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1939-1942. Miguel Hernández





Hay una muerte lenta que atraviesa
la vida lentamente, lentamente.
No es la traidora muerte de repente
que deja al ansía, aunque caída, ilesa.

¿La súbita del rayo? No, no es ésa,
es la que llega despaciosamente
como claror confusa del oriente:
trágica luz del rayo que no cesa.

Así, noche tras noche, sucumbiste
en medio de una España negra y triste,
como el toro en la plaza, como el toro.

La juventud de hoy, la de mañana,
forja otro cielo rojo, audaz, sonoro,
con un rayo de sol en la ventana.


Blas de Otero
Homenaje de los pueblos de España a Miguel Hernández, 1976






3353. Treinta y cuatro años después, a Miguel Hernández

Miguel Hernández con el fotógrafo Trelles. (Fotografía de F. Sánchez / Archivo Municipalm del Ayuntamiento de Alicante)


Treinta y cuatro años ya de un siniestro 28 de marzo en que España perdiera a Miguel Hernández, uno de sus más altos y recios poetas, que se nos fue para siempre tras los muros de la prisión de Alicante. Treinta y cuatro años ya y todavía: todavía porque si el nombre de Miguel ha roto tantos silencios culpables, tantas conspiraciones de las tinieblas, aún no se le ha hecho entera justicia, cumplido homenaje, desagravio total.

Gran idea, pues, la de la Comisión organizadora de este Homenaje a Miguel de todos los pueblos de España; de España y del mundo entero, sin duda. Así lo creo, tras haber visto cómo aquí mismo, el consejo de la Universidad de Pau, su más alta instancia, ha acordado sumarse a tan merecido homenaje. 

Miguel, con raíces tan hincadas en nuestro pueblo no fue, ni en su vida ni en su obra, el intelectual “específico”, sino el hombre; hombre de su pueblo y de su tiempo. Si seguimos su creación, observaremos sin dificultad que ese sentirse hombre más que poeta (como muy bien señala el profesor Puccini) se precisa ya en “El rayo que no cesa” y adquiere ya dimensión de lo colectivo cuando, en los primeros meses de 1936 escribe su drama poético “El labrador de más aire”. Allí, al exaltar el honor de ganar el pan con el sudor de su frente, encontramos la identificación del poeta con el hombrepueblo y más precisamente con el hombre-trabajo. El protagonismo colectivo no se opone al individual, sino que ambos coinciden o se articulan. Hernández escribe “desde el pueblo” porque él lo es, y de esa manera su yo individual alcanzará fácilmente en nivel del yo colectivo desde “El niño yuntero” a “La canción del esposo soldado” y a las “Nanas de la cebolla”. Su verso canta su emoción y circunstancia individuales, pero ¿no son, al mismo tiempo, la de todos los niños yunteros, todos los esposos amantes que combatían, todos los padres y esposos que estaban tras las rejas? Lo extraordinario de la obra de Miguel es que hablando en primera persona crea, al mismo tiempo, la tragedia colectiva. 

Pasarán los tiempos, se hundirán en la sima del olvido tantos nombres de quienes creyeron que era fácil amordazar a Miguel y deshacerse de su presencia física; mientras tanto la historia de la literatura y de la cultura españolas no podrá escribirse sin contar con él. Pienso que nuestro homenaje debe ser difundir la obra de Miguel Hernández y seguir su ejemplo, para llegar pronto a decirle aquello que escribió otro gran poeta, Antonio Machado: “Oye cantar los gallos de la aurora”.


Manuel Tuñón de Lara 
Homenaje de los pueblos de España a Miguel Hernández, 1976








45 años del golpe militar en Argentina y un recuerdo a Dionisia López Amado, la gallega

 


 

«Se resiste y se lucha… no se bajan los brazos… »

Dionisia López Amado

 

 

María Torres / 24 marzo 2021

 

A la una de la mañana del 24 de marzo de 1976, Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti derrocaron a María Estela Martínez de Perón. Dos horas más tarde se informaba a la población que «el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta de Comandantes Generales de las Fuerzas Armadas».

 

30.000 detenidos-desaparecidos, de los que cerca de trescientos eran gallegos; 500 bebés apropiados durante la dictadura; más de 500 centros clandestinos de detención; 10.000 presos políticos; más de un millón de exiliados. Tortura, terror. Y una gran parte de la población a la que se privó de derechos y libertades.

