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3442. La mujer en la Pedagogía. María de Maeztu

María de Maeztu en la Residencia de Señoritas, 1931 (Foto: César Benítez)


Hace 15 años en Madrid, una mujer sola y sin apoyo inicial de nadie, puso en movimiento la idea de fundar la Residencia de Señoritas, donde las mujeres, principalmente provincianas, tuvieran un hogar acogedor donde albergarse que les permitiera asistir a la universidad y formar su cultura. El propósito cayó en medio de la indiferencia y del escepticismo de aquel tiempo en que el tema cultural de la mujer interesaba a tan poca gente. Pero María de Maeztu, autora de la idea, es hija de inglesa y vasco, y no se amilanó por los obstáculos. Luchó denodadamente, y por fín logró ver realizado su propósito. La Residencia de Señoritas comenzó a funcionar bajo un plan modesto, con el reducido pensionado de tres alumnas.

Hoy está instalado en diez hoteles rodeados de jardines. El pensionado asciende a 200 alumnas. Posee buena biblioteca, laboratorios para estudios y prácticas de Química e Historia Natural y magnífico campo de tenis. El Instituto Internacional de Boston, que tan nobilísima ayuda presta a la formación cultural de la mujer española, les ha concedido el espléndido edificio de la calle de Miguel Ángel, donde tienen instalados los salones de la biblioteca, la dirección y las oficinas. 

Como en 1915, María de Maeztu sigue siendo la inspiradora y directora de este gran núcleo de cultura femenina. E igual que entonces, perdura el lema espiritual y docente original de su fundación: "perfeccionamiento de la naturaleza humana por medio del cultivo desinteresado del espíritu, del desenvolvimiento de los sentimientos más puros y de la formación moral del carácter".

A los tres lustros de existencia —primavera de edad, madurez de formación—  la Residencia de Señoritas es, sin duda, la más solida y brillante institución docente femenina que tenemos en España, y al frente de ella ha sabido demostrar María de Maeztu que no sólo es una gran figura de la pedagogía española, sino formidable propulsora de este gran movimiento femenino. 

Por tal motivo, hemos recabado su criterio sobre los tres temas enunciados a continuación, en torno a la Universidad, a la juventud y a la mujer, sobre los que muy pocas personas en nuestro país pueden hablar con tanta autoridad y experiencia como la señorita Maeztu.


Misión de la Universidad 

—La misión de la Universidad, en cualquier país y en determinada época, dependerá del concepto que se tenga de la Escuela y del Instituto —habla la maestra—. Estas tres instituciones han de formar el hombre culto y prepararle para el ejercicio de su profesión o para su labor investigadora y científica. Sin Universidad es cierto que no hay Escuela; pero sin Escuela ni Instituto, no hay Universidad. Si la Escuela primaria no educa, la voluntad no forma el carácter y da al niño los elementos de instrucción —número, forma y palabra— sobre los cuales hace descansar Pestalozzi toda la enseñanza elemental; y si el Instituto no crea el hábito de pensar, ni forma el juicio con la intensificación de las Matemáticas y de las lenguas clásicas, la Universidad, a pesar de sus altas aspiraciones, no podrá hacer con sus alumnos una recia labor científica. Los tres grados de la enseñanza —primaria, secundaria y superior— son correlativos y están en función el uno del otro. Toda reforma universitaria debe implicar la de la Escuela y la del Instituto, para que colaboren estrechamente al mismo fin. 

—La actividad docente (enseñanza de las disciplinas que forman el plan de estudios) y la actividad investigadora (creación de la Ciencia) corresponde a aptitudes muy distintas do la mente humana que rara vez se dan juntas. El investigador o el especialista son los hombres que tienen talento analítico; en cambio el que trasmite la ciencia y busca el camino más adecuado para llegar a la inteligencia del alumno y exponerle con claridad y precisión las ideas centrales de la materia que explica, ha de poseer talento sintético. No me atrevo a afirmar hasta donde puede realizar la Universidad ambas funciones por no conocer con honda intimidad la vida universitaria. Pero creo que la enseñanza en este grado de la cultura, más aún que los anteriores, debe de ser intuitiva, esto es, creadora; que no se limite el alumno a recibir el conocimiento ya hecho, sino que lo recree y elabore de nuevo en su mente hasta convertirlo en médula mental. Además considero esencial que el profesor esté en estrecha comunicación con sus alumnos para conocer las almas jóvenes y ganar así si confianza. 

—Creo que la reforma más urgente que se impone en la Universidad es suprimir esas clases de centenares de alumnos que existen actualmente, distribuyéndolos en grupos pequeños donde el maestro pueda realizar con el estudiante una labor activa y educadora.


