Lo Último

1192. El 19 de noviembre de 1933 amaneció con sufragio universal.




«Para orgullo de la superioridad masculina
estamos seguros de que ellas nunca podrán
superar nuestros absurdos»
Wenceslao Fernández Flórez




María Torres/ 18 noviembre 2014

Hace 81 años, 6.800.000 mujeres españolas (más de la mitad del censo electoral) votaron por primera vez en las elecciones legislativas del 19 de noviembre de 1933. Unos días antes lo habían hecho las mujeres vascas en el referéndum del Estatuto de Autonomía.

Antes y después de su aprobación, el voto femenino gozaba de un amplio rechazo entre la mayoría de los hombres que no veían ni querían el momento de la equidad para las mujeres. Incluso llegaron a afirmar que la concesión del sufragio universal tampoco interesaba a las mujeres.

La artífice de ese logro fué Clara Campoamor, que a pesar del aislamiento al que fué sometida por parte de todos sus correligionarios, de los ataques recibidos por la mayoría de diputados y apoyada tan solo por una minoria socialista, consiguiò que el 1 de octubre de 1931 el Pleno del Congreso de los Diputados aprobara el derecho de las mujeres al sufragio por 161 votos frente a 121, ratificado el 1 de diciembre de ese mismo año en una votación aún más ajustada: 131 votos a favor frente a 127. Se consagraba por tanto la “igualdad” entre hombres y mujeres, permitiendo a las mujeres mayores de 23 años participar en las votaciones, no sólo como candidatas sino también como electoras.

Votaron en contra del sufragio femenino el partido Radical (excepto Clara Campoamor y cuatro diputados más), el Partido Republicano Radical Socialista y Acción Republicana. A favor el Partido Socialista (a excepción de Indalecio Prieto con su famosa frase de «se ha dado una puñalada trapera contra la República», y su grupo), el sector conservador de la derecha española y pequeños grupos republicanos como la Agrupación al Servicio de la República)

Aunque el sufragio universal situó a España en la vanguardia de Europa en cuanto a derechos electorales, si repasamos la prensa de la época, comprobaremos la crispación que el asunto del sufragio causaba en los medios, incluso de "izquierda":









«La señorita Campoamor lucha bravamente frente a casi todos los jefes de minorías, pero la impresión es que será derrotada» (El Heraldo de Madrid)

«Milite donde milite desde ahora, la mujer lleva a la lucha un espíritu de intransigencia y defiende siempre las soluciones más radicales. Dígase lo que se diga, la mujer española no está preparada para intervenir en la vida pública" "Para otorgar el voto a la mujer española se ha alegado que ya lo tienen la alemana y la inglesa. Bueno; pero da la casualidad de que ni la inglesa ni la alemana van al confesonario» (El Heraldo de Madrid)

«Y cuidado que, con gusto, en principio, no aceptamos nosotros la concesión del voto a la mujer. Nosotros creemos que el lugar propio de la mujer, de su condición, de sus deberes, de su misión en la vida, es el hogar. Y nos parece mal que de él se la arranque, y aunque en ella se fomenten o despierten vocaciones que la atraigan a la calle. Estamos ciertos de que es desgraciada una sociedad donde la mujer no se contenta con ser esposa y madre.» (El Debate)






«Segaremos trigo verde» «... Defiende la implantación rápida de los derechos de la mujer. Con ella votarán a favor los socialistas, y en contra es de suponer que los demás sectores de la Cámara, que tienen el justificado temor de que aún la mujer no está capacitada lo suficientemente para acudir a las urnas... Se impone un poco de calma en las damas, y repetimos nuestra creencia, que han de debutar con unas modestas elecciones municipales. Y ya es bastante.» (La Voz)

«Se entabló un amplio debate sobre el voto de la mujer. Los partidos radicales, todos, se han mostrado aquí profundamente reaccionarios. Querían conceder el voto a la mujer, pero no en la Constitución, sino en la ley Electoral,  para condicionado y hacerlo desaparecer si les era adverso. Temen que los curas y los frailes influyan decisivamente en la mujer... ¿Y qué hicieron entonces con su labor anticlerical? La Cámara, por una gran mayoría, proclamó el derecho de igualdad. Esto irritó y desconcertó extraordinariamente a los partidos burgueses..., que están dominados por un pesimismo sombrío que los incapacita para la lucha.» (El Socialista, 1 de octubre de 1931)

