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337. Declaración de Miguel Hernández en Madrid, 6 de julio de 1939

Tras dos meses de estancia en prisión, el 6 de julio de 1939 Miguel Hernández prestó su primera declaración ante el juez del Tribunal Especial de Prensa, Manuel Martínez Gargallo, ante el que ya no ocultó su apoyo a la causa republicana.


Su testimonio fue recogido a mano por un escribiente:

“Que reconoce sus ideales antifascistas y revolucionarios, no estando identificado con la Causa Nacional, creyendo que el Movimiento Nacional no puede hacer feliz a España (…) Que su libro ‘Vientos del pueblo’ es una compilación de toda la labor que como escritor antifascista y al servicio de la causa del pueblo ha desarrollado el dicente durante la guerra, su identificación a la causa roja recomendando la resistencia a la invasión, y conteniendo exaltaciones, dice el dicente, de los rasgos nobles de la causa marxista” (…) “Preguntado si con su labor como escritor antifascista reconocía la labor delictiva que realizaba recomendando la resistencia a la Causa Nacional, contesta el dicente: ‘reconocía esta labor delictiva en contra de la invasión”.

Días después, llegaba a manos del juez una carta del alcalde de Orihuela que, no sólo no avalaba su conducta, sino que vertía contra él serias acusaciones:

“He de manifestar que su actuación en esta ciudad desde la proclamación de la República ha sido francamente izquierdista, más aún marxista, incapaz por temperamento de acción directa en ningún aspecto, pero sí de activísima conducta comunistoide. Se sabe que durante la revolución ha publicado numerosos trabajos en toda clase de periódicos y publicaciones, y que estuvo agregado al Estado Mayor de la Brigada de ‘El Campesino’. Hace bastantes años se le conocía como ‘el pastor poeta’, y últimamente por ‘el poeta de la revolución’, lo que comunico a los efectos que estime oportunos. Dios, que salvó a España, guarde a usted muchos años”. Firmado en Orihuela el 14 de julio de 1939.

Su pertenencia a la brigada de Valentín González, conocido como ‘el Campesino’, que los primeros días de la guerra había contenido a las tropas rebeldes en Somosierra y evitado con ello la caída de Madrid, era una prueba irrefutable de su plena y trascendente identificación con la causa “roja”.

Dos meses más tarde, el 6 de septiembre, volvió a prestar declaración ante el juez Martínez Gargallo, y lejos de desdecirse de sus anteriores manifestaciones las ratificó, aunque negó haber luchado con ‘El Campesino’. El día 18 del mismo mes, el juez instructor resumió en quince escuetas líneas sus conclusiones:

“Está plenamente acreditado que dicho individuo, de tendencias notoriamente contrarias al Movimiento Nacional, desarrolló apenas iniciado éste una activísima labor literaria en contra de los ideales como de sus figuras más prestigiosas, apareciendo como firmante de varios manifiestos destinados a sembrar en España y en el extranjero la idea de que tan Glorioso Movimiento no era sino una vulgar invasión plagada de crímenes, y alentar al mismo tiempo a la resistencia armada contra las fuerzas nacionales; habiendo intervenido como animador, en unión de las fuerzas rojas, en el asalto y toma del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza y existiendo, además, indicios muy racionales de haber sido comisario político de una brigada de choque”.

Versión que ratificaría el fiscal del autodenominado “Ejército de Ocupación”, que en su escrito de acusación consideró los hechos constitutivos de un delito de “adhesión a la rebelión militar, con las agravantes de perversidad y trascendencia de los hechos cometidos. 

Pena que se pide: MUERTE.










































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