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35. Carta a un amor que no fue





“Pienso en ti, y todo lo que soy se parte en pedazos”
Federico García Lorca


Federico García Lorca y Salvador Dalí vivieron en la España de los años 20 una de las historias de amor más fascinantes y tristes. Se conocieron en 1922 en la Residencia de Estudiantes de Madrid, cuando Federico tenía 24 años y Salvador 18.

Según Ian Gibson la relación se desarrolló en clave de una homosexualidad trágicamente asumida por Lorca y esforzadamente rechazada por  Dalí.

Mantuvieron, a pesar de todo, una estrecha relación personal y artística hasta 1928 en que se produjo el distanciamiento entre los dos.




Barcelona, 31 de julio de 1927
Café de la Rambla

Mi querido Salvador:

Cuando arrancó el automóvil, la oca empezó a graznar y a decirme cosas del Duomo de Milán.

Yo estuve a punto de tirarme del coche para quedarme contigo (contiguito) en Cadaqués, pero me detenía el expresivo reloj pulsera de Pepe y la nariz de Pepe que echaba en la mañana al baño de maría de París un canalito de sangre clara duro en su cara lastimosa.

Al despedirme de los Qucurucuchs en el recodo de la carretera, te he visto pequeño comiéndote una manecita roja con aceite y utilizando un pequeño tenedor de yeso que te sacabas de los ojos. Todo con una ternura de pollo recién salido del cascarón y tiu tiu y de pirriti mano. !Ay¡

Ahora sudo y sufro un calor insoportable. Cadaqués tiene la alegría y la permanencia de belleza neutra del sitio donde ha nacido venus  pero ya no se recuerda.

Va hacia la belleza pura. Desaparecieron las viñas y se exaltan día por día las aristas que son como las alas y las olas que son como las aristas. Un día la luna, mojada con elasticidad de pez mojado y la torre de la iglesia oscilará de goma blanda sobre las casas, duras o lastimosas de cal o de pan mascado. Yo me entusiasmo pensando en los descubrimientos que vas a hacer de Cadaqués y recuerdo al Salvador Dalí neófito lamiendo la cáscara del crepúsculo sin entrar dentro todavía, la cáscara rosa palidísima de cangrejo puesto boca arriba.

Hoy ya estás dentro. Desde aquí siento ( !ay¡ hijo mío que pena ) el chorrito suave de la bella sangrante del bosque de aparatos y oigo crepitar dos bestiecitas como el sonido de los cacahuetes cuando se parten con los dedos. La mujer seccionada es el poema más bello que se puede hacer de la sangre y tiene más sangre que toda la que se derramó en la Guerra Europea, que era sangre caliente y no tenía otro fin que el de regar la tierra y aplacar un sed simbólica de erotismo y fe. Tu sangre pictórica y en general toda la concepción plástica de tu estética fisiológica tiene un aire concreto y tan proporcionado, tan lógico y tan verdadero de pura poesía que adquiere la categoría de lo que no es necesario para vivir.

Se puede decir: "Iba cansado y me senté a la sombra y frescura de aquella sangre" o decir:

"Bajé el monte y corrì toda la playa hasta encontrar la cabeza melancólica donde se agrupaban los sabrosos bostecitos crepitantes tan útiles para la buena digestión".

Ahora sé lo que pierdo separándome de tì. La impresión que me da Barcelona es la impresión de que todo el mundo juega y suda con una preocupación de olvido. Todo es confuso y embistiente como la estética de la llama, todo indeciso y desquiciado. Allí en Cadaqués la gente se siente no en el solo suelo todas las sinuosidades y poros de las plantas de los pies. Ahora veo como en Cadaqués me sentía los hombros. Es una delicia para mi recordar las curvas resbaladizas de mis hombros donde por primera vez he sentido en ellos la circulación de la sangre en cuatro tubitos esponjosos que temblaban con movimiento de nadador herido.

Quisiera llorar pero con el llanto sin conciencia de Lluís Salleras o con el canto estupendo de cuando tu padre tararea la sardana "una lágrima".

Me he portado como un burro indecente contigo que eres lo mejor que hay para mí. A medida que pasan los minutos lo veo claro y tengo verdadero sentimiento. Pero esto sólo aumenta mi cariño por ti y mi adhesión por tu pensamiento y calidad humana.

Esta noche ceno con todos los amigos de Barcelona y brindaré por ti y por mi estancia en Cadaqués pues las plazas del exprés estaban tomadas.

Saluda a tu padre , a tu hermana Ana María a quien tanto quiero y a Raimunda.

Acuérdate de mí cuando estés en la playa y sobre todo cuando pintes las crepitantes y únicas cenicitas  ¡y mis cenicitas¡ Pon mi nombre en el cuadro para que mi nombre sirva para algo en el mundo y dame un abrazo que bien lo necesita tu Federico.

¡Hace un calor espantoso!
¡Pobrecito!
Que hagas el artículo de mi exposición y que me escribas hijito.



Federico

 






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