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1679. Discurso Largo Caballero en Don Benito


Discurso de Francisco Largo Caballero en Don Benito (Badajoz) - 8 de noviembre de 1933

Compañeras y compañeros:

No vengo a tratar de cuestiones de carácter provincial. Voy a hablar en términos generales de los problemas del país, considerando que en momentos difíciles como los actuales todos los elementos tienen sobre sí la responsabilidad de lo que ocurra. Ya sé que mis palabras van a causar asombro y que quizá parezcan indiscretas a los acostumbrados a hablar con eufemismos. Pero ha llegado el momento de hablar con toda claridad.

Tenemos que hacer constar que se nos llamó por los republicanos para derrocar la Monarquía porque ellos se consideraban débiles para realizar esta obra. Nuestro deber de partido revolucionario, al vislumbrar la posibilidad de acabar con el régimen absolutista, era no negarnos a colaborar y con todo entusiasmo fuimos al movimiento.

La Monarquía cayó. Cayó por el empuje de unas elecciones municipales. Mucha gente, y sobre todo en el extranjero, elogió aquel sentir típico de España, que el 12 de abril se desembarazaba de los obstáculos tradicionales pacíficamente. Pues yo os digo que este movimiento pacífico que entonces nos pareció digno de alabanza, fue el primer error de la revolución española. Y ahora nos encontramos con que el enemigo retoña y hoy vuelve a poner en peligro la vida de la República.

Tenemos ya una experiencia. El pueblo español ha visto que en vez de agradecerle su gesto pacífico quiere volver a sojuzgarle de nuevo. No les extrañe que si la historia se repite y es preciso volver de nuevo a un movimiento revolucionario, éste no sea pacífico. Y la culpa será de ellos.


Nosotros hemos cumplido nuestros compromisos.

El Partido Socialista fue al Gobierno provisional en minoría con unos compromisos a cumplir. Nosotros los hemos cumplido todos. Es más. Hemos consentido que algunos de los aliados no los cumplieran. Y todo porque la segunda República no cayese como cayó la primera. Pensamos entonces ser la más fuerte base de la República y creímos que nuestro deber era consolidarla. Y por eso aceptamos desde el Gobierno provisional que se convocaran unas Cortes inmediatamente. Ese fue el segundo error de la República española.

Fuimos a unas Cortes, prematuramente, antes de hacer la revolución, para que luego la hubiera sancionado el parlamento. (Ovación.)

Que no extrañe a nadie que si otra vez nos vemos en parecidas circunstancias, el pueblo se acuerde que fue un error ir tan precipitadamente a la convocatoria de un Parlamento.


Los políticos republicanos no representan a nadie.

Sólo se han levantado las protestas contra nosotros cuando han comenzado a aplicarse las leyes sociales. Pero, ¿se creían que nosotros íbamos al Gobierno a defender simplemente los intereses partidistas? ¿No era nuestro deber triunfar en favor de la clase obrera? Eso fue lo que hicimos. Pero la legislación no se cumplía, y, sin embargo, lo toleramos. Y toleramos después una obstrucción parlamentaria sin precedente. Lo toleramos en aras de la convicción de que la República era necesaria para que la clase trabajadora pudiera prepararse para ir más allá. Y entonces comenzó la campaña de descrédito y de injurias. Esos que han hecho tal campaña son los que, no tardando mucho, vendrán a pedir ayuda para defender la República. (Aplausos.)

Pero yo les preguntaría: ¿Para qué nos batís si dentro de poco habéis de venir a pedirnos ayuda? Pensadlo bien. ¿No comprendéis que en España no representáis nada? (Ovación.)

Y no representáis nada porque no tenéis detrás a la masa obrera consciente. Pensadlo, porque os hago constar que la República no se puede sostener sin los socialistas; que no podréis gobernar sin los socialistas. Os habéis precipitado a hacer unas elecciones porque creíais que los votos que nosotros habíamos obtenido eran de los republicanos. Pero en cuanto se ha disuelto el Parlamento habéis podido ver que eso era falso. Que la masa obrera está hoy más que nunca con los socialistas. (Voces del público: ¡Sí! ¡Sí!)

