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2039. Un traje nuevo para el abuelo

De Pablo Aguayo de Hoyos, autor de Un traje nuevo para el abuelo para Búscame en el ciclo de la vida


Sinopsis

Feliciano es un investigador privado, aburrido de la vida, que encuentra su sentido escudriñando en el pasado familiar. La historia de vida de su abuelo, republicano, masón y exiliado en Méjico, duerme olvidada en el cajón del silencio. Y él se siente llamado a despertarla.

Presentación

Esta es mi modesta aportación a algo en lo que creo: para mirar adelante con esperanza hay que asumir lo que se deja atrás.

España tiene aún pendiente un elemental ejercicio de reparación y justicia de lo ocurrido durante los 40 años del franquismo. La herencia de aquel siniestro régimen ha sido un secuestro sistemático de la verdad y el olvido deliberado de aquellas personas convertidas en criminales por defender la libertad.

Rechazo tal legado, y, aunque sea a través de esta novela, reivindico la memoria contra la impunidad del franquismo y la amnesia complaciente en la que vivimos.

Un traje nuevo para el abuelo es una novela en la que se habla de la memoria y del reconocimiento a la dignidad por los vencidos en la Guerra Civil:

¿No te das cuenta? Esto es mucho más rico, es frágil porque es singular, pero debes tener en cuenta que la memoria es amplia y diversa. Yo he llegado a la conclusión de que no hay una única memoria del exilio: hay 500.000. La singularidad de cada una ha dado lugar a una memoria colectiva, que aún sigue viva. Y ésa es la gran fortaleza del exilio. Franco se esforzó en invisibilizar a los vencidos y no podemos permitir que predominen las mentiras y los cuentitos con los que reescribieron la historia: hay que trasmitir esta memoria y dignificar a los exiliados. ¿No crees que tu abuelo se lo merece?”

… Del exilio de los republicanos españoles en Méjico:

Pues así vivieron ellos el exilio, como una gran pérdida... ¿Sabes?, hay algo que se les quedó adentro para siempre y que no pudieron resolver...”

… Y del largo exilio interior:

Sobrevivir emboscados entre el miedo, el rencor y el disimulo: eso era lo que había. Una vida amarga, sin duda

… Con especial enfoque en el colectivo de los masones masacrados por Franco y la Falange en los primeros días de la contienda:

La logia acordó disolverse tras tener noticias de los fusilamientos sin contemplaciones que habían sufrido nuestros hermanos en Sevilla, Jerez, Antequera, Algeciras... Por las ciudades por donde habían pasado los rebeldes había habido una cacería de masones: todos asesinados.”

Quiero compartir con vosotros esta breve novela sobe las consecuencias del franquismo: las ausencias y los vacíos que dejaron en los que se exiliaron y en los que se quedaron; un paso más en mi aventura como escritor en la que pretendo hacer de la literatura un ejercicio de responsabilidad y denuncia.

Un traje nuevo para el abuelo” es mi segundo trabajo tras la novela negra “El crimen de Fani” (Editorial UNO, 2015).




*




Abriendo puertas

La doctora Isabel Menta es una psicóloga reputada. Trabaja una terapia de moda: una mezcla de gestalt con psicología holística y un puntito de prácticas naturópatas. Y no le va mal porque en la sala de espera nunca faltan los clientes.

Feliciano acude durante cerca de un año a la consulta de la doctora. Allí aprende a relativizar sus problemas, a mirarlos con perspectiva, a entender lo que es la empatía. Dibuja docenas de arbolitos que Menta disecciona con sus gafas emocionales y le enseña ejercicios para calmar la ansiedad y sanarle. Al cabo de ése tiempo, Feliciano es optimista. Cree que ha madurado lo suficiente para retomar su relación con Salma con un compromiso sincero. Le pide a la doctora Menta que le de el alta:

- De acuerdo. Ya no tienes que venir más por aquí, si no quieres. Veo por lo que me cuentas, que las cosas con Salma están en una fase distinta y quizá puedan arreglarse.  -Feliciano siente elevarse del silloncito, se le ilumina la cara de alegría. -¿Quieres una infusión? -le ofrece Menta.

- Sí, gracias.

La Doctora Menta se levanta y acerca una bandeja con una jarra de agua, un servicio de té y una cesta con varias bolsitas.

- En cualquier caso, no te precipites... -dice la Doctora y tras servir el agua hirviendo en las tazas añade- Yo te aconsejaría que des el paso cuando estés completamente seguro de lo que quieres. Y antes de darte el alta, voy a proponerte un ejercicio de meditación como despedida. ¿Te apetece?

- Sí, me parece bien. ¿Me tumbo?

- No, esta vez lo haremos sentado... No hay prisa, tómate la infusión tranquilo.

La doctora pone en marcha un pequeño altavoz y comienza a oírse una melodía que evoca un lugar con altos árboles y pájaros que parecen conversar al son de la música.

- ¿Estás preparado?

- Sí.

