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2677. ¿Hubo actividad guerrillera de importancia en la provincia de Teruel?




El PCE participó en la Resistencia francesa con un cierto grado de autonomía como "XIV Cuerpo de Guerrilleros del Ejército Republicano". En mayo de 1944 el XIV Cuerpo de Guerrilleros se convirtió en la AGE (Agrupación de Guerrilleros Españoles) con el objetivo de continuar la lucha en España.

La Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA) se constituyó en torno a un grupo de hombres al mando del guerrillero "Delicado" procedentes del maquis francés, que a finales de 1944 llegaron hasta tierras del Maestrazgo turolense. La actividad de la AGLA se desarrolló en una amplia zona del Levante español que comprendía las provincias de Castellón, Teruel, Guadalajara, Cuenca y Valencia, llegando incluso su influencia a las provincias de Zaragoza y Huesca. La provincia de Teruel y, principalmente, el Maestrazgo serán los lugares más conflictivos.

En la zona existían ya otros grupos, con los que "Delicado" entró en contacto en 1945 y a partir de los cuales se formo un importante núcleo guerrillero en los términos de Mosqueruela, Aguaviva y sus alrededores. Aunque también en el termino de Aguaviva, actuaba desde 1940 una partida independiente al mando de José Ramiá, "el Petrol", de tendencia cenetista y evadido de la cárcel de Mas de las Matas, que no permitirá ser absorbida por la organización comunista a pesar de algunos intentos dirigidos en este sentido.

En este territorio se establecerá posteriormente un campamento escuela de la AGLA, que comenzó a funcionar el 1 de enero de 1947 y dejo de hacerlo unos cuantos meses después, ante el hostigamiento continuo de las fuerzas represivas, siendo trasladado a los Montes Universales.

Ya en noviembre de 1944 numerosos informes daban cuenta del paso de uno o varios grupos de hombres armados por tierras bajoaragonesas. El día 21, en Cretas; el 25, en Castelnou (donde entregan propaganda a un labrador). El mismo día apareció en Beceite un individuo con acento andaluz que se presentó, asimismo, como maquis y conversó con los mineros de la mina de S. Roque. El día 29, doce hombres armados llegaron a la masía "Las Arandas", de Alcorisa, diciendo que eran maquis venidos de Francia y partiendo después hacia el desierto de Calanda. En diciembre, las autoridades estaban alarmadas ante la reiterada presencia de hombres armados (se habían visto en Villarluengo, Pitarque, Fortanete, Lécera, Tronchón, Las Parras y Las Planas de Castellote).

En Samper de Calanda tuvieron lugar el día 6 las primeras detenciones por "ocultación de maquis". El mismo día el Gobierno Civil pidió al Gobierno Militar cien fusiles para armar a personal civil, ante la indudable existencia de un "complot comunista" en la provincia, y se produjeron nuevas detenciones. A comienzos de 1945, las autoridades tenían ya en su poder un mapa de la infiltración comunista, así como las instrucciones del PCE y el Movimiento Libertario a sus afiliados (pues, contrastando con la división de sus direcciones en el exilio, anarquistas y comunistas colaboraron en el interior del marco de la AGLA, aunque siempre bajo órdenes comunistas).

Las fuerzas del orden comenzaron a tomar medidas y se desató, ya en fecha tan temprana, la primera oleada represiva. Falange, directamente afectada por estos acontecimientos como objetivo prioritario de los guerrilleros, y con gran arraigo en el Bajo Aragón (aunque no tanto en la zona del Maestrazgo) tomó también medidas tempranamente. Esta colaboración falangista se repetirá a lo largo de toda la lucha contra la guerrilla.

