Lo Último

Elegía del muerto juvenil

Mª del Carmen García Lasgoity, Federico García Lorca, Isabel García Lorca y Jacinto Higueras - Santander, agosto de 1935


A Federico García Lorca

Has muerto. Y todavía
Te envolvías en un aire tembloroso
De promesa y sonrisa
Has muerto. Y todavía
Tu risa era un torrente
De vida no vivida
¡Oh corazón que, ligero
Flotaba como un niño adormecido
Sobre el agua cambiante del momento!
¡Oh corazón nunca hastiado,
No cargado de dolores y experiencia,
No maduro ya de muerte y preparado! 
¡Oh corazón, cada día
Nuevo como la maravilla
De la vida rubia que, imprevista
Nace con un rumor de frondas y carreras
Y persigue, y burla, escapa
Y vuelve, y ríe, y tiembla! 
Has muerto. Y todavía
Brillaba en tus ojos la sorpresa
De vivir, de tener
Un nombre, un cuerpo, un tiempo,
Un amor no agotado
Para esta variedad de días claros.
Has muerto. Has muerto, compañero
Y hoy todavía te veo
Aturdido, preguntando
Inocente, sí es cierto.


Gabriel Celaya
Zaragoza, 19 de diciembre de 38



En un lugar cualquiera, un día que no nombro (tres poemas inéditos sobre Federico García Lorca)
Edición de Antonio Chicharro Chamorro), Diputación de Granada, 2008







2880. Badajoz se entrega a los legionarios y a los “regulares” marroquíes / Badajoz está entregue aos legionarios e aos “regulares” marroquinos




(Traducción al castellano de Gabino Alonso)

Mario Neves

Frontera de Caía, 15 (por teléfono).- Soy el primer periodista portugués en entrar en Badajoz después de quedar la ciudad en manos de los rebeldes. Acabo de presenciar un espectáculo de desolación y pavor y que no se borrara fácilmente de mis ojos.

Ayer, al finalizar la tarde, en las proximidades de la ciudad fronteriza, se dejó de escuchar el pequeño cañón, lo que nos dió a conocer que la plaza estaba ya en las manos de los rebeldes. Un silencio trágico, un silencio de muerte, envolvía a distancia el caserío. Realizamos esfuerzos para poder entrar en la capital extremeña. Nadie nos quería acercar, por miedo a los legionarios, que aún debían estar bastante excitados por la victoria

De madrugada, en la frontera…

Hoy, a las dos de la madrugada, con dos periodistas franceses que se encontraban aquí, Marce Dany, de "Havas" y Jacques Berthet, de "Temps". Hicimos una tentativa para forzar la “consigne”. Atravesamos la frontera y hablamos con los carabineros del puesto español, que intentaron disuadirnos de nuestro propósito. Numerosos falangistas aguardaban también con sus coches la hora propicia para entrar en la ciudad. Un muchacho entusiasta de la causa nacional se prestó a conducirnos, pero su jefe se lo prohibió terminantemente.

Telefoneamos a todos los hoteles de Badajoz, con la esperanza de encontrar a alguno de nuestros camaradas, que venidos desde Sevilla, habrán entrado con las columnas de los rebeldes. La ciudad está de hecho, tomada, pero ningún periodista extranjero consiguió aún la autorización para acceder a sus viejas murallas.

Nos ponemos en comunicación con la Comandancia militar, que, después de numerosas solicitudes, nos conceden la deseada autorización.

Eran las tres de la madrugada, teníamos autorización para continuar, pero no disponíamos de un automóvil que nos llevase. La noche, a pesar de ser estrellada, estaba en oscuridad total. Intentar el viaje a pie era una temeridad inútil. Por eso decidimos esperar hasta la mañana.

Badajoz a la vista

Eran las nueve y media cuando conseguimos, finalmente, coger el primer automóvil de falangistas que partía para la ciudad.

Al entrar por la Puerta de Palma, los marroquíes estaban de centinelas, los falangistas que nos acompañaban nos sirvieron de salvoconducto.

Nos dirigimos inmediatamente a la Comandancia militar, en cuya recepción había un gran movimiento. Alterada después de días de sucesivos bombardeos, la población salió a la calle. Se ven banderas blancas en casi todas las ventanas. Las mujeres están vestidas de luto. Las calles presentan un aspecto desolador, llenas de destrozos de los bombardeos. Los camiones de las columnas rebeldes impiden el transito. Llegan cargados de material bélico y de ingeniería, para abrir trincheras, construir puentes y reparar carreteras.

