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2871. Mitin apoyo a la República española de 26 de julio de 1936

Discurso de Gordón Ordaz, Embajador de España, en el mítin de apoyo a la República española, en el Teatro Principal de la ciudad de México el 26 de julio de 1936.


En nombre del Gobierno del Frente Popular que represento en México, no como diplomático, sino como político, os doy las gracias a los dirigentes y masas que integráis la Confederación de Trabajadores de México, por este acto magnífico de verdadera solidaridad entre pueblos que sufren.

No son, ciertamente, las galas postizas de la vieja diplomacia las que unen a los pueblos, porque no viven en contacto con ellos (Aplausos); es esta diplomacia nueva, con sangre y con nervio, que sabe sufrir como el pueblo, y que entre el pueblo encuentra su única y legítima aspiración. (Aplausos).

Yo soy uno de los republicanos ingenuos a que aquí se ha aludido con insistencia; educado, como todos los republicanos españoles de izquierda, en la doctrina de amor y de tolerancia, creíamos que los hombres que habían gozado de todos los privilegios en nuestro país, se habrían dado cuenta, ante el espectáculo maravilloso del doce y del catorce de abril, de que la hora de que fueran cediendo voluntariamente algo de sus privilegios inauditos en favor de los eternamente explotados y que habían sabido aguantar siempre con paciencia inigualada en el resto del mundo, y por eso quisimos ser tolerantes y humanos. Buscamos que no hubiera profusión de sangre, porque creíamos que a todos los hombres se les puede convencer para llegar a los extremos de verdadera fraternidad humana. y de ahí que durante el primer bienio en que gobernamos juntos socialistas y republicanos pretendimos realizar por medio de la Ley la revolución pacífica. Ya fue un aldabonazo para la triste perspectiva, aquella insurrección del diez de agosto de 1932, en la que, recordando viejas militaradas del siglo XIX, un General a quien la República había colmado de honores se levantó traidoramente y sin ningún pretexto contra ella... (se escuchan mueras a Sanjurjo). Dejadlo en paz, porque su propio destino le ha hecho aplicar la sentencia que el Gobierno español generosamente no quiso aplicarle. (Aplausos).

Y a pesar de lo que aquello significaba nuestra generosidad inagotable, la generosidad de todo el pueblo español, hizo que se indultara a todos los que habían ocasionado aquella perturbación. No han sabido agradecerlo. Nosotros luchando dentro de la Ley, acudimos, contra las bárbaras corrupciones del bienio derechista, en propaganda por todos los pueblos de la Península, tratando de elevar el espíritu y atrayendo las voluntades y fuimos a una nueva lucha electoral que presidió un enemigo nuestro con el designio de arrebatarnos el triunfo, pero el resultado fue tan arrollador que no hubo posibilidad alguna de deshacer nuestro éxito. Estábamos en el Poder con plenitud de derechos, por delegación plena de toda la democracia, en ejercicio del sufragio electoral más puro, puesto que ninguno de nosotros intervino para nada en él, y contra todos nosotros se emplearon las viejas artimañas caciquiles.

Y he ahí que cuando comenzaba el Gobierno del Frente Popular a realizar en España nuevamente una labor pacífica, pero ya no teórica sino real, efectiva, en los destinos mismos de los dos grandes enemigos que España tuvo siempre: la iglesia y el gran terrateniente (Aplausos); cuando se iba a la substitución efectiva de la enseñanza embrutecedora que las órdenes religiosas realizan en nuestra patria; cuando ya entraba de verdad la Ley Agraria en el campo, y en tres meses se asentaban cerca de ciento cincuenta mil familias proletarias para vivir del sudor de su trabajo, sin explotadores intermedios; cuando se hacía esta obra sin perjudicar a nadie, sin hacer daño a nadie, entonces se estaba incubando, como yo demostraré aquí, por medio de una serie de artículos que habré de publicar, por los jefes de la oposición parlamentaria, esta rebelión militar, ya que los militares de alta categoría en España siempre tuvieron, salvo escasísimas excepciones, el raro y triste privilegio de ser los lacayos de la aristocracia y del clero. (Aplausos).

