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2999. «No hay revolución sin la presencia de la mujer»




Todas las elecciones que perdemos es a causa del voto femenino, pero las mujeres no tienen la culpa, la tienen los hombres, la tienen los dirigentes de los Partidos de la Unidad Popular, la tienen los militantes de los partidos de la Unidad Popular, la tienen los compañeros de la Unidad Popular.

En su casa, en su hogar, en el taller, en la escuela donde trabajan, nunca le plantean a la mujer, los problemas políticos del país y sus propios problemas. No ayudan a elevar la conciencia política de la mujer. No le hacen entender a la mujer que sus problemas postergados, durante años y años, van a encontrar solución en el Gobierno Popular.

Todavía hay prejuicios en los hombres de la Unidad Popular y hay un «machismo» político que le niega a la mujer el derecho que tiene, el igual derecho del hombre, compañeros.

No hay revolución sin la presencia de la mujer. No hay batalla revolucionaria, sin que la mujer participe en ella. Lo dicen todos los tratadistas revolucionarios y lo dice la experiencia revolucionaria de todos los países que han alcanzado el Socialismo.

Por eso, la tarea fundamental, la tarea esencial de los hombres y los partidos de la Unidad Popular, primero, es fortalecer su unidad, terminar con rencillas partidarias, comprender que más allá del partido está la Unidad Popular y que más allá de la Unidad Popular está la Patria, está Chile, está el destino de nuestra nacionalidad, camaradas.

Aquí, al comenzar esta concentración, oí unos cuantos gritos agónicos, criticando a un partido de la Unidad Popular. Vayan a discutir en el diálogo de las ideas, vayan a discutir dentro de sus asambleas, vayan a discutir dentro de sus partidos; pero frente al pueblo: la unidad.

La agresión a un partido de la Unidad Popular, es la agresión a todos los partidos de la Unidad Popular.

El que no entienda esto, el que no comprenda la responsabilidad que tiene, no se llame revolucionario, ni anda haciendo gárgaras con la palabra Revolución.

La revolución es sacrificio. La Revolución es generosidad, la Revolución se entrega, y la juventud, yo entiendo que tiene derecho a equivocarse, pero, al mismo tiempo, tiene la obligación de sacar experiencias de sus propios errores.

Por eso, finalmente, compañeros, ¡a mirar las perspectivas! ¡A ver cómo el enemigo exterior no descansa! ¡A ver que hay enemigos internos y adversarios!

Yo respeto al adversario. Al que discute y defiende sus ideas, al que actúa dentro de la Constitución y la Ley. Respeto al adversario que no quiere torcerle la voluntad a la Constitución y a la Ley.

Y, denuncio a aquel que no es adversario sino enemigo, el que fue enemigo siempre del pueblo, el que siempre trató de herir a los trabajadores, el que les negó su derecho a organizarse, el que les quitó el derecho a defenderse. Aquel que llegó a la conspiración y, al crimen, el que derramó la sangre del General Schneider. Es enemigo del pueblo y es enemigo de Chile y a ese debemos combatirlo, implacablemente.


Salvador Allende
Antofagasta, 28 de febrero de 1972








2685. Cementerio





Tiene también la sangre sus revoluciones,
sus líderes y demagogos
que arengan al pueblo de las ansias
congregado en el corazón.
Tiene también la sangre sus masacres
—en nombre de oscurísimas razones—,
en las que mueren tantos inocentes:
los de pequeña voz, los tímidos
que no saben exponer sus deseos;
menos aún, imponerlos.
Mueren entre las venas, y de manera irrevocable,
lo mismo que acontece entre la historia.
Muere toda una grey de tristes oprimidos, pero
en la espantosa servidumbre del reemplazo
sucumben a su vez los opresores
sin que exista un recodo, un breve hueco
en que dejar sobre una lápida
constancia de su paso.
En la anónima fosa de la sangre
yacen mezclados víctimas y verdugos;
y en las terribles horas de la comprensión
qué imposible resulta distinguir
del corrompido olor de la esperanza degollada
el agrio aroma de sus asesinos.