La mujer ante la cultura

—Soy optimista. Si no creyese que la mujer tiene la misma capacidad que el hombre para recibir y asimilar el contenido de la cultura superior, no estaría al frente de esta Residencia, cuyo propósito inicial al fundarse no fué otro que el de responder afirmativamente a esta pregunta. Y, en efecto, por mí han contestado varios centenares de mujeres jóvenes que han pasado por las aulas universitarias en los quince años que tiene de vida esta casa: licenciadas y doctoras en todas las Facultades, que han sido el honor y el orgullo de su clase y han merecido y obtenido las más altas calificaciones. 

—Ahora bien, ¿cuál será el papel de la mujer en las creaciones científicas? El camino recorrido es todavía demasiado breve para un vaticinio rotundo. Cuando yo fundé esta Residencia, apenas había una muchacha estudiando en la Universidad. Hoy, en algunas Facultades, hay más mujeres que hombres y, si continuamos a este paso, no sería aventurado afirmar que dentro de algunos años gran parte de las actividades intelectuales estarán en manos femeninas. Por consiguiente, no se puede decir hasta dónde puede llegar su potencia creadora y su desarrollo científico; pero por la experiencia ya adquirida, hay que sentirse grandemente optimista. 


Reflexión sobre la juventud actual

—Si he de juzgar por esta agrupación de mujeres jóvenes que conmigo viven, tengo que decir que la juventud actual es mejor, más sana y sincera, más libre de prejuicios, más recta y clara en su conducta, más valiente y decidida que las de nuestra generación. Algunos opinan que es menos generosa y más egoísta. No lo sé, pero el egoísmo es respetable y legítimo cuando sirve a la salvación de la propia vida interior. Aquel falso recato, aquel miedo ante la lucha por la vida y el temor a perder su jerarquía, que mantenía a la mujer de la clase media española, en el hogar, atenta a la labor de encaje, esperando al príncipe libertador y ajena a toda inquietad intelectual, ha dado paso a una otra mujer de vida más limpia y auténtica. Nuestra juventud es rebelde, pero esto no es una cualidad peculiar de nuestra época. Lo ha sido siempre, y tiene que serlo en esa edad en que el nivel de las aguas tranquilas no se ha conseguido. Hasta este instante, en los años de infancia y adolescencia, ha vivido el muchacho sumido en el mundo de la fantasía, entre sueños y en sueños. Era como una cosa entre otras cosas; no sentía la necesidad de pronunciarse a si mismo como distinto, solo y único. Pero en este momento, con la formación de la personalidad, se opera un milagro insospechado: surge la conciencia que distingue el yo del no yo; las cosas y las personas están infinitamente lejanas... le parece que no tienen por qué respetarlas. Por primera vez se encuentra dueño de sí mismo y formando parte de una generación que con él empieza; advierte la distancia que le separa de sus padres y maestros y se rebela porque aspira a la formación de un mundo nuevo y mejor. Se siente libre y no admite más traba ni mandato que el que ha de dictarle su conciencia moral. Por eso la educación no puede hacer más que robustecer esta conciencia. 

—El americano Lindsey, en su último libro, cita datos muy curiosos de rebeldías de muchachos y muchachas jóvenes, pero no estoy de acuerdo con él al señalar la causa del mal. "El joven —dice— salta por encima de la ley y la quebranta porque la ley se empeña en desconocer sus necesidades vitales; y añade que "la hipocresía de la sociedad es la única responsable y culpable de este fracaso". No; yo entiendo que el desconocimiento que se tiene de los impulsos y anhelos de la juventud ha producido esta incomprensión que padecemos. El padre no conoce al hijo; el maestro no conoce al discípulo; el uno vive ausente del otro. 


Tito L. Menéndez
Ahora, 24 de abril de 1931







3361. ¿Cuál debe ser la labor de las mujeres en la República? IV

Mujeres trabajando en la fábrica de cerillas La Fosforera en Carabanchel, Madrid. Años 30


Margarita Nelken

Margarita Nelken, inteligencia luminosa y combativa, espíritu periodístico de fibra, da a su respuesta un noble ardimiento: 

—¿La actuación de la mujer en la República? lo preferiría decir «la actuación frente a la mujer», pues lo más necesario, a mi juicio, es enterar a la mujer de lo que es la República. Una petición reciente, firmada por unas señoras que ostentan su fe de católicas como pendón político, y por las sirvientas, porteras y hasta niñas pequeñas de dichas señoras (esto no es humorismo sino afirmación comprobable y comprobada), ha puesto una vez más de manifiesto la lamentable ignorancia política y social de un gran sector de la feminidad española. La confusión entre el acatamiento de un dogma y la imposición de una creencia: entre la supresión de la enseñanza religiosa obligatoria y la prohibición de la enseñanza religiosa; entre el respeto a las autoridades eclesiásticas en el orden espiritual y la sumisión a las mismas en el orden temporal; entre la firmeza de creencias religiosas y el hacer depender la ley de estas creencias, aun para quien no las tuviere (cual, verbigracia, en la cuestión del divorcio, que ningún país hace «obligatorio», sino simplemente «posible»); entre, incluso, el respeto a la religión y a las comunidades religiosas, y la tolerancia dentro de las comunidades religiosas de actividades industriales que suponen, por su existencia al margen de toda ley, una competencia ilícita para el resto de la producción: esa confusión, fruto de una ignorancia que raya en la falta de sentido común, demuestra bien a las claras que lo más urgente, con respecto a la mujer española, es la necesidad de cultura. 

