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2332. Francisco Martínez López, "El Quico", en Tui

Manuel Vázquez de la Cruz, Montse Fajardo, Francisco Martínez López, "El Quico" y María Torres


Presentración de Francisco Martínez López, "El Quico", en el acto organizado por el colectivo Levada Libre de Tui, homenaje a la guerrilla antifranquista, el 30 de abril de 2017


Bienvenidos, benvidos compañeiras y compañeiros, militantes de la memoria.

Aquí estamos un año más cultivando, cuidando, mimando la Memoria, reivindicando esta frágil conquista que tantos enemigos tiene al acecho. La recuperación de la Memoria debe ser nuestra revolución permanente. No podemos permitir que la memoria republicana se pierda. Hay que peinarse el llanto, la rabia, los vientos de impunidad y convertirlos en militancia porque como bien decía el gran Machado: "ni el pasado ha muerto, ni está el mañana -ni el ayer- escrito".

Durante casi cuarenta y dos años desde la muerte del dictador, hemos recibido lecciones baratas de democracia, lecciones de olvido, de ceguera, de injusticia, de borrón y cuenta nueva. Echamos de menos un gesto institucional de respeto y reconocimiento para todos aquellos que lucharon contra el fascismo. Una democracia debe fomentar la búsqueda de la verdad histórica. Nunca se hizo, y seguimos teniendo una patria triste, deshecha y una Historia amarga en suspenso, pero la Memoria y la transmisión de la misma a las generaciones futuras nos hará renacer.

El Estado español, tierra de impunidad, reposa sobre un inmenso osario sin letreros ni cruces. Ya advirtió el poeta visionario León Felipe, que detrás de Franco llegarían los enterradores y arqueólogos. La Memoria es capaz de excavar, escudriñar, interrogar a esos huesos sin nombre, a esos héroes anónimos sepultados por múltiples capas de olvido. La Memoria es capaz de señalar a los verdugos y espero, esperamos, que la Memoria también sea capaz de destapar la Verdad, de ejecutar la necesaria Justicia y dotarla de su verdadero sentido y de otorgar la ansiada Reparación. Alimentémonos de esa esperanza, porque si la matamos, será caer en la misma negación contra la que luchamos.

Francisco Martínez López, "El Quico", memoria viva de la resistencia antifranquista y a quien tengo el honor de presentar hoy, lleva años luchando, armado y desarmado para que el pasado no caiga en el olvido. Ese olvido en el que está trenzada la historia de los guerrilleros antifranquistas. La tibia Ley de la Memoria Histórica les dio la espalda. Aún en el año 2011 el Diccionario Biográfico de la Academia de la Historia los definía como «bandoleros y terroristas». La democracia, al igual que con el resto de las víctimas del franquismo, no les ha otorgado ningún reconocimiento jurídico.

Pero nosotros sabemos que no es así, que forman parte de nuestra historia, que su vida fue unida al compromiso ineludible de la lucha por la libertad. Derrocar al régimen franquista fue el objetivo por el que lucharon y murieron. Se les persiguió encarnizadamente, se les torturó, se les aplicó la ley de fuga y sufrieron junto a sus familiares innumerables vejaciones.

Quico fue un niño de la República, hijo de campesinos; seguía siendo un niño de once años cuando los militares golpistas se sublevaron en 1936. En la retina de ese niño quedó grabado para siempre la tortura que infringieron a sus padres, la simulación del fusilamiento de su hermano, el asesinato de su maestro. Brotó la rebeldía y con esa edad comenzó a ser enlace del Servicio de Información Republicana. Luchó como guerrillero en la Segunda Agrupación del Ejército Guerrillero de Galicia-León hasta 1952, año en el que se exilia en Francia. Su propio partido le pone cuatro años en cuarentena, aunque más adelante recupera la actividad militante dentro del PCE. A partir de 1977 abandona los cargos de responsabilidad en el partido para dedicarse, según sus palabras, "al trabajo de exhumación de la memoria del movimiento guerrillero junto con otros antiguos guerrilleros", convirtiéndose en un guerrillero contra el olvido, porque como dice tiene que “contar la lucha de un pueblo al que la Transición abandonó"

Es un superviviente, un actor real de la lucha antifranquista, una fuente primaria como dirían los Historiadores, por eso siente que su obligación moral es contarlo, tomar parte activa en la transmisión de una memoria sin adulterar.