Y así se planteó la lucha, inopinadamente; no hay peleando al lado de estos generales, jefes y oficiales insurrectos, ni un solo elemento de la población civil, más que aquellos desdichados y montaraces residuos de las guerras carlistas que, por vivir metidos dentro de las abruptas montañas de Navarra, todavía no se han enterado de lo que es el mundo. (Aplausos).

Ved, amigos proletarios de México, ved, qué virtudes tan extraordinarias encierra el bueno, el verdadero pueblo español: con todo el ejército en frente, los soldados, los pobres soldaditos ateridos por la brutalidad de los jefes que los encañonan para llevarlos a la batalla, se resisten sin embargo, como lo demuestra el espectáculo admirable del rendimiento del cuartel de La Montaña, donde los soldados, cuando supieron que estaban sitiando el cuartel proletarios amigos, se fueron por encima de sus jefes a unirse a los obreros y republicanos. (Aplausos).

Y ved, como frente a todo el ejército que tenía en su poder los parques militares más surtidos, se levanta sin embargo la voz del Gobierno, y a su alrededor la de todos los líderes obreros. Creyeron los miserables autores de esta rebelión que porque había discusiones internas en el Partido Socialista, el proletariado estaba muerto; no sabían que lo objetivo se deja siempre cuando peligra lo substantivo. (Aplausos). Estaban mal enseñados. Cuando el general Primo de Rivera estornudó un día en Barcelona, aquel pobre diablo que dirigía los destinos de España, el Marqués de Alhucema, echó a correr espantado y dejó el Poder, y creyeron que todos los hombres que vestimos traje civil somos como aquel pobre títere.

Pero ahora no: ahora se encuentran con un Gobierno popular, con un Gobierno que tiene el designio de transformar honda y radicalmente a España, y aunque no tenía ejército de qué echar mano, y aunque estaba circundado todo Madrid de cuarteles llenos de hombres dispuestos a salir contra la República en el momento que les tocara el turno, supo organizar la resistencia, y la población entera, con un espectáculo que pocos ejemplos parejos tendrá en la Historia, dijo en el momento que era preciso: ¡Presente y a la lucha! (Aplausos).

Las modistillas madrileñas, sobre las cuales tantas estupideces han escrito los poetas cursis, que creyeron que eran juguetes de placer o de ilusión, dejaron el arma tan inofensiva que es la aguja, para empuñar el fusil que jamás habían visto cerca de ellas y, confundidas con los hombres, han luchado en el asalto de los cuarteles, y en el propio momento en que se decide el drama del Guadarrama, la batalla más importante que ha de darse en esta revuelta, son también estas mujeres hermosas y delicadas, acostumbradas a la vida de la ciudad, quienes trepan junto a los hombres por los riscos montañosos, sin que les pese para nada el fusil que llevan en la mano para defender la libertad de España. (Aplausos).

Por eso, los que tenemos la inmensa desgracia de estar en estos momentos tan lejos del sitio donde nuestro brazo y nuestra sangre hacen falta, tenemos que agradecer con el alma que el espíritu popular mexicano haya vibrado con el mismo dolor conque vibramos nosotros, y yo transmitiré, en un mensaje cálido de vuestra simpatía, una inyección de entusiasmo a quienes luchan sabiendo que al defender la República en España, están defendiendo el imperio de la verdadera democracia en el mundo. (Aplausos).

No lo dudéis un momento, proletarios mexicanos y españoles que me escucháis: el triunfo será rotundamente nuestro (Aplausos), porque en España el triunfo en todos los momentos decisivos de su historia no fue nunca de los ejércitos, sino de los pueblos (Aplausos), de este magnífico y ejemplar pueblo español que está hoy levantado con ardor verdaderamente maravilloso, con el ardor de quienes han proclamado que no quieren la guerra como instrumento político, pero precisamente porque no la quieren no toleran que nadie se las haga! (Aplausos).

