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3437. Intrusismo monacal y clerical

Dije en las Cortes, cuando se discutía el famoso artículo 24 de la Constitución: “Hay monjas confiteras, reposteras, pasteleras, planchadoras, confeccionistas, comadronas y no sé si hasta amas de cría. Hay frailes chocolateros, aguardenteros, licoreros, taberneros, fondistas; y no pocas órdenes religiosas han convertido los históricos santuarios, erigidos por la hispana piedad, en “meublés” y casas de citas, adonde llevan las mecanógrafas y las institutrices que corrompen los ricachos de Madrid y de Barcelona.”

En el Diario de Sesiones quedó eso y nadie lo ha movido. Ni lo moverá, porque esa verdad es una mole que pesa más que el abad de Montserrat cuando sale del refectorio.

El intrusismo monacal y clerical no afecta sólo a las industrias, comercios y actividades que especifiqué en el Congreso. Abarca muchísimos ramos más.

Hay que advertir que esos y otros trabajos no los realiza la clerecía directamente. Explota dichos negocios valiéndose de legos, motilas y mandilones o marmitones, de huérfanos y devotados de ambos sexos, que no son más que obreros a los que se alimenta, viste y aloja de cualquier modo y no se les paga el jornal.

Hay que organizar enseguida un sindicato de sacristanes, monaguillos, mandaderos, novicios y fámulos de casas religiosas, para defenderse de la avaricia de la Iglesia.

No sólo defrauda ésta al Estado, a quien no paga contribución alguna; a los obreros, a quienes resta trabajo; a industriales y mercaderes, a quienes pisa los negocios e invade el terreno, sino que roba a los maestros, a los médicos y a los abogados.

Las tres cuartas partes de los niños de España los moldea el clero a su gusto en deformatorios mal llamados escuelas servidas por dómines zafios y antipedagógicos.

Los hospitales, jurisdicción propia de la ciencia médica laica, los controla todos la caridad, o sea bigardos ensotanados, con menos conocimientos y cultura que una cocinera.

Pero a quienes usurpan los sacerdotes más funciones es a procuradores y abogados.

Los curas administran fincas rústicas y urbanas, redactan contratos, dictan testamentos, arreglan matrimonios. Desde los confesionarios se dirigen más hogares que desde los bufetes y estudios jurídicos.

En fin, que España entera es un inmenso beaterio.

La República ha de aseptizar, fumigar y desratizar el país, o en cada pueblo habrá que empuñar de nuevo la tea purificadora o hacer lo que en La Solana.


Ángel Samblancat
La Traca núm. 109, 17 de junio de 1933








3435. Juanita Rivera Mateos, maestra y alcaldesa de Villodre (Palencia)

Villodre. También ocupa la Alcaldía una profesora. La señorita Juanita Rivera Mateos. De Extremadura. Nacida en Montánchez (Cáceres). Siete hermanas y todas maestras. Una de ellas, alcaldesa de Ontanilia (Guadalajara). Cuatro años en Villodre. Y desde el primer día, unida a todos los vecinos sin distinción de clases, por una amistad franca y sincera. Muy contenta en este pueblecito de Castilla... 

—Desde que he sido nombrada presidente de la Comisión gestora —nos dice la señorita Rivera— mi ideal es procurar el más exacto cumplimiento de todas las disposiciones que se reciban de la superioridad, y procurar por todos los medios la armonía de los vecinos en pro de la paz del pueblo y bien de la República. 

Mi preocupación constante —continúa— es el poder llegar a la construcción de un grupo escolar. Donde actualmente doy las clases se echan de menos las condiciones higiénicas y pedagógicas, y eso que con la ayuda de los niños lo vamos adecentando... Este friso lo hice yo con mis alumnos. Y con ellos planté, en la parcelita de terreno de entrada a la escuela, esos arbolitos y esos rosales. En primavera da gusto verlos... 

El mayor cariño lo pongo en la clase de adultos. A ella consagro los mayores entusiasmos, y los alumnos están encantados... 

Afortunadamente, aquí no tenemos problema de paro obrero, y como todo marcha muy bien, no encuentro complicaciones en la Alcaldía. Los acuerdos se adoptan todos por unanimidad y esto me satisface de una manera muy extraordinaria. 