Han pasado los años pero la batalla contra la libertad, la democracia, la fraternidad y la paz no ha finalizado y Francisco Martínez López, consciente de ello, sigue luchando por los mismos principios democráticos, sigue defendiendo con la misma intensidad la lucha y la dignidad de sus compañeros resistentes contra la barbarie y el fascismo.

Hoy rendimos homenaje a Quico y a todos los guerrilleros. Honor y gloria a los que fueron capaces de no bajar los brazos aunque tuvieran que empuñar un arma. Me pregunto de dónde sacaron la fuerza para seguir luchando en esa paz ficticia, peor que la guerra, que sonaba a tiro y acribillaba sin aviso.

Abrid los ojos, prestad la máxima atención, porque ahora tendréis ante vosotros a un hombre coherente y lleno de sabiduría, un limpio espejo en el que mirarse.

Aprovechad este momento, que quede bien grabado en vuestras pupilas y en vuestro corazón, porque lo vais a recordar toda la vida.


María Torres
30 de Abril de 2017




Invervención de Francisco Martínez López, "El Quico" en Tui, 30 de abril de 2017









2331. Francisco Martínez López, guerrillero contra el olvido

Francisco Martínez López, "El Quico", en el monumento a las víctimas del franquismo en Tui, obra del escultor Silveiro Rivas
Tui, 30 de abril de 2017


Como Guerrillero por la memoria, me adhiero a los colectivos constructores de la verdad histórica. En esta ocasión en Tui, cuya invitación me honra y traslado mi reconocimiento a María Torres, enlace con este  encuentro.

Mi contribución será el relato de un extracto de mi trayectoria guerrillera antifranquista en Galicia. Un superviviente exiliado, que actúo, a la vuelta a España, en la continuidad de la lucha democrática para testimoniar, de aquella verdad de valores, de dignidad y ética ciudadana, enmudecida por la represión franquista y aun cautiva de la ocultación y el silencio, producto de los pactos y renuncias de una “Transición” frustrada.

Presente en Tui, como parte de mis espacios geográficos de memoria, me encuentro con mi parcela gallega de lucha armada contra la dictadura  franquista hasta septiembre de 1951.

Fue en septiembre de 1947 que recorrí la “Vía Láctea” guerrillera de León Galicia para ir al congreso guerrillero de “cambio de táctica” decidido ante la nueva situación internacional: Guerra fría y condicionamiento a las  políticas de Bloques militares.

La esperanza nos hizo armar de paciencia a todos las antifranquistas, pero otras formas de lucha se han impuesto, no menos reprimidas: más a tono con los tiempos. Los crímenes, la tortura, el odio de los fascistas, fue una constante, hasta que, saturados, los responsables del régimen franquista optaran por un cambio, que protagonizaron desde el poder, asegurando que quedase todo “Bien Atado”. Una nebulosa  dejó a España en la incertidumbre sobre la verdad  histórica del siglo XX.

En 1977, mi “Vía Láctea” fue desde Paris a Galicia, a encontrarme con aquellos compañeros enlaces y amigos, que esperaban del nuevo Gobierno Democracia con verdad, justicia y reparación.

¡Aun lo tenemos pendiente!

Ya en el siglo XXI España es punto de mira internacional. Los órganos de derecho internacional advierten reiteradamente que los crímenes de lesa humanidad cometidos en España no prescriben; que la impunidad es un fraude jurídico amañado en una Ley de Amnistía improcedente en 1977 dado a la capitulación de los que la negociaron en nombre de la democracia.