¡Ya pasó para siempre la ingenuidad republicana en España! Os lo dice un hombre que viene luchando desde su infancia en las filas de la República; un hombre que tiene el pensamiento tan lejos como puede tenerlo el que más en cuanto a los postulados de justicia social, que creyó que se podría llegar a ella lentamente, despacio, pero dentro de las normas legales y sin efusión de sangre. No soy yo, son ellos quienes me han convencido de que eso es imposible. (Aplausos).

Estad seguros de que en estos momentos dramáticos, la misma evolución que dentro de mi espíritu se ha operado, se operó ya en el espíritu de todos los republicanos dirigentes de las masas españolas, de todos. ¡Ellos lo han querido! Nosotros fuimos con ansias de paz; ellos vienen con clarines de guerra, y puesto que guerra quieren, guerra tendrán. (Aplausos).

Como para asustamos, a los que somos republicanos, se nos dice por las gentes de alma arrugada y encanecida, que con haber armado a los obreros el Gobierno republicano va a correr un peligro, y yo pregunto: ¿cuál? ¿el establecimiento del comunismo en España? ¡Antes que cualquier militarismo, los republicanos queremos el Comunismo en España! (Aplausos).

Hemos estado siempre los republicanos, desde que se instauró la República, siendo los únicos verdaderamente conservadores que había en el país; toda nuestra atención se fijó en ir atrayendo a la masa obrera hacia la lucha legal dentro la República; los esfuerzos realizados por nosotros fueron inauditos, y tuvieron éxito. Pero mientras nosotros, ejerciendo de conservadores, realizábamos esta labor, los que en España se llaman conservadores emprendían la bárbara labor demagógica de injuriar a los socialistas, a los comunistas, a los sindicalistas, y a nosotros los republicanos. No comprendían que lo que hacíamos era atraer a la lucha legal, dentro de la República, a los obreros. Decían que éramos nosotros los que íbamos a la lucha de violencia. No bastó ni siquiera nuestra abstención durante la Revolución de Asturias; no bastó toda nuestra propaganda, toda nuestra actitud; ellos siempre decían: “Los republicanos no están más que al servicio de Moscú por intermedio de los socialistas”.

Llegado el triunfo del Frente Popular en España antes que en ninguna otra parte del mundo, hecho que no nos pueden perdonar los conservadores. Los socialistas y los comunistas, en representación de todo el proletariado español, subscribieron un pacto de gobierno con nosotros, en el que no hay ni un solo postulado socialista, ni un solo postulado de lucha de clases. Lo subscribieron con la ingenuidad que, por ejemplo, existiendo en el programa del Partido UNIÓN REPUBLICANA, a que yo pertenezco, el postulado de la nacionalización de la Tierra, bastó que otro Partido Republicano no quisiera subscribirlo, para que los socialistas y los comunistas aceptaran que no se subscribiere dicho postulado. Hasta ese extremo se fue transigente.

Y cuando se hacen estas cosas, cuando se agotan todas las medidas para realizar una labor constructiva dentro de la República; cuando siendo -os los dice un republicano- mayoría sobre nosotros las fuerzas obreras, éstos, sin embargo, prestan su generoso y decidido apoyo al Gobierno, sin participar en él. Cuando se agotan los esfuerzos mayores para establecer la paz entre los españoles, y esa paz se perturba un día y otro con provocaciones individuales, con provocaciones colectivas, asesinando incluso a los oficiales del Ejército que se consideraba que eran republicanos; cuando se intenta matar dentro de su casa a Largo Caballero y los asesinos frustrados no son sancionados en ninguna forma; cuando se intenta matar a uno de los hombres más eminentes de España, afiliado al Partido Socialista, el penalista insigne, señor Jiménez de Asúa, y a los asesinos no se les hace nada; cuando hay una justicia corrompida al servicio de estos intereses muertos; cuando hay un Ejército que no quiere defender otra cosa más que eso, ¿qué íbamos a hacer los republicanos? ¡Que venga lo que tenga que venir, que nosotros lo recibiremos como se merezca! (Aplausos).