 

En Argentina, al igual que sucedió en España, la dictadura fue la portadora del terrorismo de Estado y a través de sucesivos gobiernos constitucionales se garantizó la impunidad de los represores.

 

En ambos países los hechos de su dramática historia son tan contundentes que no pueden ni deben ignorarse. Quienes perdieron la vida sufrieron todas las negaciones por parte del sistema represivo. Negaron su detención, su tortura, su asesinato.

 

Pero al contrario de lo ocurrido en España, en Argentina, en 1983 se creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. En 1985 se juzgó a las Juntas Militares y se demostró su responsabilidad, pero la condena fue mediocre. Después vendrían las Leyes de Punto Final y de Obediencia Debida, que paralizaron cualquier proceso contra los autores y eximieron de responsabilidad a los militares por debajo del grado de Coronel. Aún estaban por llegar los indultos de Carlos Menem que dejaron en libertad sin cargos a todos los jefes militares procesados que no se habían beneficiado de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Afortunadamente la Corte Suprema Argentina declaró en 2001 la inconstitucionalidad de los indultos y de las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final y comenzaron a abrirse causas penales cerradas años atrás. En 2010 la Comisaria de Naciones Unidas para los Derechos Humanos aseguró que Argentina era el país «con mayor número de juicios por derechos humanos del mundo»

 


Dionisia

 

Dionisia, la gallega del norte, cruzó el Atlántico en busca de una vida mejor con un bebé de cinco meses en los brazos, que 24 años más tarde le sería arrebatado cruelmente por la dictadura militar argentina. Secuestrado, torturado, asesinado, desaparecido.

 

Con un pañuelo blanco en la cabeza y su dolor a cuestas dedicó toda su vida a tratar de averiguar el destino de su hijo. Siempre tuvo esperanza, siempre quiso vivir con esperanza, a pesar de que era consciente de lo difícil que resulta la vida con tanta muerte encima, con la angustia de la búsqueda, la desesperación, el horror de saber que es el propio Estado quien te arrebata lo que más quieres. 

 

Durante centenares de jueves paseó su desolación, su reivindicación de la Verdad y su deseo de Justicia por la Plaza de Mayo junto a otras madres que conmovieron al mundo.


Dionisia se pasó más de treinta años luchando por la Memoria de su hijo. Su lucha se convirtió en lucha colectiva por la Memoria y contra la impunidad. Y nos la dejó de legado. Nuestra obligación es mantenerla y transmitirla para que perdure entre las generaciones venideras.





2734. Homenaje a Dionisia López Amado, madre de Plaza de Mayo




María Torres / 10 noviembre 2018

Entre el 9 y el 30 de noviembre Amnistía Internacional Vigo y Amigos y Amigas de Dionisia López Amado rendirán homenaje a Dionisia López Amado en Vigo, cuando se cumplen diez años de su fallecimiento, con una exposición fotográfica en la microgalería Quadro, un ciclo de conferencias y la colocación de dos placas en su recuerdo en Cangas y Moaña.

Dionisia López Amado, «la gallega de zona norte», «Nisa», nació en Cedeira (A Coruña) en febrero de 1928. Con 24 años contrae matrimonio y en 1952 junto a su marido y su hijo Antonio que contaba cinco meses, cruza el Atlántico camino de Argentina en busca de una vida mejor,  e intentad dejar atrás las huellas de dura posguerra en Galicia, y la represión franquista ejecutada contra su familia y sus vecinos. 

En 1976 se convierte en madre de un desaparecido de la dictadura militar argentina. Su hijo Antonio Adolfo Díaz López, fotógrafo, fue secuestrado en su domicilio junto a su esposa Stella Maris Riganti, enfermera, la noche del  15 de mayo de 1976. Ambos militaban en el Partido Revolucionario de los Trabajadores.

«La última vez que vieron a mi hijo con vida fue entrando por la puerta número 4 en las instalaciones militares de Campo de Mayo [uno de los mayores centros clandestinos de detención y exterminio de la dictadura]» (…) «Me quedé sin voz la primera vez que visité las instalaciones, sólo de pensar que allí habían asesinado a mi hijo

Dionisia, luchadora incansable por los derechos humanos, fue una de las primeras madres de la Plaza de Mayo, asociación que nació el 30 de abril de 1977 por iniciativa de las madres de los desaparecidos y detenidos. Fundadora de la Comisión de Familiares de Desaparecidos Españoles también fue  presidenta de la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Zona Norte, una plataforma de reivindicación histórica del Distrito de Tigre, localidad bonaerense donde residía.