Junto a la paredes de la Comandancia, la calle estaba salpicada de sangre

El aspecto de la ciudad

Recorremos la ciudad rápidamente. Los estragos causados por los bombardeos son importantes. Verificamos, sin embargo, que no hubo muchos incendios. Solo el Teatro Lópes de Ayala se encontraba completamente destruido por el fuego. Próximo a este, está el Hospital Provincial, donde cayeron algunas bombas de aviación que destruyeron varias salas. Me informan entre tanto, que los pacientes fueron desalojados de allí antes de comenzar los bombardeos.

Nos dirigimos enseguida a la plaza de toros, donde se concentraban los camiones de las milicias populares. Muchos de ellos estaban destruidos. Al lado se ve un carro blindado con la inscripción “Frente Popular. D. Benito. Nº 10“.

Este local fue bombardeado varias veces. En la arena aun quedan algunos cadáveres, lo que da a la plaza un aspecto macabro de teatro anatómico. Aquí y allí hay algunas bombas por explotar, lo que hace difícil y peligrosa una visita en profundidad.

Estamos ahora en la calle Ramón Albarrán, que es una de las más sacrificadas por el bombardeo aéreo. El edificio donde está instalado el "centro obrero" es ahora un cuartel de "Falange Española". Jóvenes falangistas armados vigilan la entrada.

Vamos andando hasta el barrio de San Andrés, un aglomerado de casas pobres, donde vivía gente humilde, y que fue uno de los que más sufrió los bombardeos aéreos. Las muros de algunas habitaciones aun se conservan en pie, pero los interiores de las viviendas están casi completamente destruidos.

Por entre las ruinas, removiendo montañas de destrozos, pobres mujeres recogen inútilmente sus enseres, gimiendo y llorando su desgracia.

¡Vean, vean, en que estados quedo nuestra casa!

Hiela el corazón ver a esa humilde gente, que se lamenta, con la mirada reflejando el pavor de la tragedia que acaban de vivir.

Junto a las murallas

Llegamos, finalmente a “Puerta Trinidad”, uno de los puntos por donde entraron ayer los legionarios, en un arranque memorable, que quedará en los anales militares del Tercio.

Las murallas están todas protegidas por sacos de arena, junto a los cuales se ven los centenares cartuchos de las balas que se dispararon, lo que demuestra que la resistencia estaba a la altura

Del ataque en valentía y tenacidad, algunos cadáveres aun no han sido retirados.

La catedral, en cuyas torres habían sido colocadas ametralladoras, está bastante dañada.  En la nave central, dos cadáveres aguardan aun sepultura.

En el palacio episcopal, donde estaba instalada la federación socialista, los estragos son también considerables. Otros edificios  sufrieron igualmente con el bombardeo, que durante tres días batió sin tregua la ciudad, abreviando así su inútil resistencia.

Como trascurrió el ataque

En la comandancia militar, somos recibidos amablemente por un capitán del tercio, que nos describe el ataque a la ciudad. Tres columnas tomaron parte en ella: una de "regulares” marroquíes, comandada por el teniente coronel Ascensio, otra de legionarios, al comando de Castejón  y otra de “regulares” comandada por De Oro. El teniente coronel Yagüe dirigió personalmente el ataque, que comenzó antes de ayer por la noche, intensificándose aun más ayer. De aquellas columnas, solo dos actuaron: la de Ascensio y la de Castejón. La otra se mantuvo en la retaguardia, para actuar ante cualquier eventualidad. Los hombres de Castejón entraron en la ciudad por el cuartel de Menacho, a través de una brecha en la muralla. La otra columna forzó la entrada también por una abertura que existe próxima a la carretera de Mérida. Fue esta la que tuvo más bajas.

La primera compañía que avanzó estaba constituida por 120 hombres. Los adversarios se defendieron como leones. Los legionarios dieron entonces una carga de bayoneta que es considerada como el reto más notable que el tercio ha realizado en toda su existencia. Fue una arrancada brillante, que llevo a la derrota de los últimos defensores de Badajoz.

Solo esta compañía tuvo 80 bajas, entre las cuales más de 25 resultaron muertos. De sus cinco oficiales, dos murieron y los tres restantes quedaron gravemente heridos.

Este ataque comenzó ayer a las 16.30 horas y se prolongó hasta cerca de las 19 horas. Las dos columnas que atacaron estaban compuestas cada una por dos “banderas” del tercio y por un “tabor” de regulares marroquíes, con un total de 2.500 hombres. Solo ayer estas dos columnas consiguieron reunificarse, pues avanzaban cada una por su lado.

Por el camino, se les juntaron varios “requetés” y numerosos falangistas, a los que era confiada la policía y guarda de las poblaciones que iban siendo tomadas.

Aviones sobre la ciudad

Poco antes del mediodía, cuando nos encontrábamos fuera de las puertas de la ciudad, próximos a un riachuelo que aun estaba llenos de cadáveres, se escucho el roncar de los aviones, a gran altura.

