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2375. Entrevista con Ernest Hemingway en Key West, Cuba

Ernest Hemingway
(Oak Park, Illinois, 21 de julio de 1899 - Ketchum, Idaho, 2 de julio de 1961)




Key West. El histórico cayo, para cuantos conocemos su historia tan ligada a la lucha del pueblo cubano por su libertad, es algo que siempre visitamos con emoción. El recuerdo de los episodios que el mismo representó en la revolución de Guba, se entremezcla hoy con los que está experimentando el pueblo español. En Key West, hay un Vicecónsul de España, F. Castro, hombre de los que se sienten identificados con el pueblo del que saliera hace años uno de los que no lo ha traicionado. También, como ya dijimos en una de nuestras primeras Facetas hay otros valiosos elementos identificados con la causa del pueblo español. Entre ellos, Benjamín Fernández, quien por distintas ocasiones nos ha enviado cantidades para la causa. Este buen compañero hace poco sufrió un grave accidente al quemarse su establecimiento, pero ya se halla restablecido y levantando de nuevo su negocio.

Ambos, el Vicecónsul y Benjamín, nos esperaban a nuestro paso por Key West. Queríamos aprovechar las dos horas que allí demora el buque que nos traía a Cuba, con el fin de entrevistar a Ernest Hemmgway. El gran escritor y novelista vive en Key West, en una magnífica casa, rodeada de jardín con árboles tropicales. Allí se refugia cuando quiere escribir los magníficos trabajos que le han dado renombre universal.

Mi anhelo de entrevistarle era algo explicable: ¿Puede haber quien siguiendo el curso de los acontecimientos españoles no conozca la labor que en relación con ellos ha realizado Ernest Hemmgway? Cuando la ofensiva extranjera comenzó con su cruzada de atropello al pueblo español, llevando a los invasores hasta el Mediterráneo; cuando Inglaterra, vergonzosamente aceptaba en su pacto la intervención en España como aceptó el crimen de Etiopía; cuando se daba todo por perdido para la libertad de España, Heiningway, una tarde, se metió en un buque y se fuá a ver por sus propios ojos lo que pasaba. Hace apenas quince días que regresó. Por lo tanto, sus palabras y opiniones tienen el sello de lo visto, de lo real, de lo vivido.

Eran poco más de las siete y media de la mañana, cuando llegamos a la magnífica casa del novelista. Cuando le rogamos que nos atendiese, apareció en pijama, tendiéndonos la mano, fuerte y recia. Hemingway es un hombre con tipo de atleta,¡ de luchador de Greco-Romana, o de domador de fieras. Sus cuarenta años o algo más le dan expresión de madurez, tanto en la fisonomía como en las palabras. Empieza saludándonos afectuosamente en un magnífico español, a pesar de que nosotros le habíamos hablado en inglés, y al rogarle que nos concediese unos minutos para hablar de España y de la lucha de la misma por la libertad, nos dice:

—Con sumo gusto. Para España, para su pueblo, para cuanto se relacione con la lucha del pueblo español, estoy siempre dispuesto a hacer lo que esté a mi alcance.

—Muy bien, entonces, ¿querrá usted decirnos algo para los oyentes y lectores de las publicaciones de Editorial Facetas, en Cuba, relacionado con su último viaje a España?

—Ya lo creo. Puede decir, que yo salí para España a mediados de Marzo, cuando comenzó a quebrarse la línea de Aragón. Eran tan fantásticas las noticias que nos suministraban los diarios al servido de la invasión extranjera de España que, a pesar de que nosotros los del oficio conocemos bien su significado, me impresionaron. Y quise ir personalmente  a ver que había de cierto. Llegué a España casi cuando los invasores criminales llegaban al mar. Y pude constatar, una vez más, su fracaso.

Y digo fracaso, pese a algunas ventajas materiales obtenidas, porque el pueblo español supo rehacerse, supo mantenerse firme, y sabrá seguirlo haciendo. Esto es lo suficiente para llegar a obtener la victoria.

—¿Qué impresión causó en la España leal la llegada de los invasores al Mediterráneo y las victorias que pregonaban como en camino de obtener la rendición total?

—La impresión que ya sabemos: la de decidirse más que nunca a luchar por la libertad y la dignidad. Y visité todos los frentes de combate en Lérida, en Castellón, en Tortosa, en Teruel. No importa lo que suceda; puede usfed afirmar, porque así es la realidad, que los invasores podrán seguir tomando todo lo que puedan. Todo ello no los llevará nunca a la victoria. Al paso que van, para tomar el territorio español que les falta la guerra duraría diez años. Y puede que no dure ni diez meses más; el mundo civilizado, se ha dado cuenta ya de quienes son los que luchan en España y por lo que luchan. Por eso las cosas han variado tanto que yo he venido tranquilamente a colaborar aquí, convencido de que en España, pase lo que pase, se lo repito, la guerra no la perderá el pueblo español.

—¿Cuáles son los resultados de las enseñanzas de los hechos internacionales acaecidos últimamente en relación con la contienda española, examinados desde el punto de vista del pueblo leal de España?

—El problema es demasiado complejo. Hay una realidad: la España leal ha encontrado a un hombre que es su legítimo fruto. El doctor Negrín se agiganta por momentos, mientras que las sombras trágicas, negras, criminales de los invasores, se van mostrando cada vez más crudamente. El pueblo español sabe que está luchando, no sólo por su libertad sino por la libertad del mundo. Esta es una guerra de ideas en que las armas se están empleando monstruosámente contra un pueblo que ama la paz y la legalidad.

—¿Ha habido muchas dificultades en los Estados Unidos para su labor en favor del pueblo español?

—Pues... compañero, no tantas como las habidas o experirmentadas por otros compañeros en otros lugares. Pero también las he tenido; mis correspondencias, o despachos cablegráficos, se publican mutilados o no se publican; mis obras asustan a los editores, etc. Ahora mismo tengo escrita una obra teatral —"La Quinta Columna"— y anda en manos de editores. No sé aun quién la editará o si se representará en los Estados Unidos. Pero estoy escribiendo una serie de pequeñas novelas, con episodios de la contienda española que espero publicar próximamente.

—Realmente Mr. Hemingway, el pueblo español, el Gobierno de la República española, nunca podrán pagarle bastante la labor que usted ha realizado en favor de la causa por la cual ellos luchan.

—A mí no tiene que agradecerme nada el Gobierno de la República Española ni nada aspiro a que me pague; yo soy un ser humano que siente y lucha por la libertad. Sintiendo como tal ser humano y habiendo tenido la suerte de haber podido conocer al pueblo español, ¿qué mejor recompensa que hacerme eco de sus grandes merecimientos, de su heroísmo, de su derecho a una España libre como libre debe ser el mundo para que en él podamos vivir los seres como tales y no como rebaños de carrneros sometidos a los amos totalitarios?

Así terminaron nuestras palabras con el magnífico escritor. Ellas reflejan la opinión de un hombre de gran reputación en el mundo. Con sincero agradeciento para él mismo, las trasmitimos a nuestros oyentes y lectores.


Facetas de la actualidad española
La Habana, Cuba, Julio 1938



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