Y si pudierais no celebraríais las elecciones, por que sabéis que los socialistas vamos a aumentar nuestra representación parlamentaria. (Ovación.)


La lucha política no está desligada de la lucha económica.

Los políticos superficiales no se dan cuenta de una cosa que ocurre ahora y que no ocurría en la primera República. Y no es otra sino que entre el proletariado y la burguesía, la lucha económica y la lucha política van unidas. Los obreros luchan diariamente contra sus patronos para mejorar su situación económica. ¿Cómo pensaba nadie que pudieran dar el voto a sus explotadores? (Aplausos.)

¡Ah!, eso no lo habían tenido en cuenta. Ahí el error de los republicanos.

Creen que la lucha política está desligada de la lucha económica y que el obrero puede llegar a colaborar con su patrono en la actividad política. Ahora, en estas elecciones, van a salir de un error, que, por otra parte, les va a costar muy caro.


Los radicales están facilitando la vuelta de la Monarquía.

La candidatura que forma el frente antimarxista está compuesta por fascistas, monárquicos y los republicanos conservadores y radicales. ¿Qué diferencia hay –pregunto– entre los unos y los otros? Ninguna. En cierto modo, los últimos son peores, porque los radicales son los que están facilitando la vuelta de la Monarquía. No hay más que ver quién ha defendido a March en las Cortes. No hay más que ver quién es el ministro radical que ha dicho que no se podía pedir la extradición de un hombre que ha cometido un delito común. Además, los radicales han estado en colaboración con los promotores de los sucesos del 10 de agosto. Hay declaraciones, de las cuales me ocuparé extensamente en momento oportuno, en las que se denuncia que Lerroux y Sanjurjo mantenían relaciones. (Ovación.)

Y el primero de esos dos hombres es el que dice que los socialistas tienen todos antecedentes penales. Puede que sí. Pocos socialistas significados dejamos de tenerlos. Pero él debía tenerlos por otras causas distintas a nosotros. (Ovación.)
Una candidatura como la que presentan esos elementos no puede votarla la clase obrera.


La política que tienen que hacer el Partido Socialista y la UGT.

Es preciso que desde este momento la clase obrera organizada en el Partido Socialista y en la Unión General de Trabajadores, hagan una política suya, propia, exclusivamente socialista. Ya sé yo que por esta actitud van a surgir dificultades en el movimiento político del país. Ellos son los responsables. Cuando vayamos el Parlamento no puede esperar de nosotros más que una política netamente socialista; una actitud de no votar nada, absolutamente nada que pueda perjudicar a los trabajadores. (Ovación.)

Absolutamente nada. Ya verán lo que significa esa posición socialista. Y ya verán cómo la minoría socialista llevará al Parlamento el programa nuestro y defenderá las mejoras que los trabajadores pidan.

En ese instante todos se unirán contra nosotros. Pero les diremos: Si no consentís que por medio del Parlamento obtengan los trabajadores sus reivindicaciones, nos echáis fuera de la legalidad y demostráis que el Parlamento no es el mejor sistema para llegar a los fines que nos proponemos. (Ovación.)

Porque la clase obrera no se va a contentar de aquí en adelante con simples leyes. Tiene el propósito de luchar por la conquista del Poder político, y no vale que esta manifestación mía la tergiverse los enemigos. Lo decimos nosotros francamente. Vamos por todo el Poder político. (Ovación.)


Hay que crear unos instrumentos de gobierno eminentemente socialistas.