«No se ha otorgado el voto a los jóvenes de veintiún años, olvidándose de que a esa edad la juventud española discierne sobre temas políticos con más preparación y sentido que las mujeres a los cuarenta» "El voto hoy en la mujer es absurdo, porque en la inmensa mayoría de los pueblos el elemento femenino, en su mayor parte, está en manos de los curas que dirigen a la opinión femenina, se introducen en los hogares e imperan en todas partes. Hoy la mujer española, especialmente la campesina, no está capacitada para hacer uso del derecho del sufragio de una manera libre y sin consejos de nadie. Con lo que hoy ha acordado el Parlamento. La República ha sufrido un daño enorme y sus resultados se verán muy pronto.» (La Voz, 1 de octubre de 1931)





«La concesión del voto a las mujeres, acordada ayer por la Cámara, determinó un escándalo formidable, que continuó luego en los pasillos. Las opiniones eran contradictorias. El banco azul fue casi asaltado por grupos de diputados que discutían con los ministros y daban pruebas de gran exaltación. Es posible que la trascendental votación de anoche tenga consecuencias graves en otro orden nacional.» (La Voz, de 2 octubre de 1931)

«Los comentarios después del resultado otorgando el voto a la mujer fueron muy apasionados. En los pasillos los radicales y algunos radicales socialistas anunciaban que, como represalia, no harían ninguna concesión cuando llegue el momento de discutir las relaciones entre la Iglesia y el Estado, llegando incluso a la rebeldía con los jefes si ordenaban cosa que se opusiera a este propósito. Los diputados discutían con varios ministros primera votación, y se distinguían en su apasionamiento los radicales socialistas y los radicales, que estimaban que la concesión del voto a la mujer es un gran peligro para la República.» (El Sol, de 2 de octubre de 1931)

«No somos enemigos de la concesión del voto a la mujer. Estimamos que debe concedérsela ese derecho de ciudadanía, pero a su tiempo, pasados cinco años, diez, veinte, los que sean necesarios para la total transformación de la sociedad española. Cuando nuestras mujeres se hallen redimidas de la vida de esclavitud a que hoy están sometidas, cuando libres de prejuicios, de escrúpulos, de supersticiones, de sugestiones, dejen de ser sumisas penitentes, temerosas de Dios y de sus representantes en la tierra y vean independizada su conciencia. La mujer española, en general, por sus condiciones de vida, por su educación, por los limitados horizontes de su apagada existencia, tiene su consuelo en la fe religiosa. Su esperanza en la oración, su refugio en la iglesia... » (La Libertad, 2 octubre 1931)





«Resuelta la edad del voto, se discute el voto de la mujer. Aunque al principio más parece que lo que se discute es la edad y no el voto. El Sr. Ayuso dice cosas terribles. Quiere que la mujer no tenga el voto hasta los cuarenta y cinco años, porque en esa edad "se fija por los tratadistas la estandarización de la edad crítica en la mujer latina". Estas palabras indignan a la Srta. Clara Campoamor que arremete contra el Sr. Ayuso y le lanza con voz sorda una palabra antiparlamentaria. Afortunadamente la discusión se eleva rápidamente hasta culminar en una votación desconcertante. Parecía que la opinión de la Cámara era contraria al voto femenino, y, sin embargo, se vota lo contrario. Luego en los pasillos se oyen frases gordas: - ¡Esto ha sido una puñalada a la República! ¡Hemos votado como unos inconscientes! Y quedan las espadas en alto.»  (Crisol, 10 de octubre de 1931)

«Los demócratas burgueses tienen miedo a la democracia... Como sabemos que todo su radicalismo es verbalista no nos ha sorprendido lo ocurrido. Son republicanos, viejos republicanos, defensores de la igualdad de derechos para uno y otro sexo, pero sólo en la verborrea fácil del mitin. Luego se asustan, y cuando la Constitución concede el voto a la mujer, no sólo como un derecho, sino como un deber, tiemblan de pánico.» (El Socialista, 2 de diciembre de 1931)

Y ahora le toca el turno a los testimonios y manifestaciones de algunos de los representantes de la Cámara, de abrumadora mayoría masculina. No olvidemos que las únicas parlamentarias eran Victoria Kent, del Partido Republicano Radical Socialista y Clara Campoamor del Partido Radical. Más tarde se incorporó Margarita Nelken del Partido Socialista (elegida en las elecciones parciales del 4 de octubre de 1931). Tres mujeres de un total de 465 diputados.