Tiene razón la señorita Rivera. Hará una buena alcaldesa, por su clara inteligencia y por su programa municipal, con el que se propone mejorar en todo lo posible el campesino pueblo de Villodre. 


Eusterio B. Alario

Estampa, 4 de marzo de 1933






3429. Tomasa Canduela Calvo, maestra y alcaldesa de Osorno (Palencia)

Tomasa Canduela Calvo, alcaldesa de Osorio, 1933


Estamos en uno de los salones de actos del Ayuntamiento de Osorno. Ocupa la Mesa presidencial la alcaldesa, dona Tomasa Canduela Calvo, maestra nacional. Sentados con ella están don Teódulo Cuesta y don Gregorio Barrio, contribuyente y obrero. El joven secretario, don José García, somete a estudio de la Comisión gestora numerosos expedientes... 

No vemos cercano el momento de comenzar nuestra información. Pero estamos en Castilla, donde las mujeres son tesoro de simpatía y cordialidad... Y la joven alcaldesa suspende unos instantes el trabajo para contestar a nuestras preguntas. 

—¿Cuánto tiempo lleva ejerciendo el Magisterio en esta villa? 

—Año y medio, aproximadamente. 

—¿Contenta en el nuevo cargo? 

—¿Por qué no? La labor es abrumadera; pero todo se va haciendo, gracias a la eficaz colaboración de mis compañeros de Comisión y a la competencia de nuestro secretario. 

—¿Muchos proyectos? 

—Bastantes. Construcción de grupos escolares para tres secciones de niños y otras tantas de niñas. Arreglo de calles y aceras. Reparación del hospital. Establecimiento de un nuevo refugio para los indigentes transeúntes. Y algunos más... 

—¿Problema obrero? 

—No existe realmente en esta villa. Hay un ambiente de comprensión y de cordialidad entre patronos y obreros, y al Ayuntamiento sólo le alanza la obligación de prestar una pequeñísima ayuda, que nunca se ha negado. De suerte que en este importantísimo aspecto Osorno es una población envidiable. 

No podemos seguir preguntando. El señor secretario ha terminado en este momento de preparar as candidaturas de una votación en cierto asunto de Policía rural. 

En el salón central, contiguo al que nosotros ocupamos, el pueblo espera impaciente... 

Nos despedimos. Y desde nuestro observatorio vemos cómo la joven alcaldesa ocupa el sillón destinado a la presidencia y da principio el acto con las frases de ritual: 

"Se abre la sesión..."


Eusterio B. Alario

Estampa, 4 de marzo de 1933









3424. Eulogia Herrera, maestra y alcaldesa de Robledillo de la Jara (Madrid)

Robledillo de la Jara es un pueblecito muy pobre, muy gris. Está situado cerca de la presa El Villar, por Lozoyuela. Si quieren, ustedes más datos les diré que no le separa ni una legua de ese extraordinario pueblo que se llama Cervera de Buitrago, donde los vecinos tienen seis o siete dedos en cada mano y en cada pie. 

La alcaldesa se llama Eulogia Herrera.

De alcaldesa sólo lleva unos días. De maestra, treinta y dos años... 

¡Treinta y dos años enseñando a leer a los zagalines de los pueblos españoles! En Rozas de Puerto Real conoció a los hijos de sus primeros párvulos: ¡diez y siete años nada más! Luego, de una aldea a otra, ha venido a parar a este pueblecito medieval, dispuesto a asomarse al siglo por una carreterita que le van a terminar un día de éstos.

—¿Le sorprendió a usted el nombramiento? —le he preguntado. 

—Sí que me extrañó. Un día vino el alcalde y me dijo: "Señora maestra, ahora el alcalde es usted." Creí que era una broma. Pero luego ví que se pegaba un papel en la puerta de la escuela, que es al mismo tiempo Ayuntamiento, en el que yo aparecía como presidente de una Comisión gestora. "Bueno — le contesté— seré alcalde o lo que ustedes quieran. "

—¿Y qué va a hacer usted? 

—¿Yo?... Nada; ¿qué quiere usted que haga? 

—¿No hay parados? 