¡Nada nos asusta a los republicanos españoles que esté en la distancia, delante de nosotros, de nuestros ojos! Para atrás no tenemos nada que ver; lo de atrás es camino recorrido; nos falta por recorrer un camino inmenso para llegar al ideal; quisimos ir andando lentamente; ellos nos impulsan a ir en aeroplano. Lo tomaremos. (Aplausos).

Y ahora, nada más sino celebrar con toda sinceridad que el primer acto público, después de la operación que hube de sufrir en esta maravillosa ciudad, lo haya realizado entre obreros, que son mis hermanos. (Aplausos). Yo he proclamado en todas partes que tengo un blasón de nobleza que no cambio por ninguno de los que ostentan con tanto orgullo los aristócratas españoles: yo soy hijo de un albañil y de una criada de servicio, (Aplausos), y cuando por el sacrificio enorme de mis padres que quizás les costó vigilias muy dolorosas, yo pude estudiar y me elevé con mi propio y exclusivo esfuerzo, pues yo no debo nada más que a mis padres, no soy como tantos tránsfugas que cuando se elevan por el pueblo que les sirve de pedestal, no hacen otra cosa sino dar al pedestal un puntapié y olvidarse de donde procedieron. (Aplausos). Yo no: yo proclamo con el mayor orgullo: Elevé mi inteligencia con el trabajo, saliendo de las filas anónimas del proletariado, y empleo mi inteligencia siempre que puedo, en todas las ocasiones, en poner lo que yo pude aprender a fuerza de trabajo y de estudio, a la disposición de los que necesitan de mí. (Aplausos).

Por eso siento esta íntima satisfacción, y también yo os digo como vuestro líder Lombarda Toledano, que no será esta la última vez que yo hable con vosotros; ahora he venido a agradeceros con toda emoción, con toda cordialidad, en nombre de mis hermanos y hermanos vuestros también, que en España luchan por defender la libertad y el porvenir de la República, que otro día, otros días, hablaré con vosotros de gran cantidad de problemas que hay en España, y cada uno de vosotros estará pensando que este hombre ha recorrido México y está hablando de los problemas de México, porque hasta este punto es similar vuestra situación a la nuestra.

Amigos proletarios de México: muchas gracias en nombre del Gobierno de la República, muchas gracias, y sabed que allá, todos los que sienten el ideal republicano, vibran con la misma emoción y tienen los mismos propósitos que acabo yo de manifestar ante vosotros para el día en que, vencida la rebelión militar, después de los castigos inexorables -ahora no habrá piedad-, juntos todos iremos a constituir la Patria nueva, que sea espejo en que se miren tantas Patrias oprimidas como hay en el mundo. (Aplausos).













2852. El Sinaia / Homenaje a Pelayo José López Pérez


Pelayo José López Pérez



Pelayo José López Pérez, nació en Candas el 19 de mayo de 1925. Salió de Asturias a los doce años con sus hermanas mayores en septiembre de 1937 poco antes de que Asturias cayera en manos de las tropas franquistas. Su padre se quedó y fue represaliado y fusilado.

Mientras sus hermanos  combatían en el Frente del Ebro, él permaneció acogido en una masía. A finales de enero de 1939 pasó a pié la frontera con Francia por Le Perthus. Junto a sus hermanas fue acogido por una familia francesa en St. Flour. Sus hermanos quedaron confinados en Argelès y Saint Cyprien.

En mayo de 1939 la familia consiguió reunirse y viajó en el Sinaia, integrando la primera expedición de refugiados españoles republicanos que partió del puerto de Sete el 25 de mayo y llegó a Veracruz el 13 de junio de 1939.

Trabajó duro, se casó y tuvo tres hijos. Con mucho esfuerzo levantó una pequeña industria de calzado para mujeres y tres zapaterías.

Vivió en Mexico hasta 2016 que retorno a España. A sus 94 años recién cumplidos reside en Gijón con su hijo Daniel, el autor del poema que transcribimos a continuación.