«iSe ha dado una puñalada trapera a la República!» (Señor Prieto)

«Es lo más grave que se ha votado hasta ahora, porque ha de favorecer enormemente a las derechas.» (Señor Guerra del Río)  

«Era preciso mantener a toda costa el principio constitucional, que no significaba ningún peligro para la República.» (Señor Companys)

«Sin entrar a discutir el fondo del asunto, había que considerar que la política se hallaba ante dos incógnitas: una la aplicación de la nueva ley electoral con sistema proporcional, y otra el sufragio femenino, por lo que era prudente no hacer las dos a la vez.» (Señor Martínez Barrios)

«Estoy conforme con el voto a la mujer, pero mi discrepancia es solamente por cuestión de oportunidad. Creo que no estamos aún en tiempo de someter la República española a una experiencia tan peligrosa.» (Señor Sánchez Román)

«No hay, a mi juicio, motivo alguno de preocupación, sobre todo si la República actúa con habilidad.» (Señor Alcalá Zamora)

«No puedo aceptar que el voto de la mujer pueda poner en peligró la República. Lo que estimo absurdo es la actitud de las minorías.» (Señor Maura)

«Ha sido una votación inconsciente. Hasta ahora, Alianza Republicana ha venido actuando como conservadora, como conservadora de la República, pero roto el pacto por los socialistas, que en esta votación se han unido a las derechas, nosotros llegaremos a los mayores radicalismos, y si mañana se propusiese que colgasen de los faroles a todos los frailes, nosotros y los radicales lo votaríamos.» (Pedro Rico)

«Negar el voto por entender existía el peligro de que votase a los elementos de derecha era negar el principio fundamental de la democracia.» (Doctor Marañón)

«La concesión del voto era necesaria en buen principio democrático.» (Sr. Albornoz)





«Socialistas y derechas han creído que el voto reforzaría sus sufragios. Los grupos genuinamente republicanos estimaban que a ello se debía ligar después de un intenso período de preparación. Nadie ignora que Francia ha sido siempre una gran escuela de democracia, y si aparta de la lucha electoral a la mujer no es para inferirla un agravio, sino para mantenerla al margen.» (Sr. Salazar Alonso)

«He votado en favor porque no solamente es justo, sino también necesario. Los mismos argumentos de peligros ocultos escuchados en la Cámara fueron los que se emplearon en otros países y el resultado es bien patente. No hay ningún peligro para la República con la concesión del voto a la mujer. Tantas reaccionarias y beatas como en España, o más, hay y ha habido en Inglaterra, Alemania, etc., y sin embargo ellas han dado una nota siempre liberal en su actuación.»  (Jósé Ortega y Gasset)

«Dar el voto a la mujer en España era atentar contra la estabilidad de la República. Las mujeres, en su mayoría, son derechistas. En Inglaterra, desde que tuvieron el voto dieron el triunfo a los conservadores. Las mujeres inglesas han terminado con el histórico partido liberall.» (Santiago Alba)

Según relata Clara Campoamor en El voto femenino y yo, el voto a la mujer pesaba como losa, más que sobre el corazón, sobre el hígado de muchos españoles. Llovieron las lamentaciones. La juventud republicana de Bilbao dirigió a los jefes de las minorías parlamentarias un telegrama de protesta por entender que el voto femenino suponía para Vizcaya el fracaso de las ideas republicanas y el retraso por varias generaciones. Incluso unos fieles republicanos navarros escribieron al Heraldo manifestando que «era delito de lesa patria conceder el sufragio a la mujer».

El doctor Roberto Novoa de la Federación Republicana Gallega como argumento biológico en contra de la concesión del voto se manifestó así: «A la mujer no la dominaban la reflexión y el espíritu crítico, se dejaba llevar siempre por la emoción y el histerismo no era una simple enfermedad, sino la propia estructura de la mujer.»

Ante la pregunta ¿Qué cartera ministerial le daría a una mujer?, publicada en la Revista Estampa en 1932, transcribimos las repuestas facilitadas por algunos de los entrevistados:


«Ninguna... no son propios de la mujer los cargos que lleven aneja autoridad.» (José María Gil Robles)

«Yo le daría la suya: la del espejito y la barra de carmín. Pero si no quedaba más remedio que darle una cartera de ministro a una mujer, le daría la de Estado... Es que en nuestra época la diplomacia no debe tener secretos.» (Ángel Lázaro Machado)

«Ninguna. Mejor crearía para ella una que solo por ella pudiera ser desempeñada eficazmente: la de Acción femenina... así podría cumplir sin que la mujer se transformase en una virago pedantesca, ni los hombres quedaran humillados en lo que constituye su legítima superioridad intelectual.» (José Francés)


El gran dolor de Clara Campoamor fue que la aprobación del sufragio femenino se obtuvo sin el apoyo de los "demócratas" republicanos. 

Pero, ¿que opinaban las mujeres? Las mujeres de cualquier edad y condición estaban interesadas en la política y querían participar en ella.


