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621. Presidentes de la II República Española

La primera reunión del gobierno provisional de la II República - 15 de abril de 1931



"República,  República siempre, 

la forma de gobierno más conforme 

con la evolución natural de los pueblos".

(Clara Campoamor) 


Presidentes de la II República Española (Jefes de Estado):

Niceto Alcalá-Zamora 1931-1936
Manuel Azaña 1936-1939


Jefes de Gobierno:

Niceto Alcalá-Zamora
del 14 de abril de 1931 a 14 de octubre de 1931

Manuel Azaña
del 14 de octubre de 1931 a 16 de diciembre de 1931
del 16 de diciembre de 1931 a 12 de junio de 1933
del 12 de junio de 1933 a 12 de septiembre de 1933
del 19 de febrero de 1936 a 10 de mayo de 1936

Alejandro Lerroux
del 12 de septiembre de 1933 a 8 de octubre de 1933
del 16 de diciembre de 1933 a 28 de abril de 1934
del 4 de octubre de 1934 a 25 de septiembre de 1935

Diego Martínez Barrio
del 8 de octubre de 1933 a 16 de diciembre de 1933
de 19 de julio de 1936 a 19 de julio de 1936

Ricardo Samper
del 28 de abril de 1934 a 4 de octubre de 1934

Joaquín Chapaprieta
del 25 de septiembre de 1935 a 14 de diciembre de 1935

Manuel Portela Valladares
del 14 de diciembre de 1935 a 19 de febrero de 1936

Augusto Barcia
del 10 de mayo de 1936 a 13 de mayo de 1936

Santiago Casares Quiroga
del 13 de mayo de 1936 a 19 de julio de 1936

José Giral
del 19 de julio de 1936 a 4 de septiembre de 1936

Francisco Largo Caballero
del 4 de septiembre de 1936 a 17 de mayo de 1937

Juan Negrín 
del 17 de mayo de 1937 a 5 de abril de 1938
del 5 de abril de 1938 a 31 de marzo de 1939










288. Franco escribe a Casares Quiroga el 23 de junio de 1936




CARTA REMITIDA POR EL GENERAL FRANCO AL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, CASARES QUIROGA, EL 23 DE JUNIO DE 1936


Respetado ministro,

Es tan grave el estado de inquietud que en el ánimo de la oficialidad parecen producir las últimas medidas militares, que contraería una grave responsabilidad y faltaría a la lealtad debida si no le hiciese presente mis impresiones sobre el momento castrense y los peligros que para la disciplina del Ejército tienen la falta de interior satisfacción y el estado de inquietud moral y material que se percibe, sin palmaria exteriorización, en los cuerpos de oficiales y suboficiales. Las recientes disposiciones que reintegran al Ejército a los jefes y oficiales sentenciados en Cataluña, y la más moderna de destinos antes de antigüedad y hoy dejados al arbitrio ministerial, que desde el movimiento militar de junio del 17 no se habían alterado, así como los recientes relevos, han despertado la inquietud de la gran mayoría del Ejército.

Las noticias de los incidentes de Alcalá de Henares con sus antecedentes de provocaciones y agresiones por parte de elementos extremistas, concatenados con el cambio de guarniciones, que produce, sin duda, un sentimiento de disgusto, desgraciada y torpemente exteriorizado, en momentos de ofuscación, que interpretado en forma de delito colectivo tuvo gravísimas consecuencias para los jefes y oficiales que en tales hechos participaron, ocasionando dolor y sentimiento en la colectividad militar. Todo esto, excelentísimo señor, pone aparentemente de manifiesto la información deficiente que, acaso, en este aspecto debe llegar a V.E., o el desconocimiento que los elementos colaboradores militares pueden tener de los problemas íntimos y morales de la colectividad militar.

No desearía que esta carta pudiese menoscabar el buen nombre que posean quienes en el orden militar le informen o aconsejen, que pueden pecar por ignorancia; pero sí me permito asegurar, con la responsabilidad de mi empleo y la seriedad de mi historia, que las disposiciones publicadas permiten apreciar que los informes que las motivaron se apartan de la realidad y son algunas veces contrarias a los intereses patrios, presentando al Ejército bajo vuestra vista con unas características y vicios alejados de la realidad. Han sido recientemente apartados de sus mandos y destinos jefes, en su mayoría, de historial brillante y elevado concepto en el Ejército, otorgándose sus puestos, así como aquellos de más distinción y confianza, a quienes, en general, están calificados por el noventa por ciento de sus compañeros como más pobres en virtudes.

No sienten ni son más leales a las instituciones los que se acercan a adularlas y a cobrar la cuenta de serviles colaboraciones, pues los mismos se destacaron en los años pasados con Dictadura y Monarquía. Faltan a la verdad quienes le presentan al Ejército como desafecto a la República; le engañan quienes simulan complots a la medida de sus turbias pasiones; prestan un desdichado servicio a la patria quienes disfracen la inquietud, dignidad y patriotismo de la oficialidad, haciéndoles aparecer como símbolos de conspiración y desafecto.

De la falta de ecuanimidad y justicia de los poderes públicos en la administración del Ejército en el año 1917, surgieron las Juntas Militares de Defensa. Hoy pudiera decirse virtualmente, en un plano anímico, que las Juntas Militares están hechas. Los escritos que clandestinamente aparecen con las iniciales de U.M.E. y U.M.R.A. son síntomas fehacientes de su existencia y heraldo de futuras luchas civiles si no se atiende a evitarlo, cosa que considero fácil con medidas de consideración, ecuanimidad y justicia. Aquel movimiento de indisciplina colectivo de 1917, motivado, en gran parte, por el favoritismo y arbitrariedad en la cuestión de destinos, fue producido en condiciones semejantes, aunque en peor grado, que las que hoy se sienten en los cuerpos del Ejército.

No le oculto a V.E. el peligro que encierra este estado de conciencia colectivo en los momentos presentes, en que se unen las inquietudes profesionales con aquellas otras de todo buen español ante los graves problemas de la patria.

Apartado muchas millas de la península, no dejan de llegar hasta aquí noticias, por distintos conductos, que acusan que este estado que aquí se aprecia, existe igualmente, tal vez en mayor grado, en las guarniciones peninsulares e incluso entre todas las fuerzas militares de orden público.

Conocedor de la disciplina, a cuyo estudio me he dedicado muchos años, puedo asegurarle que es tal el espíritu de justicia que impera en los cuadros militares, que cualquiera medida de violencia no justificada produce efectos contraproducentes en la masa general de las colectividades al sentirse a merced de actuaciones anónimas y de calumniosas delaciones. Considero un deber hacerle llegar a su conocimiento lo que creo una gravedad grande para la disciplina militar, que V.E. puede fácilmente comprobar si personalmente se informa de aquellos generales y jefes de cuerpo que, exentos de pasiones políticas, vivan en contacto y se preocupen de los problemas íntimos y del sentir de sus subordinados.


Muy atentamente le saluda su affmo. y subordinado, 

Francisco Franco