Sobre la ciudad. Los legionarios y los regulares, que ocupaban varios puntos fuera de la ciudad, se reunían rápidamente, a un toque vibrante de clarin.

Poco después, los aviones pasaban por encima nuestra, muy altos sobre el cielo azul, desplegando el terror sobre la población, Eran aviones gubernamentales que venían desde Madrid y que dejaban caer algunas bombas, sin resultados, porque ninguna dio en el clavo, perdiéndose en campos próximos, después de levantar grandes polvaredas de tierra y metralla.

Escuchando al coronel Yagüe

Estábamos de nuevo en la Comandancia, donde conseguimos llegar junto al teniente coronel Yagüe. Es un hombre alto, fuerte, de pelo grisáceo, que está visiblemente atareado, recibiendo constantemente notas de sus oficiales y dando ordenes rápidas.

Nos recibe de pie y nos indica que esta muy satisfecho con el resultado obtenido ayer por las fuerza a su mando. Y recalco: 

La acción del ejercito sublevado que ayer se desenvolvió a las puertas de Badajoz fue la más importante desde que empezó la revolución.

Le preguntamos si había muchos prisioneros, Nos respondió que si y nos informó que se  requisaron 3.000 escopetas de cañón largo, algunas ametralladoras y una pequeña batería de cañones

Y fusilamientos…,  dijimos nosotros. Hay quien habla de dos mil….

El comandante Yagüe mira para nosotros, sorprendido con esta pregunta, y declara:

No deben ser tantos.

¿Van a quedarse aquí mucho tiempo?

Mi deseo es partir para Madrid en cuanto pueda.

¿La campaña será larga ?

Con una sonrisa, termina sus breves declaraciones.

No, ellos corren mucho….

Más tarde, en torno a las 13.30, las campanas de la catedral repicaron y se escuchó el agudo sonido de una sirena. Eran dos aviones gubernamentales que se aproximaban, lo que obligó a la población a esconderse en los refugios. Estos sin embargo, cruzaron el cielo tranquilamente y alejaron sin dejar caer ninguna bomba.

Pero los “raids” no cesan. A las 15.30, nuevos aviones de Madrid volaron sobre la ciudad, volviendo a perderse a lo lejos sin dejar rastro.

Eran las 16.30 cuando conseguí regresar al Caía. Fue el nuevo alcalde de la ciudad, nombrado por el gobierno de Burgos, quien me facilito el trasporte. Quiso requisar un automóvil, pero no había ninguno requisable, providencialmente apareció un falangista que se ofreció para acercarme hasta la frontera donde telefoneo a toda prisa estas notas tomadas nerviosamente, que no conseguirán dar una idea real del espectáculo de desolación y del horror que vieron mis ojos.

Fueron pegados editoriales declarando el estado de guerra en todo el territorio de la provincia y determinando que quedan sujetos al código de justicia militar todos aquellos que intentaran alterar el orden u oponerse por cualquier medio a las decisiones de las autoridades.

Un gran silencio envuelve toda la ciudad, que acaba de sumirse en una tremenda pesadilla.



*


Mario Neves

Fronteira do Caía, 15. (Pelo telefone).- Sou o primeiro jornalista portuguès a entrar em Badajoz depois da queda da cidade em poder dos revoltosos. Acabo de presenciar um espectaculo de desolação e de pavór que não se apagará tão cedo dos meus olhos.

Ontem, ao fim da tarde, para os lados da cidade fronteiriça, deixo de se ouvir o canhoncio, o que nos levou ao conhecimento de que a praça aira nas mãos dos rebeldes. Um silencio tragico, um silencio de morte, envolvia a distancia o casario. Tentámos esforços para entrar na capital estremenha. Ninguem nos queria conduzir, com reccio dos legionarios, que deviam estar ainda bastante excitados pela vitoria.

De madrugada, na fronteira…

Hoje, ás duas horas da madrugada, com dois jornalistas franceses que aqui se encontram, Marce Dany, de “Havas”, y Jacques Berthet, de “Temps”. Fiz mais uma tentativa para forçar “consigne”. Atravessámos a fronteira conversámos com os carabineros do posto espanhol, que procuraram dissuadir-nos do nosso proposito. Numerosos falangistas aguardavam tambem com os seus carros a hora propicia para entrar na cidade. Um moço entusiasta da causa nacionalista prontificou-se a conduzir-nos, mas o chefe proibiu-lho terminantemente.

Telefonámos então para todos os hoteis de Badajoz, na esperança de encontrarnos alguns dos nossos camaradas que, vindos de Sevilha, alitivessem entrado com as colunas dos rebeldes. A cidade está, de acto, tomada, mas nenhum jornalista estrangeiro consguiu ainda autorização para transpór os suas velhas muralhas.

