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2378. Doctor Rafael de Vega Barrera, un brillante cirujano y un gran humanista

El Dr. Rafael de Vega Barrera nació el 23 de abril de 1889 en el pueblo burgalés de Zazuar. En Valladolid estudió Medicina, como había hecho su padre y numerosos miembros de generaciones anteriores de la familia, desde la época de la reina Isabel II.

Cuando finalizó la carrera se fue a Madrid con la intención de hacer la tesis doctoral. Estando allí fue convocada la plaza de director cirujano del hospital municipal de Lugo. Concurre a la oposición que se celebra en la Facultad de Medicina de Madrid y allí entre doce opositores a la misma, se la adjudican a él, tras realizar unos brillantes ejercicios.

Llegó a Lugo en 1916 y al año siguiente ya hace una denuncia pública calificando de indignante la situación del hospital lucense.

Escribe:

Los pobres y los desposeidos tienen derecho a la asistencia médica, porque el derecho a la salud es un derecho de todas las personas y ellos lo necesitan más.


Precisamente, este sería el principio fundacional de la Organización Mundial de la Salud, pero este Organismo se creó 31 años después de que el Dr. Vega Barrera expusiese públicamente su pensamiento, que llevó a la práctica en la medida de sus posibilidades.

En el mismo año 1916 toma posesión el 17 de mayo de su plaza de cirujano general en el viejo caserón de Santo Domingo que era un mal sucedáneo de lo que es un hospital: grandes salas colectivas sin ninguna ventilación y mínimos servicios higiénicos. El quirófano era una habitación prácticamente sin instrumental.

Desde 1917 la labor del Dr. Rafael de Vega como cirujano fue extraordinaria. Realizó en el hospital multitud de intervenciones en condiciones muy adversas, sin disponer en aquel viejo caserón de los medios más elementales, incluso sin rayos X, y sin contar con un laboratorio bacteriológico.

Ya a partir de la inauguración el 29 de junio de 1930 del nuevo edificio, como hospital de Santa María de Lugo, tuvo el Dr. Vega Barrera mayores posibilidades, atendiendo él mismo el servicio radiológico. Durante la construcción del nuevo hospital que duró alrededor de diez años, el Dr. Vega Barrera colabora con el alcalde D. Ángel López Pérez y realiza varias visitas a Santander para conocer la estructura del hospital de Valdecilla.

El Dr. Vega tenía grandes conocimientos anatómicos lo cual le permitía trabajar siempre en un campo operatorio exangüe y limpio; quizás este era uno de los motivos de su éxito.

Era un ser excepcional, un hombre justo, un caballero pletórico de generosidad, rebosante de amor hacia sus semejantes, un cirujano dotado de unas manos prodigiosas, compasivo y desprendido hacia lo indecible. Persona de maneras exquisitas y de inigualable trato y una persona altruista por naturaleza.

Era un firme partidario del progreso del género humano en una época oscura en la que la enfermedad se cebaba en cuerpos atormentados por el hambre y la miseria, el Dr. Vega abrazó decididamente una causa de la República en la que veía la gran oportunidad para dejar atrás el retraso secular existente en aquella época.

En los dos últimos años de la segunda República ya había un ambiente social muy irritado que no presagiaba nada bueno y así sucedió. Tras el golpe de estado militar, fue detenido y pasó cien días encarcelado antes de que lo fusilaran, tras un juicio sumarísimo plagado de irregularidades y testimonios falsos, en el que fue acusado de traición, pese a no ser militar y víctima de la envidia, odio y resentimiento de sus colegas profesionales.

El crimen del Dr. Vega fue de una crueldad monstruosa. Los testigos de cargo del proceso eran colegas que se sentaban a su mesa para celebrar su onomástica. Quien pretendió aparecer como testigo de la defensa fue arrestado y enviado al frente. Las mujeres que encabezaban manifestaciones exigiendo su ejecución, eran cónyuges de aquellos que poco antes se jactaban de su amistad. Para el pelotón de fusilamiento se reclutó obligatoriamente a hombres que le debían la vida.

Don Rafael de Vega fue asesinado por ser un hombre bueno, por preocuparse de sus semejantes, por ser sanador de almas antes que médico de cuerpos. Don Rafael fue asesinado por hombres viles que albergaban en su interior los peores sentimientos que es capaz de concebir el ser humano: envidia, resentimiento y odio. Y en Don Rafael, además de a la República en Lugo, se quiso asesinar a todo cuanto significaba la palabra progreso.

La antigua residencia del Dr. Vega fue tiroteada y saqueada en presencia de la mujer e hijos del Dr. Vega en repetidas ocasiones cuando estaba en prisión. Los Falangistas se apropiaron de material quirúrgico de gran valor y del vehículo particular de la familia Vega Barrera.

El sanatorio privado del Dr. Vega, todos sus bienes personales y su finca de la calle Montero Ríos fueron incautados por el Nuevo Régimen y su mujer e hijos tuvieron que luchar durante muchos años para recuperar su patrimonio familiar. Se les impuso una multa mancomunada de un millón y medio de pesetas de las de "antes". Tuvieron que irse a vivir a León con unos familiares durante los años que duró la guerra civil, posteriormente fijaron su residencia definitiva en Valladolid.

El 25 de abril de 1952 mediante un Decreto de indulto fue levantado el embargo del patrimonio de la familia del Dr. Rafael de Vega, previo pago de una multa de 25.000 pesetas. Nunca fue publicado el Decreto en un Boletín Oficial del Estado.


Rafael Pérez de Vega
Nieto del Dr. Rafael de Vega Barrera
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