Los demócratas rendimos cuentas de nuestro pasado porque nos acompaña la dignidad del pueblo mártir, con ética. Es  nuestra verdad: una verdad  reconocida en el combate por los valores que nos identifican para liberarnos del dolor colectivo que sufrió todo nuestro pueblo durante 40 años de Dictadura.

¡Víctimas, pero no victimistas! que nos alejen del combate,  pendientes de construir el mundo libre que añoramos.

Esa es nuestra venganza contra los tiranos y el mejor homenaje a todas las víctimas de la tiranía fascista. Un frente de lucha memorístico para restablecer la verdad, la justicia y la reparación, en memoria de todo el pueblo mártir.

Proponernos construir una sociedad, motivada y protagonista como la que nos arrebato la Dictadura en 1936-1939.

Queremos señalar cada lugar en el que el terror dejo huellas; trasmitir nuestras experiencias a las generaciones jóvenes, para inmunizarles contra la fatalidad de la repetición de tragedias, a imagen de la franquista desde el 1936  hasta la muerte del dictador.

Queremos construir desde la misma  Utopía, articulando pluralidad de movimiento social, en la diversidad cultural o ideológica, con una ética  que imponga las reglas de igualdad en la diferencia:  libres todos  ante sus destinos sociales, humanos, políticos ideológicos.

En lo que me corresponde,  mi odio a la injusticia tiene como destinatario, el tiempo que queda para verla, superada.

Los actores en el presente, tenemos el referente del pasado trágico. Reivindicamos el conocimiento y la verdad sobre la huellas de los “Crímenes de Lesa Humanidad”. La localización de los asesinados llamados “desaparecidos”.

Queremos dar a conocer las Cárceles de Celanova, Orense, Coruña, donde se torturaba y se aplicaba cruelmente “el Garrote Vil”; queremos que la ciudadanía  sepa qué fue "La Isla de San Simón"  y que existieron más de 38 cárceles en Galicia, como penitenciarias así como los campos de esclavitud, como las minas de Wolframio de Silleda y Casaio donde se enriquecieron los jerarcas del franquismo. Los lugares masivos de fosas sin localizar ni dignificar a sus víctimas. Todo cuanto constituye una muestra para “Nunca mais”.

Por ahora tenemos más lucha que disfrute, hasta ganarle el pulso a la involución; hay que creer en el movimiento, que alumbrara nuevas perspectivas. Otra generación se reconocerá en los valores que hoy ilustran nuestra condición de soldados de la Memoria.

Como ex guerrillero contra Franco, luego guerrillero contra el olvido, es para mí una promoción humana estar en las trincheras del Movimiento Asociativo, en esta etapa de transformación con el arma de la verdad , por la justicia, la cultura colectiva y fraternidad democrática. Así seré digno para mis compañeros caídos y mis compañeras caídas bajo las balas fascistas. De miles de ciudadano o ciudadanas que con generosidad inagotable, hacían parte del Movimiento Guerrillero en sus casas y haciendo misiones de  mucho peligro. Siempre inquebrantables  ante la tortura o las Leyes de Fuga. Para  eso estoy en estos actos que justifican mis razones.

Quiero serlo el tiempo me queda. El juicio que me hizo la dictadura  franquista que sea trasferido a la sociedad para que tenga la última palabra, valorando o juzgando lo que en su nombre me he permitido protagonizar, en la lucha armada y en el resto  de actividades políticas.

Gracias compañeras, gracias compañeros.


Francisco Martínez López
Guerrillero contra el olvido


El 30 de abril de 2017 Francisco Martínez López, "El Quico" participó en Tui en el homenaje a la guerrilla antifranquista, dentro de las jornadas de memoria republicana organizadas por Levada Libre.









