Lo Último

834. “Sempre en Galiza" (Recordando a Castelao)

Alfonso Daniel Rodríguez Castelao Manuel
(Rianxo, 30 de enero de 1886 - Buenos Aires, 7 de enero de 1950)


“No se puede negar que había en todos los republicanos españoles un afán de considerar a Galicia como una madriguera de reaccionarios, sin más fundamento que la mala ley que nos tienen. Ningún antifascista se acordó de citar a Valladolid, pongo por caso de madriguera reaccionaria. No; sobre Castilla no podía caer ningún palo, sabiendo a ciencia cierta que fue la matriz antidemocrática. Los “nacionalistas” hicieron un mapa de las partes que se entregaron sin resistencia, en demostración de la lealtad de Castilla y de su “voluntad de Imperio”. Ni durante la guerra fueron capaces (se refiere a los republicanos) de comprendernos y estimarnos”.

“Su tema preferido consistía en llamarse progresistas y en acusar de retrógrados a los que no soportaban su ley. Combatían a los vascos por reaccionarios; a los gallegos, por reaccionarios; a los catalanes, por reaccionarios. Y a todo esto, las izquierdas y el mismo proletariado servían y seguían la hipócrita y taimada acusación de los centralistas. Podemos decir más: estas fuerzas luchaban a codazos para ponerse a la vanguardia del movimiento uniformista. La España castellana, que dentro del marco geográfico y cultural de Europa era extremo simétrico del Imperio Turco, se empeñó en considerar a Cataluña, Euzkadi y Galicia como países retrógrados. No se daría nada más risible si no existiera un ejército regular y la Guardia Civil par defender esta hipocresía, esta ficción, esta falsedad”.

“A toda España se le hizo creer que los gallegos éramos gente inferior, sin capacidad para el ejercicio de las artes y de las letras, y que nos oponíamos a los designios civilizadores de Castilla sólo por servir y sostener el bandidaje de los señores feudales; pero a nadie se le dijo que contaban con instituciones forales que concedían a los labriegos un comienzo de propiedad, base de los actuales minifundios, mientras que en la España castellana y en el España reconquistada por los castellanos a los moros, perdura el latifundismo feudal, y los labriegos aún son siervos, incapaces de regir sus propiedades”.

“A toda España se le hizo creer que los vascos defendieron a don Carlos por simple fanatismo religioso, y que opusieron su ferocidad de sentimientos al liberalismo iniciado en las Cortes de Cádiz, armando tres guerras civiles con el exclusivo objeto de restaurar la Monarquía despótica; pero a nadie se le dijo que los pseudo-liberales querían abolir los Fueros Vascos y arrasar, en nombre de Castilla, la nación más original de Europa”.”No es cierto que la intransigencia de las “derechas” y de las “izquierdas” sea un hecho irremediable de España, pues sólo es un hecho de castellanización del Estado y acabaría el día en que Cataluña, Euzkadi y Galicia fuesen libres y pudieran contrarrestar esa hegemonía”.


Los cuarteles españoles

“La bravura de los militares españoles era el miedo que metía miedo. El cuartel era un convento donde se juraba, se blasfemaba, se conspiraba contra el gobierno, se pelaban patatas y se tocaba la corneta. Los militares usaban bigote y padecían de catarro crónico. Se adornaban con plumas, charoles, hierros y botones dorados, para enamorar a las mujeres. Gustaban más de procesiones que de batallas. Perdían las guerras, eso es verdad, pero las perdían “gloriosamente”. Eran caballeros en el Casino y arrieros en el hogar. Llegaban a generales por riguroso turno de antigüedad y morían de prostatitis crónica. Se arruinaron comprando “marcos” y continuaban germanófilos”.

“El catolicismo español era una flor de trapo. Los clérigos eran desertores de la agricultura. Cantaban “flamenco” en vez de “gregoriano”. Vivían a costa del purgatorio y morían de indigestión o de apoplejía. Los clericales ponían en la puerta de su casa una efigie del Corazón de Jesús estampada en hojalata. Dentro del hogar vivían aconchabados con los siete pecados capitales. Compraban indulgencias y prestaban dinero al cien por cien. Por algo Dios dejó quemar las iglesias”.

“Estoy por decir que muchos republicanos sintieron el derrumbamiento de la Monarquía porque vivían exclusivamente de combatirla”.