El Sinaia

A mi padre, 70 años después


Atrás habían quedado
los recuerdos intensos y agolpados
de tres años convulsos;
la infancia fracturada por la Guerra;
el dolor silencioso de la orfandad
apenas confesada.

Aún estaban en tu memoria el éxodo,
la huida de Asturias
enfrentando borrasca,
el refugio de los bosques idílicos
         de Cataluña, antes de la caída,
el paso por los Pirineos helados
         con miles de exiliados
en su huida hacia Francia,
tus hermanos varados en la arena
         entre alambres de púas,
en los campos de concentración,  
         de Argeles y Saint Ciprien,
el respiro solidario de Saint Flour,
         el vapor Sinaia en el puerto de Sete,
el paso por Gibraltar
         diciendo adiós a España, 

Madeira, el Atlántico inmenso,
         la recepción de los trabajadores
en el puerto de San Juan .

La travesía había sido larga,
         cargada de añoranzas y sueños de futuro,
arrastrando el bagaje de la digna derrota.
         Era un viaje a lo ignoto que por fin terminaba.

Apenas lograba entreverse,
         como un fantasma  amigo con los brazos abiertos ,
como una encarnación de la esperanza,
         la cima misteriosa del Pico de Orizaba.

Aún no se podía vislumbrar la nueva orilla,
         una cálida brisa te iba cobijando
con aromas insólitos de un trópico sensual.
los mismos que hoy percibes al volver a Veracruz
setenta años después de tu llegada..

Es como un deja vu agolpado de imágenes,
         como si estuvieses en el muelle T
viendo las pancartas de obreros y campesinos,
         escuchando las bandas de música
y los discursos de bienvenida
         de los comités de recepción.

Es como si descendieras otra vez
por la escalinata del barco
y volvieses a tener
          la sensación de alumbramiento,
como si inhalaras una y otra vez
          el aire de libertad que dabas por perdido,
como si corriera nuevamente por tus venas
          la savia mágica,   
la energía que te hizo resurgir de las cenizas
          al  arribar a tierra mexicana
el trece de junio del treinta y nueve
          que hoy
a tus ochenta y cuatro años
          rememoras.


Daniel López-Acuna
Ginebra, 13 de junio de 2009








2764. Instrucciones del Presidente Cárdenas

Condecoración del Gobierno Republicano Español en el exilio al Presidente de México, Lázaro Cárdenas


Instrucciones del Presidente Cárdenas a Isidro Fabela - Enero de 1937


I) México es y deberá seguir siendo un Estado fiel a la Sociedad de Naciones.

II) México cumplirá estricta y puntualmente el pacto de la Liga.

III) México ha reconocido y reconoce como inalienable el principio de no intervención.

IV) Como consecuencia de lo anterior, México se constituirá, en todo momento que sea necesario, en defender de cualquier país que sufra una agresión exterior de cualquier importancia.

V) Especialmente en el conflicto español, el Gobierno mexicano reconoce que España, Estado miembro de la Sociedad de Naciones, agredido por las potencias totalitarias, Alemania e Italia, tiene derecho a la protección moral, política y diplomática, y a la ayuda material de los demás Estados miembros, de acuerdo con las disposiciones expresas y terminantes del pacto.

VI) El Gobierno mexicano no reconoce ni puede reconocer otro representante legal del Estado español que el Gobierno republicano.

VII) En el caso de Abisinia, México reconoce que ese Estado ha sido víctima de una agresión a su autonomía interna y a su independencia de Estado soberano por parte de una potencia interventora. En consecuencia, la delegación de México defenderá los derechos etíopes en cualesquiera circunstancias en que se pretendan ser conculcados.

VIII) En términos generales, México ha sido y debe seguir siendo un país de principios cuya fuerza consiste en su derecho y en el respeto a los derechos ajenos. Consecuentemente, la representación de México en Ginebra deberá ser intransigente en el cumplimiento de los pactos suscritos, en el respeto a la moral y al derecho internacional y específicamente en el estricto cumplimiento del Pacto de la Sociedad de Naciones.