«Me convertí en una de las primeras Madres de Plaza de Mayo con mi pañuelo blanco y mi dolor a cuestas.»

Con su dolor a cuestas, dedicó toda su vida a tratar de averiguar el destino de su hijo y su nuera. Siempre tuvo esperanza, siempre quiso tener esperanza, siempre quiso vivir con esperanza, a pesar de que era consciente de lo difícil que resulta vivir con tanta muerte encima, con la angustia de la búsqueda, la desesperación, el horror de saber que es el propio Estado quien te arrebata lo que más quieres. Durante centenares de jueves paseó su desolación, su reivindicación de la Verdad y su deseo de Justicia por la Plaza de Mayo junto a otras madres que conmovieron al mundo. Madres de los 30.000 secuestrados, torturados, asesinados y desaparecidos a manos de la dictadura argentina, de los que cerca de trescientos eran gallegos.

Se pasó más de treinta años batallando por la memoria de su hijo y su lucha se convirtió no sólo en una lucha personal, también en lucha colectiva por la Memoria y contra la impunidad.

Nunca pudo elaborar su duelo, ni tan siquiera cuando llegó el momento en que se tambaleaba la esperanza.

«Cando chega o 24 de marzo cámbiame a saúde. Vólvome moito máis sensible cando recordo ao meu fillo, do que xa hai moito tempo que non teño esperanza de atopar vivo. Non creo que haxa nada semellante a que che desapareza un ser querido. Porque cando non o podes enterrar, porque non o viches morto, como elaboras un duelo?»

Un día del verano de 1997 retornó a Galicia, buscando ayuda. Eran los tiempos de la Causa abierta ante el tribunal número 5 de la Audiencia Nacional.

En 2007 la Asociación de Gallegas en la Emigración Herbas de Prata le otorgó el premio Rosalía, por su ejemplo de lucha y dignidad,

Falleció a los 80 años en Buenos Aires el 28 de noviembre de 2008, con la vida «hecha y desecha», sin saber que fue de su hijo Antonio y su nuera Stella, sin odio en su corazón y sin la Justicia que tanto reclamó, pero dejándonos un legado que estamos obligados a mantener.
















2077. Pan, T (...rabajo y Libertad)

En Almería, la madrugada del  13 al 14 de agosto de 1976, Javier Verdejo Lucas murió abatido por las balas de la Guardia Civil. Tenía 19 años y militaba en la Jóven Guardia Roja de España. Su delito, escribir en un muro de la playa del Zapillo de San Miguel, un mensaje que no pudo finalizar: Pan, trabajo y Libertad.


«El 13 de agosto, Francisco Javier Verdejo Lucas, estudiante de 19 años, muere en Almería por disparos de la Guardia Civil. Recibe un balazo por la espalda mientras hace una pintada: “Pan, trabajo y lilbertad”. Es plena feria patronal en la localidad andaluza y el suceso conmociona a toda la provincia. Javier es hijo de un personaje muy conocido en aquellas tierras, Guillermo Verdejo, un franquista recalcitrante que ha sido presidente del Colegio de Farmacéuticos y alcalde de Almería. Cuando los guardias civiles que han asesinado a su hijo se presentan ante él para ofrecerle sus excusas, intentando explicarle que lo ocurrido ha sido fruto de un accidente, el padre de la víctima les contesta que sólo han cumplido con su obligación. Los familiares del fallecido intentan que el entierro pase desapercibido, pero la gente abarrota la iglesia de la Virgen del Mar. Varios camaradas del Javier, que militaba en la Joven Guardia Roja, organización juvenil del Partido del Trabajo de  España (PTE), y miembros de otros partidos de izquierda arrebatan el féretro a la familia y lo llevan en hombros hasta el cementerio, al frente de una gran multitud. El gobernador civil de Almería es el fiscal Roberto García Calvo, que en 2001 llegará a magistrado del Tribunal Constitucional. Ordena la detención de quienes han paricipado en “el secuestro del cadáver” durante el entierro, pero no realiza ninguna investigacion sobre las circunstancias en la que se ha producido la muerte del joven comunista y archiva rápidamente el caso. Cuando es designado juez del Tribunal Constitucional, 25 años después, respaldado por el gobierno de José María Aznar, a nadie se le ocurre preguntarle por el asesinato de Javier Verdejo. »

Alfredo Grimaldos
La sombra de Franco en la Transición




Por las playas de Almería
nacieron claveles frescos
sembraos con la semilla
del joven Javier Verdejo.
 