- Vale. Siéntate cómodamente, reposa tus manos sobre las piernas y concéntrate en tu respiración. Cierra los ojos y visualiza cómo tu ombligo avanza al tomar aire y cómo retrocede al soltarlo... Despacio, respira con normalidad y obsérvala.

Menta habla pausada, deja las palabras en el aire armoniosamente, siguiendo las subidas y bajadas de la música hipnótica que flota en el ambiente.

- Ahora imagina que estás en una espaciosa sala, con techos altos y unos grandes ventanales desde los que se ven plantas afuera. Sales al exterior, hay muchas plantas y árboles... No alcanzas a ver sus copas, son altos, magníficos. Paseas y encuentras una regadera. Está llena pero no te pesa. Te entretienes en echar agua a cada planta que encuentras.

(…)

- Hay una planta que te atrae especialmente. Te acercas a ella y te sientes bien contemplándola. Te acomodas junto a ella: estás relajado y notas que de la planta emana una luz... Es una luz brillante que entra en ti, te traspasa y te llena poco a poco. Te hace sentir cada vez mejor... En paz contigo mismo y con los demás... Conectado. Respira profundamente y quédate en ése bienestar unos minutos.

Feliciano acaba por abandonarse y se deja llevar por los sonidos de la jungla imaginada. Al cabo, la música calla y Menta rompe el silencio con su cálida voz:

- ¿Qué tal, cómo estás?

- Bien... Muy bien.

- ¿Qué has visto en la meditación? Cuéntame...

- He imaginado que estaba en una casa que me resultaba familiar, me sentía pequeño... Creo que me recuerda al chalé de mi abuela, sí. Había una galería con grandes ventanales y mucha luz, pero había algo que me impedía ver el exterior: una especie de muro, me parece. Luego estaba en un porche y he visto un jardín o un lugar parecido. Estaba todo lleno de plantas y macetas. Había un cerezo precioso...

- ¿Y qué planta has elegido?

- Una glicinia o algo así. Estaba emparrada y llena de racimos en flor colgando. Me he metido debajo y he sentido el calor de los rayos del Sol a través de sus flores violetas.

- Es curioso... Dices que has visto un muro delante de las ventanas, ¿no? Eso puede ser una pista de algo que te bloquea, que te impide ver más allá... Por otro lado, dices que has visto flores moradas; ése color se relaciona con la sanación y algo más: con un mensaje.

- ¿Un mensaje?

- Sí, puede ser algo que portas tú y que lo está esperando alguien.

Feliciano, incrédulo, sigue las interpretaciones de Menta. Las encuentra muy vagas pero no fuera de lugar.

- Dices que has visto el chalé de tu abuela... ¿Recuerdas alguna mala experiencia en ésa casa?

Feliciano piensa un instante y responde:

- No tengo buenas vibraciones con su recuerdo, pero no veo nada en especial que me provoque rechazo.

- Luego está lo de la planta. La glicinia, la sanación. Quizá nos indique que en esa casa se necesite una limpieza... Quizá algún suceso relacionado con la casa que no esté resuelto. No sé, ¿le ves algún sentido?

- Puede, creo que algo sucedió en mi familia materna pero no he sido nunca capaz de enterarme qué pasó.

- Y luego está lo del color violeta: el mensaje. Y el bloqueo... Feliciano, -Menta hace una pausa meditada y juntando las yemas de los dedos desde el fondo de su butaca, le dice:- te propongo que indagues en los recuerdos acerca de ése lugar y que abras las puertas o derribes los muros que has visto allí.

- Me vas a perdonar Isabel, pero es que a mí eso de abrir puertas... Me parece un tanto abstracto, no sé...

- De acuerdo -la doctora deja de tocarse las puntas de los dedos, se incorpora en su butaca y mira fijamente a su paciente-. Voy a ser concreta y creo que esta tarea es fácil para ti. Te invito a que hagas un viaje a la memoria de tu familia.

- ¿Un viaje dices?

- Sí, pero simbólico, hombre. No creo que necesites ninguna maleta... Tienes que encontrar tus raíces. ¿Y cómo? Pues documéntate sobre tu familia: tus padres, tus tíos, tus abuelos... Y trata de encontrar si hay algún secreto familiar. Eso sabes hacerlo de sobra, ¿verdad?

-Bueno, sí. No creo que eso sea problema, aunque la familia, no sé... Ha pasado mucho tiempo...

- El tiempo no lo cura todo, Feliciano. Sólo lo tapa. Quizá tú eres un mensajero y tu destino está ligado a ése mensaje que debes entregar a alguien para sanarlo o para sanarte a ti mismo.

Feliciano percibe ahora por completo el sentido de una de las frases que Menta tiene enmarcadas en su consulta y que no acababa de saber qué pintaban allá:

Lo que se calla en la primera generación,
la segunda lo lleva en el cuerpo.” 


Pablo Aguayo de Hoyos
Un traje nuevo para el abuelo - Capítulo 3, fragmento.
Editorial UNO, Junio 2016.
141 pags.







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