2661. Isabel Oyarzábal Smith. Recuerdos de la tía Ella

Isabel Oyarzábal en su exilio mejicano (Arxiu Nacional de Catalunya. Fondo Isabel Oyarzábal Smith)



Rodrigo de Oyarzábal, sobrino de Isabel Oyarzábal Smith,  (Málaga, 12 de junio de 1878 - Ciudad de México, 28 de mayo de 1974), ha querido compartir con nosotros algunos recuerdos de su tía, que transcribimos a continuación:

Por la madre escocesa, los cuatro hijos mayores de Juan Oyarzabal Bucelli y Ann Margarita Smith Guthrie, eran llamados por sus nombres en inglés: Molly por María Asunción, Jack, mi abuelo, por Juan, Ella por Isabel y Dick por Ricardo. Para los tres pequeños Pepe, Anita e Inés prevaleció el español.
Mi padre, Juan de Oyarzabal Orueta, hijo de Jack, es el “sobrino Juan” que Isabel cita en “Hambre de Libertad”: “Antes de partir, sin embargo, tenía que arreglar ciertos asuntos de mi sobrino Juan… Me había escrito una valerosa carta en la que decía que estaba dispuesto a trabajar en cualquier cosa como un ‘hombre libre’[1][2].
El piso que rentaron en México se ubica en la glorieta conocida como Plaza Washington, en el cruce de las calles Londres y Versalles en la Colonia Juárez de la Ciudad de México. En la tercera planta (en la segunda estaba el laboratorio de Germán, el yerno de Isabel).
Era yo muy joven cuando, por iniciativa propia, cruzaba media ciudad para ir a visitar a la Tía Ella, en una época en la que todavía no existía el metro en la Ciudad de México. Le llevaba unas “lenguas de gato” amargas, que eran unos de sus chocolates preferidos.
El piso era muy grande y se comunicaba con el del laboratorio del tío Germán. En una pequeña habitación tenía puesta, al lado de la ventana, una mesa de madera pequeña, cubierta por un mantelillo blanco y dos sillas. La vista daba a la estatua de George Washington que, en aquellos tiempos, engalanaba la glorieta.
Tía Ella me sentaba en una de las sillas, me convidaba una lengua de gato e iba hacia un armario del cual regresaba con un paquete de cartas. Se sentaba, veía al General y comenzaba a leerme su correspondencia. Recuerdo a Unamuno, Valle-Inclán y Pío Baroja, entre los españoles, así como Diego Rivera y Frida Khalo, entre los mexicanos.
Su lectura iba siempre de la mano de la actuación. Cómo interpretaba cada intención, con su gracia andaluza y sus brazos tan expresivos, me llevaba a imaginar a los personajes en el momento de escribir sus cartas, además de que siempre acompañaba la lectura con una anécdota personal con cada uno de ellos.
Escucharla leer las cartas a sus cerca de 90 años, me resultaba fascinante y me entusiasmaba mucho. En esos tiempos, además de conocerla como la tía que salvó a papá del campo de concentración, y de considerarla, prácticamente, como una abuela paterna, era para mí una escritora, así como el tío Cefe un pintor. Con el tiempo fui entendiendo todo su papel durante la guerra y, mucho más recientemente, su aportación al movimiento feminista en el mundo.
En casa Málaga siempre estaba presente y, por consiguiente, Andalucía también. La última vez que vi a mi Tía Ella, menos de un año antes de su muerte, fue en nuestra casa. Mis padres la habían invitado a comer. Estábamos a la mesa la tía, mis padres, mis hermanos y yo. Mi hermano Shanti iniciaba su formación como mimo y decidieron, a media comida, organizar una orquesta entre él y tía Ella, de tal forma que uno imitaba a un músico tocando un instrumento y la otra lo seguía con otro. El punto climático fue cuando Isabel Oyarzábal tomó las castañuelas y con todo el salero andaluz echó los brazos pa’tras y dio un ¡recital de flamenco en pantomima!
Conocimos también a la tía Anita, por supuesto, nacionalizada estadounidense, y a la tía Inés, que vino de visita desde las Filipinas con todo y su hábito. Siempre me pareció muy extraño que la mayor y la menor de las hermanas fueran monjas y Ella, roja.