Y no me refiero a instrucción escolar o universitaria, sino a esa cultura que proviene de la amplitud de miras, de la comprensión «humana» de la vida, y que es norma elemental en todos los pueblos civilizados, por muy arraigadas que sean en ellos las creencias religiosas. 

Por lo tanto, a mi juicio, la actuación de la mujer en la República ha de constituir en España, ante todo, una obra de enseñanza, de divulgación, de cultura, en una palabra, por parte del reducido número de las «preparadas», para con aquellas que carecen de preparación y sólo por eso —entiéndase bien, sólo por eso, no por falta de capacidad— demuestran en sus manifestaciones o en su inhibición un desconocimiento absoluto de aquello mismo que constituye su principal preocupación.


«Hildegart» 

La joven y entusiasta propagandista, que a la edad en que las niñas de antaño jugaban con sus muñecas o confiaban a las margaritas sus nacientes conflictos sentimentales, se entrega a la labor de vulgarizar temas difíciles y espinosos, y de aclarar conceptos que han merecido secular y espesa incomprensión, es un símbolo de la evolución que han realizado nuestras juventudes. Hildegart ha respondido a nuestra encuesta: 

—La labor de la mujer debe ser doble, como es doble también su personalidad. El sentido depurador del feminismo sitúa a la mujer ante un horizonte de derechos, pero ante la realidad de unos deberes. La noción de la responsabilidad, al penetrar en el espíritu de la mujer, le hará ver lo que debe dar para poder exigir. 

Dentro del núcleo femenino español hay en la actualidad dos sectores, el de una minoría que se ha preocupado de los candentes problemas de España cuando el hablar de libertad era sentar plaza de rebelde y el luchar contra la Monarquía ocasionaba molestias y persecuciones. Otra, la de la masa que se ha unido al sentir republicano por sugestión del momento o por imperativo de la necesidad. Unas y otras tenemos un deber que cumplir con la República. Ayudarla con nuestra propaganda y con nuestra mayor instrucción. 

La cooperación inmediata que la mujer debe prestar a la República será la de alistarse en los partidos políticos ya existentes, no la de crear núcleos femeninos que mantengan la hoy más que nunca ridícula separación de sexos. 


Matilde Muñoz
Crónica, 21 de junio de 1931








3359. ¿Cuál debe ser la labor de las mujeres en la República? II




Regina la propagandista social batalladora, que ha alcanzado la distinción —por primera vez obtenida por una mujer— de llevar la representación de España a la conferencia Internacional del Trabajo, que se celebrará en este mes de Mayo en Ginebra, da esta respuesta a nuestra encuesta: 

—Es compleja la pregunta, y no se puede, a mi ver, contestar generalizando más que en esta forma: Poner todas sus actividades dentro y fuera del hogar, en una o en otra edad, al servicio del nuevo régimen, procurando estabilizarlo y fortalecerlo.

Dentro del hogar, educando a los hijos en un sano sentido democrático y ampliamente liberal, inculcando en ellos un elevado concepto de la vida social y haciéndoles ciudadanos conscientes de sus deberes. 

Fuera del hogar, haciendo una intensa propaganda de los ideales republicanos, teniendo el valor cívico de sostenerlos aún en los ambientes más hostiles y siendo en todo momento consecuente con las propias convicciones, que deben colocarse por encima de todas las cosas de la vida


Magda Donato

La notable periodista da en su respuesta una nota de singular desinterés y que encierra una clara visión de lo que significaría en los actuales momentos el incorporar a las mujeres al sufragio, antes de dotarlas de la necesaria preparación cívica y moral. 

—En estos momentos —afirma Magda Donato— creo que el primer deber de las mujeres republicanas consiste en anteponer el cariño a España —y quien dice España dice República— a las convicciones feministas.

Pensemos que dado el actual estado mental y cultural de la mayoría femenina de España, si las mujeres hubieran tenido el voto municipal no es seguro que la República hubiera podido implantarse, y si las mujeres tuviesen hoy el voto general, la consolidación definitiva de la República tampoco sería tan segura como afortunadamente lo es. 

A veces hace falta más valor para abstenerse que para actuar; tengamos, pues, el valor de «no» pedir el voto. 

Y emprendamos inmediatamente, con toda urgencia y con toda energía, la educación cívica de las mujeres españolas, para merecer cuanto antes el derecho a asumir los deberes de ciudadainía.