Poem-nos em comunicação com a Comandancia militar, que, ao cabo de muitas solicitações, nos concede a desejada autorização.

Eram trés horas da manhã. Tinhamos autorização para seguir, mas não tinhamos automovel que nos levasse. A noite, a-pesar-de estrelada, estava escura como breu. Tentar a viagem a pé era uma temeridade inutil. Por isso resolvemos aguardar até de manhã.

Badajoz á vista!

Eram nove e meia quando conseguimos, finalmente, tomar lugar no primeiro automovel de falangistas que ia partir para cidade.

A’ entrada, na Porta de Palma, os marroquinos estavam de sentinela. Servem-nos de salvo-conduto os falangistas que nos acompanham.

Dirigimo-nos mediatamente á Comandancia militar, em cujo largo fronteiro se nota grande movimento. Ennervada por alguns dias de sucesivos bombardeamentos, a população saiu para a rua. Véem-se bandeiras brancas em quasi todas as janelas. Passam mulheres vestidas de luto. As ruas apresentam um aspecto desolador, cheias de destroços do bombardeamento. Os camiões das colunas rebeldes impedem o transito. Vém carregados de material de guerra e de engenharia, para abrir trincheiras, construir pontes, reparar estradas.

Junto das paredes da Comandancia a rua está salpicada de sangue.

Conseguimos falar com o chefe falangista local, Agustin Caranda, que nos deu todas as facilidades para circular na cidade, pois nota-se ainda uma ceta confusão e há que contar sempre com uma surpresa.

O aspecto da cidade

Percorremos a cidade rapidamente. Os estragos causados pelo bombardeomento são importantes. Verificámos, no entanto, que não houve muitos incendios. Só o Teatro Lopez de Ayala se encontra completamente destruido pelo fogo. Proximo dele, está o Hospital Provincial, onde cairam algumas bombas de avião que destruiram varias enfermarias. Informam-me, no entanto, que os doentes foram retirados dali antes de começar o bombardeamento.

Dirigimo-nos em seguida á praça de touros, onde se fazia a concentração dos camiões das milicias populares. Muitos deles estão destruidos. Ao lado vé-se um carro blindado com a inscrição “Frente Popular. D. Benito. Nº 10“.

Este local foi bombardeado varias vezes. Na arena véem-se ainda alguns cadaveres, o que dá á praça um aspecto macabro de teatro anatomico. Ha ainda, aqui e acolá, algumas bombas por explodir, o que torna dificil e perigosa uma visita mais atenta.

Estamos agora na Calle Ramon Albarran, que foi uma das mais sacrificadas pelo bombardeamento aereo. No edificio onde estava instalado o “centro obrero”, é agora o quartel da “Falange Española”. Jovens falangistas armados guardam a entrada.

Vamos andando até ao bairro de Sanio André, aglomerado de casas pobres, onde vivia gente humilde, e que foi um dos que mais sofreram com os bombardeamentos aereos. As paredes dalguma habitações ainda se conservam de pé, mas os interiores das casas ficaram quasi completamente destruidos.

Por entre as ruinas, removendo himalaias de destroços, pobres mulheres procurm inutilmente os seus haveres, gemendo o chorando a sua desgraça.

Vejam! Vejam, em que estado ficou a nossa casa!

Corta o coração ouvir essa gente humilde, que se lamenta, com o olhar ainda apavorado da tragedia que acaba de viver.

Junto das muralhas

Chegamos, finalmente, a “Puerta Trinidad”, um dos pontos por onde entraram ontem os legionarios, numa arancada heroica, que ficará memoravel nos anais militares do Tercio.

As muralhas estão todas protegidas por sacos de arela, junto dos quais se véem centenas de capsulas das balas que se dispararam, o que demonstra que a resistencia estava á altura do ataque em valentia e em tenacidade. Alguns cadaveres ainda não foran retirados.

Sucedeu o mesmo na calle de S. Juan, proximo da qual foram passados pelas armas os milicianos que cairam em poder dos rebeldes.

A catedral, em cuja torre tinham sido colocados metralhadoras, está bastante danificada. Na nave central, dois cadaveres aguardam ainda sepultura.

Ha trés dias, quando a cidade começou a ser bombardeada, uma parte da população refugiou-se alt.

No palacio episcopal, onde estava instalada a Federação Socialista, os estragos são tambem consideraveis. Outros edificios sofreram igualmente com o bombardeamento, que durante trés dias bateu sem traguas a cidade, abreviando a sua resistencia inutil.