Al hacer estas manifestaciones no nos conformamos con pensar que va a haber en el banco azul dos ministros socialistas. No basta con eso para gobernar. Os lo dice un hombre que ha estado sentado en el banco azul dos años y medio. Sólo por estar en el banco azul no se gobierna. Hacen falta otros elementos. Hay que tener todos los gobernadores socialistas. Hay que tener el Poder judicial, que hoy está en manos de la burguesía. Y todos los medios coercitivos del Estado. Pero no los resortes de Gobierno creados por la Monarquía, sino los que instaure el propio Poder socialista. Es preciso, para que haya un Poder socialista, tener en la mano todas las palancas del Gobierno. Se dirá: «¡Ah, ésa es la dictadura del proletariado!» Pero, ¿es que vivimos en alguna democracia? Pues ¿qué hay hoy más que una dictadura burguesa? ¿De quién es hoy el ejército, la fuerza pública y el resto de las instituciones del Estado, sino de la clase burguesa? Y hay más. Esa clase burguesa dispone de las máquinas, de las tierras, de los medios de producción. Y cuando ve que la clase trabajadora se revela contra esa situación, dispone de resortes para condenarla al hambre.


Todo el poder político para la clase obrera.

Por eso declaramos que no estamos dispuestos a seguir en esta situación. Queremos tener todo el Poder político, como lo ha tenido hasta aquí la burguesía. Y no se nos diga que la clase trabajadora no sabe gobernar. Aquí, en este Municipio, tenéis un ejemplo en pequeño. Y, excluyéndome a mí, ¿no ha habido en el Gobierno ministros socialistas? ¿Lo puede hacer ningún otro mejor que lo han hecho ellos? Es preciso vencer esa superstición, por la cual, incluso algunos de nuestros compañeros, se consideran inferiores a los hombres de la burguesía. Ocurre como cuando va un fanático a la iglesia: el lujo y las joyas le deslumbran y cree que está ante algo sobrenatural. Pero si hay un audaz, un decidido que aparta telas y joyas, se ve que tras del oropel no hay más que madera. Pues algo así ocurre con muchos hombres de la clase burguesa.


Queremos la igualdad económica para que pueda haber una clase trabajadora culta.

Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. No ocultamos nuestro pensamiento. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. Se nos ataca diciendo que somos enemigos de la familia y a esto contestamos: enemigos de la familia son ellos, que deshacen las familias obreras, obligando a los niños y mujeres a trabajar intensamente, explotando a los hombres, y condenando así al hambre a la mayoría de los ciudadanos. Queremos los socialistas una familia como nosotros la concebimos: libre de trabas económicas. Queremos también mantener el orden. Son ellos, nuestros detractores, los que provocan el desorden cuando lanzan sobre los trabajadores que reclaman sus derechos el peso de la fuerza pública. No somos tampoco antipatriotas. No les es fácil ser antipatriotas a quienes dejan el sudor de su frente en la tierra, minas y fábricas, mientras los explotadores se llevan el producto de su trabajo al extranjero. (Ovación.)

Nosotros queremos la igualdad económica. Que haya, una sola clase de trabajadores; que produzcan todos y todos disfruten por igual. Y queremos una clase trabajadora culta. Pero esto no se logra con muchas escuelas, sino poniendo a los individuos en condiciones económicas para poder mandar a ellas a sus hijos.


El paro obrero es la gangrena del capitalismo. Vamos hacia la revolución social.

Nosotros creemos que el paro obrero es una consecuencia del régimen capitalista, y que no se puede resolver más que con el socialismo. El paro obrero es la gangrena que derribará al capitalismo. Por consiguiente, la aspiración del Partido Socialista no es la de ganar las elecciones para tener el gusto de arrebatar, nada más que porque sí, el triunfo a las derechas, sino para inaugurar una nueva etapa revolucionaria.

Es preciso que la República llegue a todos los ciudadanos, y para ello tiene que ser una República social y no burguesa. Tardaremos más o menos, pero no ocultamos que vamos hacia la revolución social. ¿Cómo? (Una voz del público: Como en Rusia.)