—Aquí no hay nada de eso. Todos tienen un pedazo de tierra, del que viven no muy bien. Pero como no hay nigún rico, los pobres no se dan cuenta de que lo son. Además, aquí apenas circula el dinero. Se cambian cosas: huevos con trigo, o gallinas con ropa.

 —¿Hay partidos en el pueblo? 

—¿Partidos? ¿De qué? 

—Pregunto si hay socialistas. O radicales. O agrarios... 

—No, no...; ninguno. 

Poca labor pesa sobre la alcaldesa de Robledillo de la Jara. Pero mucha sobre doña Eulogia Herrera, maestra, madre de cuatro bellas muchachas, que pretenden ir muy a menudo a Madrid, sin asustarse de las cinco horas de caballería que son necesarias para alcanzar la carretera, y de un niño de catorce años, para el que ya resultan estrechos esos ásperos horizontes de la serranía castellana.


L.G. de L. 
Estampa, 11 de febrero de 1933







3423. Valentina García San Martín, maestra y alcaldesa de Soto de Cerrato (Palencia)

—Pocas iniciativas de trascendencia son posibles en un pueblecito de tan escaso vecindario —contesta a nuestras preguntas doña Valentina García San Martín, maestra nacional y alcaldesa de Soto de Cerrato. 

Sin embargo, le diré que los proyectos que tengo para el ejercicio del cargo con que me han honrado mis compañeros en la Comisión gestora de este Municipio, aparte, como es lógico y natural, de procurar por los intereses materiales del mismo, mediante la honrada administración de ellos, consisten en velar por la salubridad y moralidad públicas; el ornato y embellecimiento de la población, en la medida de nuestras disponibilidades económicas; fomentar la cultura del vecindario, haciendo observar rigurosamente los preceptos de la higiene y las reglas de educación popular; hacer cumplir disposiciones legales sobre asistencia social y protección de animales y plantas, y, ante todo, pondré todo mi empeño en mantener la paz y la confraternidad entre mis convecinos... 



Eusterio B. Alario
Estampa, 4 de marzo de 1933







3411. Áurea Rico, maestra y alcaldesa de Poblete (Ciudad Real)

Áurea Rico, alcaldesa de Poblete, junto a Carmen Carrión, 1933 - Foto: Erik y Marina)


En Poblete, pueblecito de Ciudad Real que alberga unos quinientos habitantes, es también una muchacha quien se halla al frente del Ayuntamiento, Esta señorita, que se llama Áurea Rico, sólo lleva año y medio en el pueblo, pero conoce perfectamente sus necesidades, Sobre todo las de las amas de casa. 

—Pienso realizar —me dice— una política de abastos. Las mujeres nos preocupamos extraordinariamente de estas cosas, y los hombres deberían secundarnos con más afán, ya que, en la mayoría de los casos, son ellos quienes sufren directamente las consecuencias económicas de la carestía de las subsistencias. He de intentar el abaratamiento de casi todos los artículos de primera necesidad. Para conseguirlo pondré mi empeño de ama de casa económica y la autoridad de alcaldesa. Además, quiero que se construya un grupo escolar. 

Soy maestra casi de nacimiento —prosigue—. Mi hermana mayor lo era, y yo, desde pequeña, le ayudaba en lo que podía. 

Por el momento, la situación económica del Ayuntamiento es lo que más le preocupa. 

—¡Me han entregado una alhaja de Ayuntamiento! exclama—. Todo está embargado; estamos ahogados en deudas. Yo, que no puedo ver estos líos económicos, estoy intentando desembrollar tan complicada administración. Pero no sé si lo conseguiré...

En la Comisión gestora de Poblete figura otra mujer: la vocal patrono doña Carmen Carrión. 

—Tengo tal confianza en la señora alcaldesa —dice—, que yo no me ocupo de nada. Pero la primera autoridad municipal del pueblo protesta. 

Doña Carmen Carrión, por su larga experiencia de las cosas del pueblo, es de útil consejo y todo el mundo la escucha con cariño y con respeto. 