En 1945 se realizaron numerosos atracos en la zona de Castellón, efectuados, según las fuerzas de orden público, por partidas que se refugiaban en los Puertos de Beceite. El dato relevante respecto a estos atracos es que parecían cometidos por personas naturales de esta zona, con conexiones con ciertos elementos izquierdistas de la población que les apoyaban para la comisión de estos actos. Por lo tanto, la llegada de guerrilleros procedentes de Francia se articuló con el comienzo de una incipiente actividad clandestina desarrollada por gentes de la zona, posiblemente alentados por el inicio de un movimiento amplio de resistencia propiciado por el PCE. Se trataba, pues, de dos fenómenos a la vez diferentes y vinculados entre sí, que se articulan y entrecruzan dando lugar a lo que conocemos como "el maquis" y que, como vemos, no podemos explicar simplemente con la referencia a las invasiones desde Francia. Ello supone que desde su origen el maquis del Maestrazgo presentara una dimensión local, propiciada además por el hecho de que los guerrilleros eran enviados por el PCE a sus regiones de origen, lo que facilitaba su toma de contacto con los elementos locales.

En abril de 1946, los jefes de partida más importantes se reunieron en Cuevas del Regajo, término de Camarena de la Sierra (Teruel). Es en esta reunión cuando se decide la fundación de la Agrupación, son designados los jefes de grupo y se redactan los Estatutos. En un principio la Agrupación fue denominada simplemente "de Levante", añadiéndose posteriormente "y Aragón" ante la progresiva importancia de la provincia de Teruel en las acciones de los guerrilleros.

Otro dato de interés es la alusión a las incorporaciones de jóvenes en edad de hacer el servicio militar, lo cual demuestra que la sociedad española estaba muy lejos de alcanzar el consenso que intentaban transmitir los medios de comunicación oficiales, ya no sólo en el seno de las generaciones que habían combatido en la guerra civil, sino también entre aquellos que eran casi unos niños durante la contienda.

Las acciones llevadas a cabo por la guerrilla durante el período de actividad de la AGLA se pueden agrupar en cuatro categorías: los llamados "golpes económicos" (destinados a recaudar fondos y que podían consistir en atracos, secuestros o envío de anónimos a particulares exigiendo una determinada cantidad de dinero), los sabotajes, las acciones de tipo propagandístico y los asesinatos (generalmente de "chivatos" o delatores, pero también de personas identi ficadas con el régimen) . Los enfrentamientos directos con las fuerzas represivas, según todos los indicios, no son buscados conscientemente y suelen producirse cuando los guerrilleros se ven acorralados.

Entre las operaciones más significativas llevadas a cabo por la guerrilla en la provincia de Teruel destacan las siguientes: El 16 de mayo de 1946, varios guerrilleros asaltan al recaudador de la contribución y sus acompañantes, en el término de Nogueruelas, llevándose 174.000 pesetas. Además, les entregan un papel escrito a máquina en el que se lee: "Todo delator, consciente o inconsciente, de los guerrilleros será ajusticiado por los mismos inmediatamente. Agrupación guerrillera", y los testigos indican que hablaban entre ellos en francés.

Respecto a los sabotajes uno de los más espectaculares será la voladura de la central eléctrica de Puertomingalvo el 7 de junio de 1946. Dos meses después, el 26 de agosto, se produce una acción no menos espectacular. Dos grupos de seis y diez hombres armados se presentan casi simultáneamente en dos centrales eléctricas del término de Ladruñán, "La Fonseca" y "El Maestrazgo", en las que colocan varias cargas explosivas. De nuevo, el acto reviste un carácter propagandístico. Estos hombres entregan al encargado de "La Fonseca" dos escritos; en uno de ellos leemos de nuevo que "todo delator, consciente o inconsciente, de los guerrilleros será ajusticiado por los mismos inmediatamente"; el otro es una exhortación a la lucha: "No hay honor más grande para un hijo de España que formar en las filas guerrilleras. Obreros, campesinos, soldados, antifranquistas todos, incorporaos a las guerrillas". Como vemos, las acciones de sabotaje y de propaganda se solapan frecuentemente.

Otro tipo de sabotaje muy frecuente es el llevado a cabo en las vías férreas, como el que provocó el descarrilamiento del tren mensajero que circulaba entre las estaciones de Barracas y Rubielos de Mora el 10 de mayo de 1947.

El 5 de diciembre de 1947, un numeroso grupo de maquis ocupan Foz Calanda durante varias horas. Esta ocupación es relevante por su espectacularidad pero también porque el alcalde de Foz Calanda, Julián Borraz, será detenido por no dar parte de los hechos hasta la mañana siguiente, convirtiéndose en una paradójica víctima de la represión, la cual ya había sufrido, durante la dominación republicana, momento en que tuvo que huir, pues era buscado como destacado elemento derechista.