Elisa Soriano

Desde hace algunos años. Elisa Soriano ocupa un cargo de que nos habla graciosamente este retrato, en el que se adivina una coquetería muy femenina. Es inspectora de Sanidad Marítima, y en concepto de tal ha atravesado varias veces los mares dentro de su pintoresco uniforme. 

La doctora Elisa Soriano da a nuestra pregunta la siguiente respuesta:

—La mujer debe laborar por dos clases de problemas: de índole general, unos; de orden de sexo, otros. 

Entre los primeros están: La protección a la infancia, para que deje de ser una ilusión. La humanización de cárceles y presidios, para que sean lugares de regeneración y no de envilecimiento. Los asilos, escuelas, etc, para que dejen de ser cárceles de la infancia y de la vejez, y pasen a ser lugares de verdadera cultura y de reposo. Los hospitales, para que dejen de ser lugar frío de hacinamiento del dolor. La emigración, para que ese éxodo doliente y mísero se convierta en embajada de trabajo y en colonización de tierras. El divorcio, para liberar a tantos hombres y mujeres de una esclavitud odiosa, como es la del matrimonio cuando se terminó el amor o cuando uno de los dos cónyuges es un ruin o un malvado. 

De índole privativo del sexo es la consecución de todos los derechos políticos, económicos y sociales, que como ser humano le corresponden voto integral, derecho a ser elegible y a ocupar toda clase de puestos en todos los ramos del saber, sin más limitación que su capacidad personal, igualdad de salario a igualdad de trabajo, etc., etc., y tantos otros problemas que en el breve espacio de que disponemos ni aún enumerar es posible, pero que son de importancia capital si queremos una humanidad mejor, cosa que sólo conseguiremos con JUSTICIA, justicia igual para todos, en el orden moral, en el económico; en todo momento y en toda ocasión, justicia siempre, justicia. 


Matilde Muñoz
Crónica, 17 de mayo de 1931







3358. ¿Cuál debe ser la labor de las mujeres en la República? I




Carmen Caamaño

Esta  inteligente muchacha, que lleva la juvenil investidura de secretaria general de la F.U.E. —y pronunciar estas tres letras significa generosa rebeldía, ardimiento, ímpetu de la nueva España—, sufrió en los tiempos dictatoriales la persecución, llevada hasta hacerle compartir la prisión, en el local infecto de la calle de Quiñones, con mujeres delincuentes de la más baja ralea, sólo por alimentar, 'como sus compañeros de Universidad, la ilusión de una Patria libre y próspera. 

La respuesta que Carmen Caamaño da a nuestra encuesta está llena de esperanza, de entusiasmo y de cordura, las tres raras características que se dan pródigamente en la actual juventud española: 

—La mujer debe, en las actuales circunstancias, armonizar los distintos temperamentos que por su valer se completan, y conseguido esto, trabajar por que esta unión continúe y rinda sus beneficios. 

Debemos también estimular a los españoles para que continúen por el camino emprendido, ayudándolos con todo entusiasmo en la consolidación de un régimen, que si a ellos les devolvió sus derechos, a nosotras nos lo concederá. En resumen: creo que nuestra labor se condensa en dos palabras: Armonizar y laborar.


Eulalia Prieto 

En esta encuesta no debe faltar la legítima voz del pueblo, la que surge de las entrañas mismas del proletariado, y que ya no es aquella voz tormentosa, violenta, toda hecha de gritos e imprecaciones sin forma, sino que sabe definirse claramente, exponer sus ideales, trabajar por ellos, elevándose elocuente y clara en el mitin y en la Prensa.

Eulalia Prieto, obrera muy inteligente y muy impuesta en cuestiones sociales, es la presidenta de la Federación Tabaquera, formada como se sabe, por cigarreras, lo más genuinamente castizo de las trabajadoras españolas. La opinión de Eulalia Prieto estiá expuesta en forma inteligente, que revela cuál es la clara e ilustrada mentalidad de la obrera moderna: 

—Mucho pudiera decirse en torno al suceso cumbre de estos días. Lo que se nos presenta por el momento, en primer plano de nuestra atención, es este acontecimiento magno, según el cual, de una dictadura sanguinaria y despótica, pasamos a un régimen de democracia, de libertad ciudadana. De la noche a la mañana hemos pasado de un estado de tipo semifeudal a otro burgués avanzado.

El triunfo de la República española debemos celebrarlo, más que nadie, las mujeres. La instauración significa, o por lo menos debe significar, un indudable progreso, la posibilidad de que las mujeres obtengamos todos los derechos. Así lo esperamos al menos. 