L.G. de L. 
Estampa, 11 de febrero de 1933









3404. Carmen Hornero, maestra y alcaldesa de Fernancaballero (Ciudad Real)

Carmen Hornero, alcaldesa de Fernancaballero en 1933. A la derecha el Gobernador civil, Fernández Matos


En los pueblos manchegos, como en el resto de España, han florecido también alcaldesas. Una sonrisa femenina, juvenil en la mayoría de los casos, va a alegrar las sesiones de no pocos Ayuntamientos hasta las próximas elecciones municipales. El gobernador civil de Ciudad Real, señor Fernández Matos, que es, ante todo, un agudo periodista, nos facilitó amablemente un boceto de información, y como le dijéramos: 

—Aquí, en la provincia de Madrid, también hay muchas alcaldesas. 

El contestó: 

—Sí; pero ¿a que no tienen ustedes ninguna en plena luna de miel?

Y es verdad. En Fernancaballero, la alcaldesa, que es, al mismo tiempo maestra, se casó exactamente hace un mes con el maestro del pueblo. No es difícil imaginarse las terribles complicaciones que de esta coincidencia se derivan. Yo, aunque nadie me las ha contado, las imagino.

A los veintitrés años, bonita, ilusionada, ¿qué novia no le repite, como un leit motiv, al novio: "¿Verdad que no nos separaremos nunca?" "¿Verdad que iremos a todas partes juntos?..." Y los dos se lo prometen repetidas veces, lo cumplen fielmente durante dos o tres meses, y luego, por acuerdo tácito, introducen ciertas modificaciones en el programa de felicidad conyugal elaborado antes del matrimonio.

Pero durante esos dos o tres meses primeros no hay quien deshaga la pareja. Alguien me ha contado que la gentil alcaldesa de Fernancaballero ha tenido el rasgo delicioso de hacer de su esposo algo así como un alcalde consorte. Los dos juntitos presidían las sesiones, o iban al frente de una Comisión para entrevistarse con el gobernador civil. No sé si lo seguirán haciendo, después de un elocuente discurso de Fernández Matos sobre la sublimidad de los deberes ciudadanos. Es muy joven —veintitrés años—, guapa, simpática. Se llama Carmen Hornero; su marido Enrique Duarte. No parecen, ninguno de los dos, entusiasmados por el nuevo cargo. 

—Fué una sorpresa —me dice el marido—. Yo hice cuanto pude por que me eligieran a mí alcalde y evitar a mi mujer todos los trastornos consiguientes. Pero no conseguí nada y la nombraron a ella. 

—¡Y con bien poca oportunidad! —interrumpe la alcaldesa—. Acababa de quedarme sin criada, y desde entonces estoy atendiendo a la escuela, al Ayuntamiento y a la cocina. ¡Es demasiado! 

Luego hablamos de cosas serias: 

—Quiero que arreglen la plaza del pueblo, que está muy mal. Y que se apruebe la construcción de un grupo escolar. Lo que no me dice, pero que yo creo adivinar, es su deseo de que las próximas elecciones municipales le permitan continuar esa luna de miel interrumpida por unas austeras discusiones en un Ayuntamiento manchego. 


L.G. de L. 
Estampa, 11 de febrero de 1933








3400. Los estudiantes fascistas pretenden asaltar violentamente la Universidad y uno de ellos dispara varios tiros

Universidad Central de Madrid. Foto:  Cifuentes


Cerca del mediodía se registraron en la Universidad Central algunos incidentes violentos, a con secuencia de los cuales resultaron varias personas heridas, una de ellas de bastante gravedad.

Los hechos tuvieron por origen la tirantez de relaciones existentes hace ya bastante tiempo entre los elementos  escolares fascistas y el resto de los estudiantes. 

Según parece, los estudiantes de la derecha pensaban asaltar la Universidad y hacerse fuertes en ella, para lo que se dirigieron hasta el edificio de la calle de San Bernardo. Esto dio lugar a que los demás estudiantes se opusieran.

Cuando unos y otros habían llegado a las manos, un joven estudiante llamado Fernando González, de veinte años, natural de Alcalá de Henares y domiciliado en la avenida de Pablo Iglesias, número 17, piso quinto, centro, recibió un fuerte golpe en la cabeza, producido, al parecer, con un instrumento de hierro. Fernando sacó entonces una pistola e hizo un disparo que produjo enorme confusión. Unos y otros corrieron desde el pasillo donde está situada la Secretaría, que es donde se había desarrollado la anterior escena, hasta la salida; pero una vez frente a la escalera, y cuando Fernando iba a ser alcanzado por unos cuantos estudiantes que lo perseguían de cerca, hizo otros dos disparos, cuyos impactos pueden apreciarse en la pared de dicha escalera. 

