Lo Último

2352. A un obrero Capitán

Para que la estrella roja
haya llegado a tu pecho,
mucha subversión de estrellas
enrojeció nuestro cielo,
que ayer no tenía el pobre
más que estrellas del infierno
por el camino encharcado
de la miseria y el viento.
Para que tu, desde abajo,
como semilla en barbecho
hayas ascendido arriba
dé lo oscuro, de lo denso,
el arado de un ciclón
que profundo surco ha abierto!
¡No se sabe todavía
la grandeza del momento!
Tu camino, capitán,
era un camino estrecho
que se ata a las vidas pobres
como un dogal, como un cerco.
Desde el trabajo a ia casa,
desde el despertar al sueño,
desde !a vida a la muerte,
desde el ocio hasta el esfuerzo;
dolor por los escampados de la
existencia y del tiempo.
Hacia atrás negra tormenta;
hacia adelante, tormento.
Ni en el mañana esperanza,
ni en el pasado recuerdos.



Esclavo de tabla a tabla
de un ataúd largo y negro.
Para que flote tu vida
en ola de salvamento,
¡ay, capitán, cuantas cosas
las ha removido el cierzo!
¡Cuánta vida, ayer abajo
hoy arriba está viviendoi

Pera si los tiempos cambian,
si aconteceres de hierro
estrella te han colocado
que abre porvenir más bello,
no es para andar por jardines
de cómodo esparcimiento,
que si obrero eras ayer,
has de seguir siendo obrero.
Obrero en cada trabajo,
en cada afán firme y recto,
en cada paso de marcha,
en cada momento nuevo,
en la tarea, en la guerra,
en la lucha, en el esfuerzo.


César M. Arconada, 1938




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