en Cataluña y los sucesos de mayo dejaban patente el clima de inestabilidad que sufría la España republicana. El periodismo internacional visitaba la nación española para tomar crónicas de los acontecimientos. Mario Neves contaba al mundo las atrocidades en la capital pacense en agosto de 1936, los reporteros anglosajones hacían lo propio en el País Vasco tras el bombardeo de Guernica y en el sur de España tenía lugar el primer gran éxodo masivo de población civil con destino a Almería. La población civil había pasado a ser objetivo de guerra para minar la moral del adversario y crear en caos en las filas enemigas.

España sangraba pero las retaguardias expresaban la violencia en estado puro, los comités revolucionarios como poderes paralelos armados con escopetas de caza y todo tipo de armas coercitivas incautaban todo lo que podían y reprimían con brutalidad a los partidarios de la sublevación toda vez que la propaganda de guerra puesta en marcha por los golpistas funcionaba más y mejor que la orquestada por el gobierno republicano.

En la retaguardia franquista la represión era tan atroz que en Badajoz por una calle en pendiente corría la sangre de la infinidad de cadáveres que se amontonaban en la Plaza mientras la columna de mineros de Huelva y del sur de la provincia meridional extremeña buscaban el paso hacia la zona gobernada por la república. Queipo mandaba aviones de reconocimiento para realizar la gran matanza de Cañada Real del Pencón en el Cerro de la Alcornocosa. La proximidad de los regulares indígenas que ya estaban en Carabanchel provocó las sacas de las checas republicanas y la posterior matanza de Paracuellos.

La guerra de España fue atroz, virulenta, llena de deshumanización del contrario en una y otra zona, que no bandos. No puede llamarse a un gobierno leal bando cuando repele un ataque por medio de la violencia. No podemos justificar la guerra incivil española, ninguna guerra tiene justificación alguna posible. La violencia ganó a la convivencia, la sinrazón se impuso a la política y las armas y sus devastadoras consecuencias fueron la justicia para dirimir esos conflictos. Pero, ¿cúantos voluntarios se alistaron para combatir en la guerra? Algunos miles, los movilizados forzosamente contra su voluntad fueron cientos de miles, los exiliados fueron el mayor éxodo de población de la historia contemporánea.

La guerra en estado puro terminó el 1 de abril, un triste 1 de abril, triste por la España que quedaba en pie, por sus gentes, por sus muertos, por sus heridos, represaliados y triste por el dolor, el vacío y las venganzas. Más triste con el tiempo, sería el olvido. Ochenta años después ese olvido debe aún ser combatido con la memoria de los sin nombre, los de abajo. A los de arriba se les conoce, para bien o para mal. En la guerra pocos parabienes puede haber si la violencia domina toda la vida y el día a día. Más allá de aquel día siguió la represión, el exilio, el hambre y el aislamiento internacional con la retirada de embajadores de la mayor parte de países que no reconocían la España de Franco. El país emprendía una larga y agónica autarquía de veinte años donde perdimos la oportunidad del Plan Marshall norteamericano de reconstruir lo devastado, de ello se encargaron en los primeros años de posguerra cientos de miles de presos represaliados por tener alguna relación con la república. ¿De verdad era necesario tanto dolor? ¿Tanta pena? ¿Tanto llanto? 


Francisco Jesús Martín Milán
1 de abril de 2017



3 comentarios:

  1. Tristes efemérides las de los pobres y subyugados que bruñimos con nuestra sangre las celebradas por los criminales.

    Que tremenda foto!

    Salud María!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Aunque tristes, no podemos olvidar Loam.
      Salud!

      Eliminar
    2. Cierto, María: ni podemos, ni debemos.
      Salud!

      Eliminar