Como decorreu o ataque

Na Comaniancia militar, somos recebidos amavelmente por un capitão do Tercio, que nos descreve o ataque á cidade. Trés colunas tomaram parte nele: uma de "regulares” marroquinos, comandada pelo tenente-coronel Ascensio, outra de legionarios, sob o comando de Castejon e ainda outra de comandada por De Oro. O tenente-coronel Yague dirigiu superiormente o ataque, que começou ante-ontem á noite, mas que só ontem se intensificou. Daquelas colunas, só duas actuaram: a de Ascensio e a de Castejon. A outra conservou-se na rectaguarda, para qualquier eventualidade. Os homens de Castejon entraram ne cidade pelo quartel de Menacho, através duma brecha aberta na muralha. A outra coluna forçou a entrada tambem por uma abertura que existe proximo da estrada de Merida. Foi esta que teve mais baixas.

A primeira companhia que avançou era constituida por 120 homens. O adversario defendia-se como um leão. Os legionarios deram então uma carga á baioneta que é considerada por que o Tereto tem feito desde a sua todos a mais notavel que o Tercio tem feito desde a sua existencia. Foi uma arrancada brilhante, que levou de vencida os ultimos defensores de Badajoz.

Só esta companhia teve 80 baixas, entre as quais mais de 25 mortos. Dos seus cinco oficiais, dois morreram e os restantes trés ficaram gravemente feridos.

Este ataque començou ontem ás 16 e 30 e prolongou-se até cérca das 19 horas. As duas colunas que atacaram eram compostas cada uma por duas “banderas” do Tercio e por um “tabor” de regulares marroquinos, num total de 2.500 homens. Só ontem as duas colunas conseguiram juntar-se, pois avançavam cada uma por seu lado.

Pelo caminho, juntaram-se-lhes varios "requetés" e numerosos falangistas, aos quais era confiada a policia e a guarda das povoações que iam sendo tornadas.

Aviões sobre a cidade

Pouco antes do medo dia, quando nos encontravamos fora dos portas da cidade, proximo dum riacho que estava ainda juncado de cadaveres, ouviu-se o rncar dos aviões, a grande altura, sobre a cidade. Os legionarios e os regulares, que ocupavam varios pontos fora da cidade, reuniram-se á pressa, a um toque vibrante de clarim.

Dali a pouco, os aviões passavara sobre nós, muito aitos no ceu azul, espalhando o terror entre a população. Eram aviões governamentais que vinham de Madrid e que deixaram cair algumas bombas, sem resultado, porque nenhuma delas certou no alvo, perdendo-se nos campos proximos, depois de levantarem geiers de terra e de metralha.

Ouvindo o coronel Yagüe

Estamos de novo na Comandancia, onde conseguimos chegar até junto do tenente-coronel Yague. E’ um homem alto, forte, de cabelos grisalhos, que está visivelmente atarefado, receendo constantemente notas que os seus oficials lhe entregam e dando ordens rapidas.

Recebe-nos de pé e declara-nos logo que se encontra muito satisfeito com o resultado que as forças do seu comando conseguiram ontem.

A acção do exercito sublevado que ontem se desenvoiveu ás portas de Badajoz foi a mais importante desde que rebentou a revolução.

Preguntámos-lhe se havia muitos prisioneiros. Respondeu-nos que sim e informou-nos que se aprenderam 3.000 espingar das, algumas metralhadoras e uma pequena bataria de canhõnes de tajantaria.

E fuzilamentos…, dissémos nós. Ha quem fale em dois mil…

O comandante Yangue olha para nós, surpreendido com a pregunta, e declara:

—Ñao devem ser tantos.

Vão ficar aqui muito tempo?

O meu desejo é partir logo que possa para Madrid.

A campanha será longa?

Com um sorriso, que fech as suas breves declarações:

Não. Eles correm muito…

Mais tarde, por volta das 13 e 30, os sinos da catedral repicaram e ouviase o silvo agudo duma sereia. Eram mais dois aviões governamentais que se aproximavam, o que obrigou a população a esconder-se nos abrigos. Estes, porém, cruzaaram o ceu serenamente e afastaram-se sem deixar cair nenhuma bomba.

Mas os “raids” não cessam. A’s 15 e 30, novos aviões de Madrid voaram sobre a cidade, voltando a perder-se ao longe sem dar sinal de si.

Eram 16 e 30 quando consegui regressar ao Caia. Foi o novo alcalde da cidade, nomeado pelo Governo de Burgos, que me facilitou o transporte. A principio, quis requisitar um automovel, mas não havia nenhum requisitavel. Providencialmente, apareceu um falangista que se ofereceu para me conduzir á fronteira donde lhes telefono á pressa estas notas redigidas nervosamente, que não conseguirão dar uma idéa palida do espectaculo de desolação e de horror que os meus alhos viram.

