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2729. Rosa María García Alcón

Rosa María García Alcón nació en Madrid, en 1957, en el seno de una familia de tradición de izquierdas y antifranquista, su abuelo paterno es un desaparecido de la guerra civil y uno de sus tíos estuvo en la cárcel durante 14 años, y fue condenado a muerte por “rojo”.

Rosa creció en un barrio obrero y muy combativo. En el curso 71-72 participó en una huelga de Enseñanza Media (institutos) contra la ley de educación del ministro Villar Mir, ministro de Educación en el gobierno franquista. Era una ley al servicio directo de las necesidades del empresariado, que quería deshacerse de los aprendices y hacer que la preparación profesional corriera a cargo del Estado.

“Lo que entendimos claramente es que se nos hacía más difícil ir a la Universidad por el hecho de ser hijos de obreros y, claro, la mecha prendió”.

También intervino en varias actividades para dar a conocer la lucha antifranquista, recabar apoyo económico y atraer a más gente en este compromiso.

En la Universidad se afilió a la FUDE (Federación Universitaria Democrática Española), organización estudiantil que pertenecía al FRAP.

“Entré en la Universidad en el año 1974, en medio de una gran movilización contra el franquismo que veíamos ya debilitado, aunque sus últimos zarpazos fueron tremendos. Yo militaba en la FUDE y poníamos carteles, repartíamos propaganda, hacíamos pintadas, interveníamos en las asambleas denunciando las torturas, la situación política, etc. Todas estas acciones eran consideradas ilegales, perseguidas y castigadas con detenciones, multas y/o cárcel. Había huelgas en las fábricas, movilizaciones en los barrios por el transporte, el alcantarillado, la carestía de la vida, etc. Y la Universidad no era ajena a esto, al contrario: venían trabajadores a contarnos sus luchas y pedirnos solidaridad. Se convocaban jornadas de lucha, huelgas, paros, “saltos”, boicots…

En cuanto se podía se hacían asambleas informativas, una forma de explicar y extender la lucha. Para impedir esas asambleas, el decano de la Facultad dio permiso a la policía para entrar y desalojar siempre que quisieran. A la cinco de la tarde aparecían los furgones en las puertas y entraban como una jauría, dando palos a diestro y siniestro. A las 5,30 se marchaban y continuaban las clases. Esto era casi a diario. A veces entraban incluso con los caballos. Nos organizábamos con los militantes de otras organizaciones para dificultarles la entrada a la facultad, como podíamos”.

Fueron aumentando las acciones políticas y las luchas obreras, así como la petición de amnistía para l@s pres@s polític@s, que eran much@s. En una ocasión en la que estaba realizando unas pintadas a favor de la libertad de los presos políticos con un grupo de militantes, un “chivato” avisó a la policía que comenzó a perseguirles a tiros; afortunadamente pudieron escapar.

El 24 de agosto de 1975, cerca de Atocha, fue detenida por policías “secretas” de la BPS (Brigada Político Social) y conducida a la DGS (Dirección General de Seguridad) de la Puerta del Sol. Allí fue “recibida” y torturada por Antonio González Pacheco conocido como Billy el Niño y por otros policías.

“Me llevaron a la DGS donde me estaba esperando Antonio González Pacheco, que me recibió con golpes, insultos y patadas. Después pasé a otro despacho donde había más policías cuyo nombre ignoro y comenzó el interrogatorio, siguiendo con los golpes, en especial en la planta de los pies.

Recuerdo la cara de loco de, “Billy el Niño”: una boca grande abierta cerca de mi cara. que olía muy mal. No recuerdo sus palabras exactas, pero sí el asco que me produjo, lo tengo muy nítido. De los días en la DGS recuerdo sobre todo las noches, cuando me subían a los despachos. No estaba siempre el mismo policía. Entraban y salían varios del despacho. Era muy caótico. Una vez me preguntaron si quería comer algo porque iban a pedir la comida a un bar cercano. En otra ocasión me llevaron al despacho del jefe (creo que era Yagüe) y, al verme, me dijo: “Hija mía, ¿qué le han hecho mis compañeros? ¿Quiere tomar algo?”. Eran situaciones absurdas.

