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1455. Testimonio de Vicente López Tovar, coronel de guerrilleros.


Terminada la Guerra Mundial, el Gobierno francés le nombró Caballero de la Legión de Honor. Está en posesión de la Cruz de Guerra con palma y de la Medalla de la Resistencia.


Cuando estalló el movimiento casarista estaba yo comiendo en casa en Madrid y vinieron a buscarme en coche, «ven corriendo que hay una sublevación». Venían Tagüeña, Modesto, Líster, en coche. Me dicen, coge el sombrero y la pistola. Le dije «hasta pronto» a mi mujer.

Al pasar la línea, allí estaba la CNT que controlaba, la camioneta que teníamos que pertenecía al Estado Mayor estaba en regla. Llegamos a Elda. Allí me encontré con el Gobierno, autoridades militares, ministros... Estuvimos allí un día o día y medio. De allí cogimos el avión. Había tres Douglas. Uno de ellos fue a África y los otros dos vinimos aquí a Toulouse, a Francazal. En el avión venía Negrín y el Gobierno en pleno, jefes militares, Modesto, Merino. Era el 7 de marzo de 1939. Nadie salió a recibirnos, ni siquiera nos pidieron la documentación. Yo era entonces comandante jefe de División. Había mandado dos Divisiones y era fundador de la 53 Brigada Mixta encargada de defender Madrid, y fue la que se sublevó cuando el golpe de Estado. Fusilaron a Conesa que fue el Comisario.

En Toulouse, Moix, el ministro del difunto Gobierno Español, me condujo a la casa del Partido Comunista francés, en la Allée Roosevelt, donde nos recibió el diputado francés Gabriel Peri, más tarde fusilado por los alemanes.

Los camaradas españoles me indicaron que me presentase al otro día por la mañana, y me fui a dormir a casa de un camarada francés. Por la mañana temprano cuando llegué allí, Peris me comunica que todos habían salido la noche anterior hacia París. Me envió a casa de unos camaradas para solucionar mi problema. Fue el camarada Juan Fabre, que vivía en la carretera de Lavaur, quien me dio hospitalidad. Esta situación duró algún tiempo hasta que me anunciaron una pensión de mil francos mensuales de la parte del SERE, una representación republicana que se formó en París.

Así fue mi salida de España y el comienzo de mi exilio.

En Toulouse iniciamos el trabajo de contactar con comunistas españoles para formar grupos. Yo tuve la suerte de encontrar a José Vallador que fue jefe de Brigada en la 46 División. Era asturiano y miembro del Partido. Poco a poco empezamos a contactar con los camaradas que encontrábamos en la calle. Empezamos a reagruparlos y con la colaboración del Partido Comunista francés podíamos enviar a algunos a la campaña. Otros que conocían algo de mecánica los enviamos a la fábrica de aviones Dewuaitine y Breget. Los camaradas franceses se ocupaban de ellos y les enseñaban el oficio.

Estábamos asombrados de comprobar que toda la dirección del Partido, Comité Central y Buró Político, habían salido de Francia dejando completamente abandonados a más de 500000 refugiados en los campos de concentración, y otros que habían podido escaparse las arreglaban como podían.

Ocupada Francia por los alemanes y vista la extraordinaria cantidad de refugiados de todas las nacionalidades que llegaban a Toulouse, decidimos ir a Burdeos, a ver si podíamos embarcar hacia Inglaterra. Fuimos Vallador, Alberto un asturiano que conocíamos y yo. Aquello era una verdadera casa de locos. No encontramos medios para ir a Inglaterra. Sólo las personalidades podían hacerlo, y no todos. Decidimos volver a Toulouse.

Empezamos a trabajar como leñadores o en lo que fuera, clandestinamente. Los camaradas franceses nos ayudaron enormemente para sacar a muchos de los campos de concentración para trabajar como obreros, haciéndose ellos responsables. Esto nos permitía tener algunos escondidos. Los que eran propietarios de pequeños bosques nos los dejaban explotar, por ejemplo en Varilhes (Ariège), el camarada Benazet, que además tenía un garaje. Había otros también que sin ser comunistas nos dejaban hacer carbón. Estaban encantados, pues declaraban tres obreros, y tenían el producto de diez o doce que teníamos allí escondidos. Todos estábamos convertidos en leñadores.

Otro francés, Valisou, nos prestó su nombre para poder comprar los bosques para su explotación, y así nació la Sociedad Vallador, que fue la base de los auténticos maquis.