2311. Francisco Martínez López, «El Quico»

Francisco Martínez López, «El Quico» / Septiembre 2016


Francisco Martínez López, «El Quico» nace en el Bierzo el 1° de octubre de 1925, en una familia republicana de campesinos y de mineros implicada en la red de enlaces del movimiento guerrillero de León y Galicia. Este apoyo a la resistencia armada antifranquista constituye para Quico una escuela política y, desde muy joven, participa en el Servicio de Información Republica (SIR) dirigido por la Federación de Guerrillas de León y Galicia. Descubierto por la policía en septiembre de 1947, por su actividad clandestina, consigue escapar y se incorpora a la guerrilla en el momento en que se forma la segunda agrupación del Ejército Guerrillero, vinculada al partido comunista de España. Quico  actúa primero en un grupo de resistentes anarquistas, socialistas y comunistas que no se han integrado al Ejército Guerrillero. En 1949, se une al grupo de Manuel Girón y combate a su lado hasta la muerte de éste, en mayo del 1951 y en septiembre del mismo año, con sus compañeros Manuel Zapico, Pedro Juan Méndez, Silverio Yebra, toma el camino del exilio, gracias a una red de evasión organizada fuera de los partidos políticos. Pasa clandestinamente la frontera por Navarra y llega a Francia por les Aldudes, un pueblo del País Vasco francés.

Entonces, Quico y sus compañeros buscan y encuentran el apoyo de sus compañeros de guerrilla que se habían exiliado anteriormente, en particular el de Amadeo Vallador, guerrillero anarquista de la Federación de León y Galicia. Se presentan a la policía francesa para pedir asilo político pero, a pesar de esa entrega voluntaria, las autoridades francesas los encarcelan dejándoles elegir entre dos opciones: o Franco -es decir la muerte con garrote vil- o la Legión extrangera en Indochina. Al negarse «El Quico» y sus compañeros a incorporarse a esa guerra colonial, los encierran en un calabozo del Fort Saint-Nicolas  en Marsella. En esos momentos dificiles, les ayuda la solidaridad de Amadeo Vallador y de sus amigos de Perpiñan. Amadeo Vallador les pone en relación con José Ester Borras, un refugiado cenetista exiliado en 1939, combatiente de la resistencia al nazismo en Francia, superviviente del campo de concentración de Mauthausen. José Ester Borras trabaja como responsable de la Federación española de deportados e internados políticos (FEDIP) en el servicio de protección y ayuda a los demócratas víctimas de la opresión y del totalitarismo. Moviliza una red de solidaridad formada por antiguos combatientes de la resistencia francesa como Madame Gemähling y Odette Ester, su compañera que es secretaria del periódico Franc Tireur. Los periódicos Franc Tireur y Luttes lanzan una campaña de información y solidaridad hasta conseguir, a duras penas, al cabo de tres meses la liberación de los guerrilleros. Francisco Martínez López-como sus compañeros- consigue el derecho de residir en Francia como refugiado político y empieza a militar en los grupos de unidad antifranquista fuera de los partidos del exilio. El PCE -partido con el que se identifica- le pone en cuarentena durante cuatro años ya que tiene cierto reparo a admitir en sus filas los militantes procedientes del interior. En cuanto puede  Francisco Martínez López recupera una actividad militante en el seno del PCE y poco a poco va asumiendo varias responsabilidades: primero en la comisón del Comité central de Europa, más tarde como responsable de organización en el comité de Francia y miembro del Comité central.

