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590. Una «vedette» ante el paredón.

Militares de alta graduación, espionaje, prostitución, milicianos anarquistas, un maletín con 10 millones de pesetas en joyas... Casi 75 años después, la muerte de la «vedette» catalana Tina de Jarque, la reina de la revista de los años 20, en la Valencia de 1937 sigue siendo un misterio. ¿Fusilada por ser una Mata-Hari a las órdenes de Franco o por un simple robo a manos de incontrolados de la FAI? Como escribió Miguel de Molina, el «humo» aún envuelve el trágico final de la «Venus Morena».

Tina de Jarque se hizo humo entre Valencia y Castelló con su joyero repleto y nunca se volvió a saber nada de ella...», dejo escrito Miguel de Molina en sus memorias, como si fuera una de las amargas coplas que le dieron fama mundial. Efectivamente, el camino de perdición que a principios de enero de 1937 llevó a una de las «vedettes» más famosas de los años 20 ante el paredón de aquella Valencia capital de la República es aún un misterio.

Juan Antonio Ríos Carratalá, catedrático de Literatura de la Universidad de Alicante e historiador del teatro y el cine, es uno de los investigadores que más se ha aproximado a la figura de esta reina de la revista a quién la prensa llamaba la «Venus Morena», aunque su verdadero nombre era Constantina de Jarque Santiago. En su libro «El tiempo de la desmesura», reconstruye la historia de esta artista catalana, a la que la sublevación militar del 18 de julio de 1936 sorprende en Madrid rodando la película «Carne de fieras» a las órdenes del director anarquista valenciano Armand Guerra (Llíria, 1886 - París, 1939).

Entonces, explica Ríos Carratalá, la época de máximo esplendor de Tina de Jarque, que había nacido en 1904, era ya agua pasada. Su momento estelar llegó a finales de la década prodigiosa, «cuando con la Compañía de Eulogio Velasco, la más importante de España, recorrió los principales escenarios de la Península y de Sudamérica, donde en 1930 llegó a codearse con Carmen Miranda en Río de Janeiro».

La «Venus Morena»

El viento de libertad que trajo la República a partir de 1931 llenó los teatros de variedades de desnudos. Y en esa ola de erotismo, que el historiador compara con el «destape» de la Transición, Tina de Jarque «fue una de las pioneras» del estriptis en teatros míticos de Valencia como el Shangai, el Alcázar o el Bataclán.

Las pasiones que levantaba llenaron su camerino de una legión de pretendientes: destacados próceres de la burguesía madrileña, deportistas como el triple campeón de Europa de boxeo, Paulino Uzcudun, y numerosos militares de alta graduación. Incluso se llegó a asegurar que entre los que la cortejaban estaba Ramón Franco, hermano del futuro dictador.

Las amistades de la «vedette» se volvieron peligrosas tras el estallido de la Guerra Civil, pues ella «tenía relación con toda la jerarquía militar», apunta el investigador, de ahí que fuera vista como una Mata-Hari al servicio de los sublevados. En una época, prosigue, en la que «entre el mundo de las variedades y la prostitución no había mucha diferencia», de De Jarque se decía que era una concubina de lujo e «incluso que dirigía un burdel de alto nivel en Atocha, que era zona de espionaje, aunque nada de esto se ha podido comprobar».

Las diferentes versiones novelescas sobre el misterioso final de la «vedette», apuntan que ésta trató de huir de Madrid vía Valencia y Barcelona hacia Francia, con un maletín cargado con joyas valoradas en 10 millones de pesetas. La acompañaba Abel Domínguez, secretario de la Federación Regional Andaluza de la CNT, con quien se dice que cuando fue a detenerla acabó rendido a sus encantos. La huida de la pareja acabó en el «cap i casal», donde habría sido detenida por milicianos de la FAI, también anarquistas pero más revolucionarios, y fusilada extrajudicialmente.

Aunque la prensa republicana valenciana, especialmente la libertaria («Fragua Social»), solía informar de la captura de espías no hay ninguna referencia a la detención de la «vedette» y el anarquista, por lo que Ríos Carratalà tiene «la impresión de que más que de un caso de espionaje se trata de un robo, pues Miguel de Molina decía que ´tuvo mala suerte con las joyas´». En cualquier caso, atribuye el misterio que aún rodea a la muerte de Tina de Jarque «a que hay víctimas que nadie las reivindica. Una ´vedette´ de vida alegre no era el arquetipo de heroína ni para la República ni mucho menos para el régimen posterior».


"Carne de fieras", maldita entre las malditas.

La bomba de aquel verano de 1936 que cambió la historia de España en Madrid fue un número de variedades del teatro Price, en el que la francesa Marlène Grey bailaba desnuda en una jaula con cuatro leones, con la única protección de un minúsculo tanga. Un productor madrileño quiso hacer una mina de oro con el exitoso número de aquella venus rubia y la contrató para una película. "El número de Grey fue la excusa para el largometraje. El empresario contrató por 30.000 pesetas al director valenciano Armand Guerra, que entonces estaba sin trabajo, para que dirigiera la cinta, construyera el guión y actuase en ella", cuenta Juan A. Ríos Carratalá.

Guerra, en realidad José María Estivalis Cabo, era según el historiador "un sembrador de rebeldías en nombre del anarquismo". Había rodado en París, donde se integró en la cooperativa libertaria "Le Cinéma du Peuple" , en la que firmó la primera parte de la histórica "La Comuna" (1914), y en Alemania. "En 1931 intentó traer el cine sonoro a Valencia, donde planeaba crear unos estudios con participación de empresarios alemanes, pero la falta de apoyo del empresariado local frustró el proyecto", destaca.

Tina de Jarque hacía de adultera en un filme que exhibía uno de los primeros desnudos del cine español. El rodaje comenzó dos días antes del golpe del 18 de julio. Aunque su argumento no cuadraba en los esquemas de la CNT , que controlaba el sindicato de espectáculos, se ordenó proseguir con "para dar trabajo a los actores". "Se acabó de rodar no sin dificultades, pues la CNT del ramo de la Alimentación tuvo que dar de comer a los famélicos leones ante el riesgo de que devorasen a la actriz".

"Carne de Fieras" ha quedado para la historia como una de las películas malditas del cine español, pues tardó 56 años en estrenarse. Primero la guerra y luego la censura de la dictadura -"el productor trató de tapar los desnudos con pintura, pero desistió ante su elevado coste"-. Al final los 42 rollos de la película acabaron en el rastro madrileño, donde en 1991 los compró un coleccionista. La Filmoteca de Zaragoza, de la mano de Ferran Alberich, restauró y reconstruyó el largometraje, que se estrenó un año después. "Como estaba rodada con poco presupuesto, solo había una toma por escena, por lo que se hizo el único montaje posible", concluye Ríos Carratalà.

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