Nuestra misión era estar escondidos para que no nos cogieran los alemanes. Después de un cierto tiempo empezamos a esconder armas. Estábamos seguros que un día tendríamos que coger las armas para luchar al lado de los franceses, y al mismo tiempo defender nuestra vida.

Las operaciones de envergadura comenzaron en el 43, porque en ese momento ya teníamos armas. En el mes de abril de 1943 ocurrió el desastre de las Cabannes, cerca de la frontera. Un gran número de gendarmes se llevaron por sorpresa a 27 camaradas, atados con cuerdas. Estaban desarmados, alguna pistolilla del 6,35. Esto ocasionó una gran desbandada.

Prosigo la organización, y junto con Vallador visito los bosques donde se camuflaban camaradas. Comienzo por Saint Hilaire, cerca de Carcassone (Aude). El secretario de la alcaldía estaba completamente ligado con nosotros. Nos facilitaba toda la documentación que nos hacía falta. Toda esta organización de tajos de trabajo se debía a Vallador, el cual en ciertos momentos corría gran peligro, debido al sabotaje que se efectuaba: carbón mojado y con piedras. Esto fue tan exagerado que los alemanes llegaron a amenazarle de deportación.

En Saint Girons puse de responsable del Partido a Francisco Castañeda, que había estado conmigo en el Batallón Motorizado en Madrid, con la misión principal de establecer contacto con las minas de Santein, cerca de la frontera y recuperar el máximo de dinamita.

Un día nos informan que los contrabandistas van a hacer un pasaje con bastante tabaco desde Andorra. En ese momento el tabaco costaba caro. Como conocíamos el itinerario preparamos una operación de recuperación. Nos emboscamos y cuando los vimos cargados como mulos, en un sitio que no les quedaba más remedio que recular, tiramos algunos disparos con los fusiles. Echaron la carga por tierra, y pies para qué te quiero. La venta de esta tabaco nos produjo mucho dinero. Creo que Vallador pagó el chantier de Prayols con este dinero. Este lugar nos era de gran utilidad pues era uno de nuestros pasajes para ir a España.

Estando en Prayols se nos presenta un día un joven voluntario, de 17 años aproximadamente, recomendado por alguien de confianza. Con el fin de probar su coraje le ordenamos apoderarse de una bicicleta en Saint Girons. Para nosotros una bicicleta era un arma de guerra pues no podíamos circular de otra manera. Llegó a Saint Girons y vio, delante de una barbería, una bicicleta apoyada en la pared. Cogerla y echar a correr fue instantáneo. Al llegar a Prayols nos dimos cuenta que ni siquiera la había quitado la placa de identité. Tuvo suerte que en la carretera no le pidieron los papeles, porque la bicicleta era de un gendarme que se estaba afeitando.

Con la dinamita que recuperábamos y algún arma que caía en nuestras manos, se empezaron operaciones de más envergadura. La más importante fue la efectuada el 11 de noviembre de 1943 en que se volaron los postes de alta tensión del ferrocarril Pamiers-Foix. Yo operé en Varilhes con el Asturias, Conejero y Pichón. El objetivo principal era hacer creer a los alemanes que éramos muy numerosos, pero la verdad es que éramos muchos menos de los que algunos declaran. Que se lo pregunten a Linares, a Royo, y al Sevilla, entre otros.

En uno de los viajes que hice a Toulouse me engancharon en una rafla en la plaza Wilson. Al bajar del coche policial ante la comisaría de la calle Remusat me puse a arreglarme un zapato y poco a poco fui reculando y así pude salvarme. Pienso que el guardia se dio cuenta pero no dijo nada.

El punto de enlace del Partido se encontraba en Toulouse en casa de un zapatero llamado Ros, en la calle Matabiau, en pleno centro. Era un hombre formidable. Su casa servía para todo. Allí se dormía, se comía, se escondían armas, se recibía la correspondencia y se celebraban reuniones. Allí vi a Fernández, el antiguo mulero, como enlace del Partido. Fue un verdadero milagro que aquello no fuera nunca visitado por la Gestapo. ¡Qué falta de responsabilidad!