Foram afizados editais declarando o estado de guerra em todo o territorio da provincia e determinando que ficam sujeitos ao Codigo de Justiça Militar todos aqueles que tentarem alterar a ordem ou opór-se, por qualquer meio ás determinações das autoridades.

Um grande silencio envolve ao longe a cidade, que acaba de acordar dum tremendo pesadélo.
















2879. Relámpagos de fuego sanguinario

Raúl González Tuñón
(Buenos Aires, 29 de marzo de 1905 - 14 de agosto de 1974)



A Raúl González Tuñón

Raúl, si el cielo azul se constelara
sobre sus cinco cielos de raúles
a la revolución sus cinco azules
como cinco banderas entregara.

Hombres como tú eres pido para
amontonar la muerte de gandules,
cuando tú como el rayo gesticules
y como el rayo al rayo des la cara.

Enarbolado estás como el martillo,
enarbolado truenas y protestas,
enarbolado te alzas a diario

y a los obreros de metal sencillo
invitas a estampar en turbias testas
relámpagos de fuego sanguinario.


Miguel Hernández
España, diciembre de 1935






2878. El miliciano Arturo de la Rosa, de las Juventudes Unificadas

El miliciano Arturo de la Rosa (Fotografía de Vicente López Videa/Mundo Gráfico)



Las tres heridas de un miliciano de la Juventud Unificada 

En uno de los frentes de la Sierra, donde tantos milicianos se han destacado de modo brillante por su arrojo, cayó herido el soldado popular Arturo de la Rosa perteneciente a la Juventud Unificada.

Desde el mismo sábado 16 de Julio, en que se inició la sublevación militar, está el joven miliciano al servicio del Gobierno de la República. Fueron aquellas en que la rebelión se iniciaba unas horas angustiosas, de hondo dinamismo organizador, durante las cuales la Juventud Unificada —destacada por su heroísmo el primer momento—, sin perder la serenidad, trabajó de modo incansable y certero para lograr la conjuración del peligro de aquellos momentos. Corrían los más encontrados rumores,  las más opuestas y absurdas profecías, lanzadas a volar por los que también en la retaguardia ejercen su ofensiva de «paqueo» fabricando y echando a volar el rumor, y los jóvenes milicianos, con un estupendo sentido de guerrilleros eficaces, adoptaron una serie de medidas que más tarde, en el momento oportuno de su ejecución ofrecieron un magnífico resultado.

Con la Juventud Unificada —nervios de acero, arrojo reflexivo, decisión inquebrantable de vencer—estuvo Arturo de la Rosa desde el primer fomento. La noche de aquel sábado inolvidable y todo el día siguiente los pasó el joven miliciano acuartelado en la Casa de Campo a la expectativa de los acontecimientos que se iniciaban y que luego habrían de cristalizar plenamente en la sublevación de algunos cuarteles de Madrid, en la mañana del lunes. A sofocar uno de aquellos focos acudió Arturo de Rosa enrolado en un batallón de Milicianos formado por la Juventud. Fueron aquellas seis horas de combate peligroso, de lucha heroica, sin un desmayo, hasta lograr la rendición de los cuarteles del Campamento de Carabanchel. Luego, dominado aquello, el soldado popular partió para la Sierra, en uno de cuyos frentes, en la línea de mayor peligro, ha sido herido hace pocos días por tres balas de ametralladora. 


*


Todo esto nos lo han contado algunos camaradas y amigos del heroico miliciano, porque él, a quien hemos ido a ver a su casa, donde convalece de sus heridas, no quiere hablar del asunto. 

Se escuda en su deseo de pasar inadvertido, en su inapetencia de publicidad, en un propósito insobornable de quitarle importancia a su gesto y a su gesta. 

—Lo que hagamos nosotros—nos dice—apenas tiene importancia, porque esa es nuestra obligación. Es a la organización a que pertenezco a la que corresponden los méritos que podamos contraer sus miembros. Ella es la que organiza, la que ordena, la que lucha. Hable usted de la Juventud Unificada; el mío es uno de tantos casos de los que a diario ofrece en el campo de lucha esa Juventud, a la que pertenezco con orgullo. 

Lo que para Arturo de la Rosa apenas tiene importancia es nada menos que todo esto, sacado del laconismo frío de un parte oficial, surcado, sin embargo, por río hondo y ancho de emoción: tres heridas graves de ametralladora: una en la rodilla, otra en el hombro izquierdo y otra en la cabeza, que necesitarán muchos días para curar definitivamente, si es que no dejan al final la impronta imborrable de una imperfección física. Tres heridas sufridas en el frente, cuando sin hacer caso de la lluvia de balas enemigas se disponía a tomar un coche con otros compañeros, después de haber establecido un arriesgado y eficaz servicio de alambradas.