“Si vamos al País Vasco nos encontraremos con un caso semejante, pero más admirable. No es que Euzkadi sea antimilitarista; es que siente incompatibilidad con los uniformes del Ejército español, al que odia cordialmente. Los capitalistas vascos crearon un gran poder financiero, incompatible con la pereza del capitalismo español, de cuya pereza ellos saben aprovecharse. Cierto que se dividían en carlistas, dinásticos y nacionalistas, pero todos juntos rechazaban el programa de la Falange Española. En cuanto a los católicos y al clero de Euzkadi, bien demostraron su incompatibilidad con los reaccionarios de secano”.

“Todo esto quiere decir que las tres nacionalidades avasalladas eran los baluartes de la República, los soportes de la verdadera libertad, y en ellas descansaría segura y firme, si los republicanos no fuesen ciegos y … centralistas."

“El caso de Euzkadi es más sencillo y más fuerte. El renacimiento vasco fue iniciado por la acción del Partido Nacionalista, creado por Sabino Arana en 1895. Las bases doctrinales del nacionalismo vasco contienen afirmaciones rotundas, encaminadas a enmendar el error carlista, y sólo confiadas a la virtud y fortaleza del pueblo. Euzkadi es la única nacionalidad hispana que se funda principalmente en las características de pueblo, y por lo tanto en la acción. No hay duda de que el País Vasco es también un “hecho de voluntad”; pero más permanente que el de Cataluña, porque se siente invulnerable a las contingencias políticas de España”.

“Sólo se quisieron atender las demandas abrumadoras de Cataluña y disfrazóse la concesión con prerrogativas generales que no se pensaban cumplir”.

“Los Estados autonómicos fueron considerados como recurso terapéutico, y no como solución liberal para soldar los diferentes pueblos que integran España”.

“El aplazamiento de las autonomías –por culpa de los trámites inventados para prolongar el sistema unitario- desintegró a Navarra del País Vasco, retrasando en cinco años la fortificación de un baluarte seguro de la democracia”.

“Los gobernantes provisionales de la República carecían de un plan de organización del Estado, y no tenían aliento para formarlo, y por no atreverse a resolver por decreto –pongo por caso- los simples problemas de justicia social, convocaron a toda prisa unas Cortes constituyentes, disfrazando con escrúpulos de leguleyo lo que en el fondo era indecisión, incapacidad y cobardía”.


Iba a ser una República Federal

“Me acuerdo de la noche en que se planteó el problema de la estructuración de la República, cuando la mayoría de los diputados nos disponíamos a votar a favor del sistema federal. Aquella votación hubiera sido absolutamente sincera porque fue promovida por una enmienda de alcance insospechado, que cogió de improviso a los valedores del Parlamento. Tan poca importancia se le dio a esta enmienda que el “banco azul” estaba desierto de ministros. Me acuerdo de que se levantó Santiago Alba y acoquinó a los diputados haciéndoles ver la sorpresa qur recibiría el presidente del Consejo de Ministros, al día siguiente cuando leyese en los diarios de la mañana que la República ya no era unitaria. Los expertos diputados de la Monarquía convencieron a los diputados novicios, y la votación se aplazó hasta conocer el criterio del Gobierno. Y así fue como las Cortes que hubieron dicho “sí”, dijeron “no”.

“Aprobóse, por fín (el Estatuto vasco) el día 1 de octubre de 1936, y no por mayoría de votos, sino por aclamación. Se evitó la tan temida controversia porque era necesario contentar a los vascos y estimularlos para que defendieran la República”.

“Acabáronse los Estatutos restringidos y regateados, que dejan vivos los viejos resentimiento y no curan las mutuas desconfianzas. Tampoco aceptamos que cualquier provincia o provincias limítrofes tengan derecho a reclamar un Estatuto autonómico. Para nosotros no hay más que una república viable: la que se basa en el libre consentimiento de las nacionalidades que integran España. Damos por bien muertas a la primera y segunda República y esperamos a la tercera. Esta tercera República será federal si quiere ser definitiva”.

“Yo creía que la posibilidad de que los españoles mudasen de pensamiento dependía de que mudasen de clima, pero ni aún así. Perdieron una guerra civil y armaron otra en seguida porque no son capaces de convivir consigo mismo. Y como yo estoy exento de responsabilidades y de complicidades, me veo obligado a decir que sólo vivo para Galicia, y que sólo confío en la cordura de los gallegos”.

