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1150. Así fué la defensa de Madrid. II - El planteamiento de la Batalla (4)





El adversario.

Para dejar completo el cuadro que va a desarrollarse en nuestro suceso táctico nos queda por considerar este tercer factor de la situación.

Se trata del adversario: ¿Qué sabíamos de él? ¿Cuáles eran su potencialidad, sus posibilidades, su eficiencia técnica…? ¿Qué amplitud tenían sus propósitos y sus planes? ¿Qué objetivos tácticos elegiría para asegurarse la victoria, en el tiempo más breve y del modo más decisivo, desarticulando y destruyendo nuestro inconsistente sistema de fuerzas? 

Y, al saber algo de eso, siquiera fuese por indicios, conjeturas o deducciones, ¿cuál debería ser nuestra conducta para contrarrestar su acción, a sabiendas de que tenía la iniciativa operativa, y para afrontar, hasta donde nos fuese posible, el cumplimiento victorioso de nuestra misión?

Desde los combates de Olías e Illescas, sobre la carretera de Toledo, y el de San Martín de Valdeiglesias, donde se había podido frenar su avance por unos días, aceleró su maniobra actuando rápidamente por su ala izquierda y después por el centro, alcanzando la línea de los Torrejones y desde ésta, sin solución de continuidad, persistiendo en sus ataques frontales, hasta desembocar en una línea que podía ser su base de partida para el ataque definitivo a Madrid.

El 6 de noviembre conocíamos, aunque no con precisión, la clase de tropas con que operaba: preponderantemente fuerzas moras y del Tercio de Extranjeros; conocíamos su elevada moral y su apasionamiento; su técnica; su combatividad; la calidad de sus cuadros de mando, forjados en su mayor parte en el ambiente militar de África; su capacidad de maniobra en campo abierto y su agresividad en el choque… Habíamos comprobado en el combate de Illescas que estaba reforzado y apoyado con armas extranjeras (Artillería, Carros de combate y Aviación), pero desconocíamos el volumen de sus medios y efectivos, aunque los considerábamos muy superiores a los nuestros, como juzgábamos también muy superiores, en todo orden, sus posibilidades, debido a la concurrencia de cuantos factores tácticos definen la potencialidad de una fuerza armada.

Sabíamos que había sido reforzado especialmente con Artillería durante los últimos días de octubre.

Notorio era, en fin, que sus planes y propósitos concurrían en la finalidad de conquistar rápidamente la capital, considerada por entonces como el objetivo principal de la actividad bélica.

Desde el día 10 de noviembre había iniciado una nueva etapa de su maniobra que no había tenido solución de continuidad, y en su progresión había ganado sucesivamente:

—Sevilla la Nueva, Brunete y Pinto, los días 1 y 2; 
—Villaviciosa de Odón y Móstoles, el 3; 
—Getafe, Alcorcón y Leganés, el 4; 
—Cerro de los Ángeles, Villaverde, Carabanchel Alto y Campamento de Ingenieros, el 5 y el 6.

Considerábamos muy probable que, simultáneamente a su maniobra, llevase a cabo la reorganización y despliegue de sus fuerzas, tomando contacto cada una de sus columnas con la parte de nuestro dispositivo que en el ataque general a la ciudad debiera ser arrollado, lanzando dicho ataque sin darnos tiempo siquiera a poner orden en nuestro desorden.

En sus alas, otras fuerzas de su dispositivo general estaban bien apoyadas en la sierra y en él río Tajo; pero los flancos de sus sistemas de fuerzas tal vez eran demasiado extensos y ofrecieran espacios mal cubiertos a causa de la rapidez que había tenido su maniobra. Sin duda había podido estimar que nuestras guarniciones en dichos flancos también eran débiles, cosa probada por el fracaso de nuestros contraataques; pero, a pesar de esto, era notorio que ofrecían zonas sensibles a nuestras reacciones.

En suma, por la conducta observada, podía preverse que la mayor parte de sus medios sería lanzada rápidamente contra nuestra línea de combate, caracterizada por su inconsistencia, según había podido comprobar el propio adversario.