El tema más controvertido es el de los "ajusticiamientos", en el cual opera un componente de ambigüedad al proporcionar a la guerrilla la posibilidad de llevar a cabo venganzas o ajustes de cuentas de tipo personal. Sobre todo en el caso de los incorporados a la guerrilla desde sus lugares de origen ("guerrilleros autóctonos"), la conflictividad local y las rencillas personales interfieren en el carácter político de algunos de estos asesinatos. Aunque, sin duda, la afiliación política fue decisiva en la selección de las víctimas por parte de los guerrilleros.

La ejecución de delatores, con intención disuasoria y ejemplificadora hacia la población, era otra de las acciones que los guerrilleros realizaban con cierta frecuencia, un componente importante de la conflictividad vivida directamente por la población. Los vecinos se veían a menudo atrapados en un dilema; si daban parte a la Guardia Civil de la presencia de los guerrilleros, podían sufrir represalias por parte de éstos, y si no lo hacían, sería la Guardia Civil a quien tendrían que enfrentarse.

El Maestrazgo turolense fue escenario de muchas acciones guerrilleras, refugio o lugar de paso hacia las provincias de Castellón o Tarragona y cantera de la que extraer apoyos y nuevos efectivos.

Un ejemplo curioso fue la creación en Alcañiz de una compañía de seguros, denominada "La Monegal", que actuaba como tapadera de las actividades clandestinas de la CNT alcañizana y había enlazado con los grupos guerrilleros de la zona, a los que proporcionaba suministros en forma de medicinas y ropas.

Julio de 1947 supuso un punto de inflexión en la historia de la AGLA, en el momento en que la Agrupación desplegaba una actividad más intensa en toda su zona de actuación, el general Pizarro ocupó el puesto de gobernador civil de Teruel y jefe de la V Región de la Benemérita e inició su guerra personal contra el maquis.

Pizarro será la "bestia negra" de los guerrilleros, y utilizará para su eliminación todos los medios a su alcance. En cuanto Pizarro tomó posesión de su cargo, comenzó la ocupación militar de la zona del Maestrazgo; el 1 de agosto, un batallón de Transmisiones instaló equipos de radio en varias localidades (Allepuz, Cantavieja, Alcalá de la Selva, Utrillas, Teruel...), al tiempo que se procedía al desalojo de las masías, instalando en varias de ellas unidades de la Guardia Civil o del Ejército. Se establecieron destacamentos en estaciones de ferrocarril, casetas forestales, etc., y se incrementó el uso de las "Contrapartidas" (grupos de guardias Civiles que, con apariencia de maquis, se presentaban en las masías pidiendo alimentos o refugio, y cuya función era descubrir los puntos de apoyo de la guerrilla).

Poco a poco, la infraestructura de la AGLA fue quedando gravemente dañada, y cayeron algunos de sus mejores guerrilleros.

En 1948, Francisco Bas Aguado, "Pedro", máximo representante de la AGLA en ese momento, promovió el incremento de las acciones de la guerrilla mediante la llamada "ofensiva de primavera". En cierto modo se puede considerar como el "canto del cisne" de la organización. A pesar de los éxitos conseguidos, las medidas represivas habían minado gravemente la organización, la ayuda exterior era ya de todo punto impensable y las redes de apoyo y suministro habían sufrido un serio descalabro. A pesar de ello la moral de los guerrilleros todavía se mantenía y aún encontramos guerrilleros en los primeros años de la década de los 50.


12 preguntas sobre el maquis
La Biblioteca, 2003


Esta edición no venal, con fines pedagógicos y hecha para su distribución entre el alumnado del Instituto de Enseñanza Secundaria Pablo Serrano y el público asistente a las jornadas sobre el Maquis, rescatada, a celebrar en Andorra del 29 de abril al 9 de mayo de 2003, se acabó de imprimir visperas del 23 de abril, Dia de Aragón.









