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3513. Plaza de Oriente

 

Manifestación de afirmación nacional en la Plaza de Oriente. En el balcón Franco, los Príncipes de España y miembros del Gobierno
Madrid, 17 de diciembre de 1970. EFE/Olegario Pérez de Castro/aa Foto Premio Nacional de Periodismo


Los partidarios del asesinato
encalan con pus
el crepúsculo
cárdenos cardenales
ofician en la frontera
al borde del abismo de plata
fría como la soledad
geográfica
y el mundo gira
y las estrellas ruedan
y los años luz son luminosos
los partidarios del asesinato
dividen el tiempo en toques de queda
el tiempo de silencio es nuestro acantilado
más allá la Historia
aquí
las mantecadas de Astorga
y el beso en la nuca.

 

 

Manuel Vázquez Montalbán

A la sombra de las muchachas sin flor (Poemas del amor y del terror) – I El libro del amor. Ed. Laia, 1985









3497. Exequias de Federico García Lorca

Federico García Lorca en Radio Stentor de Buenos Aires. Marzo de 1934


No importa que hayan sido éstos
quienes de plomo llenaron tu boca,
quienes sellaron para siempre tus labios
con latigazo de blasfemia y pólvora:
Tus labios por los que la patria
nos amanecía en frescor y aurora
en todas tus mañanas estrenadas de versos,
Federico García Lorca.

No importa si han sido éstos
quienes condecoraron tu gloria
con laureadas de injuria y muerte
Federico García Lorca.

Que tú ya estabas asesinado
desde que Ignacio militó en Loyola.
Ya tu grito se alzó con los niños de Flandes
en las mismas hogueras y en idénticas horcas
(el Duque se atusaba rosarios y perillas
mientras el Santo Oficio quemaba tus estrofas).
Ya te han matado los encomenderos,
los golilas y corchetes, las caspas y las costras,
los memoriales y letras procesales,
los autos de fe y las sopas bobas.
Ya has muerto cuando otros miserables
firmaban otra muerte de España en Bayona;
y otra vez cuando la carlistada
soltó sus lobos, como ahora;
y otra con los fusilados de Torrijos,
y con las milicias decimononas;
y cuando te pusiste en el camino de las balas
que de Martí y Rizal buscaban la vena generosa;
y otra vez con los tísicos repatriados
que vomitaba Cuba. Y aún otra
en los barrancos de Marruecos,
donde un rey putrefacto y muy mala persona
jugaba un ajedrez de áulicas estrategias
con lo mejor de nuestra sangre moza.

¡Ya ves si has tenido muertes
Federico García Lorca!

Que a ti no te mataron un balazo aparente
sino con silogismos y jaculatorias,
con “ordeno y mando”, pragmáticas y mitras,
con inciensos y hieles, espuelas y coronas,
con olor a colillas de los cuartos banderas,
con caderas renunciantes de madres superioras,
con los entorchados de los rijosos coroneles,
con los furores de las reinas chulonas
con las hemofilias y los cánceres de oído
de la purulencia borbónica,
con los resecos tufos de conventos,
con novenas, trisagios y 40 horas,
con las majaderías enlevitadas
de las academias marañonas,
con mariconadas de los señoritos,
con hipocondrías provincianas y beatonas,
con las dispepsias de las clases pasivas,
con las letras de “El Debate” y de “Patria Española”...
Ya habían asfixiado tu aliento de malvas
todas las solfataras de las antiguas roñas
y ya te habían lapidado otras cien veces
con todos los vetustos cascotes de la Historia

¡Ya ves si estabas muerto antes de haber nacido
Federico García Lorca!

¡Qué piquetes de fusilamiento
qué ¡apunten! ni qué hostias!

¿Desde cuándo acá los fusiles
matan el aroma de las rosas?

¿Desde cuándo los generales verdugos
ametrallan el color de las amapolas?

¿Cómo podrían frailes, beatas y señoritos
sacarle al rubio Dauro tu nombre de la boca?

¿Y con qué flotilla de aviones nazis
van a matar en nuestra carne tu eucaristía portentosa?

Porque es ahí donde siempre has vivido
Federico García Lorca
y donde siempre seguirás viviendo,
hasta que empiecen y se acaben todas las horas
de esta España que arranca y se inaugura de tu sangre
por ti, para ti, de ti, hacia ti,
nuestro Federico García Lorca.


Eduardo Blanco Amor, 1937
(Fragmento)

(Poesía de Blanco-Amor, para el Recital poético de Mony Hermelo, en el Homenaje de Escritores y Artistas a García Lorca, Buenos Aires-Montevideo, 1937).

consellodacultura.gal









3495. Romance de la Guardia Móvil francesa




Federico García Lorca
que estás ya bajo la tierra,
ministro de Faraón,
Gran Mago de las Estrellas,
Rey David de los Gitanos
por lo salmista y profeta:
tu voz me llega a través
de mi almohada de arena
y me grita hasta ponerme
enfermo de la cabeza.
Tú la viste, tú la viste,
la Guardia Móvil francesa.
No fue la Guardia Civil
española lo que vieras.
Tú en oráculos egipcios
dijiste cosas herméticas;
antes, muchas lunas antes
de tu muerte las dijeras.
Y yo voy desentrañando
la voz de tu adormidera
que me canta, arena arriba,
hasta llegar a mi oreja.
Tu Ciudad de los Gitanos
ya siento bien hoy lo que era
(Que te busquen en mi frente,
juego de luna y de arena):
¡ay, playa la de Argelès
dentro de tu calavera!


