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1511. Bilbao

Ayuntamiento de Bilbao, tras la toma de la ciudad por los franquistas. Junio 1937




La evacuación de Bilbao, último hecho militar de importancia, no altera el curso regular de la guerra. Ha sido de mayor relieve, y de más gravedad amenazadora, por lo que tenía de síntoma, que la caída de Málaga, intencionadamente mal defendida. La heroica defensa de la capital de Euzkadi, retardando más tiempo del que podían suponer los aliados fascistas la toma de la ciudad, ha sido para el Gobierno del Frente Popular, aunque parezca un contrasentido, una victoria de orden internacional.

El Ejército del Norte, con una capacidad heroica, sólo conocida hasta entonces por nuestras fuerzas de los frentes de Madrid, estaba en condiciones, antes de los sucesos de Baleares y Almería, de convertir la ofensiva italiana sobre Euzkadi, en el fracaso definitivo del Ejército invasor, como lo demuestran los contraataques victoriosos realizados entonces. Pero un fracaso en Bilbao significaría para los rebeldes y sus aliados el principio de su derrota completa, pues allí habían concentrado sus mejores efectivos. Por este motivo provocaron el incidente del «Deutschland», que era, como se vio más tarde, el pretexto creado por el eje «Roma-Berlín» para retirarse del «Comité de no-intervención» por un espacio de tiempo que les permitiese intensificar la intervención en Euzkadi y garantizar la toma de Bilbao. El bombardeo de Almería no tuvo otro objetivo que el de distraer la atención y sentar, al mismo tiempo, un precedente para acciones futuras.

Al operar de este modo los fascismos alemán e italiano, contaban con la complicidad que les brindaba la timidez democrática. Pero no suponían —este fué el error fundamental— que, en torno al bombardeo de Almería, habría de crearse una atmósfera, en el obrerismo internacional, que obligase a la II Internacional a reaccionar; y más aún, a reaccionar junto con la III Internacional o, por lo menos, contando con ella. Este hecho, que por ahora es sólo una corriente de unidad para ayudar a España, es suficiente para alarmar seriamente a los países intervencionistas (Alemania e Italia), porque la fuerza unida del campo obrero internacional puede cambiar, con su presión, la política de las democracias, atemorizadas por el miedo a la guerra. Principalmente la clase obrera francesa, por tener en la dirección del país el papel más importante, representa para el fascismo internacional el enemigo más peligroso, aparte de la U. R. S. S. Por eso no sería extraño que la crisis reciente del primer Gobierno de Frente Popular, provocada por el Senado, tuviese estrecha relación con la marcha de la política exterior italoalemana. Aceptando esto, el proyecto de conquista rápida de España —rapidez impuesta a la vez por razones económicas y políticas—, estaba preparado por Hitler y Mussolini sobre tres golpes, a cuál más audaz :

a) La toma de Bilbao, reforzando para ello intensamente la intervención.

b) La caída del Gobierno francés, con la ayuda de la reacción del Senado, que arrastraría al hundimiento del Frente Popular francés y a la distracción obligada de la clase obrera francesa de la guerra en España.

c) Provocar una supuesta agresión (el «Leipzig») que justificase el tomar una medida de castigo contra «el Gobierno de Valencia», en el que intervinieran las cuatro potencias del control (Inglaterra, Francia, Alemania e Italia), elevando así a las potencias democráticas a una intervención práctica en la guerra, contra el Gobierno del Frente Popular. Intervención que al mismo tiempo inducía el aislamiento de Francia con respecto a la Unión Soviética y la legalización práctica de la Junta de Franco. Las dos cosas fracasaron al retirarse Italia-Alemania del pacto naval de los cuatro.

De los tres puntos, sólo pudieron realizar plenamente la toma de Bilbao. La crisis francesa se resolvió con un criterio de Frente Popular. Y la medida de castigo que tomarían las cuatro potencias, fracasó. Sólo queda el recurso, una vez retirado el fascismo, al parecer definitivamente, del Control naval, que tome por su cuenta y riesgo las tales medidas de castigo, cosa que, de realizarse —las seguridades dadas a Inglaterra por Ribbentrop hacen creer lo contrario—, y a pesar de su gravedad evidente, no dejarían de ser una caricatura extremadamente reducida del primitivo proyecto. Por otra parte, ha dejado de existir como farsa más o menos práctica, el Comité de No Intervención, y vuelve a aparecer en primer plano la Sociedad de Naciones como único instrumento internacional para solucionar el problema de la intervención extranjera en España. Si la corriente de unidad internacional para asoldar a España cobra forma de solidaridad efectiva en las dos Internacionales obreras, la presión de éstas en la Sociedad de Naciones a través de los Gobiernos de sus respectivos países puede ser el arma que definitivamente aleje el peligro fascista en Europa, reconociendo los derechos legales del Gobierno español. Desde luego, la retirada aparatosa de Italia y Alemania del Comité de Londres crea internacionalmente la claridad suficiente para que Inglaterra y Francia adopten obligatoriamente, por la fuerza de sus clases populares, una actitud clara que decida en favor nuestro, de la democracia, la situación internacional.


L. V.
Valencia, 25 junio 1937
Hora de España VII
Valencia, Julio 1937



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