A consecuencia de estos disparos cayó al suelo uno de los estudiantes, sobre el que Fernando disparó de nuevo la pistola por tres veces hasta agotar las cápsulas, recibiendo entonces otro golpe en la cabeza, que le hizo caer al suelo conmocionado. 

El rector, en vista de estos sucesos, ordenó suspender las clases, y entre varias personas trasladaron a los heridos para su curación a diversos Centros de Socorro.


Los heridos

En la Casa de Socorro del distrito de la Universdad se presentó asistencia facultativa al autor de los disparos, Fernando González, que presentaba contusiones en la cabeza y conmoción cerebral de pronóstico reservado. 

En el mismo centro fueron asistidos los bedeles Miguel Merino, de cincuenta y ocho años, que presentaba una lesión en el dedo anular de la mano derecha, producida por arma de fuego, y Francisco Vega Álvarez, de treinta, y tres años, natural de Valladolid, domiciliado en el paseo de Extremadura, que tenía una herida por rozadura de bala en el muslo derecho. 


Un estudiante gravísimo

Al Equipo Quirúrgico del Centro fue llevado el estudiante Baldomero Cordón, que es sobre quien disparó Fernando por tres veces cuando se hallaba en el suelo. Presentaba tres heridas de bala, una en, el brazo, otra en el pecho y la tercera en la tráquea. Su estado fuéecalificado de muy grave, y hubo necesidad de proceder a hacerle una delicada intervención.


Una señorita ciega que había acudido a la Universidad a presentar una instancia recibe un balazo. 

En la Casa de  Socorro del distrito de Palacio ingresó una señorita llamada María González Barbero, de veintidós años, ciega, que había ido a la Universidad para presentar una instancia como alumna del Conservatorio, y al salir, acompañada de uno de los bedeles, recibió un balazo en la pierna izquierda que la produjo una herida de pronóstico reservado. 

Las autoridades, tan pronto como tuvieron noticia de los hechos relatados, enviaron fuerzas a la Universidad Central, que se situaron en los alrededores para prestar servicio de vigilancia. También acudió a dicho centro para informarse de lo sucedido el comisario general Sr. Maqueda.  

Cuando se estaban instruyendo las diligencias en la Comisaría, se supo que también había resultado herido de bala en una mano el estudiante de veinte años Manuel Taguaña, domiciliado en Huertas, número 20. 

El Juzgado de instrucción de guardia practicó las diligencias correspondientes.


Diligencias judiciales

El juez de guardia, Sr. Hinojosa, acompañado del secretario, señor De Miguel, y el oficial Sr. Arranz, se constituyó en el Equipo Quirúrgico, donde se encontraban algunos heridos con motivo de los incidentes ocurridos en la Universidad Central. Primeramente recibió declaración al estudiante D. Baldomero Cordón que sufre una herida por arma de fuego en la parte anterior del cuello. Este muchacho, qué es estudiante de Medicina, tiene dieciocho años y está domiciliado en la calle de Atocha, núm 24, manifestó que hallándose en la Facultad de Medicina recibieron un aviso telefónico de sus compañeros de Derecho de la Universidad Central comunicándole que un grupo bastante numeroso de individuos pertenecientes a la J.O.N.S. intentaba asaltar la Universidad. El y otros compañeros acudieron a la calle de San Bernardo, y al penetrar en el centro docente vieron que un grupo numeroso daba vivas al fascio. El declarante y sus compañeros se aproximaron a los que dirigían el grupo y trataron de convencerlos de que no era actitud apropiada la que adoptaban en un centro universitario. Al llegar a este punto de la declaración, el médico que asistía al interrogatorio dijo al Juez que como el herido decaía por momentos, era sumamente peligroso seguirle interrogando, por lo cual el juez dio por terminada la diligencia. 