Del joven Javier Verdejo
que en una noche de Agosto
cuando su misión cumplía,
las balas del enemigo
le destrozaron la vía.
 
Y sin poder defenderse
cayó su cuerpo jerío
como en otoño las hojas
y con su sangre en la arena
puso la bandera roja.
 
Como se agitan los mares,
Euzkadi se ha estremeció
y al grito de Libertad
se levanta embravecío.
 
Se levanta embravecío
que el pueblo pide justicía
por la muerte de Zabala,
por todos los que han caío
jeríos cuando luchaban.
 
Pueblo de Fuenterrabía
sobre tus piedras ha caío
Jesús María Zabala
que agonizante ha rodao
destrozao por las balas.
 
Hasta cuando compañero
seguiremos aguantando,
el caer de uno en uno
y que sigamos callando.
 
Y que sigamos callando
ante aquellos que no quieren
darle al pueblo Libertad
y que nos ponen cadenas 
si decimos la verdad.
 
Compañero, compañero
quita el velo de tus ojos
y el tapón de tus oídos,
ven a luchar con nosotros
y caminemos unidos.
 
Están pidiendo justicia
la sangre de nuestros muertos
y aquellos que los mataron
andan por el mundo suelto.
 
Andan por el mundo suelto
por que tienen las caenas
y cárceles pa encerrar
pató el que vaya gritando
PAN, TRABAJO Y LIBERTAD.
 
Compañeros, compañeros
gritemos hoy fuertemente
al cogernos de la mano
que forjando la unidad
es seguro que triunfamos.
 
Letra: José Mª Carrillo          
Música: Gente del Pueblo







1893. El hombre acecha




El hombre acecha. ¿A quién? Acecha al hombre.
Una guerra civil lo solivianta.
Un lento fratricidio lo envenena.
Lo mismo da decir Caín y Abel,
Rómulo y Remo,
o nazis y judíos.
El hombre acecha siempre y lo sabías.
De la mano de un hombre van las cosas
acosando a otros hombres.
Debajo de la mesa acecha el hambre,
debajo de los trigos el sudor.
Por el trabajo está acechando el paro.
Por la alegría acecha la tristeza.
Más allá del amor acecha el odio
y por la claridad la sombra acosa.

Hay un hombre en la sombra perseguido
siempre. Miro su estampa fugitiva.
Ya en el último tren de la frontera.
Polizón de los barcos hacia el sueño,
en carlinga de aviones secuestrados,
haciendo un auto-stop a los vehículos
de la esperanza, oculto
en el rojo vagón del subterráneo
o en la azul soledad de las colinas.

Hay otro hombre que pone siempre a oscuras
el corazón partido por el miedo.

Vamos a ver, Miguel, la luz contigo,
nacida en tus poemas.
Las heridas que sean rosas libres,
las cárceles que vuelen,
las fábricas que irradien como soles,
las madres que entre escombros sigan madres,
los poetas del agua verdadera,
la sangre que disuelva hielo oculto
y los hijos sonando de aventura.

¿Qué homenaje mejor que serte fieles
en esperar la aurora?
(Aunque vivamos de desesperanzas).


Leopoldo de Luis
Homenaje de los pueblos de España a Miguel Hernández, 1976









1891. A Miguel Hernández




Quisiera haberlo dicho personalmente, pero el hombre es el único animal que no puede estar en dos sitios al mismo tiempo. Quisiera haberos dicho que Miguel Hernández no murió por ser poeta o por ser comunista. Murió por ser poeta comunista. Como poeta simplemente hubiera quitado la palabra a los dioses. Como poeta comunista se la quitó a los dioses para dársela al pueblo. Qué escándalo. Qué escándalo en esta larga noche en que los comunistas han pasado por un túnel de sangre y desprecio. Qué escándalo tener entre las señas de identidad un poeta como Miguel Hernández, que murió por culpa del miedo que los verdugos tenían a la alianza del comunismo y la poesía.

Aporto un poema de recuperación, en un leve intento de que Miguel Hernández no sea arrebatado por el carro iluminado de una cultura escrita con ka y con mayúscula.


