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2376. Discurso de José Mancisidor en el II Congreso Internacional de Escritores

Camaradas: Pocos pueblos, como nuestros pueblos americanos han sentido tan hondo y profundamente la tragedia española. Si México, por la oportunidad que tiene en estos momentos de expresar libremente su pensamiento, ha podido manifestar sus simpatías a España, lo cierto es que todos nuestros pueblos, que todos esos pueblos, hijos, mejor dicho, hermanos de esta España revolucionaria, sienten su dolor, sienten sus alegrías y sienten sus esperanzas. Camaradas: Quiero decir a ustedes que lo que no pudieron hacer trescientos años de esclavitud lo hizo un día en la historia del mundo; lo que no pudieron hacer trescientos años de lucha dolorosa, lo hizo, el 18 de Julio, por el espíritu y por la grandeza del pueblo español. Que lo que no pudieron realizar los conquistadores en trescientos años de lucha—adueñarse de nuestros espíritus— lo hizo el pueblo español ese día memorable que, en Cataluña, en Madrid y en Valencia aplastaba a los traidores militares y al fascismo internacional.

Somos ahora tan españoles como los españoles. Estamos alentados del mismo espíritu de lucha del pueblo español; y quiero recordar, aqui, especialmente, a mis camaradas soviéticos, las palabras expresadas por mí en nombre del pueblo y de los revolucionarios mexicanos en la Casa de los Sindicatos.

Hablábamos delante del camarada Kalinin, de las condiciones de la política internacional, de la situación palpitante del mundo; y yo, en nombre de los revolucionarios de México y del pueblo mexicano, empeñaba la palabra de que, a pesar de ser el nuestro un pueblo pequeño, de no ser una potencia militar, de ser un pueblo retrasado en este sentido, empeñábamos, digo, nuestra palabra, de que, en el momento decisivo, cumpliríamos nuestro deber. Y, camaradas, el pueblo de México ha cumplido con su deber. Pero nosotros no hemos perdido de vista tampoco a nuestros camaradas soviéticos, y sabemos que ellos, pioneros de una nueva humanidad, han cumplido también con su deber. Y estamos orgullosos y estamos satisfechos de nuestros camaradas soviéticos, de ese magnífico ejemplo que nos han dado, como yo estoy seguro de que ellos lo estarán también de nosotros.

Camaradas, camaradas españoles: heredamos de ustedes un espíritu y una lengua; con ese espíritu y esa lengua vengo a decirles, en nombre del pueblo mexicano, que en esta gloriosa lucha que están realizando por la dignidad humana y el porvenir del mundo, México, como un solo hombre está con ustedes. Está con ustedes en carne y en espíritu; y en cada gota de sudor de los trabajadores mexicanos, dedicados a construir fusiles para España, viene una parte de ese espíritu heredado de ustedes, camaradas españoles.


José Mancisidor
Delegado de México
Valencia, 4 de julio de 1937




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