“No aceptamos que se nos señale la obligación de luchar por la República española “porque ella va a ser la que nos conceda el Estatuto autonómico”, como dicen los republicanos de secano, pues somos nosotros, junto con los vascos, catalanes y demás pueblos hispánicos los que crearemos la unidad superior de todos los españoles, es decir, la República”.

“Lo que más nos duele es que los compañeros de destierro siguen soñando con la República del 31, causa indirecta de nuestro dolor”.

“El caso es que todos pensamos volver en cuanto podamos, y que la mayor parte de los desterrados cree que seremos recibidos con palmas y aclamaciones del pueblo. Yo, por lo menos, no lo creo así. Mucho más que nosotros –los que vivimos en América- está sufriendo la gente de España, que no tiene pan, ni ropa, ni sosiego, ni libertad. No hay peor destierro que el que se sufre en el propio país”.


Castilla es como Prusia

“No hay manera de hacerles ver que los refugiados tenemos derecho a ponernos de acuerdo para llevarnos a España un plan bien meditado y capaz de merecer la aprobación del pueblo. Y como ellos se privan de toda discusión provechosa, quieren que los gallegos, los vascos y los catalanes imitemos su proceder. La discusión que más temen es la que se refiere a los hechos diferenciales y a la consiguiente estructura del estado de mañana. Aplazan esa discusión para cuando se vean en campo propio y asistidos por el ambiente de la región mayoritaria. No les conviene discutir con nosotros en terreno neutral y expuestos a confesar su empedernido centralismo. Les resulta más cómodo discutir con nosotros en Madrid y ganarnos una votación en el Parlamento”.

“Llegan a decir que el problema gallego, igual que el vasco y el catalán, depende de la solución que acuerde la mayoría de los españoles. ¡Estábamos aviados!. No. La voluntad de los españoles debe consultarse para resolver los problemas generales de España; pero, en justicia, sólo Galicia debe resolver sus asuntos privados, como es dueña de tomar la posición que se le antoje frente a los demás españoles”.

“Lo que pasa es que no quieren cambiar la opinión unitaria en opinión federal, porque ellos son unitarios y centralistas”.

“El ruralismo gallego venció al terror clásico que nos acechaba desde el bosque y desde el mar; pero Castilla, sin bosques y sin mares, vive aún en sus ciudades, en un urbanismo creado por el medio y mantenido por epopeyas vanidosas, dentro de un Estado-poder que nunca será un Estado-nación”.

“A los pueblos y a las tierras hay que juzgarlos en toda la hondura que tienen y no hay duda de que la Galicia actual comienza en las edades prehistóricas, así como las formas actuales de Castilla, incluso el paisaje, tienen su nacimiento en los últimos períodos de la reconquista. Imaginémonos una resurrección de los muertos de hace mil años: un gallego reconocería a su tierra; un castellano no sabría decir dónde estaba”.

“Podemos afirmar, con palabras de Otero Pedrayo, que “si en el mapa de la conciencia moderna Roma es la fuerza, París la escuela, Florencia la gracia y Londres el orden, Santiago es la fe”; pero después pregunto yo: ¿Qué representa Madrid en la conciencia del mundo?. Nada.”

“Nuestro genio creador marcaba a los varones hazañosos de Galicia el camino que debían seguir, y éste no era otro que el de unirse a Portugal en vez de ayudar a Castilla. La grandeza histórica de Portugal nos hace ver hoy lo que significaría para España una restauración de la antigua unidad galaica, -la de los tiempos romanos y suevos-, pues ahora estarían coordinadas las variedades hispánicas en un Estado europeo, principalmente atlántico. De Castilla y de los módulos castellanos sólo podría salir la España que estamos viendo y padeciendo”.

“… sirva como ejemplo la influencia de Roma, que con ser tan imperiosa no pudo atacar la lengua vasca y originó varios dialectos, de los que aún quedan tres: el castellano, el catalán y el gallego”.

“Pero Castilla rompió, sin darse cuenta, la unificación hispana que se estaba formando espontáneamente, y hoy es el gran obstáculo para que lleguemos a la unidad pactada; creó resentimientos incurables en Portugal y Cataluña, y después de cuatro siglos de torpezas, ejercidas sobre Euzkadi y Galicia, aún hoy pretende que todos los españoles seamos castellanos”.