La monarquía de los Borbones estuvo afianzada mayormente en la ignorancia y carencia de libertad de las mujeres. Interesaba entonces que la mujer viviera en el obscurantismo, y que no actuáramos ni en lo social ni en lo político. Así perpetuaron su reinado. Fueron las juventudes universitarias femeninas y las obreras de las fábricas quienes primeramente han comprendido que las actividades de la mujer son tan necesarias como las del hombre para la vida del género humano. Contra cualquier propósito contrarrevolucionario que intentase el régimen caduco y caído, las mujeres españolas haremos frente, salvaremos la República y la impulsaremos hacia soluciones de tipo cada vez más avanzado, hasta llegar a establer nuestra verdadera República: la República social. 


Matilde Huici 

Encuentro a Matilde Huici en plena actividad de trabajo febril. Las instituciones benéficas han sido totalmente abandonadas por sus aristocráticos favorecedores, y entre las mujeres encargadas de encauzar de nuevo, de organizar y de rehacer la Asistencia Social se encuentra en primer plano la ilustre abogada Matilde Huici, que trabaja terriblemente, incansablemente, expone su credo de laboriosidad, el mejor credo de estos instantes de reconstrucción: 

—¿Nuestra labor? En síntesis, trabajar. Trabajar conscientemente. Ante la mujer, la República abre nuevos horizontes. Al elevarla a un cargo público, implícitamente le ha reconocido la plenitud de derechos civiles y políticos. Seguramente en las Cortes le serán otorgados en su totalidad, sin esperar a la reforma del Código civil y sin excluir de ellos a la esclava de hoy: la mujer casada. 

Pero los derechos traen consigo la responsabilidad de los deberes al ejercitar aquéllos. Responsabilidad, conciencia de la responsabilidad. Quizá para algunas, para muchas, sea pesada carga. También lo fué la libertad para los esclavos manumitidos. Para la generación joven no lo será. Para las mujeres que van en la vanguardia de la lucha, tampoco. 

Preparación. La tradicional intuición de la mujer, esa intuición que por creerse suficiente, sin más preparación la llevó muchas veces al ridículo con el consiguiente descrédito —ejemplos: la Asamblea y los Municipios de Real orden—, perderá casi toda su importancia. La mujer se preparará como el hombre, y como él ayudará con su esfuerzo, no limitándolo al estrecho interés familiar, y sin abandonar éste hará que la familia deje de ser lastre que limite la elevación hasta el espacio sin límites del progreso de España. 


Matilde Muñoz
Crónica, 10 de mayo de 1931







3331. María Martínez Sierra funda en España una Asociación feminista

María Martínez Sierra funda en España una Asociación feminista de acentuado perfil europeo y de amplias orientaciones modernas. 

El fruto de una labor tenaz y entusiástica. 

Asistimos a la inauguración del local de la Asociación Femenina de Educación Cívica. Alegría desbordante, inusitada animación, mujeres llenas de entusiasmo, entre las que muchas ostentan nombres ilustres, privilegiados talentos. Arte, buen gusto, distinción, elegancia. Todo esto no es más que el fruto de una labor tenaz y de un esfuerzo inaudito. María Martínez Sierra, alma mater y genio tutelar de la Asociación, aparece entre las damas que pueblan los salones del espléndido local, sofocada, sonriente, incansable, feliz. Contempla su obra realizada, su gran obra feminista, romántica y práctica a un tiempo, con el amoroso deleite, con la intima satisfacción, con la sana, lógica y justificada alegría del creador de una cosa bella, útil, amable, simpática y necesaria. Saludamos a María. La felicitamos. Inquirimos: 

—¿Completamente satisfecha? 

—Satisfecha y contentísima. ¿No lo ve usted? ¿No hay sobrados motivos para estarlo? 

—¿Muchas asociadas? 

—Seiscientas. Pero dentro de poco seremos el doble, y llegaremos, con el tiempo, a sumar unos cuantos miles. Hay un entusiasmo indescriptible. 

—¿Finalidad primordial de la Asociación? 

—Primordiales, esencialísimas, dos. La primera, hacer una especie de hogar espiritual y material para las mujeres que trabajan. Un hogar que deben considerar todas las asociadas como el suyo propio. Esto, para la mujer de la clase media, resuelve muchos problemas. La segunda finalidad, crear una Escuela de Estudios Sociales para la mujer española. 

—¿Sometidas a un lema e ideario comunes? 

—El de reivindicación de sus derechos. El de preparar y capacitar a las mujeres para la vida fuera de sus casas —dentro de ellas pocas somos las que ignoramos y no cumplimos nuestros deberes puramente domésticos—, ya que el hogar tiende a salirse —y que se me perdone la paradoja— del hogar, para extenderse a ciertos radios y sectores de la vida pública. 

—¿Matiz político? 

