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1315. Cinco documentos y un único culpable




Las pruebas de la responsabilidad franquista en la deportación de los españoles a los campos nazis y en la muerte de decenas de miles de judíos.

Por Carlos Hernández, autor de “Los últimos españoles de Mauthausen”. Especial para Búscame en el Ciclo de la Vida.


Hasta ahora los historiadores y periodistas que habían investigado el papel jugado por Franco y su régimen en la Segunda Guerra Mundial coincidían en acusarle de ser cómplice pasivo en la deportación de más de 9.000 españoles a los campos de concentración nazis. Los hechos y las pruebas, sin embargo, conducen a una conclusión mucho más contundente: Franco fue el verdugo de estos compatriotas; fue el instigador y el ejecutor de la orden que les condenó a morir entre las alambradas de Mauthausen-Gusen, Buchenwald, Dachau, Ravensbrück… Los documentos demuestran igualmente que el “catoliquísimo” Gobierno franquista tuvo en su mano la posibilidad de salvar a decenas de miles de judíos de origen sefardí. Solo con que Franco hubiera movido un dedo, habría evitado que hombres, mujeres y niños de origen sefardí acabaran en las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau.

He necesitado en mi libro decenas de páginas para recoger las pruebas más relevantes que demuestran esa actuación criminal del régimen franquista. Los “periodistas” y pseudo-historiadores revisionistas que añoran (aunque no se atrevan a reconocerlo públicamente) aquellos tiempos de yugos, flechas y sables, están al acecho para responder a quienes tratamos de evitar que sigan reescribiendo la historia. Por eso debemos ser especialmente serios y rigurosos. Por eso quiero aclarar que estos cinco documentos, aunque suficientemente esclarecedores, son solo una pequeña parte de la catarata de pruebas que salpican y empapan a Franco y a los suyos con la sangre de decenas de miles de inocentes.


DOCUMENTO 1. EL VIAJE DE SERRANO SUÑER Y LA ORDEN DE EJECUCIÓN



A mediados de septiembre de 1940 la mano derecha de Franco visitó Berlín. Ramón Serrano Suñer, ministro de la Gobernación, se reunió con Hitler, Himmler y toda la cúpula de la seguridad del Reich para preparar la entrada de España en la guerra. En el curso de esos encuentros se habló de más cosas, entre ellas la situación de los miles de republicanos españoles alistados en el Ejército francés que habían sido capturados por las tropas alemanas durante la invasión de Francia. El día en que Serrano Suñer abandonaba el territorio alemán, esas conversaciones dieron sus frutos: el 25 de septiembre de 1940, el Departamento Central de Seguridad del Reich (RSHA) difundió una orden desde Berlín a los cuarteles generales de la policía política en Francia, Polonia, Alemania, Bélgica, Holanda, Checoslovaquia, Noruega y Luxemburgo. El asunto con que fue titulado ese documento no dejaba lugar a dudas: «Tratamiento en los territorios alemanes y exteriores de los antiguos combatientes rojos españoles». En él se decía: «Por orden del Führer (...) de entre los combatientes rojos de la guerra de España, por lo que a los súbditos españoles se refiere, procede directamente su traslado a un campo de concentración del Reich». Hasta ese momento, los españoles se encontraban en campos para prisioneros de guerra en los que se respetaba, más o menos, la Convención de Ginebra. A raíz de esta orden, agentes de la Gestapo se presentaron en estos campos, separaron a los españoles de los prisioneros franceses, británicos, holandeses… y los subieron a trenes de ganado rumbo a Mauthausen.


DOCUMENTO 2. INFORMADOS EN TIEMPO REAL

Una de las cartas enviadas por la embajada alemana al Mº de AAEE en relación con el convoy de Angulema


Antes, incluso, de esa decisiva visita de Serrano Suñer a Berlín, el régimen franquista ya tenía en su mano el destino de los miles de prisioneros y exiliados españoles que se encontraban en las naciones ocupadas. La mejor prueba la encontramos en los acontecimientos que rodearon la deportación de los hombres, mujeres y niños que malvivían en el campo de refugiados de Les Alliers, junto a la localidad francesa de Angulema.

Hasta en cuatro ocasiones, la embajada alemana en Madrid se dirigió por carta al ministro de Asuntos Exteriores español para preguntarle qué debían hacer con los «2.000 españoles rojos que actualmente se hallan internados en Angoulême (Francia)». Hitler tenía muchos defectos pero una gran virtud: era profundamente leal con sus aliados, y Franco era uno de los más fieles. Por ello siempre le consultó antes de tomar cualquier decisión que afectara a ciudadanos españoles.

No existe constancia de que el Ministerio de Asuntos Exteriores contestara a las peticiones de la embajada alemana. Es más que evidente que había un segundo cauce de comunicación entre Madrid y Berlín, protagonizado por Serrano Suñer y Heinrich Himmler; y fue en él donde se decidió que esos españoles acabaran en Mauthausen.


