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1390. El bombardeo de Durango.




«30 de abril de 1937. Se sigue hacia Durango. Pequeña y bonita ciudad, con hermosos palacios de nobles. Tras un doble bombardeo de los italianos tiene un aspecto horrible. Es como si las bombas hubiesen buscado precisamente las iglesias. El gran templo, en el cual en ese justo momento se celebraba misa mayor, recibió un mínimo de seis bombas; una iglesia conventual (convento que es cierto que era un cuartel rojo) [sic], cuatro al menos. Sólo están en pie los muros. En el templo mayor hubo muchos (se dice que más de 150) muertos. Por razones de propaganda, los rojos no han desescombrado absolutamente nada.» (Wolfram von Richthofen)




31 de marzo de 1937.

07:00 horas. Desde el aeródromo de Soria parten nueve aviones, pertenecientes a la 213 y 214 escuadrillas del grupo 24 de bombardeo pesado Savoia 21 de la aviación fascista italiana. 

08:00 horas. Desde el aeródromo de Logroño 18 aviones caza Fiat CR.32 inician el vuelo y se reúnen con los bombarderos en cielo riojano dirigiéndose en formación hacia el valle vizcaíno del Ibaizabal.

Los cinco aparatos de la escuadrilla 213 comandados por Victtorio Cannaviello toman rumbo a la villa de Elorrio mientras que los otros cuatro aparatos de la 214 al mando de Gildo Simiri se dirigen a Durango.

08:30 horas. Los bombardeos de  la Aviazione Legionaria surcan el cielo de Durango. La población carece de defensa antiaérea. Suenan las alarmas y los durangueses se dirigen a los improvisados refugios habilitados en sótanos de viviendas, iglesias y fábricas.

Nada ni nadie consigue evitar la catástrofe del primer bombardeo «en alfombra» sobre población civil.

Los aviones de la 214 escuadrilla de la aviación fascista italiana dejan caer sobre Durango un total de 80 bombas de 50 kilos cada una. Por si esto resulta insuficiente, los cazas ponen en funcionamiento sus ametralladoras contra la población, mientras toman imágenes del sangriento resultado de su acción.

11:00 horas: Regresan los aviones al cielo de Durango, pero no realizan ningún ataque.

17:45 horas: Ocho bombardeos y 15 cazas arrojan su carga mortal entre el cementerio -donde se trata de identificar a las víctimas de la mañana- el centro urbano, y las instalaciones ferroviarias. 22 bombas de 100 kilos y 54 de 50 kilos. Como colofón, repiten ametrallamientos.

Durango se tiñe de sangre. 336 víctimas mortales, cientos de heridos. Las víctimas son enterradas en dos fosas comunes. Setenta de ellas no pueden ser identificadas. 

El 2 de abril regresan los aviones y se produce un nuevo bombardeo. En la ciudad se encuentra una comisión internacional evaluando los daños del 31 de marzo. Dos días después nuevas bombas caen sobre Durango.

El ataque contra Durango fue ordenado por el sanguinario general Mola, con el beneplácito de Franco, y planificado por el  teniente coronel de Estado Mayor Wolfram von Richtofen y el Servicio de Logística de la Legión Cóndor. Apenas un mes después la misma suerte le esperaba a Guernika. Pocos días después de ser bombardeada, las tropas de Mola entraban en Durango.









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