—Ninguno determinado, ni impuesto. Cada una puede sustentar el credo político que le parezca mejor o más conveniente. Nuestra tendencia es, precisamente, preparar a la mujer para que adopte una posición política, si esto le interesa, con absoluto conocimiento de causa. Ya ve usted: en la Directiva de la Asociación hay señoras desde la extrema izquierda a la extrema derecha. Esto le demostrará que rechazamos la intransigencia y los exclusivismos de partido. 

—¿Tienen entusiasmo las asociadas por las disciplinas y actividades que les marca el reglamento? 

—Mucho. Y con gran satisfacción he sacado la consecuencia de que les gustan y preocupan, sobre todo, los problemas biológicos y sociales. Y mucho también los de carácter exclusivamente político. 

—¿Requisitos económicos para pertenecer a la Sociedad? 

—Se paga para ingresar una cuota de cinco pesetas y una mensual de dos pesetas. 

—¿Principales colaboradoras de usted en esta empresa? 

—Las maestras Julia Peguero y Mercedes Sardá, y la gran artista Pura Ucelay. 


La labor realizada por la Sección de Cultural de la Asociación Femenina de Educación Cívica. 

Durante el primer semestre de su actuación, la Asociación Femenina de Educación Cívica ha organizado varias clases, cursillos y conferencias. 

Los cursillos, en los cuales se explicaron amenas e interesantísimas lecciones sobre «Ejercicios intelectuales», «Biología», «Sugerencias sobre Platón», «Vulgarización del Derecho civil» y «Problemas pedagógicos», estuvieron a cargo de doña María Martínez Sierra, don José María de Otaola, doña Julia Peguero, don José María Requena y doña Mercedes Sardá, respectivamente. Así como las lecciones sobre «Concepto moderno del amor», por el doctor Juarros. 

Las conferencias fueron las siguientes; «Evolución de la ciencia», por don Rafael Campalans; «El sufragio en España», por doña Benita Asas de Manterola; «Concepción Arenal», por el doctor Goyanes; «Características fisiográficas de la Península hispánica», por el señor Hernández Pacheco; «La marcha de las ideas», por doña María de Maeztu; «Seguro de maternidad», por doña Isabel Oyarzábal de Palencia; «La belleza en la educación del sentimiento», por doña Julia Peguero; «Una vida ilustre de mujer: Madame Curie», por don Tomás Batuecas; «La ciencia del hogar», por doña Dolores Nogués; «La mujer en el trabajo profesional», por el doctor Torre Blanco; «Historia del vals», por la señorita Matilde Muñoz; «La mujer ante la nueva Constitución», por don Luis Jiménez de Asúa; «Electricidad y Medicina», por el doctor Fernán Pérez; «Gradación y matiz de los afectos», por el señor Peinador Porrúa; «El Romanticismo y los tiempos presentes», por don Pablo Turull; «Federación», por doña María Martínez Sierra; «La Constitución y los derechos del niño», por el doctor Miguel Hernández Cerra; «El amor y la poesía en la historia del Islam», por don Gonzalo de Reparaz; «Reflexiones sobre política», por doña Josefa Pons de Zamora, «El socialismo y la mujer», por don José Sanchís Banús, etc., etc. 

Las clases, encomendadas a competentísimos profesores de ambos sexos, son de Francés, Inglés, Lengua española. Música, Taquigrafía y Corte. 

La Asociación ha realizado también excursiones al Museo Arqueológico, con una conferencia de doña María Martínez Sierra sobre «La mujer en la civilización egipcia». Al Museo de Reproducciones Artísticas, con conferencia de la misma señora sobre «Historias y mitologías». A Toledo, con charla sobre «Toledo y el Greco», por don José María Torres. Y algunas más


Colofón y envío 

La Asociación Femenina de Educación Cívica tiene su domicilio social en Madrid, plaza de las Cortes número 6, piso primero izquierda. Para ingresar en la Asociación es necesario haber cumplido diez y seis años y ser presentada por dos de las señoras ya asociadas. Las horas de Secretaría son de doce a dos y de diez y nueve a veintiuna, todos los días no feriados. 

Señoras y señoritas de la Asociación Femenina de Educación Cívica: mi felicitación más cordial. Y gracias por su amable invitación. A ustedes sobre todo, María Martínez Sierra y Pura Ucelay, las hadas captadoras de la reprisse de la inauguración. Vuestro nido es tan delicioso, tan confortable, y está tan bien dispuesto para la meditación y el trabajo, que al abandonarle, algo le retiene a uno ya para siempre, con los hilos invisibles, pero fuertes como cadenas, de vuestra simpatía y de vuestro talento. 


Juan del Sarto
Crónica, 19 de junio de 1932








3329. Jornada Internacional de la Mujer 1937




Hoy, 8 de marzo, día en que florece más que nunca la esperanza de millones y millones de mujeres en el mundo. Día de trabajo, de esfuerzo, de renovadas iniciativas para la lucha.

A la mujer española le cabe el alto honor de enarbolar por sobre todas su bandera de emancipación y de combate. 