1177. Cerro Moreno, 7 de noviembre de 1949




A las 07:30 h. del 7 de noviembre de 1949, más de quinientos guardias civiles asaltaron el campamento del estado Mayor de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, en el Cerro Moreno de Santa Cruz de Moya, Cuenca, uno de los más estables que disponía la AGLA por entonces, asesinando a doce de los trece guerrilleros que allí se refugiaban ese día. Parece ser que no tenían montada ninguna guardia, pues no se percataron del cerco hasta el último momento cuando ya no podían reaccionar.  

En Cerro Moreno cayeron “Andrés” Miguel Soriano Muñoz "Andrés" (Yecla, 1914),  jefe de la Agrupación;  Juan José San Miguel Recio "Ramiro" (Hita, 1915), responsable de Organización, que junto con "Andrés" había llegado desde Francia dos meses antes; Manuel Gracia Martín "Lorenzo" (Noguera, 1909); Jesús López Mirasol "Eulogio" (Cheste, 1916), radiotelegrafista; Lope Rodríguez Rodríguez "Vidal" (Vallanca, 1911); Simón Giménez Garrido "Manolo" (Santiago de Calatrava, 1918); José Cabero de la Cruz "Bartolo",(Monterde de Albarracín, 1901); Marino Alcalá Ruiz "Fermín", (San Martín de Boniches, 1931); Amador Huerta Jiménez "Cándido" (San Martín de Boniches, 1905); Aurelio Huerta Pla "Nicasio" (San Martín de Boniches, 1906); Basilio López Alarte "Ángel", (San Martín de Boniches, 1904) y Antonino Pérez Hernández "Conrado", (San Martín de Boniches, 1910)

Según Secundino Serrano fueron “500 guardias civiles de las comandancias de Teruel, Cuenca y Valencia y 100 somatenes” los responsables de la masacre. Otras fuentes señalan que el total de efectivos de Guardia civil era más 1.000.  Parece confirmado que participaron fuerzas de las tres provincias antes citadas con alrededor de quinientos efectivos y ausencia de somatenes, bajo la coordinación del comandante de Landete,  José Vivancos Crespo y la supervisión del general Pizarro Cenjor, Gobernador Civil de Teruel y  Jefe de la V Región de la Guardia Civil, además de Jefe Provincial del Movimiento.

Francisco Bas Aguado "Pedro", el único guerrillero superviviente de la matanza, relato que "la Guardia Civil atacó el campamento a ráfagas de naranjero y bombas de mano por la parte donde tenían el retrete. En esa mañana se encontraban trece guerrilleros. "Ramiro", "Vidal", "Lorenzo" y varios camaradas más en la zona donde se hacía la guardia; "Andrés" y "Pedro" cerca de la cocina. Dirigían los tiros hacia las tiendas de campaña. La GC tenía tomada también la cumbre del Cerro. Todos los guerrilleros buscaron la retirada por el lado opuesto a los disparos, mirando a la carretera, a la izquierda; intentaban llegar hasta el fin del pinar, aunque para ello tenían que pasar un claro de labores perdidas. Formaban un línea de unos 50 metros, cerraban el grupo "Andrés", "Pedro" y dos camaradas de los nuevos de San Martín, el joven "Fermín" era uno de ellos. En esos primeros momentos "Andrés" tuvo que dejarse la metralleta colgada de un árbol y "Pedro" respondió a los tiros con poca fortuna pues su arma se le encasquilló".

Los cuerpos destrozados y desfigurados de los guerrilleros fueron bajados del monte y enterrados en fosas del Cementerio de Teruel.

