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2171. Así fué la defensa de Madrid. III - Acciones preliminares (3)





La lucha, el día 7 de noviembre.

Se habían dado órdenes imperativas, categóricas: resistir sin ceder un paso. Lo exigía Madrid; y esto no había ocurrido hasta entonces.

Ese día, cuando se inició el ataque, aún se perdió algún terreno porque el desequilibrio de poder material y de organización lo hacía inevitable; pero ya no se cedía gratuitamente; sólo en algún lugar se era arrollado, pero no se dejaba de combatir y se luchaba con mayor vigor.

Los primeros partes llegados al comando acusaban que se combatía en todo el frente, desde Villaverde hasta Pozuelo y Boadilla. Por los agentes de enlace y los comandantes de unidad y de columna se nos informaba que la resistencia era más tenaz y que se replicaba al ataque con el contraataque, aunque no se hiciese con el orden que podía desearse. Pero se luchaba en todo el frente y aparecía clara la enérgica resolución de no dejarse aplastar.

La Brigada 3, en nuestro flanco derecho, empeñaba tímidamente sus elementos avanzados en un frente demasiado amplio y encontraba en el adversario, más que una réplica agresiva, una actitud prudente, de protección, tal vez resultante de la sorpresa motivada por aquella reacción.

Las fuerzas de la Casa de Campo habían sido arrolladas en el lindero, pero contenían la penetración en la zona del bosque.

En los suburbios el combate parecía mostrarse inicialmente de mayor intensidad, pero allí los defensores explotaban el apoyo de edificaciones.

Del conjunto de las precarias informaciones que llegaban al comando, y no obstante la confusión que imponían las noticias contradictorias, se podía sacar la impresión de que el adversario hacía el ataque rectamente sobre la ciudad, frontalmente y por las alas.

La población civil también acusaba una enérgica reacción. En la calle vibraba un nuevo espíritu y en los accesos a Madrid podían apreciarse dos manifestaciones expresivas: la erección espontánea de barricadas y el rechazo hacia el frente de los milicianos que, solos o en grupos, trataban de refugiarse en la ciudad. De este modo, al frente afluía, desde la retaguardia, la contundente expresión de la voluntad de resistir que vibraba en la ciudad.

Del lado adversario, si bien se percibía que acentuaba su presión, aún no dejaba al descubierto el ataque un eje de principal esfuerzo que visase la ruptura; parecía más bien que se trataba de derivar hacia el río la totalidad del frente de contacto.

En suma, se había cedido algún terreno, pero la resistencia había sido más enérgica y eficaz. Era indicio cierto de la intensidad de la lucha la multiplicidad de peticiones, algunas agobiantes, que llegaban de todos los sectores: armas, municiones, reservas, apoyo de Artillería y de Aviación.

A todos los lugares desde donde se reclamaban esas ayudas, especialmente refuerzos, se envió lo que se iba recuperando de la retaguardia, combatientes, cuadros y algún armamento recogido de aquí y de allá, de los cuarteles, de los centros de organización, de los pésimos milicianos que veían en la retaguardia el mejor ambiente para su guerra. En aquella búsqueda y depuración colaboró con extraordinaria eficacia la Inspección de Milicias.

Al terminar la jornada subsistía la confusión, pero se podían apreciar estas satisfactorias realidades: que las riendas de la conducción estaban en manos del Comando de la Defensa, que la moral de lucha no era ficticia, que se había perdido poco terreno y que los atacantes no habían llegado al Manzanares.


General Vicente Rojo
"Así fué la defensa de Madrid"
Capítulo  III - Acciones preliminares (3)
Asociación de Libreros de Lance de Madrid, 2006
















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