A Miguel Hernández recuperado

Dijiste
será la garra suave
dejadme la esperanza

Y no
no fue la garra suave
Ni fue fácil conservar la esperanza

aún la garra arranca sangres de madrugada
aún hay rincón de gritos, himnos, salmos,
aún sótanos oscuros donde perder la sombra
ciudades que sepultan de adiós y de ignorancia

no fue la garra suave,
no ni fue fácil conservar la esperanza

pero sobrevivimos de uno en uno y juntos
para recuperar futuros, recuperar memorias
recuperar su timbre, recuperar la historia
prohibida de mil ríos de muerte y de deseos.

así hoy
En torno a ti reunidos
en torno a ti llamarnos
Camaradas.


Manuel Vázquez Montalbán
Homenaje de los puieblos de España a Miguel Hernández, 1976









1864. Vitoria, 3 de marzo de 1976



El 3 de marzo de 1976 cinco trabajadores fueron asesinados y más de cien resultaron heridos a manos de la policía. Pedro María Martínez Ocio, trabajador de Forjas Alavesas, de 27 años, Francisco Aznar Clemente, operario de panaderías y estudiante, de 17 años, Romualdo Barroso Chaparro, de Agrator, de 19 años, José Castillo, de Basa, una sociedad del Grupo Arregui, de 32 años. Dos meses después moriría Bienvenido Pereda, trabajador de Grupos Diferenciales, con 30 años.

La brutalidad de este acto quedó sin castigo. 

Transcripción de parte de las conversaciones entre las patrullas responsables de la carga en la iglesia, según las grabaciones existentes de la Banda de Radio de la Policía:

«V-1 a Charlie. Cerca de la iglesia de San Francisco es donde más grupos se ven. ­Bien, enterados».

«Charlie a J-1. Al parecer en la iglesia de San Francisco es donde más gente hay. ¿Qué hacemos? ­Si hay gente ¡a por ellos! ­¡Vamos a por ellos!»

«­J-1 a Charlie. Charlie, a ver si necesitas ahí a J-2. ­Envíalo para aquí para que cubra la espalda de la iglesia.»

«­J-3 a J-1 Estamos en la iglesia. ¿Entramos o qué hacemos? Cambio».

«...­Entonces lo que te interesa es que los cojan por detrás. Exacto».

«­J-1 a J-2 Haga lo que le había dicho (acudir en ayuda de Charlie a Zaramaga). ­Si me marcho de aquí, se me van a escapar de la iglesia. ­Charlie a J-1. Oye, no interesa que se vayan de ahí, porque se nos escapan de la iglesia. ...Mándennos refuerzos, si no, no hacemos nada; si no, nos marchamos de aquí; si no, vamos a tener que emplear las armas de fuego. ­Vamos a ver, ya envío para allí un Charlie. Entonces el Charlie que está, J-2 y J-3, desalojen la iglesia como sea. Cambio. ­No podemos desalojar, porque entonces, entonces ¡Está repleta de tíos! Repleta de tíos. Entonces por las afueras tenemos Rodeados de personal ¡Vamos a tener que emplear las armas! Cambio. ­Gasead la iglesia. Cambio. ­Interesa que vengan los Charlies, porque estamos rodeados de gente y al salir de la iglesia aquí va a ser un pataleo. Vamos a utilizar las armas seguro, además ¿eh? ­Charlie a J-1. ¿Ha llegado ya la orden de desalojo a la iglesia? ­Sí, sí la tiene J-3 y ya han procedido a desalojar porque tú no estabas allí. ­Muy bien, enterado. Y lástima que no estaba yo allí».

«Intento comunicar, pero nadie contesta. Deben estar en la iglesia peleándose como leones. ­¡J-3 para J-1! ¡J-3 para J-1! Manden fuerza para aquí. Ya hemos disparado más de dos mil tiros. ­¿Cómo está por ahí el asunto? ­Te puedes figurar, después de tirar más de mil tiros y romper la iglesia de San Francisco. Te puedes imaginar cómo está la calle y cómo está todo. ­¡Muchas gracias, eh! ¡Buen servicio! ­Dile a Salinas, que hemos contribuido a la paliza más grande de la historia. ­Aquí ha habido una masacre. Cambio. ­De acuerdo, de acuerdo. ­Pero de verdad una masacre».