Celso Amieva
La almohada de arena, 1960







3489. Oda a España


Manifestación popular en Madrid tras estallar la guerra. BNE


Cada día va ahondándose, agrandándose
la soledad de España.
Desde lo alto de mi monte miro,
derramo mis miradas melancólicas
por un mundo desierto.
Sobre mi frente el cielo se desliza impasible
y mi dolor en medio eternamente espera.
Ay, mis días azules
por los que resbalé cuando era niño,
y mis noches ardidas...
Ay, mi tierra, mi pueblo, España mía...
Siento a los pies mi vida derribada
y un momento mi vida son mis ojos.

Un rumor allá abajo
mucho más a lo hondo que mi sangre
ha empezado a morder el aire quieto
y rueda en oleadas
y se hace tan sonoro
que ya no siento el pulso de mi pecho.
Brazos que no se extienden
ojos que no preguntan
concretos permanecen:
frentes aligeradas de tinieblas
pechos que no aceleran su latido.

Mi dolor va encorvándose
como una rama grávida de frutos
hasta llegar al suelo,
a la tierra caliente
donde hay otros dolores que lo esperan
más serenos, más duros,
más limpiamente secos.
¡A la tierra entrañable!

Poco a poco la vida
vuelve a coger el cauce de mis venas
y el mundo va poblándose de espigas.
Un resorte invisible dispara mi cintura.
Y aquí estoy, en mi tierra,
otra vez en mi tierra y para siempre...
Atrás siglos y siglos me empujan como olas.
Pero enfrente no hay nada: la muerte y nada
más más que la muerte. ¡Adelante!


Pedro Garfías
Hora de España núm. XXII, Octubre de  1938







3487. El cuartel de caballería

El capitán de guardia del regimiento de caballería de Valencia asesinado el 1 de agosto de 1936 (Foto. Archivo ABC)


Desde su cuartel adusto, 
en las riberas del Turia, 
un oficial renegado 
estás bravatas sufría: 
"Valencia, huelo tus campos; 
Valencia, tú serás mía; 
te tomaré por sorpresa 
cuando amanezca de día. 
El pueblo estará dormido 
cuando por Andalucía 
me habrán enviado moros 
mis amigos de Sevilla. 
¡Qué matanza está en los aires, 
que frenesí me domina 
cuando veo las acequias, 
pardas de sangre teñidas! 
Apagaremos la lumbre 
de esa bandera maldita; 
e impondremos por las armas 
la de España, que es la mía. 
Tú, forjador de Sagunto; 
tú, pescador de Gandia, 
se te avecinan las horas 
de rendirme pleitesía; 
cerrarás tus Sindicatos, 
trabajarás todo el día, 
para que sobre tus hombros 
descanse la monarquía. 
¡Ay los olores de huerta, 
los olores que me envía, 
para placer de mí casta, 
dueña y señora de vidas!"
Hablaba así el renegado 
con el odio que tenía, 
en un cuartel de caballos, 
en las riberas del Turia. 
El río viejo pasaba, 
pasaba, pero lo oía 
cuando nocturno, entre hierbas
hacia el mar se dirigía. 
Su venerable cabeza,
por el dolor sacudida, 
emerge por los cañizos 
aprovechando la umbría, 
donde las ramas ocultan 
su potente voz herida:  
"¡Oh tierra que voy regando. 
Quieren arrancar tu vida,
los traidores militares 
ociosos en sus guaridas! 
No pasan ya los soldados 
sobre el puente, por el día, 
no pueden ver las palmeras 
que en calabozos se hastían.
Iremos a liberarlos 
de manos de villanía, 
porque están hoy los villanos
sentados en blanda silla." 
Dijo la voz, y emanando 
del cauce que discurría, 
va la ciudad desvelada, 
pregona por las esquinas, 
por los caminos del puerto 
expande el eco que hacía: 
"Vuestro viejo río os llama. 
¡Traición se os hace en su orilla!"
En la ciudad se consumen 
nerviosas las energías, 
quince noches esperando 
a los de caballería. 
Nadie duerme en sus cercados;
las azoteas vigilan 
muchachos carabineros, 
que van cazando fascistas. 
Alumbradas las mansiones. 
en calles de burguesía, 
simulan escaparates, 
donde la, muerte se enfría. 
"¡Valencia: de madrugada  
querrán tenerte rendida,
con un reguero de sangre, 
manchando tu lozanía!" 
Sordos rumores se escuchan 
al interior de la villa, 
que se discute en los grupos, 
la voz del río cernida. 
Está poblada la noche 
de extraños seres que anidan 
por los árboles copudos, 
y en las acequias vigilan. 
"¡Valencia, cruza del mar 
ese mi puente sin vida,
que por él los militares 
quieren invadir la villa! 
No puedes enviar hijos 
a batirse en serranía, 
mientras cerrado el peligro,
tan cerca esté en tus orillas." 
La voz ha sonado en Cuarte, 
y en el Portal de Valldigna, 
por Ruzafa a Encorts se extiende 
y por la Correjería; 
los finos abaniqueros, 
que ahora llevan carabina, 
los de las manos pintadas 
para la ebanistería, 
los que destilan azahar, 
los riberiegos de Alcira, 
los que cargan en los barcos 
cestos de huerta florida, 
noctámbulos por caminos 
sus pasos ya se avecinan, 
del olor a los caballos 
en la Alameda dormida.