Después, y en el mencionado centro, compareció ante el Juzgado el bedel Francisco García Álvarez, de treinta y tres años, domiciliado en el paseo de Extremadura, núm. 89, quien, según nuestros informes, manifestó que hallándose en la puerta de la Universidad vio que en el descansillo de entrada, próximo a la escalera, había un indlvíduo que, esgrimiendo una pistola, amenazaba a todo el mundo. Pocos momentos después, el sujeto en cuestión, comenzaba a disparar el arma. Vio asimismo que otro estudiante, que se hallaba próximo al que hacia los disparos, recogió del suelo una porra que habían abandonado los fascistas y con ella dio un golpe en la cabeza al que disparaba. Este, a pesar de la agresión, continuó tirando tiros. Uno de cuyos proyectiles hirió al declarante en la pierna derecha, causándole una lesión de pronóstico reservado. 

El Juzgado se trasladó a su despacho oficial, donde continuó  las actuaciones, recibiendo declaración a D. Luis del Val García, de dieciocho años, estudiante de Medicina, domiciliado en la calle de Prim, 2. Este muchacho manifestó que se hallaba casualmente en la Universidad, adonde había ido a ver a un señor apellidado Ordoñez para tratar de los preparativos de un partido de rugby que ha de verificarse en breve entre elementos escolares. Vio que un grupo de muchachos estudiantes pertenecientes a la J.O.N.S., con vivas al fascio, pretendían entrar violentamente en la Universidad. Intervino con otros amigos para decir a los que vendían el periódico que la Facultad no era sitio para hacer propaganda política. Los de la J.O.N.S. desistieron al parecer de continuar la venta pero a poco regresó otro grupo, en actitud ya retadora, que prorrumpió en vivas al fascio.

Entre los de la F.U.E. y los de la J.O.N.S. se entabló una disputa, llegando a las manos. Entonces fue cuando un individuo sacó una pistola y comenzó a disparar el arma en forma de abanico contra los elementos de la F.U.E. El declarante, que se hallaba próximo al que tenía el arma, trató de arrebatársela; pero al ver que éste hacía intención de dispararle, cogió del suelo una porra de madera que había abandonada y con ella dio un golpe en la cabeza al de la pistola.

Después comparecieron los estudiantes Francisco Simarro Ortega, de dieciocho años, que vive en Arenal, 24, y Fidel Manzanares Muñoz, habitante en Guzmán el Bueno, núm. 19, quienes se expresaron en parecidos términos a como lo hiciera su compañero el Sr. del Val.


Referencia oficial

El ministro de la Gobernación, al recibir ayer de madrugada a los periodistas, les dio cuenta de los sucesos estudiantiles registrados en la Universidad Central.

Manifestó que un grupo de estudiantes católicos de los pertenecientes a la J.O.N.S. intentó repartir un manifiesto excitando a la huelga. Como el ambiente se enrareciera rápidamente, ante la posibilidad de sucesos se requirió la presencia de un comisario de Policía, quien al poco rato se presentó en el edificio acompañado de algunas fuerzas. Pasó a hablar con el rector, y cuando ambos conferenciaban, en la parte de afuera de la Universidad sonaron unos disparos. Lo ocurrido fue que un grupo de estudiantes de la F.U.E., al ver que los de la J.O.N.S. pretendían asaltar la Universidad, se lanzaron sobre ellos y sobrevino la colisión, en la que se hicieron varios disparos.

Después del tumulto se comprobó que estaba gravemente herido en el pecho un estudiante. También resultó herida en una pierna una muchacha ciega que iba a cobrar una beca, y en un dedo un bedel de la Universidad.

A uno de los varios detenidos se le ocupó una pistola descargada, por lo que se supone que fue el autor de los disparos.


Una nota de la Dirección General de Seguridad

A última hora de la tarde fue facilitada en la Dirección de Seguridad la siguiente nota:

«La Dirección de Seguridad tuvo conocimiento por la mañana de que habían sido transportados a la Universidad Central unos paquetes de hojas de carácter fascista editadas por J.O.N.S., y que algunos elementos se proponían repartirlas en el interior, promoviendo al mismo tiempo disturbios. A las once y media, la Dirección de Seguridad envió a la Universidad al inspector Sr. Rajal para que se entrevistase con el rector con objeto de ponerle en antecedentes de lo que se proyectaba y de ofrecer el concurso de la autoridad. No estaba el rector, y el inspector habló con el decano, que después de quedar enterado dijo que tomaría disposiciones inmediatamente.

