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3451. La historia de José Celso Doval Barbeito, preso de San Simón

José Celso Doval Barbeito nació en la parroquia de Santa María de Tourón en 1911, municipio de Ponte Caldelas, provincia de Pontevedra. Era nieto de una familia que llegó a Tourón procedente de Abegondo, provincia de A Coruña, mandados a llamar por una familia noble que poseían casas señoriales y grandes tierras de cultivo en el sur de Galicia. "Parece ser que tenían título nobiliario equivalente a marqueses". Estos "marqueses" les ofrecieron a los abuelos de José Celso Doval vivienda y tierras para trabajar en una casa en Tourón llamada Oh! Pombal, una casa señorial con semejanza a un castillo medieval de grandes dimensiones con una enorme extensión de tierra para que la trabajaran y llevaran todo aquello como caseros (contrato de aparcería). Los abuelos de José Celso en este castillo tuvieron una hija, la madre de José Celso, y le pusieron por nombre Sofía en honor a una de las propietarias del Pombal, llamada Dª Sofía, quien también fue su madrina en la pila bautismal.


Con el tiempo los abuelos de José Celso adquirieron en propiedad una casa con terreno frente a la puerta principal de Pombal y vivieron entre la nueva casa y aquel castillo. Siguieron llevando y trabajando todo aquel inmenso territorio del Pombal y otras propiedades que los "marqueses" tenían también en Caldelas, Fornelos y por la comarca de Ribadavia.

 

En la nueva casa frente al castillo fue donde nació José Celso Doval Barbeito, nuestro protagonista. Creció y pasó toda su infancia y juventud entre esa casa, el castillo y todo el territorio del Pombal, y entre muchos otros lugares de Tourón y comarca, porque ya de muy  joven iba a trabajar para extraer piedra en las canteras con un tío abuelo y carretar pastas y propiaños de granito en carros  de bueyes en la comarca de Puente Caldelas, y por otros muchos lugares de la  provincia de Pontevedra. En su tiempo libre también recorría con su escopeta y con su perro muchos lugares para ir a cazar conejos, perdices y liebres, y en ocasiones también lobos y otras piezas de caza. (Celso aún, hacia el final de su vida, contaba historias de caza y de cazadores con gran interés y emoción, y las  personas le escuchaban con el mayor respeto y atención).

 

Así  trabajando en labores agrícolas y trabajos de cantería en granito de la zona, se destacó en muchas esculturas hechas por sus manos, y otras de su intervención con su tío abuelo, como por ejemplo en la reparación del monumento a San Ramón en Tourón sobre el año de 1927. Hoy existen por muchos lugares de la comarca de Caldelas, Lugo y Ourense, esculturas labradas y esculpidas por José Celso Doval Barbeito. La mayoría no tienen la inscripción del autor. A día de hoy es muy fácil ver en Tourón una lira en el palco de la música esculpida por él con una inscripción que dice "voluntarios de Touron y Buchabad", pues el palco lo construyeron personas de Touron y Buchabad, pero la lira fue idea y trabajo sólo de él.

 

Regresando una tarde con el carro y los bueyes vio una piedra  en la montaña,  la cargó en el carro, la transportó, la esculpió y el mismo la colocó y allí. Está en el palco de la música entrando para la iglesia de Tourón, acogida y protegida por patrimonio de la Diputación Provincial de Pontevedra.

 

Además de cantero, también trabajó de herrero en la casa donde nació en el lugar de Acosta, frente al portalón de Pombal en Tourón. Allí tenía dos forjas donde moldeaba y trabajaba el hierro, y también en otro tiempo tuvo una carpintería de madera en Tourón, donde su especialidad era la fabricación de carros para bueyes y caballos, aunque también colocó armazones en los tejados, pisos, puertas y ventanas de madera en las casas.

 

Su tiempo y su juventud transcurrían sin grandes problemas ni grandes sobresaltos, pero como en otros lugares de toda España también empezaron a aparecer grandes y negros nubarrones por el horizonte del cielo de Tourón y comenzaron los tiempos difíciles, la sublevación militar y el inicio de la guerra civil contra la República del año de 1936.

 

A José Celso Doval Barbeito lo vieron los falangistas por Caldelas el día de la feria, y allí en el campo de la feria  (hoy la Alameda de Puente Caldelas), tratando y discutiendo la venta de dos vacas que había llevado y que no se ponían de acuerdo en el precio por culpa de los traquillones (tratantes), allí mismo le detuvieron, le recordaron hechos acaecidos ya hacía  tiempo atrás, y lo acusaron de ir con otros jóvenes a meter un impreso del sindicato de los trabajadores U.G.T. en el buzón de un cacique de Caldelas, e ir entre varios a hablar con unos canteros que estaban trabajando en un pueblo de la comarca de Ponte Caldelas sobre un convenio para mejorar los salarios de los obreros de la construcción. También por haber ido él y otros jóvenes a escuchar un mitin de Dolores Ibárruri (la Pasionaria) al municipio de Lavadores, en la actualidad integrado en Vigo.