Durante todos esos años de lucha contra la dictadura, su memoria de guerrillero queda oculta pero, a partir de la legalización del PCE, Quico se preocupa al ver que su partido no reivindica el patrimonio histórico de la resistencia armada al franquismo. Decide liberarse de sus cargos de responsibilidad dentro del PCE para dedicarse al trabajo de exhumación de esa memoria del movimiento guerrillero junto con otros antiguos guerrilleros. Al principio aislados, sin apoyo por parte de los grupos parlamentarios y ni siquiera los partidos de izquierda recién legalizados consiguen formar poco a poco una red de contactos compuestos por antiguos actores de la guerrilla antifranquista considerados todavía como bandoleros a pesar de la amnistía general de 1977 y luchan por conseguir su rehabilitación como combatientes de la libertad. En 1997, su movimiento de guerrilleros por la memoria contecta con militantes de la asociación Archivo Guerra y Exilio (AGE). En el seno de esa  asociación, junto a intelectuales como el escritor Alfons Cervera o la historiadora Fernanda Romeu participa en la elaboración de un texto de proyecto no de ley para el reconocimiento moral y político de la guerrilla antifranquista reinvindicando la creación de un centro de archivos abiertos a la ciudadanía para ese capítulo de la  Historia. Participa en las Caravanas de la memoria organizadas por AGE en 2000 y 2002. El Congreso de los diputados vota en mayo del 2001 el reconocimiento de los guerrilleros como luchadores por la libertad, pero no acepta la anulación de la sentencias pronunciadas contra ellos por los tribunales militares de la dictadura ni la creación de un centro de archivos sobre la guerrilla.

En su labor de transmisión de la memoria antifascista, Francisco Martínez López multiplica los encuentros en los institutos, colegios, universidades, casas de la cultura, colectivos asociativos locales. En Alicante, donde vive, contribuye a colectas y grabaciones de testimonios  sobre la guerrilla y sobre las detenciones en los campos de concentración y carceles. Su actividad sigue centrándose en la lucha contra la desaparición de las referencias a la resistencia al franquismo en el espacio público español y se dedica desde 1984, a la creación de lugares de memoria, inscripciones y estelas de homenaje a los luchadores por la libertad.


Francisco Martínez López y Odette Martínez









2111. "Ese pasado que no tiene que caer en el olvido". Carta abierta de un comunista a la dirección de su partido

Francisco Martínez-López, "El Quico"


Ese pasado que no tiene que caer en el olvido

Carta abierta de un comunista a la dirección de su partido

Francisco Martínez-López 'El Quico'

Miembro activo del Partido Comunista de España desde 1944, he sido primero activista desde mis once años en los servicios de información republicana y enlace del movimiento de la Federación de Guerrillas de León Galicia. He luchado como guerrillero en la segunda agrupación del Ejército Guerrillero de Galicia León desde 1947 hasta 1952, fecha en la que pasé al exilio en Francia . Secretario general del PCE en Francia de 1977 a 1990, miembro del Comité Central de 1983 a 1991: fiel a mis principios comunistas nunca he cesado, desde entonces, de militar en mi agrupación, en Francia y otra vez en España. Por todas estas razones me siento hoy con la autoridad política y moral para pedir a mi partido -el PCE- que reconozca públicamente los repugnantes métodos que utilizó durante los años de la guerrilla antifranquista y que rehabilite a quienes los padecieron y particularmente a las víctimas de las ejecuciones sumarias impuestas por la dirección del partido.

¿Cuánto tiempo tendremos que esperar aún para que lo haga?

En 2009, Víctor García Fernández, un hombre de 63 años, descubre que su padre, Víctor García García El Brasileño -a quien consideraba, hasta esas fechas, una víctima de la represión franquista- había sido asesinado cerca de Lalín en enero de 1948 obedeciendo las órdenes del Comité Central del PCE, dirigido en aquel momento por Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo. El cuerpo de El Brasileño fue arrojado al exterior del cementerio perteneciente a la Parroquia de Moalde en Silleda, no lejos de Pontevedra. Ahí es donde lo descubrió su hijo.

Pocos meses después escribe una carta a los miembros del Comité Central a través de Felipe Alcaraz, presidente del PCE, para pedirles que le informen, de forma oficial, ya que ellos tienen acceso a todos los archivos del PCE, “sobre los cargos que le imputaron” en aquel entonces desde la dirección del PCE a su padre y que les movieron a “tomar tan drástica solución”, según las palabras del mismo Víctor [1].

En el día de hoy, queda aún sin respuesta esa carta de Víctor García Fernández.