Para unificar diversas zonas de combate fui nombrado responsable militar de la 5.ª Región MOI (Movimiento Obrero Inmigrado, organización de resistentes muy activos, articulados en la organización armada de los FTP). Allí estaban integrados inmigrados de todas las nacionalidades. Recorrí la Dordogne, Corrèze, Loire, Haute Vienne, haciendo propaganda, no solo con los españoles, para que se integraran en la MOI.

En uno de los viajes me dicen que los responsables de la AS quieren tener una entrevista con Alberto (mi nombre en la clandestinidad), en Perigueux. Esa organización (la Armée Secrète era un movimiento formado en su mayoría por militares profesionales) es la que depende del general De Gaulle. Son los que envían los parachutages con armas y con dinero. Yo he sido siempre muy desconfiado, yo creo que por eso estoy todavía vivo, y les digo que no acepto el sitio indicado por ellos para la entrevista, y les envío un guía para que suban al maquis donde yo me encuentro. Yo llegaba a un maquis y ponía a los centinelas en los cuatro puntos cardinales por si las moscas.

Y vinieron los tres señores representantes del general De Gaulle. A uno de ellos le conocía de verle en el pueblo. Otro se dio a conocer como el coronel Berger, responsable regional de la AS. Y me dice ¿no me conoces? ¿tú qué has hecho en la guerra de España? Le interesaba saber quién era yo antes de ir más adelante, mis campos de batalla y mi grado militar, y si era voluntario de 1936, y quiso saber a qué partido pertenecía. Yo le dije que era republicano. Al final me dijo que él estuvo como voluntario en la guerra de España. Era André Malraux. Nos hicimos muy amigos.

Me planteó que por qué me dedicaba a robar parachutages a fuerzas amigas y también combatientes. Le dije que amigas eran, pero combatientes no. Le expuse mi manera de actuar que era la de combatir, y no dejar a los alemanes y los milicianos pasearse tranquilamente incluso fusilando a aquellos que les parecía, sin ninguna reacción por parte de aquellos que tenían las armas escondidas.

Con mi promesa de no tocar más a los parachutages de los otros, me prometió algunos parachutages para los grupos españoles, cosa que cumplió. Yo le prometí hacer una limpieza de todos los colaboradores que teníamos fichados, de acuerdo con los FTPF (Franco Tiradores y Partisanos de Francia), y sobre todo, de aquellos que cuando las fuerzas alemanas pasaban los recibían en sus domicilios y les daban toda clase de informaciones.

Me había enterado un día que iban a hacer un parachutage a ocho o nueve kilómetros de donde yo estaba. Nos enteramos bien, nos escondimos en las proximidades y cuando llegaron los aviones, pasó el primer avión y no descarga, pero luego vuelve otra vez, porque había que encender unos fuegos, y empiezan a caer los parachutages, containers. Y yo les dije, camaradas, no moverse nadie. Entonces los maquis franceses cogieron los containers, los metieron en una camioneta y cuando los franceses ya lo tenían todo en la camioneta, llegamos nosotros y nos llevamos el parachutage. Y a eso es a lo que vino Malraux a decirme por qué roba usted los parachutages. Digo, coño, porque no tenemos armas y también las necesitamos nosotros los españoles.

Los franceses eran menos activos y menos decididos que nosotros. Nosotros, a los dos días de coger el parachutages pegamos pegamos fuego a una fábrica que tenían los alemanes.

En la MOI los españoles éramos mayoría. A mí me hicieron ir un día a Lyon porque era el responsable español en la dirección de la MOI. Fui a Lyon y allí había polacos, había rumanos y el único español que allí había era yo. Me hicieron responsable militar de la MOI de cinco Departamentos. Como había tantos españoles, con ellos fundé la 15 División de Guerrilleros Españoles. En la MOI había comunistas y de todo, pero la mayoría comunistas. Había un grupo muy importante de anarquistas.


El 19 de octubre de 1944, unos 3000 guerrilleros españoles integrados en la 204ª División de guerrilleros de las FFI-UNE, mandados por el coronel López Tovar cruzaron la frontera pirenaica con el objetivo de ocupar el Valle de Arán y crear una «chispa» que encendiera el levantamiento contra Franco en diversos puntos de España. López Tovar en su citada autobiografía asegura que él se opuso reiteradamente a esta operación por considerarla descabellada y fantasiosa, si bien reconoce que redactó la Orden General de Operaciones y la hizo cumplir, pero que al mismo tiempo preparó la retirada.


Félix Santos
Españoles en la liberación de Francia: 1939-1945 
Capítulo IV


















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