“Castilla se afincó en conceptos cerrados, omnipotentes, intangibles; fulminó castigos y excomuniones; impuso un catolicismo más intolerante que el de Roma; declaróse, por medio de la Inquisición, proveedora general de la felicidad ultraterrena; suprimió, siempre que pudo, las soberanías ajenas; usurpó los poderes; propuso, en fín, la posibilidad de fusión o de acoplamiento de las realidades –lenguas, culturas, derechos, tradiciones, haciendas- al propósito de ser dueña y señora de España. La unidad, por lo visto, ni estaba en armonizar todo cuanto fuese español, es decir, propio de los diferentes pueblos que habitaban la península; estaba en la imposición de todo cuanto fuese castellano y propio de los castellanos. Y como Castilla fue engendrada y parida en el estruendo guerrero de la Reconquista, siempre consideraron indigno de su prosapia manejar el arado y fecundar la tierra. Castilla, dueña y señora de España, recibió en herencia inesperada la mitad de Europa y ganó, por un descubrimiento casual, el mundo fabuloso de las Américas. Pues bien, la España centralista perdió todo cuanto tuvo y ni siquiera pudo preservar la integridad de la península”.


No queremos pedir permiso a nadie

“El gallego es la forma más antigua de las lenguas neolatinas de España y la primera que alcanzó un pleno desarrollo literario. ¿No es, pues, una impudicia negarle al gallego el carácter de idioma cuando no se le regatea al castellano?”.

“La poderosa particularidad de Castilla frustró la nacionalidad hispana iniciada en los tiempos visigodos, y la lengua gallega, con todas sus disposiciones culturales, tuvo que retornar a los patrios lares, donde aún vive, al margen de esa entelequia que se viene llamando “nación española”.

“Los gallegos no discutimos el derecho de Galicia a ser una nacionalidad, porque Galicia ya es una nacionalidad. Discutimos los derechos que como tal se le deben y ejercemos un deber cuando reclamamos ese derecho”.

“Cuando entramos en la esfera del espíritu, nos sentimos cada vez más “nacionalistas, es decir, más apartados del espíritu de Castilla. Somos generosos ante España y lo seríamos mucho más ante un estado peninsular organizado en régimen federal; pero somos intransigentes antes Castilla. Somos en fin, verdaderos “nacionalistas”.

“Frente a la política asimilista de los castellanos no nos queda más que un recurso: oponer una recia acción nacionalista. La intransigencia de los gallegos, frente a la intolerancia de Castilla es un acto de indeclinable dignidad”.

“Los “nacionalistas” gallegos salimos del “regionalismo” por considerarlo impreciso y, por ello, favorable a toda clase de embrollos y extravíos; defendemos como principio general la soberanía de todas las nacionalidades y reclamamos para Galicia las garantías de su libre desarrollo y de su fecundidad; denunciamos al Estado español como instrumento de la política absorbente de Castilla, y como perturbador de la vida pública; negamos que la unidad española fuese, en su origen y desarrollo, establecida por la voluntad histórica de todos los grupos; afirmamos, que la heterogeneidad de las fuerzas étnicas de España son la mejor riqueza para un Estado capaz de estimarlas y aprovecharlas. Los “nacionalistas” gallegos vemos que el Estado español es una organización teórica, un ente abstracto sin pies ni cabeza”.

“Los catalanes, los gallegos y los vascos serían antiespañoles si quisieran imponer su modo de hablar a la gente de Castilla; pero son patriotas cuando aman su lengua y no se avienen a cambiarla por otra. Nosotros comprendemos que a un gallego, a un vasco o a un catalán que no quiera ser español se le llame separatista; pero yo pregunto cómo debe llamársele a un gallego que no quiera ser gallego, a un vasco que no quiera ser vasco, a un catalán que no quiera ser catalán. Estoy seguro de que en Castilla, a estos compatriotas les llaman “buenos españoles”, “modelo de patriotas”, cuando en realidad son traidores a sí mismos y a la tierra que les dio el ser. ¡Estos si que son separatistas”

Fuente del texto: Blog Iñaki Anasagasti 

Las imágenes han sido seleccionadas por los administradores.








No hay comentarios:

Publicar un comentario