El Brasileño dedicó su vida a luchar por la emancipación y la libertad de los trabajadores: primero en Brasil, después en España cuando la Revolución de octubre de 1934 en Asturias, durante la guerra civil y en la guerrilla del Noroeste de España de 1942 a 1948. En ésta última etapa organizó junto con los resistentes de Orense, y en contacto con los servicios secretos ingleses, una línea de evasión para los aliados a través de España en dirección a Portugal; reorganizó también el PCE y las actividades antifranquistas en la zona fronteriza luso-galaica. En aquel momento, desde Francia, la dirección del PCE envía a sus ejecutores para desacreditarlo políticamente, intentando manchar su imagen delante de sus compañeros. Hasta que finalmente lo asesinan.

En enero de 1948, un comisario político escribe en su informe al CC “¡Ya lo hemos cazado, este perro!” Los documentos conservados en el Archivo Histórico del PCE dan cuenta de esa verdadera caza al hombre .

Con esta carta abierta quiero expresar todo mi cariño y reconocimiento hacia su hijo, Víctor García Fernández, y toda mi solidaridad con su combate para la rehabilitación de su padre. El asesinato de Víctor García García El Brasileño simboliza el de todos esos resistentes -fuesen o no comunistas- que durante los años de la dictadura cayeron no bajo las balas de los fascistas sino bajo las balas de los que ellos consideraban como sus compañeros y -en el caso de los guerrilleros comunistas- bajo las balas de miembros de ese partido en el cual habían puesto toda su confianza y todas sus esperanzas.

Estos asesinatos fueron cometidos en un contexto de depuración política. Al finalizar la segunda guerra mundial, los miembros de la dirección oficial del PCE -Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri, Enrique Líster, Vicente Uribe-, que se habían refugiado en la URSS o en América Latina después del pacto germano soviético de 1939, deciden volver a Europa para hacerse con las riendas del poder en el seno de la organización. Jesús Monzón que dirigía en aquel entonces el partido es destituido.

Entre 1944 y 1948, las purgas con acusaciones falsas se multiplican con el fin de sustituir a los hombres y a las mujeres que habían quedado en España para luchar contra la dictadura. Algunos, como Víctor García García El Brasileño , son acusados de monzonismo. Las campañas de desprestigio se desatan en las publicaciones clandestinas de la nueva dirección del PCE para apartar a esos antiguos cuadros de sus bases militantes. En 1948, la persecución se intensifica en varias zonas de resistencia, hasta conseguir la eliminación física de quienes -según dice la nueva dirección del PCE- “estorban”. Así, son asesinados Gabriel Trilla, Teófilo Fernández y otros camaradas que formarían una lista que para citarla aquí resulta desgraciadamente demasiado larga.

En la guerrilla combatí con el grupo de Manuel Girón. Con mis compañeros de la Segunda Agrupación del Ejército Guerrillero de Galicia León nos enfrentamos a los miembros del aparato que la dirección del PCE en Francia había enviado a España para “enderezarnos”, según consta en los informes del PCE [2]. Es decir, se trataba de imponernos, con la máxima violencia, una cultura militarista totalmente contraria a la cultura de resistencia que nos unía, desde 1936, a los campesinos, a los mineros, vecinos, familiares y amigos que formaban la red de apoyo de nuestro movimiento de guerrillas.

Hemos comprobado cómo esa estrategia de depuración intentaba controlar nuestras redes de resistencia. Y, sobre todo, vimos cómo mataron a algunos de nuestros compañeros guerrilleros, que habían luchado toda su vida defendiendo la noble causa de una España libre. Así fueron, por poner algunos ejemplos, los casos de Miguel Cardeñas y Ceferino Álvarez Bailarín, comunistas asesinados, el primero en septiembre de 1949 en Sotadeiro (Orense), y el segundo quince días más tarde, en una marcha con Saúl Mayo y Emilio Villarino, dos mandatarios del aparato representado por Manuel Soto Coronel Benito, enviado desde París para usurpar la dirección del Ejército Guerrillero de Galicia León.