A continuación transcribimos la narración del cabo Francisco Blanco Jorge, de la Comandancia de Valencia (1)

“El día 6 de noviembre de 1949 se dispuso de los preparativos necesarios para desplazar fuerzas de la Comandancia de la GC de Valencia a un destino indeterminado. No sé los medios que se emplearon pero sí el que se empleó para un grupo especial al cual yo pertenecía. Un camión nos llevó pasando por Aras de Alpuente a la aldea de La Losilla y fue allí, reunidos con otras fuerzas, donde nos informaron de lo que se preparaba y cuáles eran nuestros cometidos, unos para escalar el cerro y otros para formar el cerco. La sección del brigada Vallejo formada por tres grupos al mando de los cabos Vinuesa, Adolfo y Blanco, amparados por la oscuridad de la noche iniciaron la ascensión hasta lo más alto del Cerro Moreno que duró más de cinco horas a troche moche. Cuando estábamos aproximadamente a la mitad de la ascensión hicimos un pequeño descanso con la mala fortuna de que a uno se le escapó un tiro del subfusil…, como se puede suponer el mundo se desplomó sobre nosotros, pues era lógico que en el silencio de la noche lo oyeran, y advirtieran nuestra presencia, nos estarían esperando y nos tendieran una emboscada. Seguimos avanzando pero, en verdad, me consideré carne de cañón. Los últimos metros de la escalada los recorrimos con el máximo silencio, los nervios a flor de piel y con un temor muy grande. Una vez arriba, y ya tranquilos, nos apostamos en los sitios que consideramos más oportunos, y fue entonces cuando el brigada nos dijo que estuviéramos muy atentos al amanecer, ya que los bandoleros se delatarían con el humo al preparar el desayuno, y era la ocasión de localizar y de atacar el campamento. Por lo que se supone que había alguna confidencia de las “costumbres” del campamento pero no del punto de su emplazamiento. Amaneció y no se pudo localizar humo por ninguna parte. “Seguro que anoche oyeron el disparo del subfusil y acordaron amparados por la oscuridad alejarse a otro lugar más protegido”. Nos reunió nuestro jefe y nos aconsejó que cada grupo por su cuenta emprendiera la bajada del cerro por donde pudiera. Aunque estábamos bastante fatigados, yo sabía de la fortaleza de las piernas de mis guardias, y les dije: “Creo que podemos bajar por esta trocha para llegar a las faldas del cerro”. Me siguieron y creo que los otros grupos también nos siguieron por lo que sucedió después. Cuando habíamos bajado por la trocha unos tramos peligrosos, les dije a mis guardas que descansaran un rato pues fue entonces cuando me di cuenta que una pequeña vereda atravesaba la trocha. Era muy estrecha, lo que suele llamarse un camino de cabras. Mi curiosidad pudo más que el cansancio y les dije: “Esperadme un momento que voy a ver dónde conduce esto”. La veredita me llevaba a una zona boscosa de pinos, enebros y abundantes matorrales. Cuál sería mi sorpresa cuando me veo cerca de una persona haciendo sus necesidades, creyendo que sería algún guardia civil de los otros grupos, pero al ver que salía corriendo sujetándose los pantalones con las manos, ya no tuve dudas, era un bandolero. Le apunté con mi subfusil y le disparé dando antes el “¡Alto a la Guardia Civil!”, pero no me funcionó el arma. Lancé entonces una granada en la dirección que huía y su explosión sirvió de alarma general. Seguidamente puse en condiciones mi subfusil y comencé a avanzar lentamente entre la maleza haciendo ráfagas cortas por si estuviera escondido en ella el bandolero. En mi lento avance me vi sorprendido por un griterío a mis espaldas, y a toda prisa pasó un grupo de guardias en el que sólo reconocí al cabo Vinuesa, pero que supuse estaría formado por los dos grupos que habían quedado en el cerro. Todos ellos saltando, gritando, enarbolando el arma que llevaban y avanzando a una velocidad que para mí me pareció suicida. Quedé enormemente sorprendido al ver esta estampa de guerra, y si yo me sorprendí, qué les pudo ocurrir a los que allí estaban acampados y durmiendo tranquilamente. Para huir tal y como estaban, quizá a medio vestir, y como el ataque parecía venir de lo alto del cerro, ellos tomaron la dirección opuesta y fueron a tropezar con las fuerzas que hacían el cerco. Por eso el titular “El Cerro Moreno fue la última batalla de la guerra civil” me parece ridículo. No