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1105. Matilde

Matilde Landa Vaz
(Badajoz, 24 de junio de 1904 - Palma de Mallorca, 26 de septiembre de 1942)


Matilde. 

Cárcel de Palma de Mallorca, otoño de 1942: la oveja descarriada. 

Está todo listo. En formación militar, las presas aguardan.

Llegan el obispo y el gobernador civil. Hoy Matilde Landa, roja y jefa de rojos, atea convicta y confesa, será convertida a la fe católica y recibirá el santo sacramento del bautismo. La arrepentida se incorporará al rebaño del Señor y Satanás perderá a una de las suyas. 

Se hace tarde. 

Matilde no aparece. 

Está en la azotea, nadie la ve. 

Desde allá arriba se arroja. 

El cuerpo estalla, como una bomba, contra el patio de la prisión. 

Nadie se mueve. 

Se cumple la ceremonia prevista. 

El obispo hace la señal de la Cruz, lee una página de los evangelios, exhorta a Matilde a renunciar al Mal, recita el Credo y toca su frente con agua consagrada. 


Eduardo Galeano, Espejos











748. Matilde Landa, in memoriam




Matilde Landa, dirigente del PCE, era una presa de Franco desde 1939.

Fue encarcelada tras su paso por Ventas,  en la prisión de Palma de Mallorca, una de las más terribles cárceles de mujeres de la dictadura, que estaba dirigida con mano de hierro por las hermanas de la santa cruz, quienes intentaban por todos los medios que las presas que no habían sido bautizadas se convirtieran al catolicismo.

Lo intentaron también con Matilde que se negó una y otra vez a llevar crucifijos y a abrazar la fe a la que la obligaban.

El 26 de septiembre de 1942, Matilde Landa se quitó la vida al lanzarse desde una de las galerías de la prisión, inducida por la terrible situación que padecía. Durante los minutos que duró su agonía, fue bautizada en artículo mortis.
  

A Matilde, de Miguel

En la tierra castellana
el castellano caía
con la voz llena de España...
y la muerte de alegría.

Para conseguir la libertad de sus hermanos
caen en los barbechos los más nobles castellanos.

No veré perdida España
porque mi sangre no quiere.
El fascismo de Alemania
junto a las encinas muere.

Para hacer cenizas la ambición de los tiranos
caen en las trincheras los más nobles castellanos.

Españoles de Castilla
y castellanos de España
un fusil a cada mano
y a cada día una hazaña.

Voy a combatir al alemán que nos da guerra
hasta conquistar los horizontes de mi tierra.


Miguel Hernández
Publicado en la Revista Añil/ Cuadernos de Castilla-La Mancha, nº 19, 1999.






358. Recordando a Matilde Landa

Las dos cartas que se trascriben a continuación fueron enviadas por Matilde Landa a su hija Carmen, niña de la guerra, que había conseguido salir de España y vivía en México junto con unos tíos.

Las escribió en la cárcel de Palma de Mallorca, una de las más terribles cárceles de mujeres de la dictadura. Un penal masificado en el que el hambre, el miedo y las enfermedades hacían estragos. Estaba dirigido con mano de hierro por las hermanas de la santa cruz, quienes intentaban por todos los medios que las presas que no habían sido bautizadas se convirtieran al catolicismo.

Lo intentaron también con Matilde. Se negó a llevar crucifijos en su cuerpo, pero se las apañaron para bautizarla en articulo mortis.

El 26 de septiembre de 1942, Matilde Landa se quitó la vida al lanzarse desde una de las galerias de la prisión, inducida por la terrible situación que padecía.



Febrero de 1941

Carmencilla querida, chiquinina de mi corazón:

Estoy rabiosa porque te escribo una carta larga felicitándote a ti y a todas el nuevo año y… el papelito debe estar a estas horas en el estómago de un tiburón latino. Claro que esto es una suposición, pero de lo que sí estoy segura es que no llegado a ti y como te contaba muchas cosas, no me ha hecho gracia.

Hace dos días he recibido la carta de Casi de 21 de diciembre con las fotos. ¡Qué alegría! Lo que me ha impresionado más es ver a tío Rubén. De Chachita y de ti había visto otras fotos recientes. Casi: si me vieses leer y releer tu carta te reirías. A Chachita y a tío Rubén no les extrañaría porque pensarían que era herencia: mi madre hacía lo mismo. Pero ¡cuánto me gusta todo lo que dices en ella! Si yo estuviese buena y pudiese corresponderte haciéndote llegar retazos tan vivos y tan claros de la vida de los dos peques!. Yo también tengo muchas ganas de abrazarte. Será pronto, estoy segura.

Ahora Carmencilla te seguiré hablando a ti porque te veo fruncir el ceño y decir: “Pero ¿esta carta para quien es?”. No te impacientes, señora gruñona.

En la carta que se perdió te hablaba de una niña que vivía en la misma casa donde estaba antes. Era algo más pequeña que tú. Se llamaba Carmen y se parecía a ti de tal modo que sólo yo que podía apreciar hasta los menores detalles me daba cuenta de lo extraordinario del parecido. En aquella casa tenía menos tiempo libre; pero siempre que podía jugaba con ella y me hacía la ilusión de que era contigo. Me embobaba mirándola.

Ella también me tomo mucho cariño. Pero…un día, de repente, se abrió la puerta y entró corriendo como loca. Se abrazó a mi muy fuerte y lloraba con tanto desconsuelo que no podía hablar. Algo muy grave tenía que pasarle, porque era una chica todo alegría y a la que no había visto llorar nunca. En seguida vino su madre. También lloraba. Yo ya impaciente pregunté: “¿qué pasa?”. Entonces la niña se abrazo a mí aún más fuerte y me dijo. “Que me llevan ahora mismo a un colegio y yo no quiero separarme de vosotras”.

Efectivamente, la llevaron a los pocos minutos y créete que yo me quedé destrozada. Quizá te parezca exagerado, pero es de las escenas que me han hecho sufrir más. He soportado bien cuantos disgustos y contrariedades me ha tocado sufrir, pero es curioso lo que me pasa con los niños. Sin duda porque comprendo que no tienen las defensas con que contamos las personas mayores. Y no puedo verles destrozarse sus corazoncitos, tan sensibles y tan a merced del capricho de los mayores.

Señora colegiala: entre el diploma sin orla y saber que ya empiezas a hablar inglés voy a tener que tratarte con muchísimo más respeto. ¡Cuánto me alegra saber que estás tan bien, tan contenta! Pero que el hecho de que tú hayas tenido la suerte de que te rodeen personas que te quieren tanto y se ocupan tantísimo de ti, no te haga ser egoísta y olvidar a los niños que han tenido menos suerte que tú. Piensa en ellos y no olvides sobre todo a los que el destino ha dejado sin padres. Estos son los más desgraciados y los que merecen nuestra mayor atención. Creo que no los olvidarás y quisiera que todos los días hicieses algo por ellos. Esto no es sentimentalismo ni caridad, sino sencillamente tu obligación.

Bueno, chiquinina mía. Ahora me doy cuenta de que en esta carta te cuento lo mismo que en mi anterior, así que buen provecho le haya hecho al tiburón.

Que el año 41 traiga para todos mucha alegría. En este “todos” van también incluidos los Ortiz, Cintia, etc. Muchos besos y muchos abrazos de

Tu madre.

Hice para vosotros una señales de libro que creo habréis recibido ya.


Marzo 1941

Querida chiquitina mía:

No sé si habéis recibido mi carta del mes pasado. Yo he tenido una tuya y otra de Carmen la grande que ha traído una alegría nueva: las letras del “susodicho”. Por cierto que no le veo tan modesto porque se conforme con las novelas de Dickens y tomar chocolate. Con rebañar las tazas que él dejase y recitar algunas trozos de Calderón (el de las hierbas precisamente) me consideraría feliz. Pero hago lo que Segismundo: pensar que esto es un sueño y que voy a despertarme, pronto quizá, rodeado de todos vosotros y… nadando en un mar de patatas fritas. Porque eso sí que me gusta; mucho más que el chocolate con bizcochos que es cosa de golosos y de… Pepe el de Astorga (No te enfades, “susodicho”; pero ¿verdad que a mis amos debería ser ya más formalita?).

He sabido de Elvira. Ahora vive en la calle Salas, en un edificio que creo fue asilo de ancianos. Según dice ella, muy viejo y destartalado, que iban a derruir ya; pero las circunstancias han hecho que el dueño cambie de opinión, alquilándolo. Cuenta que tiene dos patios. Que en uno hay una espléndida palmera y en el otro un pino preciso que, según dice, es lo más bonito de la casa. Que desde las ventanas del piso alto, donde está su cuarto, se ve la hermosa catedral gótica destacándose por encima de todos los tejados. Creo que se pasa los grandes ratos mirándola pero que se va cansando un poco de ver siempre el mismo paisaje.

Ya sé que vas mucho al campo. Yo ahora lo añoro más que nunca. Es ya una verdadera necesidad; pero con tanto frío.. ¡quién sale! Y en cuanto a la música, mi otra gran debilidad, tuve anoche la alegría de que llegase a mis oídos, cuando en la cama ya me estaba durmiendo, la obertura del Tannhauser bastante bien ejecutada por una orquesta pequeña pero no demasiado mala, que tocaba en un edificio cerca de esta casa. Ya comprenderás cómo me espabilé y con cuánta atención la oí. Y eso que aunque Wagner me gusta mucho, no es mi predilecto. Cuánto daría por oír algo de Bach, de Beethoven… de tantos otros! Pero bueno, ya iré a conciertos. Con paciencia y una caña se arreglarán el tiempo y el reuma.

A todos muchos abrazos. Para ti otro muy fuerte y con muchos besos de

Tu madre.







308. Republicanas, rehenes de guerra


Una buena parte de las mujeres del bando rojo fueron detenidas por la actuación de sus maridos, hijos y hermanos.


ROSA FERRIOL - Diario de Mallorca

Matilde Landa, Aurora Picornell, Margalida Vila, las Rojas del Molinar, Francesca Llull, Francesca Sales, Margalida Jaume... son algunas de las mujeres que sufrieron en las islas la represión indiscriminada de los falangistas.

Detrás de cada una de ellas, y de muchas más, se esconden historias escalofriantes. Como la de cinco enfermeras que se alistaron para ayudar a los heridos cuando estalló la Guerra Civil pero las acusaron de prostitutas y milicianas. Llegaron a la isla en agosto de 1936 con el desembarco del capitán Bayo. La reconquista republicana falló y las tropas reembarcaron en septiembre. Las cinco enfermeras quedaron en tierra. Pasaron un brutal calvario: fueron acusadas de prostitutas y milicianas, las exhibieron por distintos municipios, las violaron y, una vez violentadas sexualmente, las apuntaron con fusiles y las mataron.

La carabina también fue el destino de varias presas. El doctor en Historia de la UIB David Ginard explica que en Mallorca la participación de las mujeres republicanas fue "limitada". Unas 30 féminas que formaron parte del bando republicano durante el golpe de julio de 1936 fueron encarceladas en la prisión provincial de Palma. En noviembre las trasladaron a la cárcel de Can Sales. Dos meses después, a cinco de ellas les dieron la libertad, una libertad que para los falangistas tenía como destino el fusil. "Fue el momento más duro de la represión", recuerda Ginard. "Los falangistas hacían limpieza para atemorizar a los republicanos", detalla. Aurora Picornell, militante del partido comunista, junto a Berlamina González y las Rojas del Molinar (las conocidas activistas mallorquinas Catalina Flaquer i Maria y Antònia Pasqual) fueron conducidas al cementerio de Porreres, donde las fusilaron. El historiador de Manacor Antoni Tugores cuenta que Picornell sufrió la represión igual que los hombres.

Ginard rememora que durante la guerra la prisión albergaba a unas cien presas, pero en los años 40 Can Sales se convirtió en la prisión central de mujeres de España, por lo que acogió a condenadas de muchos puntos de la península.

De cien pasaron a mil. Como consecuencia de la masificación, resalta el profesor, empeoraron las condiciones de vida. Además de padecer la falta de alimentos y la suciedad, las presas sufrían la presión religiosa. La cárcel estaba bajo las órdenes de religiosas y había mucha coacción para que las presas se convirtieran al catolicismo. Matilde Landa fue una figura mítica. Procedía de la Institución Libre de Enseñanza, entidad que promovía la educación laica. Fue un personaje muy popular porque se recorrió las zonas republicanas de España prestando ayudas a los refugiados y organizando conferencias. Al final de la guerra, fue condenada a muerte. Una vez en la cárcel de Palma se convirtió en la figura más relevante, la única mujer con formación universitaria. Sufrió tal chantaje para convertirse al catolicismo que en septiembre de 1942 subió al piso más alto de la prisión y se suicidó. Analizando las sentencias, Ginard cuenta que muchas fueron castigadas no por sus hechos sino porque al ser féminas creaban alarma social. En otros casos, se rebajaba la condena argumentando que actuaban por influencia de sus maridos.

El profesor explica que una buena parte de las presas republicanas fueron detenidas por la actuación de familiares como maridos, hijos o hermanos. En la ficha que recogía el motivo de la detención figuraba la palabra rehén. Mientras los falangistas buscaban a sus familiares, ellas estaban presas. Muchas mujeres republicanas fueron humilladas en público, sometidas a torturas psicológicas y físicas, les obligaban a beber aceite de ricino, les cortaban el cabello y las forzaban a limpiar casernas e iglesias. Ginard comenta que ésto, sobre todo, sucedió en la península aunque en la isla también ocurrió. ¿El objetivo? "Provocar un escarmiento público en la sociedad", dice el profesor de la UIB.

El historiador de Manacor tiene documentadas numerosas tragedias familiares. Margalida Jaume, mujer del relojero Toni Alomar, fue asesinada cuando estaba embarazada de siete meses. Pocos días después, los falangistas mataron a su marido. El matrimonio dejó dos niñas menores de diez años. El experto explica que algunas de estas muertes pueden estar relacionadas con la desaparición del alcalde Garanya, Antoni Amer. Su mujer, Magdalena Roig, también fue víctima de la represión franquista. Francesca Llull y su hija Francesca Sales fueron fusiladas en Son Coletes. Formaban parte de una familia payesa bien situada, pero no se sabe el argumento con el que las mataron. Francesca Ferrari y Magdalena Brindis también fueron víctimas de la represión franquista. En aquellos tiempos había muchas familias numerosas, los falangista mataban al padre y la mujer se quedaba sola con seis hijos sin nada que comer. No las eliminaron, pero ver pasar hambre a los hijos mata igual que una carabina.

Estas y otras historias pueden oírse en el ciclo de conferencias de la UIB sobre Mujer, Guerra Civil y Franquismo.