Madrid estaba ya bajo el fuego de sus cañones. Disponía de una buena base para su actividad aérea y de otra excelente base de partida para las columnas que se lanzaran al asalto de la capital. Aproximándose a cubierto de los suburbios, siguiendo los mismos ejes de maniobra que venía utilizando, podía alcanzar los puentes que dan acceso a la ciudad, por el sur, desde el de Segovia, que orienta la penetración hacia la Plaza de España o la Puerta del Sol, hasta el de la Princesa, que conduce a Atocha y la Castellana. Desde la zona de la China, por el arroyo Abroñigal, podía desbordar la ciudad por el este y alcanzar el barrio de Ventas del Espíritu Santo, donde podían ser cortadas nuestras comunicaciones con Alcalá de Henares y Levante y, prácticamente, envolver todo el Sistema de Fuerzas del Ejército del Centro.

Para admitir como probable una maniobra de esa naturaleza necesitábamos más datos, indicios o informaciones, los cuales, en el desorden que imperaba, resultaban muy difíciles de obtener.

Interesaba conocer su Sistema de Fuerzas. Sin embargo, ni siquiera la localización del centro de gravedad de su despliegue dejaría al descubierto la idea de su maniobra, pues por el pequeño desarrollo de la base de partida que ya había ocupado (8 km desde el campamento de Ingenieros en la carretera de Boadilla del Monte hasta el Ventorro de los Pájaros, sobre la carretera de Toledo), podía modificar dicho centro de gravedad, así como el despliegue artillero, en pocas horas. Por otra parte, la forma alternativa como había venido operando por sus alas y centro no consentía prejuzgar la dirección en la que fuera a descargar su esfuerzo principal.

La aceptación excluyente de cualquier hipótesis resultaba azarosa. Era necesario salir de la incertidumbre; pero ¿cómo? En cualquier caso nuestra reacción tenía que ser poco valiosa para contrarrestar las diversas circunstancias que el ataque pudiera tener. 

Previsible era, como reacción más eficaz de la defensa, el contraataque por una o ambas caras de la cuña que ya formaba su frente de ataque; y admitíamos la posibilidad de hacerlo, ya fuese por nuestro flanco izquierdo, a base de la Columna Líster (cuyos efectivos eran un misterio), o por nuestro flanco derecho, con las tropas frescas de la Brigada 3, más la columna Barceló, probablemente la más numerosa, pero también la más desorganizada y desmoralizada.

Las posibilidades de éxito por nuestra izquierda las considerábamos dudosas, porque desde el contraataque de Seseña (29 de octubre) hasta el del 3 de noviembre, llevado a cabo sobre Parla y los Torrejones, se había fracasado en esas reacciones, ya fuese por la escasa potencia que el Mando Superior pudo darles, o por la enérgica oposición que el adversario ofreció.

Por nuestra derecha también era incierto el éxito, porque la Brigada 3 aún no había recibido su bautismo de fuego, y las columnas de Barceló y Cavada estaban integradas por una polvareda de unidades (restos de ellas) que habían sido batidas durante los días anteriores.

Digamos ahora que, desde el punto de vista de la maniobra, el terreno favorecía al adversario, por cuanto éste dominaba la zona de maniobras de la defensa desde posiciones más elevadas, que descendían al valle del Manzanares; aunque del lado de los defensores se disponía de recursos de valor sobresaliente para una lucha defensiva, como eran: poder apoyar la resistencia, en unos lugares, en las zonas edificadas de los suburbios, a caballo de las carreteras que penetran en Madrid viniendo del S y del SO, y en otros, en zonas cubiertas de bosque, como la Casa de Campo.

Teníamos también a nuestro favor la posibilidad de una excelente observación, que podíamos efectuar sobre la totalidad del despliegue enemigo, desde la propia capital, y la disposición envolvente de nuestro frente de maniobra.

Y, en fin, la línea del Manzanares, situada la noche del 6 de noviembre a nuestra retaguardia, no podía decirse que fuera un obstáculo para el atacante por cuanto ese río o riachuelo es vadeable; pero para la defensa constituía un apoyo excelente donde era posible reorganizar en último extremo el frente, cubriendo las entradas a la capital, tanto porque en su ribera norte se ofrecía una zona cubierta, apta para que las tropas se reorganizaran a su amparo, como porque favorecía el fuego de los combatientes, y, en fin, porque permitía inutilizar la maniobra de los elementos motorizados, entorpeciendo su paso a través de los puentes.