hubo tal batalla, bastante tenían con intentar salvarse, pues aunque tenían armas apenas tenían munición. Esto lo puedo afirmar por haber encontrado una metralleta y dos pistolas sin munición en los cargadores. Como venía narrando, cuando reaccioné de mi sorpresa quise seguirles y me di de frente con una tienda de campaña comprobando que no había personal en su interior, y en este mismo momento hicieron acto de presencia los guardias de mi grupo, y cuando ya organizados decidimos desplegarnos y seguir el avance, fueron tantos los disparos que pasaban sobre nuestras cabezas que ordené protección cuerpo a tierra y ponerse a cubierto tras los troncos de los árboles. En esa situación, y a consecuencia de tantos disparos que venían de la misma dirección, nos vimos cubiertos de hojas de los arbustos que parecíamos llevar un traje de camuflaje. Pude observar que ningún impacto daba donde estábamos situados en una pequeña explanada y que seguían la trayectoria de la cúspide. Entonces decidí practicar una inspección en la tienda de campaña encontrando lo siguiente: a primera vista medio jamón serrano, más al fondo una metralleta y dos pistolas sin una sola bala en los cargadores, una máquina fotográfica, un manipulador de telegrafía Morse, un sello de caucho en el que se lee “Guerrilleros de Levante”, una cajita con fotos de Dolores Ibárruri “Pasionaria” tipo alfiler de corbata, unas gafas que siempre he creído eran de Francisco Corredor Serrano “El Gafas”, un distintivo circular metálico esmaltado para sujetar el uniforme con la expresión de “Escuela Popular de la Guerra” sobre la bandera republicana circunvalando el distintivo y en el centro una estrella de cinco puntas en rojo, y en la parte inferior del distinto un apéndice de esmalte blanco con la palabra “Servicios”, y por último, oculta entre piedras una relación de los nombres de personas de los caseríos, aldeas y pueblos de aquellos alrededores. Pasada una media hora, así me pareció, y habiendo enmudecido las armas decidí volver por la pequeña senda que había descubierto hasta dar con la trocha por donde bajamos de la cima del cerro y por allí seguimos hasta la base del mismo donde nos encontramos con algunos de nuestros mandos y guardias haciendo toda clase de comentarios por lo sucedido. La penosa e inquieta subida a Cerro Moreno en la noche de ayer y la madrugada de hoy, la constante vigilia nocturna y observación al amanecer para localizar el humo que saldría del campamento según confidencia, la enorme tensión de verse bajo el fuego de tus compañeros y la inquietud de que estuviera agazapado bajo los matorrales algún guerrillero en las inmediaciones de la trocha por la que estábamos bajando seguramente se reflejaban en nuestros rostros, pues nada más llegar, al vernos nuestros jefes, nos ordenaron que nos llevaran a descansar a un pajar cercano donde el sueño se apoderó de nosotros. Dormimos varias horas y nos despertó el ruido de los camiones que venían a llevarnos al punto de partida. Antes de ser trasportados preguntamos por las posibles bajas de una y otra parte. Nuestro jefe, acompañado de su ayudante, nos confirmó que no hubo bajas por nuestra parte sino algunos rasguños de los matorrales y alguna torcedura de tobillo, que por los bandoleros se sabía que habían muerto todos los que estaban en el campamento. Fue entonces cuando le entregué la metralleta al jefe y la máquina fotográfica al ayudante, y el jefe la estuvo examinando bastante rato pues era muy pequeña y bonita, y me dice: “Esta metralleta la usarás tú en tus servicios”, pasó el tiempo y tal promesa no llegó a realizarse. No tuve ocasión de ver a ningún muerto. Esta operación la estaban realizando por otra parte, y tampoco supe el destino que les dieron” (Notas mecanográficas sobre el texto “El Cerro Moreno fue la última batalla de la guerra civil”, facilitadas por Francisco Blanco Jorge “Cabo Canario”)


La Asociación "La Gavilla Verde" de Santa Cruz de Moya, rinde homenaje a la memoria de todos los Guerrilleros caídos en Cerro Moreno y a todos los "guerrilleros españoles muertos en la lucha por la paz, la libertad y la democracia al lado de todos los pueblos del mundo"

Para saber más, os dejamos enlace a La Gavilla Verde.


(1) Salvador F. Cava, Los Guerrilleros de Levante y Aragón. 2. El cambio de estrategia (1949-1952)