Las sospechas sobre esas muertes crecían al ver cómo se acumulaban tantas caídas de nuestros compañeros, y en circunstancias que nos resultaban muy difíciles de aclarar y aún menos de entender. Por ejemplo: la caída en Chavaga (Lugo) de seis compañeros entre los cuales se contaban los responsables de la Segunda Agrupación del Ejército Guerrillero de León Galicia: Evaristo Fernández Roces, Guillermo Morán, Gregorio Colmenero Porreto, Julián Albarca Guardiña, María Casanova y Ramón Casanava, dueños de la casa donde se produjo el combate.

Comprendimos entonces que nosotros -los que formábamos la guerrilla de Manuel Girón- estábamos también en la lista de los que “estorbaban” y cuya cultura de resistencia autóctona, fuente de su anclaje social, había que eliminar. Por eso, decidimos cortar con esos nuevos jefes del Ejército guerrillero y refugiarnos en zonas de apoyo que ellos desconocían.

Después de la muerte de Manuel Girón, algunos de nosotros pudimos exiliarnos a Francia. Hemos pedido, en enero de 1952, en un encuentro con los responsables del PCE en París, que nos informasen sobre quienes en las filas del Ejército guerrillero de Galicia León pretendían actuar en nombre del PCE. ¿Qué vínculos tenían con la dirección del partido los hombres que habían perpetrado aquellos asesinatos? ¿Cuáles eran las razones de tantas caídas enigmáticas en la guerrilla a partir de su llegada en 1946 hasta 1950? Nuestras preguntas quedaron sin respuestas. Aún estoy esperando.

64 años han pasado desde aquel encuentro parisino. 64 años no es nada. Años de lucha en el exilio, años de esperanzas.

64 años que no borraron tampoco en mí el recuerdo doloroso de los que cayeron bajo otras balas que las del enemigo franquista.

64 años buscando a tientas en un laberinto de mentiras y de ocultación, dentro de mi propio partido, las razones de su destino trágico.

64 años esperando que mi partido condene esas ejecuciones inaceptables, absolutamente injustas, contrarias en su totalidad a los valores que pretende defender, que dañaron la dignidad de tantos compañeros y compañeras que dieron su vida en su lucha contra la dictadura franquista, que dañaron también la dignidad de quienes sobrevivimos intentando mantener esa ética democrática que nunca abandonamos a lo largo de nuestra vida.

Durante mucho tiempo he callado públicamente porque las sospechas no son pruebas. Ahora las pruebas existen. También he guardado silencio pensando que, en aquel momento, la lucha contra la dictadura era la prioridad absoluta y porque en aquel contexto me preocupaba el riesgo de que mis declaraciones pudieran ser instrumentalizadas para debilitar esa lucha.

He denunciado públicamente las depuraciones de compañeros de las cuales fui testigo en la guerrilla en el testimonio que he publicado en el año 2000 bajo el título Guerrillero contra Franco [3] . Estoy esperando que lo haga también el PCE, mi partido de siempre.

Y que no me digan ahora que silenciar esos asesinatos de antifranquistas perpetrados por miembros de mi partido es necesario para poder denunciar las masacres en masa de la dictadura. Que no me vengan ahora con el argumento eterno de que sería “hacer el juego al enemigo”. Si no lo hacemos nosotros, con un necesario ejercicio de autocrítica que se ha retrasado tal vez demasiado en el tiempo, serán los herederos del franquismo y todos los que intentan establecer una equidistancia entre el fascismo del golpe de Estado y la defensa de la II República quienes impongan su interesada versión de los acontecimientos con el sólo intento de desacreditar nuestra lucha y nuestro compromiso con la libertad y la democracia.