DOCUMENTO 3. CAPACIDAD PARA DECIDIR ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

Uno de los documentos en que se comunica que no será posible liberar a un prisionero porque ha fallecido en Mauthausen


La estrecha relación entre Hitler y Franco permitió a este último, como hemos visto, decidir que más de 9.000 españoles fueran enviados a los campos de la muerte. Pero, además, también le situó en una posición privilegiada en la que era capaz de determinar quién debía morir y quién podía alcanzar una prematura libertad. El régimen franquista recibió peticiones de clemencia por parte de familias afectas a la “Nueva España” para que mediara por la suerte de algunos deportados. Y, en algunos casos, Franco medió y, sin ningún tipo de objeción por parte de las autoridades alemanas, se gestionó su liberación. Así, dos españoles, Juan Bautista Nos Fibla y Fernando Pindado fueron repatriados a España desde las alambradas de Mauthausen. El régimen medió por la suerte de otros prisioneros pero Berlín no pudo acceder a la petición porque llegaba tarde. En los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores se conservan varias cartas que terminan con la misma frase: «el mencionado prisionero ha fallecido en Mauthausen…»


DOCUMENTO 4. SALVAR A LOS JUDÍOS DE «INDISCUTIBLE NACIONALIDAD ESPAÑOLA»

Telegrama del Cónsul en París en el que recuerda las órdenes que ha recibido de salvar únicamente a los judíos de «indiscutible»
nacionalidad española


La lealtad con Hitler con sus aliados, de la que hemos hablado con anterioridad, permitió a Franco tener en su mano la vida de decenas de miles de judíos. En enero de 1943, Berlín informó a todas las naciones amigas, incluida España, de que les permitía repatriar a “sus judíos” para así salvarlos de la deportación y la muerte. La respuesta del régimen franquista no pudo ser más fría, insensible y despiadada; ordenó a sus diplomáticos, tarde y mal, preocuparse únicamente de aquellos judíos de «indiscutible nacionalidad española». Algunos cónsules en Francia, Grecia o Hungría trataron de convencer a su Gobierno de que les permitieran salvar a aquellos judíos de origen sefardí facilitándoles visados y pasaportes españoles. La respuesta de Franco fue un “no” rotundo.


DOCUMENTO 5. EL LETAL EFECTO DE LA INDIFERENCIA

Telegrama del Cónsul en París en el que resume con unos dramáticos puntos suspensivos el negro destino de dos familias judías


Cerca de 50.000 judíos de origen sefardí vivían en la ciudad griega de Salónica cuando fue ocupada por las tropas alemanas. Más de 100.000 estaban diseminados por el resto de naciones invadidas por el Reich. La pasividad criminal del régimen franquista evitó que decenas de miles de ellos tuvieran una oportunidad para escapar de las cámaras de gas. Un telegrama que pone nombre a estas víctimas fue el que envió el Cónsul español en París al Ministro de Asuntos Exteriores el 10 de marzo de 1944. En él informaba de que dos familias judías habían sido deportadas a campos de exterminio: una de ellas era “indiscutiblemente” española, pero las permanentes dudas y retrasos en la actuación del Gobierno de Madrid provocaron que la gestión se realizara tarde. En el caso de la segunda familia, la sentencia de muerte había estado motivada porque «no había cumplido todos los requisitos exigidos para considerar su nacionalidad como indiscutible».



Son solo algunos ejemplos de una historia que nos ha sido ocultada durante más de 70 años. Franco, desde su despacho del palacio de El Pardo, ordenó que los exiliados españoles que estaban en manos de sus aliados nazis fueran enviados a los campos de concentración para ser exterminados. Entre misa y misa se erigió en un Dios castigador que decidía quién debía morir y quién podía redimir sus pecados en su España “Una, Grande y Libre”. Entre montería y montería prefirió dejar morir a decenas de miles de hombres, mujeres y niños antes que transmitir a su admirado Führer una imagen de debilidad y de simpatía hacia los avaros, conspiradores y despreciables judíos. Esa es la realidad que dibujan los hechos y que confirman los documentos. Una realidad violada y abandonada, como nuestra memoria, en el fondo de una cuneta y que este año 2015 debemos, entre todos, desenterrar.

http://www.edicionesb.com/catalogo/libro/los-ultimos-espanoles-de-mauthausen_3401.html



2 comentarios:

  1. Impresionante.
    A mi lo de la neutralidad española,ha sido una neutralidad de tapadillo, jugando siempre a dos bandas, arrimandose a quien más les convenía.

    Gracias por tan buen aporte.

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  2. Gracias por tu comentario Juanjo.
    El libro de Carlos Hernández aporta datos escalofriantes. Muy recomendable su lectura.

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