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2675. Himno de la VI División


La VI división fue creada a finales de 1936, en el seno del Cuerpo de Ejército de Madrid. Compuesta por las brigadas mixtas 4.ª, 42.ª y 43.ª. Muchas de las fuerzas de la división habían tenido una participación destacada en la defensa de Madrid.​

En la primavera de 1938 fue reorganizada y adscrita al XXI Cuerpo del Ejército Popular de la República, siendo enviada al frente de Levante para hacer frente a la ofensiva franquista que pretendía conquistar Valencia.  En agosto la división fue enviada como refuerzo al frente de Extremadura, para hacer frente a la ofensiva franquista en este sector.​ Quedó afecta al VII Cuerpo de Ejército, participando en los contraataques republicanos que lograron estabilizar la situación y recuperar terreno.​ 

A finales de 1938 fue asignada a la Agrupación «Toral»​ en el frente del sur, en previsión de su futura participación en la batalla de Valsequillo. La mañana del 5 de enero de 1939 la 6.ª División fue una de las unidades que rompió las líneas franquistas, internándose en territorio enemigo. Posteriorente concentraría sus esfuerzos sobre la «Sierra Trapera», uno de los núcleos de la resistencia franquista, lanzando numerosos ataques contra la misma.​


"Un domingo, en un concierto en el teatro Principal de Valencia me encontré al comandante Marquina, que mandaba la Sexta División. Cogiéndome aparte (estaba rodeado de algunos oficiales e su Estado Mayor), me dijo:”Palacio, tenemos lo necesario para combatir: hombres y armas. Pero nos falta el himno. Te lo pido en nombre de la División”. Se lo propuse a Garfias, que no tardó en entregarme la letra. (Del libro “Acordes del alma”. Diputación de Alicante: Alicante, 1984.Págs. 166-167).

Esta letra apareció en el número 2 de la revista Comisario (octubre de 1938) y la recopiló el mismo Palacio en el cancionero anteriormente citado en 1939 (págs. 93-94), poniendo a pie de página: “Este himno fue enseñado por su autor, con la colaboración de la banda de música a todos los soldados que integran la división, en el frente donde ésta operaba”. 



Himno de la Sexta División

 

Texto: Pedro Garfías
Música: Carlos Palacio

Combatimos porque somos,
porque fuimos provocados.
Nuestras manos conocían
el martillo y el arado.
La República nos puso
el fusil entre las manos.
Por España libertada
mi fusil republicano.

Somos de la sexta,
sexta división.
Para los hermanos
nuestro corazón.
Muerte, muerte y muerte
para la invasión.
Somos de la sexta
sexta división.

Por la España de mis padres
vengo al campo para verte,
italiano que proclamas
el derecho del más fuerte;
renegado de tu patria,
alemán de sangre y muerte.
Por la España de mis hijos
nos veremos en el frente.

Somos de la sexta,
sexta división.
Para los hermanos
nuestro corazón.
Muerte, muerte y muerte
para la invasión.
Somos de la sexta
sexta división.

A la voz de contraataque
avancemos y avancemos,
que detrás de las trincheras
nos aguardan nuestros pueblos.
Nos aguardan nuestras sierras
y los campos opulentos.
Y una libre democracia
para bien de nuestro pueblo.

Somos de la sexta,
sexta división.
Para los hermanos
nuestro corazón.
Muerte, muerte y muerte
para la invasión.
Somos de la sexta
sexta división.

Cuando el día del triunfo
abra al cielo sus banderas,
a tus plantas rendiremos

los fusiles de la guerra.
Nuestras manos tienen hambre
de la fábrica y la tierra.
Sobre escombros te alzaremos
fuerte y libre, Patria nuestra.

Somos de la sexta,
sexta división.
Para los hermanos
nuestro corazón.
Muerte, muerte y muerte
para la invasión.
Somos de la sexta
sexta división.







1471. ¡Peleamos, peleamos!

“¡Peleamos, peleamos!”, poema del salmantino Pedro Garfías escrito en Valencia en 1938, fue musicado por Carlos Palacio, compositor que trabajaba para el Ministerio de Instrucción Pública del gobierno republicano y que en  1939 recibió el encargo de éste de elaborar un recopilatorio de los himnos de los combatientes republicanos durante la Guerra, que fueron recogidos en “Colección de canciones de lucha”.

De Garfías y del poema contaba Carlos Palacio:

“Una vez me lo encontré en la calle de la Paz. Apena sus miopes ojos de posaron en mi me cogió bruscamente del brazo y me hizo entrar en una horchatería, hoy desaparecida. Era una tarde de Valencia límpida, con un cielo transparente que parecía que podía romperse como un purísimo cristal. Deseaba transmitirme un poema inédito y comenzó a dictarme unos versos que nacían de un sopor lento de coñac con retazos de música, que complicaba el difícil parto. Así nació "Peleamos, peleamos", poema con una patética y grave melodía no del todo mía, creada tardíamente y casi desconocida en España, pero que se cantaría mucho después de la guerra en otros países. Para celebrar el cincuentenario de la revolución de octubre, "Peleamos, peleamos" sonó con otras canciones en la plaza roja de Moscú.


Peleamos, peleamos

Por los viejos que lloran nuestra ausencia,
por la esposa que añora nuestros brazos,
por los hijos que esperan nuestra vuelta,
¡peleamos!, ¡peleamos!

Por el torno que cuenta nuestras horas,
por la tierra que labran nuestras manos,
por el limpio sudor de nuestra frente,
¡peleamos!, ¡peleamos!

Por el sol y el azul de nuestro cielo,
por las piedras sagradas que heredamos,
por el suelo cansado de dar flores,
¡peleamos!, ¡peleamos!

Peleamos por todo lo que es noble,
por la paz, la justicia y el trabajo,
por la libre república del pueblo,
¡peleamos!, peleamos!

Y también por vosotros, compañeros,
que lucháis obligados y engañados,
porque sois nuestra carne y nuestra sangre,
¡peleamos!, ¡peleamos!

Contra falsos, traidores y perjuros,
alemanes y moros e italianos,
por España feliz tres veces libre,
¡peleamos!, ¡peleamos!


Pedro Garfías
Valencia, 1938. 
(Carlos Palacio, "Colección de Canciones de Lucha", 1939. Recopilatorio de canciones e himnos de la guerra.)

“Esta canción, en la que el poeta ha querido expresar el hondo sentido humano de nuestra guerra, presenta un detalle curioso: el tema musical, de carácter litúrgico, es de Pedro Garfias, limitándose el compositor a anotarla cuando la cantaba el poeta y a armonizarla después. Se escribió en Valencia a mediados de 1938”.


Fotografía: Marinero sobre el cañón del acorazado Jaime I al servicio de la República. (Agustí Centelles)