—El mejor librado fui yo —nos dice Arturo de la Rosa, insistiendo en quitar importancia a su actuación—. Dos camaradas cayeron allí para siempre. Y otros cinco fueron heridos de consideración. 

—¿Recuerda usted cómo fué aquel ataque del enemigo? 

—No. Caían tantas balas en aquel momento, que no pude darme cuenta del lugar de donde venían las que me hirieron. De lo que pasó después, tampoco puedo acordarme, porque hasta que transcurrieron muchas horas no recobré el conocimiento. Cuando esto ocurrió estaba ya en la sala número 21 del Hospital Provincial. 

Por cierto —continúa— que ahí sí que tiene usted un motivo auténtico para el elogio, en la labor callada y magnífica que desarrollan las camaradas del Comité de nuestro Radio, dirigidas por la camarada María Aviñó, que hace unos días marchó a Zaragoza. Esas mujeres abnegadas están haciendo por el triunfo de la República, en la retaguardia, una labor tan admirable como la de los milicianos de la vanguardia.

Después de esto, el joven miliciano se escuda en un silencio que quiere hacer definitivo. Una nueva guerrilla de preguntas consigue arrancarle estas nuevas palabras: 

—Si por algo me duelen estas heridas es porque me impiden regresar al frente. Aun con ellas quise, hace unos días, unirme a la columna agregada al Batallón de Acero, que partió para la Sierra; pero los médicos no me dejaron. Habrá que tener paciencia y esperar. 

Y al decir esto, Arturo de la Rosa mira al fusil, inactivo en un rincón de su casa, con ojos melancólicos. 


Mundo Gráfico, 12 de agosto de 1936






2877. Se está formando en Madrid un batallón de mujeres




Hay  mujeres luchando en el frente de la Sierra, mezcladas a los hombres; «mono» azul, cartuchera y fusil. Otras, aquí, en Madrid, quieren alistarse también, y esto ha movido a los dirigentes de las Milicias populares a preparar la organización de un batallón femenino.

Se lleva la organización de este grupo militar, que será integrado sólo por mujeres, en el Cuartel General de las Milicias: el edificio del convento y colegio que los Padres Salesianos tenían en la calle de Francos Rodríguez, en los Cuatro Caminos. Se han alistado ya muchas mujeres. Algunas de ellas andan ya por el patio del cuartel, con su «mono» azul o beige, su gorro cuartelero y su fusil al hombro. Son las que primero han actuado en el frente, como enfermeras o para servicios auxiliares de retaguardia. Muchachas jóvenes, chiquillas casi, que hemos visto mil veces a la salida de los talleres de la Gran Vía, en los bailes populares o junto a las barracas de las verbenas. Modistas, sastras, obreritas, que ven hoy marchar a la lucha a sus hermanos, sus novios y sus compañeros, y que no quieren ser menos. 

Se alistan en el mismo sitio y al mismo tiempo que los hombres: una oficina en este Cuartel General de los Cuatro Caminos. Dominan, entre las que aquí vienen, las jóvenes. Pero las hay  también de edad madura, como, por ejemplo, una mujer que ha venido hoy y que se ha alistado porque quiere marchar al frente de guerra, donde ha perdido a su marido. Ha muerto en la Sierra su compañero, y la vida en Madrid no tiene ya objeto para ella.

Este batallón femenino que está formándose tendrá la misma organización que una unidad formada por hombres. Luchará como ellos y en los mismos puestos que ellos. Mientras se forma, y antes de marchar para el frente, se irá dando a las que de él formen parte una doble instrucción militar y política. Nociones de táctica militar y de guerra, manejo del fusil, palabras sobre lo que es el Frente Popular y lo que significa esta lucha. Es decir, exactamente la misma instrucción que a los hombres de las Milicias.

Se quiere que el batallón femenino sea mandado exclusivamente por mujeres. Esto ahora, por el momento, no será posible, y el batallón tendrá como jefe a un instructor masculino. Los mandos subalternos serán, desde luego, desempeñados por mujeres, y se aspira a que su jefe, pasados los primeros días, pueda ser también una mujer. 

Estas muchachas alistadas ya en el Cuartel General de las Milicias tienen un gran ánimo. Todo su empeño es manejar el fusil y salir al frente. Ríen constantemente y hablan de la lucha como de un juego. La camarada Amelia, la camarada Chelo, la camarada Trini —¿os acordáis de aquel «Batallón de las mujeres de la muerte» en una novela extranjera?—  desbordan de alegría con sus «monos» de guerra, sus gorros militares y sus fusiles al hombro. Quieren luchar, quieren ir a la Sierra. Pero sin olvidarse por ello de llevar la boca pintada a lo Joan Crawford y de mirarse a hurtadillas algún rizo rebelde en el espejo que llevan en el bolsillo izquierdo del «mono», sobre el corazón. 