 

Lo metieron preso en la cárcel de Caldelas. Durante el cautiverio, compartió celda, entre otros, con Alexander Bóveda, conversaron y entablaron una gran amistad. Celso siempre hablaba de Bóveda refiriendo que era una buena persona y un gran intelectual. De la prisión de Puente Caldelas a Bóveda lo llevaron para la ciudad de Pontevedra y lo fusilaron por la zona de la Caeira.

 

A Celso también lo trasladaron y lo metieron preso en el penal de la isla de San Simón, también llamado el Lazareto, en la ensenada de Redondela (Pontevedra). Allí coincidió con Adrio Barreiro, con quién Celso a veces conversaba. Explicaba que cuando podían hablaban y escribían algo de poesía, que contaban los días, las noches y las badaladas que daba el reloj de aquella prisión desde el mismo día en que llegaron allí. (Adrio Barreiro, al igual que Alexander Bóveda, fue fusilado).

 

Según explicaba Celso, el Lazareto era un infierno lleno de terror. Vio a dos prisioneros arrojarse al mar para escapar nadando hasta la playa de Cesantes. Les dispararon y a uno lo mataron mientras nadaba, mientras el otro logró llegar a la orilla, donde ya lo estaban esperando. Celso decía que al que sacaban de la celda o de la isla nunca regresaba, que no dormían, que no eran capaces, que aquello era un terror, que sufrían humillaciones, insultos, golpes, que eran martirizados. Recordaba  Celso  con semblante de tristeza más que de odio, cómo aquellos verdugos los golpeaban con las culatas de de los mosquetones en los pies  descalzos. Que en aquellas noches de miedo y de terror escuchaban abrir los cerrojos de las celdas de algunos compañeros y pensaban "ahora me toca a mí, ahora van a abrir el cerrojo”, que estaban con miedo siempre escuchando por si abrían el cerrojo. Contaba Celso que por las mañanas, al dejarlos salir,  ni se conocían unos a otros hasta que pasaba un buen rato.

 

A su madre Sofía y su esposa Lucila, bajo estrecha vigilancia y con la debida autorización les permitieron ir a visitarlo alguna vez, debido a que ellas se movieron y entre los dueños del Pombal y algunas amistades, sobre todo familiares de aquella casa castillo en Tourón, intercedieron por él y lo dejaron en libertad.

 

Libre de aquella prisión, pero le esperaba volver a padecer y volver a sufrir. 

 

Los que lo metieron en el Penal de San Simón, los que no eran de las ideas de él, los sublevados, los que luchaban contra la República, contra el gobierno legalmente elegido por el pueblo español, lo llamaron a filas y fue obligado y forzado a ir a luchar por Francisco Franco Bahamonde, por sus verdugos. No le quedó otra, decía Celso.

 

Lo enviaron al frente directamente a combatir en las trincheras. Combatió  en los frentes de Castilla y Asturias. A su batallón siempre lo mandaban  a combatir  como fuerza de choque, en terreno desfavorable, sabiendo que serían completamente aniquilados y masacrados, como así efectivamente sucedía. Contaba Celso que los enviaron a morir sin contemplaciones, a propósito y adrede. Recordaba que en uno de aquellos combates escuchaba como silbaban las balas a su lado y todos corrieron colina abajo, y cuando Celso llegó a un  riachuelo, se encontró con otro soldado de frente, ambos levantaron sus mosquetones y se iban a disparar en el fragor de la batalla. No se habían dado cuenta de que pertenecían a la misma compañía. Celso decía que empezaron a hablar en gallego. Celso hablando en gallego de la costa atlántica y el otro hablando gallego del interior de Galicia, porque aquel soldado era de la provincia de Ourense.

 

Celso relataba que había muchos casos como éste. A menudo ocurrían durante las batallas y sobre todo cuando eran a bayoneta o a bayoneta calada, que no se distinguían las personas ni se  conocían en ocasiones, incluso vecinos del mismo pueblo de la misma parroquia y como en este caso los dos de  Galicia, uno de Pontevedra y el otro de Ourense. También contaba Celso, que muchos familiares, amigos, y vecinos, incluso hermanos, combatían en aquella guerra fratricida.

  

Celso detallaba  que aquel soldado de la provincia de Ourense le dijo: “será mejor que sigamos caminando por la orilla de este riachuelo hacia abajo, porque si volvemos colina arriba está llena de cadáveres” y que los acribillarían y si conseguían llegar serían  humillados y tal vez fusilados por no morir como los demás, que para eso era para lo que los enviaron a aquel sitio. Así que hablaron y acordaron quedarse dos o tres días por allí y luego aparecer. Y así lo hicieron. Regresaron a los dos días, buscaron a su compañía y cuando se presentaron dijeron que se habían desorientado y perdido y hasta vítores les dieron. 

 

Celso terminó la guerra siendo soldado de primera, pero con esa amargura de tener que ir a luchar por sus verdugos y contra sus ideales.

 

 

José Antonio Regueiro Docampo

6 de enero de 2021

 

 

(Esta historia está basada en un hecho Real. Si alguien deseara más amplia información, pueden dirigirse a Tourón, a la Villa de  Puente Caldelas, y municipio, Allí viven familiares y vecinos qué recuerdan a José Celso Doval Barbeito)



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