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2629. Poesía social. ¿Qué es un poeta revolucionario?

Juan Ramón Jiménez Mantecón
(Moguer, Huelva, 23 de diciembre de 1881 - San Juan, Puerto Rico, 29 de mayo de 1958)


[...] ¿Qué es un poeta revolucionario? Para un poeta es el que remueve la poesía. Para un tendencioso el poeta que hace política. Todo poeta es un removedor social, pero no todo revolucionario social es un poeta. No es un poeta cualquier declamador espectacular más o menos demagójico que se aúlla, se increpa, se desgañita en un acto de león de circo  ecuestre. No, un poeta no es un petardista ni un petrolero. Es un hombre que ama la belleza y por lo tanto la justicia, y que está dispuesto a aguantar con su razón heroica, razón cultivada con el cultivo de todo lo superior que la belleza y la justicia suponen en lo físico y en lo moral, con su revolución permanente de pensamiento y sentimiento, todas las imposiciones de la tiranía, desde la cárcel a la muerte.

Con esto se habló de Federico García Lorca y de Antonio Machado como poetas revolucionarios. Insisto también en que la poesía y la política son cosas distintas que pueden darse en cualquier hombre simultáneamente. Un poeta puede escribir poesía auténtica y además prosa lójica social calificando lo político. Esto es lo que yo en mi nivel propio hago.

Federico García Lorca fue un verdadero poeta revolucionario de lo poético plástico, pero nunca social. Jamás le oí hablar de asuntos sociales. Su Mariana Pineda, obra de su primera juventud, era una exaltación del liberalismo. Esta fue toda su política escrita. Antonio Machado fue un removedor social, pero no un revolucionario poético, fue tradicional. De los poetas españoles muertos durante la guerra los más señalados fueron Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Federico García Lorca y Miguel Hernández. De ellos el que peleó en los frentes y no quiso salir de su cárcel donde se extinguía tísico y cantando sus amores, mientras otros compañeros siguieran retenidos, fue Miguel Hernández, héroe de la guerra. Decir esto que yo digo es justo y exacto. Vaya a Miguel Hernández desde Buenos Aires este efluvio de verdad, en esta hora de poesía.


Juan Ramón Jiménez
Guerra en España, pág. 575











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