Rodrigo de Oyarzábal
Julio 2018

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[1] Isabel Oyarzábal Smith. Hambre de Libertad. Pag. 468
[2] Carta de Juan de Oyarzabal a su tía Isabel desde el Campo de Concentración de Bizerta







2420. Palabras de de los intelectuales mexicanos

Manifestación contra Franco en México


No nos dejamos engañar por los agentes de la regresión universal, que a beneficio de la violencia organizada y la servidumbre sistemática, lanzan hipócritas requisitorias a la menor muestra de inconformidad popular, y condenan la pretendida opresión comunista perra allanar el camino de la más cruel, irresponsable y salvaje de las dictaduras: el fascismo. Pero negamos rotundamente que la Revolución Española sea comunista, como pretenden hacerlo creer el periodismo mercenario y los intelectuales de librea. No es comunista, porque se propone como objetivo primordial, no la supresión de la propiedad privada de la tierra, sino su reforma, porque no aspira a la inmediata desaparición de las clases sino la abolición de los privilegios feudales que, las más ociosas de ellas todavía detentan; porque no reivindica la socialización absoluta de los medios de producción y de cambio; porque no pretende quemar la etapa intermediaria entre el feudalismo dominante hasta 1931 en la estructura de la sociedad española, y una nueva sociedad cuya edificación comienza a ser factible cuando la totalidad o la mayor parte de las posibilidades del capitalismo se han agotado; porque lo único que pide para el pueblo español es la libertad política y el bienestar económico de que se disfruta en todas las democracias del mundo.

El derrocamiento de la República Española, a la cual defiende no sólo el proletariado, sino también los campesinos y las clases medias, y, en primer término lo más valioso de la intelectualidad hispana de hoy, significaría, en esa virtud, una derrota de la democracia y un triunfo para los regímenes cavernarios, quemadores de libros y excitadores de la violencia y del crimen, que después de aherrojar a sus propios nacionales, sueñan con transformar la tierra en un gigantesco ergástulo. Ni como ciudadanos de un país libre, ni como hombres civilizados, ni como intelectuales podemos mirar con indiferencia semejante perspectiva. Declaramos, pues, que deseamos ardientemente el triunfo del pueblo español, en esta guerra a que lo ha obligado la reacción nacional e internacional. Proclamamos el deber que, los partidarios de la democracia tenemos de coadyuvar a él por todos los medios morales y materiales a nuestro alcance. Denunciamos la neutralidad ante el conflicto como una complicidad medrosa con las huestes mercenarias que intentan erigir la esclavitud en sistema universal de gobierno, sobre los escombros de la libertad y la cultura. Y afirmamos con entusiasmo, a pesar de las contingencias de la campaña militar, nuestra fe en la victoria final del pueblo español sobre la coalición de nacionales traidores y de extranjeros esclavistas que pugnan por someterlo.

México, 1937


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Francisco Zamora


Facetas de la actualidad española núm.  5
La Habana, agosto de 1937









2266. Carta del presidente Cárdenas sobre la posición de México respecto a la guerra de España

Lázaro Cárdenas y la guerra de España. Grabado del Taller Gráfica Popular. Autor Alberto Beltrán


Carta del presidente Cárdenas a Isidro Fabela, delegado ante la Sociedad de Naciones, sobre la posición de México respecto a la guerra de España.