Fijadas las cualidades de las fuerzas que iban a atacar la plaza y las posibilidades de todo tipo que en ellas concurrían, sólo nos resta sintetizar su orden de batalla, que era el siguiente:

Jefe: General don José Varela. 
Tropas de primer escalón:

Ala izquierda:
Columna 1. Tte. Coronel Asensio 
Columna 4. Tte. Coronel Castejón 
Columna 3. Tte. Coronel Barrón

Ala derecha:
Columna 2. Tte. Coronel Delgado 
Columna 5. Tte. Coronel Tella

Estas cinco columnas ofrecían una composición similar, a base de tres unidades de choque cada una (fuerzas moras o del Tercio), una batería de 75 o 105 y una compañía de Zapadores. Estaban a las órdenes del coronel Yagüe, jefe del Tercio de Extranjeros.

Tropas de segundo escalón:
Columna 6. Comandante Alonso. 
Columna 7. Teniente coronel Bartomeu. 

Tenían igual composición que las columnas de primer escalón.

Tropas de tercer escalón:
De composición más variada y con mayor dotación de Artillería y de unidades de base política: Falange y Requeté. Sus unidades se hallaban dislocadas en forma dispersa, cubriendo puntos sensibles de la retaguardia y en las líneas del Jarama y del Tajo. Con ellas se formarían dos nuevas columnas, las 8 y 9.

Tropas no encuadradas en las Columnas:

Columna de Caballería. Teniente coronel Monasterio. Disponía de escuadrones de sables, 2 de armas de acompañamiento y una batería. 
2 Tabores de Regulares. 
16 Baterías de artillería 65, 105 y 155. 
Compañías de carros de combate (1 de ligeros y 2 de pesados). 
2 Compañías de Zapadores. 
Varias baterías de morteros de 81, ametralladoras antiaéreas, Mehaznias, compañías de marinería y fuerza de la GC. Aviación de caza y bombardeo (efectivos desconocidos). 
Servicios diversos. 

Podrían concurrir a la maniobra, además de las fuerzas citadas, las unidades que se estaban organizando en Toledo y Talavera y reservas o unidades encuadradas en el frente de la serranía.

La totalidad aproximada de sus efectivos, teniendo en cuenta los que son propios de la organización regular de las pequeñas unidades, y reduciendo el tanto por ciento normal de bajas, en las tropas de primera línea que se venían batiendo, puede estimarse alrededor de los 30 000 hombres.

Entre las cooperaciones que en su maniobra iba a recibir el adversario debe considerarse la de la Quinta Columna (de efectivos y posibilidades considerables, pero desconocidos), según hizo público el propio adversario; y en contraposición con nuestro orden de batalla, que acusaba pocos combatientes en la primera línea de la defensa y una considerable masa desorganizada en la retaguardia, el enemigo ofrecía la masa principal de combatientes en las columnas de ataque y con escasas reservas para alimentar la maniobra desde la retaguardia.

Debe consignarse que en la totalidad de combatientes (unidades) aparecían simplemente cinco batallones de soldados de reclutamiento regular o voluntario y, de ellos, solamente uno (Batallón de Voluntarios de Sevilla), en las cinco columnas del primer escalón. En general, la masa de dichas unidades la formaban tropas procedentes del Ejército de África: y en el conjunto de esas fuerzas solamente había dos banderas de Falange (Marruecos y Cáceres) encuadradas en la Columna 8. Otras se encontraban dislocadas entre los organismos de retaguardia. Al reorganizarse el Sistema de Fuerzas el día 10 se incorporarían las banderas de Castilla y Sevilla.

Los datos que figuran en el orden de batalla expuesto han sido tomados de las publicaciones hechas por el adversario con posterioridad a la guerra. En rigor, lo ignorábamos la noche del 6. Se desconoce si en el ataque inicial a Madrid participaron los voluntarios irlandeses y portugueses (Tercio de Viriato); la Legión Cóndor alemana, sin embargo, pudo ser identificada con ocasión de la maniobra de desbordamiento del frente de Madrid por el Jarama, y las Divisiones Italianas, durante el intento de envolvimiento del Ejército del Centro por Guadalajara. Es probable que los extranjeros que cooperaran con el adversario en los primeros días del ataque estuviesen encuadrados como voluntarios en las unidades del Tercio.


General Vicente Rojo
"Así fué la defensa de Madrid"
Capítulo  II - Planteamiento de la Batalla (4)
Asociación de Libreros de Lance de Madrid, 2006
















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