Más tarde, también por orden de la Dirección General de Seguridad, y ante el temor de que se produjesen incidentes desagradables, fue a la Universidad el comisario del distrito.

Cuando estaba hablando con el rector y reiterándole lo que ya el inspector había anunciado, se oyeron unas detonaciones. Salió el comisario del despacho y advirtió que se había producido un acto de violencia.

Un estudiante, al parecer fascista, llamado Fernando González Funes, de veinte años, hizo fuego con una pistola cerca de la puerta de la Universidad, alcanzando los proyectiles a una muchacha ciega, estudiante, llamada María Lozano Barberá, y a otro estudiante llamado Baldomero Gordón, de dieciocho años. La primera tiene una herida de pronóstico reservado, y el segundo, otra de mayor consideración.

El autor de los disparos fue detenido en el acto por los agentes de Policía Sres. Ortega, Sans de Tejada y Teral, que se hallaban en la puerta de la Universidad.

Inmediatamente acudió a la Universidad el comisario general de Policía, Sr. Maqueda, y personal de la Comisaría del distrito, que practicaron diligencias. Fueron detenidos en el interior de la Universidad dos estudiantes que ocultaban una porra y un palo de silla.»


Dice el ministro de Instrucción Pública

El ministro de Instrucción Pública recibió a última hora de la tarde a uno de nuestros compañeros, que le interrogó acerca de los sucesos ocurridos en la Universidad.

El Sr. De los Ríos manifestó lo siguiente:

- Pocas noticias puedo darles a ustedes que no conozcan ya. Esta mañana, un grupo de muchachos pertenecientes a una organización más o menos pública entró en la Universidad repartiendo unas hojas de propaganda. Otro grupo de estudiantes reaccionó contra esta actitud, y se originó una lucha, en que resultaron varios heridos, dos de ellos graves. Un muchacho, estudiante de Medicina, que se encuentra hospitalizado en el Equipo Quirúrgico, de donde me dicen ahora mismo que sigue muy grave, pues no se le ha podido operar, y una señorita ciega, que también ha resultado gravemente herida.

No quiero hacer objeto de reflexiones la situación que crea en el seno de la vida universitaria la reiteración de estas actitudes de violencia. Sin embargo, considero totalmente imposible cohonestar la pertenencia a una organización universitaria, la cual, por definición, no puede menos de confiar en la eficacia de la idea como medio de pugna con la asunción de una actitud de fuerza y violencia marcadamente delictiva.

Yo me propongo someter a la deliberación de la Asamblea de Universidades y centros docentes, que habrá de reunirse este año, con arreglo a la ley que creó el Consejo Nacional de Cultura, el tema relativo a la redacción de un estatuto disciplinario de los centro de enseñanza.

Confío en que la gran nobleza del espíritu de la juventud sabrá sobreponerse a las reacciones combativas que en ella pueda haber suscitado el dolor por la agresión sufrida y que respetará la Universidad, cooperando de esta suerte a sustraerla a la lucha en que se pretende envolver la vida española.


Como protesta, la F.U.E. declara la huelga general por veinticuatro horas

Nos ruegan insertar la siguiente nota:

«Reunida la Junta de gobierno de la F.U.E. de Madrid con motivo de los sucesos acaecidos ayer en la Universidad Central, acuerda:

1.º Declarar la huelga general durante veinticuatro horas como protesta contra el criminal atentado de que han sido víctimas varios estudiantes por parte de los elementos llamados fascistas.

2.º Que tales hechos han puesto de manifiesto la imprescindible necesidad de que las autoridades académicas tengan absoluta dedicación a los cargos que les están encomendados.

3.º Rectificar las erróneas versiones, tendenciosas en muchos casos, que la Prensa ha recogido.

4.º Manifestar su firme propósito de no consentir que una vez más se repiten hechos de tal naturaleza.

Lorenzo Abad, secretario; Luis Durán, presidente accidental.»


El Sol, 9 de mayo de 1933