Desde hace varios años he escrito tres cartas al actual secretario general del PCE, José Luis Centella, para pedirle no sólo información sobre los cargos que se le imputaron desde la dirección del PCE a Víctor García García El Brasileño sino también para exigir que desde las filas del PCE se denunciara su asesinato y se organizara un homenaje para dignificarlo. He multiplicado las llamadas telefónicas. Y sigo en espera, sin ninguna respuesta. ¿Se repite lo que me pasó en Paris en 1952? ¿Me enfrento, una vez más, al silencio y al desprecio igual que en aquel remoto encuentro parisino de mi exilio?

64 años han pasado, 64 años no es nada. ¿Acaso esos 64 años en verdad no cambiaron nada?

¿Qué motivos explican hoy, en el año 2016, ese silencio? ¿Se siguen ocultando la responsabilidad y las motivaciones del PCE en esas liquidaciones de compañeros resistentes que eran comunistas? ¿Cómo nuestra defensa de la memoria histórica de la lucha contra la dictadura podría ser creíble si no hacemos en nuestras propias filas y con transparencia ese trabajo auténtico de memoria?

Con las armas, fui un guerrillero contra Franco. Desde hace treinta años, con la palabra tuve que ser un guerrillero de la memoria democrática. Con las compañeras y los compañeros de las guerrillas de todas las regiones de España, en la asociación Archivo Guerra y Exilio (AGE), hemos multiplicado encuentros, debates, entrevistas, libros, combates políticos para transmitir aquella experiencia de resistencia armada al franquismo.

¿Qué sentido tendría ese “trabajo de memoria” que es el nuestro y que pretende hacer el PCE si a su vez sepultara la memoria de Víctor García García El Brasileño, la de Miguel Cardeñas, la de Bailarín , la de los hermanos Díaz (guerrilleros de la Cuarta Agrupación del Ejército Guerrillero de Galicia León, asesinados en la Coruña), la de Francisco Corredor Serrano El Gafas, la de Francisco Blas Aguado Pedro , la de Juan Ramón Delicado González, asesinados en Levante y la de tantos otros resistentes ejecutados por haber intentado resistir a la imposición dictatorial de un modelo de organización totalitaria [4]?

Tengo noventa y un años y mi conciencia de comunista me impone hoy día otra batalla: conseguir que los que pretenden gestionar el legado de la memoria comunista respondan por primera vez a las preguntas de Víctor -el hijo de Víctor García García El Brasileño-, a las de Iván -hijo de Juan Ramón Delicado González- y a las tantos otros que no pudieron recibir la ternura y la digna herencia de sus padres. Y a las de ese joven guerrillero que fui yo, salvado de la muerte por los pelos, que llegó a París en 1952 y empezó a preguntar, ya entonces, por qué Miguel Cardeñas y los demás compañeros guerrilleros habían caído bajo las balas de comisarios políticos de su partido, el PCE.



[1] Sobre la encuesta de su hijo, ver: el artículo en el Faro de Vigo del 22 de marzo de 2009 http://www.farodevigo.es/portada deza-tabeiros-montes/2009/03/22/buen-nombre-padre/308637.html y su blog: Víctor García G. Estallino El Brasileño-blocs tinet.cat/t/ que describe su búsqueda de la verdad sobre el asesinato de su padre.

[2] Ver AHPCE, sección Nacionalidades y regiones, subsección Galicia León, informe de Galicia de principios de marzo de 1948. jacq 520-525.

[3] Martínez López Francisco, « El Quico» Guérillero contre Franco. La guérilla antifranquiste du León 1936-1951. Paris, Editions Syllepse, décembre 2000, 175 p ; Guerrilleiro contra Franco, Vigo, A Nosa Terra, 2006; Guerrillero contra Franco. Guerrillero contra el olvido, La guerrilla antifranquista de León Galicia (1937–1952), La memoria cautiva de la guerrilla (1952–2011), Madrid, Latorre Literaria, 2011.

[4] Vease Josep Sanchez Cervelló Maquis, El puňo que golpeo al franquismo, Barcelona, Flor del Viento ediciones, 2003.