Hombro con hombro, al lado de los soldados del pueblo, el fusil al brazo, dispuesta a jugárselo todo en la contienda de la civilización contra la barbarie. Dispuesta a entregar su vida para conquistar el derecho a vivirla. Dispuesta a morir, si es preciso, para defender, frente a un pasado de ignominiosa esclavitud, un porvenir de felicidad y de justicia. 

Millares y millares de mujeres defienden en España la causa de la libertad de los pueblos, pues ellas saben, conscientemente, que es con el progreso social como hallarán su redención y la de sus hermanas de sexo y de clase. 

La valiente miliciana que empuña su fusil en las trincheras tiene el mismo temple heroico que la "stajanovista" de un taller que trabaja diez, doce, hasta catorce horas diarias para producir más y mejor con destino a los frentes. 

La muchacha que en los hospitales, con su blanca toca de enfermera, restaña las heridas sangrientas o acerca su vaso de agua a unos labios enfebrecidos y sedientos, hace tan magnífica labor como la que en las guarderías infantiles aleja de los ojos inocentes los aguafuertes sombríos de la guerra. 

La mujer del hogar que se aleja voluntariamente de su casa porque un decreto de evacuación se lo pide para las conveniencias de la guerra, la mujer que con pena de su corazón se desprende de su centro familiar, y dejando a su compañero se aleja de Madrid en procura de alimento y seguridad para sus hijos, trabaja también en beneficio de su sexo, porque trabaja, con el más abnegado y silencioso de los sacrificios para la victoria de nuestras armas, victoria que nos dará a todos, hombres y  mujeres, frutos maduros de libertad, de bienestar y de justicia. 

Hoy, Día Internacional de la Mujer, la mujer española hace ondear, en el tope de la fortaleza más gloriosa del mundo, su bandera de emancipación y de combate. 

Y levanta, como ejemplo imperecedero y magnífico el nombre de sus ardientes heroínas, caídas en la pugna enconada y sangrienta contra la opresión: Aída Lafuente, Lina Odena, Paca Solano, y, entre tantas otras, la más humilde de todas: Encarnación Jiménez, la vieja lavandera malagueña, fusilada por orden de los generales facciosos y a la que, en día acaso no lejano, mujeres de todos los rincones del mundo iremos a llevar una flor y un recuerdo al pie del monumento que habrá de perpetuarla en mármol o en piedra, en la misma tosca piedra de su tosca vida proletaria.

¡Salud, Encarna Jiménez! En las aguas del Guadalmedina no volverás a lavar las ropas sangrientas de tus milicianos; pero, al rumor de sus aguas, otras mujeres, ya libres, cantarán, al correr de los años, el romance de tu muerte gloriosa y de tu sacrificio. 


María Luisa Carnelli
Ahora, 8 de marzo de 1937







3313. Tres mujeres que intervienen activamente en la política de Cataluña III. María Teresa Gibert

Hemos creído interesante dar a conocer, por medio de unas breves preguntas, la opinión que tienen sobre algunos asuntos políticos de marcado interés —como el Estatuto— las mujeres catalanas; es decir, las más destacadas y más preparadas para triunfar en tan arduo empeño. Voces que llegan de Cataluña, con un noble afán de cordialidad y de comprensión, son las de estas mujeres, lector. 

María Teresa Gibert —audacia, voluntad, entusiasmo— milita en la «Esquerra» de Maciá. 

—¿Qué obra social cree usted que debe emprender con más urgencia la mujer? 

—Despertar en ella el sentido de responsabilidad que tiene de estimularla para que intervenga en la vida pública, y entonces, impulsada por su sensibilidad más acusada, informar las obras de «Asistencia Pública», para que tengan todo el sentido de una verdadera Asistencia y no sean unos organismos burocráticos, fríos y faltos de toda sensibilidad. 

—¿Qué porvenir reserva usted al feminismo? 

—Sin grandes diferencias, el mismo que ha tenido en los demás países: que juntamente con los hombres se ampliará la legión ciudadana con unos mismos derechos y deberes. Eso ha de producirse así, parque la mujer no ha de crear su partido político, hoy que con el feminismo ya es triunfante, sino que le basta sólo con actuar, y al hacerlo puede dirigir o en gran manera orientar la política de los pueblos. 

—¿Qué opinión tiene de las mujeres de nuestro Parlamento? 

—Que han demostrado la capacidad de la mujer para la política, y, como precursoras de un movimiento, han sido un exponente eficaz para que en las Cortes triunfaran plenamente nuestras aspiraciones. 

—De llegar a ser diputada, cuáles serían sus primeras aspiraciones? 