En el adusto cuartel 
de las riberas del Turia, 
escuchan los militares 
esos pasos que venían. 
No saben si serán pasos 
o ramajes que movían, 
si ese rumor es de agua. 
o de gente que acrecían. 
Extinguen la radio alegre, 
que están oyendo Sevilla
y al punto con claridad
llegan las voces; decían: 
"Los militares traidores 
gozan momentos de vida. 
¡Abrid las odiosas puertas 
o asaltamos la guarida! 
Valencia está con nosotros; 
no es vuestra. Valencia es mía; 
Los obreros y artesanos 
que la trabajan y pintan 
lo sabemos por la, boca
del anciano río Turia." 
Palidecidos escuchan 
la sentencia de agonía, 
que en una nube de horror 
les cae de tal cercanía. 
Se agitan por corredores, 
salen al patio y fustigan; 
los soldados van reacios, 
formando en la compañía. 
Todo se vuelve enemigo, 
a su soberbia sucia,
cuando por última vez 
ordenan poner las bridas. 
"Es inútil, renegados 
que aleteáis con angustia; 
las verjas están colmadas
de un temblor de valentía, 
y las ametralladoras 
que habéis puesto en las cornisas, 
no consiguen sino enfrente 
quebrar las cristalerías. 
¡Ésas llaves, insurrectos 
abrid, que el pueblo está encima; 
si le matáis tanta sangre 
yo os he de traer sequía! 
Reinaréis sobre unos campos, 
de charcas sin lozanía, 
donde los mosquitos cundan 
la peste por mis orillas!" 
Despacio amanece, fresca, 
la veraniega colina, 
cuando con su mano, el río, 
las verjas de hierro abría; 
miles de rostros asoman 
por la noche esclarecida, 
con insomnes voluntades 
y el gran tumulto que hacían: 
"¡Venid, valencianos todos, 
los de antiguas Gemanías, 
pisoteemos las piedras 
de la flor de cobardía!" 
Ya relinchan los caballos, 
porque tienen alegría, 
ya los presos van en hombros, 
que ya nadie los fusila; 
ya las armas se arrebatan 
de manos de la perfidia
para volar a los campos
de Teruel y Andalucía.
Los militares huyendo, 
rapaces los perseguían 
y un oficial renegado 
sale a la livor del día 
disparando su pistola, negra, 
cual furia asesina, 
que a un miliciano ha doblado 
con la muerte que caía. 
Arremeten compañeros, 
blancos de pavor en ira; 
desde la acacia un balazo 
al teniente lo derriba, 
quedando los sesos sucios 
sobre la jardinería. 
¡Ay; ni su madre conoce 
a este montón con heridas! 
"No te han enviado moro:'
tus amigos de Sevilla, 
pues que los huertanos cantan: 
Valencia, te tengo mía, 
para que con tus vergeles 
nutras la sangre aguerrida 
que sale a batirse el alma 
contra la peña encendida." 

Y regresaba a su cauce, 
como antaño, el río Turia.


Juan Gil-Albert
Septiembre, 1936


El Mono Azul, 15 de octubre de 1936








3486. El poema en armas

Una miliciana descansa sobre los restos de un avión franquista  - Foto: Marín, Ahora, 26 de septiembre de 1936


En el país en donde la juventud del mundo
de cenizas caídas y rosas se levanta.
Allí donde crecida la muerte, bien regada,
los truhanes quisieron asesinar al Hombre,
hacia la Libertad encaminado.
En el país en donde nació un mundo,
yo sé que ahora, en este instante mismo,
a las cuatro, a las seis, pelean mis hermanos.

Quiero cantar delante de un Arco de la Sangre
ya destruido allá, y en un retrato, vivo,
de Lenin, popular y fallecido.
Quiero cantar a España incorporada,
a la superación de una etapa terrible,
al Comité de Salud Pública, al pueblo en armas,
a la sangre en armas.


Raúl González Tuñón
Ocho documentos de hoy, 1936