México, 17 de febrero de 1937.
Sr. Lic. Isidro Fabela
Delegado de México
Ginebra, Suiza


Muy estimado señor licenciado y fino amigo:

Como complemento de la conversación que tuve el gusto de celebrar con usted antes de su partida y como orientación para las pláticas que pueda usted tener en Francia, así como para sus gestiones en Ginebra en virtud de la comisión que le ha sido confiada, creo conveniente atraer su atención sobre el espíritu de absoluto desinterés y de irreprochable lealtad internacional con que el gobierno de México ha procedido y procede en lo que respecta al actual conflicto de España. Es posible que -dada nuestra ausencia del Consejo de la Sociedad de las Naciones- la forma en que dicho conflicto sea tratado en la Liga, no haga indispensable una exposición detallada de usted sobre la materia; pero, si el caso llegara a presentarse, sería necesario explicar con precisión el alcance real de nuestra conducta, la cual, a nuestro juicio, es la que deberían haber observado todos los países.

Conviene, ante todo, hacer ver hasta qué punto la actitud de México en relación con España no se encuentra en contradicción con el principio de "no intervención". Esta frase, muy utilizada en la actualidad por la diplomacia europea y por la política interamericana, ha venido a recibir, como consecuencia de las complicaciones internacionales suscitadas por la rebelión española, un contenido ideológico muy diferente del que orientó, por ejemplo, a la delegación mexicana que concurrió a la reciente Conferencia de Paz de Buenos Aires, al proponer a la aprobación unánime de las Repúblicas de nuestro continente el protocolo Adicional a la Convención sobre Deberes y Derechos de los Estados firmada en Montevideo en 1933.

Bajo los términos "no intervención" se escudan ahora determinadas naciones de Europa, para no ayudar al gobierno español legítimamente constituido. México no puede hacer suyo semejante criterio, ya que la falta de colaboración con las autoridades constitucionales de un país amigo, es en la práctica, una ayuda indirecta --pero no por eso menos efectiva- para los rebeldes que están poniendo en peligro el régimen que tales autoridades representan. Ello, por lo tanto, es en sí mismo uno de los modos más cautelosos de intervenir.

Otro de los conceptos que ha cobrado particular connotación con motivo de la situación española, es el de la neutralidad internacional. México, al adherirse en 1931 al Pacto constitutivo de la Sociedad de las Naciones tuvo muy en cuenta el carácter generoso de su estatuto, del que puede decirse que una de las conquistas jurídicas más importantes ha sido la de establecer una clara separación -en caso de posibles conflictos- entre los Estados agredidos, a los que se proporcionan todo el apoyo moral y material que las circunstancias hacen indispensable, y los Estados agresores, para los cuales se fija, al contrario, un régimen de sanciones económicas, financieras, etc. La justificación de esta deferencia, plausible en lo que concierne a los conflictos que puedan surgir entre dos Estados libres y soberanos, se pone aun más de manifiesto en lo relativo a la lucha entre el poder constitucional de un Estado y los rebeldes de una fracción apoyada visiblemente como en el caso de España por elementos extraños a la vida y a las tradiciones políticas del país.

La ayuda concedida por nuestro gobierno al legítimo de la República española es el resultado lógico de una correcta interpretación de la doctrina de "no intervención" y de una observancia escrupulosa de los principios de moral internacional que son la base más sólida de la Liga. A este respecto procede recordar que la ayuda material a que aludo, ha consistido en poner a disposición del gobierno que preside el señor Azaña, armas y parque de fabricación nacional y solo ha aceptado servir de conducto para la adquisición, con destino a España, de material de guerra de procedencia extranjera en aquellos casos en que las autoridades del país de origen -conociendo la finalidad de la compra- manifiesten en forma clara su aquiescencia y den, de acuerdo con los procedimientos normales, los permisos reglamentarios.

Al participar a usted que de la presente carta he enviado una copia a la Secretaría de Relaciones, ya que, cuando sea necesario, habrá usted de solicitar de dicha dependencia las instrucciones relacionadas con la participación de nuestro país en los trabajos de la Sociedad de las Naciones, aprovecho la oportunidad para desear a usted el mejor éxito en el desempeño de su cargo y quedo suyo, afectísimo amigo y atento seguro servidor,


Lázaro Cárdenas
Cartas al Presidente Cárdenas
Offset Altamira, México 1947