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2309. La República como pensamiento y acción





Permitidme decir, señores, que la República española, siendo unitaria, siendo un régimen nacional para España, ha venido, entre otras cosas, a dar soltura, a liberar los sentimientos y los intereses regionales, contradiciendo y borrando para siempre la opresión del unitarismo anterior, que no se fundaba en un unitarismo de carácter nacional, sino en el unitarismo de carácter dinástico, como si la unidad de la personareinante obligase a todo el país a modelarse bajo un régimen  uniformista, único, centralizado, borrando todas las diferencias nacionales y regionales. Esto era una imposición del régimen dinástico; pero en el régimen de libertad que representa la República, además de ensalzar la personalidad individual, restituyendo a los españoles su calidad de ciudadanos libres, restituye a las regiones de España su propia independencia y libertad, para que ellas se extiendan hasta donde el genio local lo permita en una noble competencia, bien seguros nosotros, los gobernantes republicanos, de que, al hacerlo así, lejos de romper los lazos  de la identidad nacional, los apretamos en una unidad que nadie, ninguna voluntad, podrá romper jamás. 

[…] Yo decía en el mitin de la plaza de toros del año 30 en Madrid, donde comparecimos los directores del movimiento republicano: “La República no hace felices a los hombres.” Con esto me oponía a la propaganda paradisíaca, a la propaganda que promete al pueblo con el cambio de régimen una felicidad completa, porque no se pueden hacer promesas que, al no cumplirse, traen luego el desengaño y la protesta. La República no hace felices a los hombres; lo que les hace es, simplemente, hombres. Porque un hombre sin libertad no merece este título, y el haberos dado la libertad, el haberos dado a vosotros mismos la libertad  con el esfuerzo del año pasado, os ha constituido en hombres; pero el hombre, amigos míos, es una categoría muy difícil de llevar. No todos son hombres porque se lo llamen. El hombre es una responsabilidad, una voluntad en funciones, un propósito histórico de conseguir cuanto se mira de interés nacional. Y a esto es a lo que yo continuamente, rudamente, con la aspereza buscada y didáctica que yo me he impuesto en mis propagandas políticas, os incito ardientemente. Somos hombres, seamos hombres, seamos españoles, seamos dignos de nuestra historia.


Manuel Azaña

Alocución del 4 de abril de 1932 en Valencia. Recogida en Manuel Azaña, Obras completas.



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