Recuerdo sus gritos, insultos, golpes, amenazas, el dolor, la humillación, pero también la rabia, que fue lo que me mantuvo con fuerzas”.

Se le aplicó la Ley Antiterrorista que aún no se había aprobado y se la mantuvo seis días en despachos y calabozos de la DGS, cuando su “legalidad” no permitía estar más de 72 horas. La Justicia Militar se hizo cargo, llevando al juez militar a los despachos de la DGS para “tomarle” declaración.

En la cárcel de Yeserías estuvo durante 3 meses. Allí las presas se organizaban en comunas y realizaban varias actividades como leer y discutir escritos políticos, estudiar, pintar, coser y realizar productos de artesanía para vender fuera y obtener dinero para el “condumio”. Rosa pidió sus libros para poder estudiar, aunque no la dejaron examinarse. Dentro de la prisión vivió los últimos fusilamientos del franquismo, del 27 de septiembre de 1975. Allí coincidió con las dos últimas mujeres que tenían una petición de pena de muerte, María Jesús Dasca y Concepción Tristán, al final fueron condenadas a 30 años de prisión, y con las compañeras de dos de los fusilados, José Luis Sánchez-Bravo y Xosé Humberto Baena. Las presas organizaron varias protestas contra las penas de muerte y los fusilamientos. También la agonía y muerte de Franco. Poco después su proceso pasó al TOP.

En diciembre de 1975, obtuvo la libertad condicional bajo fianza de 30.000 pesetas (recordemos que entonces el salario mínimo interprofesional era de 8.400 ptas/mes). En mayo de 1976 le comunicaron el indulto de su causa.

Ya había pasado al tribunal de orden público (TOP) y el juez Gómez-Chaparro declaró mi libertad condicional con una fianza de 30.000 pesetas. Mis padres lo reunieron con ayuda de varias personas y pude salir.

Al tener juicio pendiente y la certeza de que podría volver a la cárcel, me tuve que ir a la clandestinidad, lo que supuso dejar mi familia, mis amigos, mis estudios… mi vida, y volver a empezar en otro sitio.

La Ley de Amnistía yo creo que la hicieron para ellos, de rebote nos tocó a nosotros. Gracias a eso, los últimos que quedaban pudieron salir. Pero costó, costó varios muertos. Los fascistas y la policía asesinaron en las manifestaciones,  incluso solo por hacer pintadas. A nosotros no nos ha regalado nada.

Me gustaría que no se olvidara a la gente que tuvo el valor de hacer frente a una brutal y sanguinaria dictadura. Miles de personas se sacrificaron a lo largo de los 40 años de franquismo y su lucha merece ser conocida y reconocida. No sé si se conseguirá justicia. De esta judicatura no la espero, la verdad. Pero a veces el mismo hecho de empezar una lucha es lo más valioso: otros vendrán a continuarla, seguro. Y ver a este torturador (y a otros) sentado en el banquillo como imputado por torturas sería estupendo, empezaríamos a vencer su impunidad”.

El pasado 3 de marzo de 2018, Rosa ha puesto una querella contra Antonio González Pacheco en el juzgado número 10 de Madrid, además de adherirse a la querella argentina contra los crímenes del franquismo. La juez María Antonia de Torres no admitió la querella argumentando que, aunque hubiera delito de torturas, éste habría prescrito, ya que no se podía considerar delito de lesa humanidad porque “no era una práctica sistemática contra un determinado grupo de población”.

“Una interpretación de la verdad y de la realidad de la dictadura muy distorsionada, ya que la tortura se ejerció de forma sistemática, organizada y continua, para ello se crearon cuerpos especiales de represión política, como la Brigada Política Social y juzgados especiales para los delitos políticos, como el Tribunal de Orden Público; además de las leyes y reglamentos represivos que se aprobaron a lo largo de los 40 años de franquismo y que perseguían con saña a todos los luchadores demócratas. Es decir, la tortura era sistemática contra el grupo de población de los desafectos al régimen dictatorial de Franco y por tanto es un delito de lesa humanidad como señalan la legislación internacional sobre derechos humanos y han recalcado los organismos internacionales de derechos humanos, así como el Relator Especial de la ONU para la verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición”.







               Agradecemos a Rosa María García Alcón su valioso testimonio.





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