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2851. José Ramos Ruiz, "Perniles"

Rosario Calle ha querido compartir con nosotrxs la historia de su bisabuelo, José Ramos Ruiz, natural de  San Martín del Tesorillo (Cádiz), que le transmitió su abuela Francisca.


José Ramos Ruiz, "Perniles" fue un hombre coherente con sus ideas y, por ello, fue perseguido.

Era albañil allá por la segunda década del siglo XX. Pertenecía a la CNT.

En las elecciones de 1931 fue el único que reconoció que iba a votar a la izquierda, cuando sus superiores presionaban a los trabajadores para que votaran a la derecha. Después de esas elecciones, lo felicitaron por haber sido el único sincero.

Fue policía municipal durante la República, pero no llegó ni a cobrar su primer sueldo, ya que estalló la Guerra Civil.

Para no ser fusilado, tras la guerra, tuvo que esconderse.

En el libro "Historia de San Martín del Tesorillo en la España contemporánea" de Jerónimo Sánchez Blanco se narra el episodio en el que José junto con otros republicanos de San Martín del Tesorillo (su pueblo) se enfrentaron a milicianos de Manilva (un pueblo cercano de la provincia de Málaga) que querían ejecutar a un tesorillero que era afín a los sublevados y lograron salvarlo. Se enfrentaron con los de su propio bando para rescatar a un vecino, a un amigo, por encima de las distintas ideologías.

Su hija, Francisca, mi abuela, siempre me contaba como su padre pasó dos años escondido en la parte de atrás de la casa tras acabar la guerra (cuando vi "Los Girasoles Ciegos" me quedé impactada al presentarse una situación similar). José hizo la promesa de no afeitarse hasta que no fuera libre. Sólo salía de su escondite por las noches y Francisca, que era pequeña, se asustaba cuando lo veía por la barba tan larga que tenía...

Sólo unas cuantas personas sabían donde se escondía José. Cuando iban a registrar las casas, se metía en una cesta cubierta de ropa y entre varias vecinas lo llevaban al río, como si fueran a lavar la ropa.

Un día, la hija de una de las vecinas que conocía el secreto, le dijo a su madre que había visto a José. Su madre, aún sabiendo que era cierto, le dijo a su hija que eso no era posible y que no se le ocurriera decirle nada a nadie.

Una noche, José estaba limpiando una escopeta, con tan mala suerte que se escapó un disparo. Dicen que a algún vecino le entró un ataque de ansiedad, pensando que iban a descubrir el escondite de José. Por suerte, no aparecieron a buscarle.

Así pasaron dos años, que me imagino insoportables, hasta que José se planteó entregarse a las autoridades.

Su mujer, Teresa, se había ido a trabajar con el cura del pueblo. Por lo que me contaba mi abuela, era un hombre justo, por eso Teresa se atrevió a pedirle su ayuda para interceder por su marido. Sin embargo, el párroco falleció en esos días, por lo que la angustia de José y Teresa siguió aumentando (mientras algunos, bien situados, .... se repartían las posesiones del sacerdote mientras este estaba "de cuerpo presente").

Teresa decide entonces, pedir ayuda al médico del pueblo. Cuando fue a hablar con él, éste ya se imaginaba lo que iba a pedirle e intercedió por José.

José no fue ejecutado, pero pasó varios años en la cárcel, en San Roque (Cádiz). A veces Teresa y su hija Francisca iban a verlo. Me contaba mi abuela que en una de esas ocasiones, en la misma camioneta que las llevaba a San Roque iba el cadáver de un soldado... Pasó mucho miedo ese día...

Me cuentan que un Viernes Santo, Teresa, que tenía una bonita voz, cantó una saeta a la Virgen de los Dolores, cuya letra decía así: "Virgen de los Dolores, ablándale el corazón a quien a mi marido tiene metido en esa prisión". A continuación, le mostró a su hija (Francisca) a la Virgen y le suplicó: "Por mi niña, virgencita, por mi niña"

En prisión, la salud de José se debilitó aún más y al año de estar en libertad, falleció.

Mi abuela siempre me contó que su padre era un hombre auténtico, justo y tolerante. Mientras que la mayoría de los padres de las niñas de su edad, que también eran republicanos, no las dejaban ir a misa, a ella su padre la animaba a ir, diciéndole que allí no iba a aprender nada malo...

José fue padre de dos hijos, José Ramos González, que falleció a los 15 años de una enfermedad; Manolo; y de una hija, Francisca, mi querida abuela, la mejor narradora de historias que he conocido.


Rosario Calle
Junio de 2019










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