—Resulta muy difícil contestar a esta pregunta. De todos modos, si llegara el caso, procuraría hacerme mías en su espíritu aquellas palabras históricas que pronunciara un día Alicia Massaryk en su primera interpelación en el Parlamento checoeslovaco, indignada de que se invirtiera el tiempo en discusiones estériles: «¿Por qué no dedicar vuestras actividades al bien de la patria, a la protección de la infancia? Nuestros niños están abandonados. No tenemos para ellos asilos ni hospitales. Antes de quince días necesito que esta Cámara haya proporcionado medios para favorecer a los niños abandonados en la miseria, expuestos a la muerte.» 

—¿Qué cree usted respecto a la suerte que puede tener el Estatuto de Cataluña? 

—Creo que las Cortes que han hecho la Constitución no dejarán de aplicarla en toda su integridad, y cono mujer que he recibido de ellas tantos derechos, no puedo suponer que les falte comprensión, esta vez, para resolver el pleito de Cataluña como una cosa constitucional, que cuando fué el momento ya supieron encauzar jurídicamente. 

—¿Qué mujer, políticamente, merece más su admiración? 

—Salvando las ideas y las distancias, siento una ferviente admiración por Teresa de Jesús y por Rosa Luxemburgo. Dos mujeres de una potencia intelectual formidable y de una actividad proselitista ejemplar.


Ana María Martínez Sagi
Tres mujeres que intervienen activamente en la política de Cataluña. Leonor Serrano, Ana Muriá y Teresa Gibert
Crónica, 22 de mayo de 1932









3311. Tres mujeres que intervienen activamente en la política de Cataluña II. Ana Muriá

Hemos creído interesante dar a conocer, por medio de unas breves preguntas, la opinión que tienen sobre algunos asuntos políticos de marcado interés —como el Estatuto— las mujeres catalanas; es decir, las más destacadas y más preparadas para triunfar en tan arduo empeño. Voces que llegan de Cataluña, con un noble afán de cordialidad y de comprensión, son las de estas mujeres, lector. 

Ana Muriá —espíritu comprensivo, recto, corazón apasionado por todo cuanto a nuestra tierra hace referencia— es del Partido Catalanista Republicano. 

—¿Cuál es, a su juicio, la obra social que con más urgencia ha de emprender la mujer? 

—En este momento, las costumbres y los clásicos conceptos morales se hallan en plena transformación, y, por lo tanto, en revoltijo con costumbres y conceptos modernos y ultramodernos. Como siempre, hay aquí los aprovechados que pescan en río revuelto y, con el nombre de modernidad, dan rienda suelta a sus tendencias excesivas. La mujer debe abreviar este período de transformación, luchando por destruir rápidamente los viejos y nuevos prejuicios, y para establecer definitivamente la justa y pura expresión moral, basada en el respeto fervoroso, sencillo y noble a la madre Naturaleza. 

—¿Qué porvenir le augura al feminismo? 

—El feminismo ha de desaparecer, siendo asimilado completamente por el humanismo. 

—¿Cuál es su opinión sobre las mujeres que tienen hoy una representación en el Parlamento?

—Victoria Kent y Clara Campoamor representan un enorme esfuerzo y un fruto óptimo del feminismo español. 

—¿Qué suerte cree que correrá el Estatuto de Cataluña?

—El apoyo decidido, constante y firme que los catalanes hemos prestado y prestamos a la República Española demuestra sobradamente la fe que tenemos en ella.

—¿Qué mujer política, figura internacional, admira usted más?

—La esposa del Mahatma Gandhi. 

—De ser usted diputada, ¿en qué sentido seguiría su actuación? 

—Supongamos, si usted quiere, que yo en este momento ocupo un cargo público. ¿Qué haría? Mi partido, como todos los partidos, tiene su programa de gobierno, con el cual mis sentimientos se hallan, como es natural, completamente de acuerdo. Si yo fuese diputado, o concejal, por lo tanto, ceñiría mi actuación a las normas de este programa y a las necesidades de mis electores. No concibo que pueda obrarse de otra manera. Hay hombres que consideran el acta como una propiedad; olvidan que el lugar que ocupan pertenece únicamente a los que le han elegido para ocuparlo, que su persona no es su individualidad, sino que es la representación de una multitud de ciudadanos cuya voluntad es soberana. Si no se cree capaz de respetar esa voluntad y de asumir esa representación, no debe aceptar el cargo. A mí me parece la mayor vergüenza para un hombre que ocupa un cargo público una censura de sus electores. El hecho del político que, una vez adquirida el acta, se pasa con ella a otro partido, abandona los principios que prometió respetar, para entregarse a otros, que quizá no aprueba el pueblo que le eligió, me repugna, pues aquel hombre hace uso ad líbitum de lo que no le pertenece, y es desleal con los que depositaron en él su confianza.


Ana María Martínez Sagi
Tres mujeres que intervienen activamente en la política de Cataluña. Leonor Serrano, Ana Muriá y Teresa Gibert
Crónica, 22 de mayo de 1932