Francisca Aguirre
Ítaca, 1972










1230. El Proceso 1001



Los micrófonos de la Pirenaica hicieron posible nuevamente que mis palabras de protesta contra el terror del franquismo agonizante pero permanentemente brutal y mi solidaridad fraternal con los camaradas de CC.OO. del Proceso 1001, llegaran a Carabanchel:

Mañana, día 20 de diciembre, vísperas del 40 aniversario del famoso proceso incoado por los hitlerianos contra el heroico comunista búlgaro Jorge Dimítrov, van a ser juzgados en España un grupo de dirigentes de Comisiones Obreras acusados de luchar por las libertades sindicales, por el restablecimiento de la democracia y la libertad en nuestro país.

Son diez hombres, en la más alta acepción de la palabra, que con dignidad y firmeza revolucionarias representan a la España del trabajo y de la cultura frente a la sangrienta dictadura franquista.

Por ironía de la historia van a ser juzgados no los victimarios que ahogaron en sangre a la República española, sino un grupo de hombres cuyo delito es luchar en defensa de los derechos de los trabajadores contra los desafueros de los detentadores del poder.

De la justicia y de la nobleza de la causa por la que fueron encarcelados los «diez de Carabanchel», como cariñosamente nombra nuestro pueblo a los hombres que mañana van a comparecer ante los tribunales, habla la simpatía y la solidaridad hacia ellos, no sólo de la clase obrera, sino de todas las fuerzas políticas democráticas y progresivas de nuestro país.

Las más destacadas figuras del foro español, entre ellas conocidas personalidades católicas, van a ser los defensores de los «diez» ante los tribunales.

Las grandes centrales sindicales, los partidos comunistas, socialistas, radicales, las organizaciones de masas de los países de Europa, de América y de todo el mundo, levantan su voz exigiendo la libertad de los dirigentes obreros españoles.

Expresión de esta amplia y humana solidaridad, son las delegaciones de observadores y de juristas que, según se anuncia, irán de Inglaterra, Italia, Francia y otros países para asistir al proceso y llevar su apoyo y simpatía a sus hermanos de clase.

Pero esto, siendo mucho, no es suficiente. Todos debemos participar en esta campaña de defensa, que es una obligación sagrada para todos los trabajadores, para los intelectuales, para quienes aspiran a vivir en una patria libre, democrática y soberana.

El enfrentamiento con el régimen de las fuerzas progresivas de nuestro país a escala nacional en los campos políticos y religiosos a todos los niveles alcanza ya límites sin precedentes.

No es solamente la clase obrera, acostumbrada a duras luchas por sus reivindicaciones económicas o políticas. Son los universitarios, alumnos y profesores, son los profesionales, son las mujeres, son los más destacados intelectuales de nuestro país.

Son sacerdotes y jerarquías eclesiásticas. Es, y ello constituye un signo de los tiempos, la clase media. Son las fuerzas nacionales de Cataluña, Euskadi y Galicia. Es Navarra, la vieja Navarra de tradición combativa que hoy marcha junto a todas las fuerzas que luchan por la libertad y la justicia.

Es la juventud obrera y estudiantil, que no vivió la guerra, pero que se rebela contra la dictadura, porque toda la mentira del franquismo va desmoronándose ante la descarnada realidad.

Entre el régimen franquista y el pueblo en su más amplia acepción existe un abismo insalvable.

Y en estos momentos cruciales, en la víspera del monstruoso proceso yo llamo, con toda confianza en la solidaridad internacional que siempre nos acompañó en nuestras luchas, a ayudarnos para imponer, por ser de justicia, la libertad de los dirigentes obreros españoles, Camacho, García Salve, Sartorius, Soto, Saborido, Marcos, Acosta, Zamora, Santiesteban y Fernández Costilla.

¡Viva la solidaridad internacional con los trabajadores españoles!

¡Libertad para los «diez de Carabanchel»!


Dolores Ibarruri
Memorias de Pasionaria (1939 - 1977)
Editorial Planeta, 1984