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795. Como descubrí el "Champagne" a los 7 años






Manu de Marsella nos cuenta como descubrió el "Champagne" a los 7 años.


“Puedo decir que tuve una infancia de las más felices.  Mucha gente en Marsella se extrañaba y se preocupaba por el desfile de exiliados y mutilados de guerra que teníamos en casa cada domingo. Eran grandes momentos de alegría para ellos porque podían conversar en castellano, pero también de lágrimas.  Cada uno venía con sus noticias de la madre patria y el largo exilio les parecía a todos como una verdadera tortura. Yo me pasaba horas escuchando la historia de cada uno, el relato de todas y cada una de las batallas.

En  la misma mesa podía estar al lado de un ciego fusilado por los franquistas y que sobrevivió, de un  republicano catalán que perdió una pierna en el Frente del Ebro y de mi abuelo que perdió su brazo. A cada uno le faltaba algo. Terrible para unos pero casi "normal" para mis ojos de niño. Cada comida se acababa cantando "La Internacional" en castellano y citándose para la semana siguiente.

En noviembre de 1975 yo tenía 7 años y noté un cambio en casa. Mi abuela no paraba de cantar: "que se muera, qué se muera" y este cambio se produjo también en las calles de Marsella. Marsella, la rebelde, Marsella la gran ciudad del sur de Francia donde llegaron  exiliados de todas las guerras, Marsella la  ciudad que ayudó tanto a los exiliados de la guerra española como a los de la segunda guerra mundial, cuando los sindicalistas escondieron a los republicanos españoles en las empresas de la ciudad. En las calles la gente nos preguntaba cada día si había muerto el dictador y nosotros, esperando, esperando hasta que llegó la noticia tan esperada. Aquella noche miles de personas bajaron a las calles, la gente bailaba, cantaba la Internacional. Fue un día de fiesta.  A las once de la noche se pararon dos coches "Mercedes" delante de la casa de mis abuelos. Mi abuela temió que fuera la policía. De uno de los coches salió uno de los más poderosos empresarios de la ciudad con una botella de "Moet et Chandon" en la mano para celebrar con nosotros la muerte de Franco. Aquella noche descubrí el placer de beber una copa de champagne.


Han pasado los años. Todos los exiliados de aquella época ya no viven. Tengo, gracias al modelo de integración francés, una buena situación. Ayudo como puedo a los exiliados de otros países (Syria en estos tiempos) y a muchísimos españoles sin hogar que están en mi ciudad y cada Nochevieja, cuando me bebo una copa de "Moet et Chandon " pienso en aquella noche de 1975 y no paro de celebrar la muerte del dictador".




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