He aquí algunos ejemplos:





«Las mujeres españolas esperan recibir de los diputados de la República su primera lección de ética política, al vedas mantener las leyes que ellos votaron en el Parlamento concediéndoles el derecho al sufragio en igualdad de condiciones que al varón. ¡Diputados! ¡Sed consecuentes! ¡No malogréis la esperanza de las mujeres republicanas que esperan anhelosas servir a la República con pleno sentido de responsabilidad! ¡No despreciéis su concurso leal!» (Benita Asas Manterala, Asociación Nacional de Mujeres Españolas)

«Cuatrocientos cuarenta y cinco diputados y dos diputadas. Cerca de cuatrocientos se llaman de "ideas avanzadas". El resto defiende lo que cree la tradición. Dejando a un lado a los familiares femeninos de 108 electores de derechas y socialistas, quedan los núcleos femeninos de los cientos de miles de electores burgueses, pero "de ideas avanzadas". A estos núcleos tienen miedo los diputados. Estos hombres, los diputados están convencidos de que entre ellos y las mujeres de sus familias y las de sus electores se interpone otro hombre, el cura, por el cual ellos se confiesan vencidos. Pero entonces no deberían presentarse ante sus -electores como capaces de luchar por favorecerlos, cuando tan fáciles de vencer son.»  (Matilde Huici, El Sol)

«Lo abrigan precisamente aquellos que más y mejor descuidaron el dar a la mujer conciencia de su propia responsabilidad, el valor de su propia estimación y los que la dejaron más indefensa en poder de sus llamados directores espirituales. El hombre de la clase media ha sido en política más o menos avanzado, pero desde luego, en el hogar su intervención desdichadísima ha supuesto siempre el atraco, la reacción y la rutina.» (Matilde Muñoz)










«El voto hoy en la mujer es absurdo, porque en la inmensa mayoría de los pueblos el elemento femenino, en su mayor parte, está en manos de los curas, que dirigen a la opinión femenina, se introducen en los hogares e imperan en todas partes.» (La Voz, 1 de octubre de 1931)

«En estos momentos, y si se tratara de conceder el voto a las mujeres obreras, no vacilaría. Pero como no es sólo eso y yo desconfío de que las mujeres de las clases media y alta sientan la República, mi voto es resueltamente adverso a la concesión.» (Victoria Kent, El Heraldo de Madrid 10 de octubre de 1931) 

«Lo que yo propugno es algo en que las derechas españolas tienen sin remedio que estar absolutamente conformes, por el revuelo que se produjo entre ellas al instaurarse el sufragio universal. Sostenían, y hasta quizá no les faltaba razón, que el pueblo carecía de la preparación necesaria para intervenir de pronto en la política nacional, que muchos de los presuntos electores no iban a tener ni siquiera noción de lo que significaba aquello que se ponía a votación, que el obrero, por falta de preparación, decían entonces esas derechas, iba labrar un campo abonado al caciquismo, y otras muchas cosas más que en este momento no recuerdo. Pues bien; yo he pensado mucho en los argumentos de mis contrarios políticos, y he creído, como ya le he dicho, que quizá tuvieran entonces razón. Y como ahora se presenta un caso exactamente igual, me he dicho: ¿Cómo voy a permitir que la historia se repita ...? »(Victoria Kent en una entrevista a Josefina Carabias publicada en La Voz, noviembre 1931)





En las elecciones del 19 de noviembre de 1933 ganaron los partidos de centro-derecha y derecha, la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), dirigida por José María Gil Robles, lo que dio lugar al bienio radical-cedista o bienio negro de los años 1933-1936. Muchos pensaron que se confirmaba la teoría de Victoria Kent, que se opuso al voto femenino en aquellos momentos por considerar que estaría influenciado por la iglesia. 

Es absurdo culpar a las mujeres de esta victoria. Además de la desunión de las izquierdas, se pudo comprobar en todas las mesas electorales como votaban los obispos, las monjas y los frailes de clausura. Se compraron votos, se regaló dinero y se ejecutó una eficaz campaña política desde los púlpitos a la vez que se realizaban mítines en las sacristías. Como señalaba en su editorial el periódico Humanitat de 22 de noviembre de 1933: «Ha sido toda una tropa lívida y negra del fanatismo religioso, que ha utilizado una ley de la democracia para apuñalar a la democracia.»

No olvidemos que tres años después, y también con el voto de las mujeres, ganó con sobrada mayoría el Frente Popular.

A Clara Campoamor se la culpó de favorecer el triunfo de las derechas: «A mi pudiéronme cargarse todos los políticos imaginarios de la mujer, y pasárseme todas las cuentas del menudo rencor. Lo que no espero ocurra es que se eleve una voz, una sola, de ese campo de la izquierda, de quien hube de sufrirlo todo, por ser el único que ideologicamente me interesa, y al que aún aislada sirvo» (El voto femenino y yo)

El día que la mujer española pudo votar por primera vez en unos comicios, Clara Campoamor y Victoria Kent perdieron su escaño. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada