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3377. Sobre el Decreto del 8 de Abril. El fascismo y España




El fascismo hace la guerra por rencor, por impotencia de vivir en paz. Sus creadores son una casta de impotentes, de débiles bueyes, que se han pasado toda la vida revistiendo de corazas y máscaras de valentía su debilidad mujeril. Hitler es un ejemplo de hombre afeminado, débil. Envidioso de la fuerza y el valor que le faltan, hace teatro de ella, gesticula valientemente, da manotazos de forzudo de feria y los débiles afeminados le rodean, ahuecan el pecho y el trasero ante las baterías teatrales y se lanzan rencorosa y teatralmente contra los pueblos descuidados en su fuerza noble, con nobleza empleada en la agricultura. Mussolini, el espejo del narciso Hitler, es el bufón mayor de Italia: mucha mandíbula, mucho labio inferior retorcido (sobre todo cuando le ven) y mucha debilidad disimulada debajo de una mano de albañilería bruta, y un abuso chulesco de su apariencia viril. Ninguno de los dos pueden negar que han salido de una atmósfera de teatro lírico exagerado. Mussolini es un barítono desmesurado y el bigotudito Adolfo un mal tenor. A los dos se les ve la ópera y la opereta.

El mono representante de ambos en España, Fanco, resentido y rencoroso, impotente, se lanza asesinamente contra el pueblo español. Este pueblo, antimilitar, antiguerrero, que nunca se ha preparado para la guerra, pero que la ha hecho y la ha ganado siempre por inspiración, por un entendimiento místico de la guerra, se siente herido, ofendido, atropellado en sus más hondas raíces, y a través de nueve meses de lucha, dolorosa, inspirada, místicamente, lleva de fracaso en fracaso y de ridículo en ridículo a Mussolini, Hitler, y, un poquito más abajo, a Franco el soberanito. 

Nueve meses de lucha contra el fascismo. Como parto glorioso de España, de esta mística España invencible, la victoria se aproxima a nosotros. El Gobierno, en representación de la honrada voz española, da ocasión a los españoles que, por error o fatalidad, se hallen en las filas facciosas, para que se salven. Ninguno de ellos puede dejar de reconocer y sentir el grito humano de justicia y fraternidad que late en el decreto del 8 de Abril. Repetimos los dos artículos: 

Art. 1º. Los combatientes facciosos, nacionales o extranjeros, que sean hechos prisioneros, serán respetados en sus vidas, y sin pérdida de tiempo se entregarán a las autoridades competentes, no pudiéndose incoar sumario alguno sin previo acuerdo del Consejo de ministros. 

Art. 2º. A los combatientes del campo rebelde que, voluntariamente, se presenten en nuestras filas, además de respetarles la vida, se abrirá una información, y, si de ella resultase probada su adhesión a la República, se les reconocerá por el Gobierno los cargos, situaciones y preeminencias que acrediten disfrutar o haber disfrutado tanto en la vida civil como en la militar. 

Al copiar esto pienso, como en una sola sombra emocionante, en todos los trabajadores, en todas las mujeres y en todos los niños asesinados por el fascismo en España. 


Miguel Hernández
Frente Sur (Jaén), 18 de abril de 1937










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