No nos asusta eso. Vamos, repito, hacia la revolución social. Y yo digo que la burguesía no aceptará una expropiación legal. Habrá que expropiarla por la violencia. (Ovaciones)

¿Cómo vamos a esperar de una clase burguesa que se opone a unas simples leyes sociales que vaya a consentir que se la expropie? Mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas, habrá que obtenerlo por la violencia.


Estamos, de hecho, en plena guerra civil.

Ya han iniciado los enemigos la guerra, y dicen por boca de Gil Robles que si el Parlamento no les sirve irán contra él. Pues bien. Nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la evolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente. (Gran ovación.)

Esto, dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil. Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil. ¿Qué es si no la lucha que se desarrolla todos los días entre patronos y obreros? Estamos en plena guerra civil. No nos ceguemos, camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El día 19 vamos a las urnas. Pero es fácil. Basta con tener voluntad. Más no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas.


Combatiremos a la reacción en las urnas primero; después, en la calle.

Sabemos los pasos que dan los elementos contrarrevolucionarios. Estamos al tanto de sus movimientos. Todavía no tienen fuerza suficiente para dar el golpe. Pero si lo intentan, el solo intento es suficiente para que la clase obrera se decida a dar el paso decisivo, cueste lo que cueste. Digo esto a los hombres y a las mujeres: si viene el fascismo, vuestras vidas serán más trágicas que en la actualidad. Y yo os advierto: mujeres, estáis en la obligación de impulsar a vuestros hombres a que cumplan sus deberes. Figuraos lo que sería, compañeros, si triunfara la reacción. Eso hay que evitarlo. Primero, en las urnas. Luego, en la calle. (Ovación.)

¿Excitación al motín? No. No es eso. Simplemente decirle a la clase obrera que debe prepararse bien para todos los acontecimientos que ocurran, y el día que nos decidamos a la acción, que sea para algo definitivo que nos garantice el triunfo sobre la burguesía.


Si se atreven contra nosotros, estamos decididos a todo lo que sea.

Si sacamos de las urnas lo que yo espero, es seguro que las derechas intentarán actos, al paso de los cuales tendremos que salir. Y en ese momento, mujeres, no detengáis a vuestros maridos. Dadles ánimo. Sólo con eso no se atreverán nuestros enemigos a atentar contra la libertad de la clase trabajadora. Y si se atrevieran, estamos decididos a todo lo que sea. (Ovación prolongada.)

Insisto en esto en cuantos actos de propaganda celebro, porque, por desgracia o fortuna, me he equivocado pocas veces cuando he presentido ciertos acontecimientos. Y si en España no somos decididos y audaces, va a venir una situación trágica para la clase trabajadora. Dirán que todo esto es producto de la indignación. Pero yo afirmo que lo es del convencimiento. Por eso hago, en todos estos actos, cuanto es posible para tonificar el espíritu de los trabajadores; para levantarle, con objeto de que nos encontremos dispuestos a todo.


La República está en manos de gentes que, llegado el caso, no la defenderían.

¿No habéis leído la evasión de March? ¿No sospecháis que puedan evadirse otros? ¿No habéis leído que acaso están a punto de volver a España varios generales? ¿No sabéis que la República está en menos de gentes que, llegado el caso, no la defenderían? Si por cobardía hay quien entrega el Poder al enemigo, como en el año 1923 lo entregó García Prieto, a Primo de Rivera, la clase obrera lo impedirá. ¿Cómo? Como ya dije en Zafra. Por los medios que sean. No titubeéis. En cuanto veáis que alguien intenta un golpe de Estado, salid inmediatamente a la calle. Todos disciplinados, sí. Pero que esa disciplina no nos acarree una derrota por cobardía o por negligencia. Si alguien intenta, repito, un golpe de Estado salid a la calle inmediatamente. Y ése será el principio de la República social, en la que se realice la igualdad económica. Tenemos que luchar como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee, no una bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución socialista.




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