Mundo Gráfico, 29 de julio de 1936






2876. Así habló el viejo guardia...




Era en la Sierra. Estaban en una casucha, convertida en refugio de milicianos. El viejo guardia, antes civil, hoy nacional republicano, contaba. Los jóvenes escuchaban con atención. 

—Pues sí; yo siempre he sido de izquierda. Pero si creéis que eso era fácil durante la Monarquía... Y, además, en un pueblo pequeño, como éste, donde había tanto cacique, tanto señorito... Los jefes se enfadaban: Allí estábamos para vigilar y no para meternos en política. La verdad era que siempre teníamos que metemos con el pueblo. Contra los señoritos, ni chistar, hicieran lo que hiciesen. Mira que una vez... estaba, con mi pareja, vigilando el campo para que nadie cazase, pues era durante la veda. Había cada campesino hambriento que iba a cazar un conejín para llevar algo que comer a sus chicos, que daba pena, muchachos. Pero la ley era la ley, y les cogíamos a todos. Y luego, al cuartelillo... ¡Así nos tenían de odio los pobres! Pero ese día me veo a un señorito que llevaba, ni más ni menos, sino tres conejos en el cinto. Iba despacito, silbando, tan contento. Nos acercamos a él: «¿No sabe usted que ahora no se puede cazar? No tenemos más remedio que detenerle.» Todo esto dicho con muy buenas maneras. Y entonces, chicos, se pone a chillamos y a decir que él tenía derecho a hacer lo que le diese la gana, y que nosotros no éramos nadie para prohibírselo. Pero nosotros le llevamos al cuartel y le quitamos los conejos. 

¡Y ahora viene la buena! Cuando llegamos al cuartel sale el comandante del puesto, y ¡buena nos armó al ver detenido al señorito! «¿Qué significa esto?—nos dijo de mal talante—. ¿Por qué molestáis al señor? ¡Suéltenlo inmediatamente!» Y luego, dirigiéndose al señorito: «Usted perdonará; pero ya ve lo bruta que es esta gente; no saben distinguir entre un cazador furtivo y una persona honrada. Llévese usted su caza y no se moleste. Ya sabe que estamos a su disposición. Salude a su señor padre.» El jovenzuelo nos miró con aire de triunfo y se marchó. Después, el comandante aun nos armó una bronca. Nos quedamos con una rabia, con una amargura, con una conciencia de injusticia...

Después del 16 de Febrero, ya era otra cosa; pero aun seguíamos siendo odiados por el pueblo. Yo, no, pues los vecinos ya me conocían, y sabían que les ayudaba en todo lo que podía, y que por esto mis jefes y compañeros me tenían ojeriza. Ahora, ya es otra cosa. En cuanto estalló esa sublevación, el comandante del puesto nos ordenó concentrarnos en la capital. Yo no podía hacer nada, y me escapé. Volví al pueblo, y luego me fui con los milicianos que se hicieron allí mismo, con las escopetas de caza requisadas a los ricos. Pero, a pesar de todo, ¡hay que ver cómo hemos luchado!,,. 

Bueno; pero tú, ¿qué estás haciendo? ¿Sacando fotos? Y yo sin enterarme. ¡Vamos, hombre, sacame una de frente! Llevo barba de una semana; pero no importa.. De lo que se trata es que salga bien el gorro. ¡Qué bueno es llevar este gorro después de veintitantos años de tricornio! Ahora la gente nos mira de modo distinto: con simpatía. Y el pueblo ahora nos aplaude y nos vitorea. Parece que esos aplausos suenan de modo distinto, ¿verdad?: más cariñosos, más francos. También nosotros defendemos al pueblo con más ganas. ¡Como que nosotros también somos del pueblo! Bueno, compañero, a ver si sale bien el gorro! 

Aquí, en el campo, se respira a pleno pulmón, ¿eh? ¿Qué es lo que estaba diciendo? Ah, sí! Que me fui con los milicianos. Yo me dije: «Estos muchachos son muy valientes; pero seguramente que no entienden ni pizca de ametralladoras. Y yo... Yo conozco esa máquina mejor que a mi mujer. ¡Si la conoceré bien! Me vine aquí, a la Sierra, y ¡vaya si la he manejado a gusto! Ya sé que al principio nos tenían un poco prevención les compañeros; pero ahora no, ¿verdad?

Levantó el puño. Después volvió a su charla con los milicianos, que le miraban con ojos muy abiertos. A lo lejos se oía el ruido sordo del bombardeo. De cerca se percibía la canción «Joven guardia» cantada por un grupo de chiquillos. El viejo guardia calló para escucharla con gesto pensativo. 


Stefa Rawicz
Mundo Gráfico, 30 de septiembre de 1936