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2509. A quien corresponda. Recordando a Angelina Gatell

Angelina Gatell Comas
(Barcelona, 8 de junio de 1926 - Madrid, 7 de enero de 2017)


devuélvenos
también
nuestros cadáveres,
enséñanos
también
los asesinos.
Ángel González


Una vez más quiero volver al tiempo
del que siempre hablaré
porque le pertenezco
como el azul al mar,
como la luz al alba.

Y quiero
bajar a su memoria
como quien baja
al sótano que guarda
objetos, actos, versos, actitudes,
días, que con frecuencia hojeo
como páginas,
y con ellas pegadas a los dedos
salgo a la calle, aparto con denuedo
la oscuridad y pregunto,
-por si alguien lo supiera-
dónde están los cadáveres,
desde dónde nos mira
la ausencia de sus ojos,
en qué lugar esperan
la cercanía de una rosa,
su fragancia vedada por la ira,
el aire
que disipe el silencio.

Y pregunto también
los nombres de los asesinos,
aunque los sepa bien, sílaba a sílaba,
pero los quiero dichos en voz alta,
a gritos,
no guardados con celo en sus estuches
de dorada penumbra
desde el instante mismo en que el invierno
dejó caer su frío sobre el suelo
que ya nunca fue patria,
sino desgarradura.

Muy pocos saben de qué hablo.

Sin embargo, no falta quien se aleje
obviamente molesto.

Y están los que, confusos,
se llevan a los labios
el índice gastado por el miedo
y se alejan también
aunque más lentamente,
no sé, quizá afligidos.

Otros, susurran evasivos: hace
ya tanto tiempo
... Y vuelven la cabeza,
como si alguien de pronto los llamara.

También los hay que opinan sin sonrojo,
como haciendo equilibrios
sobre el filo de la conciencia,
que sería mejor dejarlo todo
dormido en el sosiego,
cubierto de benignos crisantemos
y así nadie podría
dañarse con su roce.

Después se van a Roma y, conmovidos,
debajo de los pórticos
donde Bernini,
hace ya más de cuatro siglos
guardó la luz del mármol,
recogen, con unción, sin miedo a herirse,
los nombres trémulos de gracia
de otros cadáveres,
los guardan en sus dijes con cuidado
y sonríen en paz.

No consigo entenderlo. Escucho. Miro.
Me quedan ya muy lejos las palabras
que con el tiempo cambian de sentido,
y acomodan sus dúctiles metales
a la oscilante
valoración de los conceptos.
Y más lejos aún, mucho más lejos,
perdida entre la niebla,
la luz que fue habitada por la idea,
o el aroma, no sé, tal vez por nada.

No consigo entenderlo.
Reúno amargamente mis preguntas
y releo las páginas
donde mi tiempo amarillea y sufre.
Como yo está cansado. Y como yo no entiende.
Y como yo, se niega a ser destruido
por esa desmemoria
más grave que el olvido porque en ella
crece y se ramifica,
estercolada por la indiferencia,
la planta obscena
de la conformidad y el beneplácito.


Angelina Gatell
Poema leído en la Biblioteca Nacional, el 27 de septiembre de 2008








2381. Fosas

Manuel Colmeiro, Terror en Galicia, 1936


(Memoria histórica)

No dejéis que el silencio, como fría argamasa,
apague la memoria de aquellos que quedaron
hundidos en la tierra, en la linde del alba.
No dejéis que sus huesos, pulidos por el barro

permanezcan secretos. Izadlos como antorchas,
coronad con sus llamas el fuego que tuvimos
cuando todo era espanto, cuando todo era sombra.
Ellos fueron su amparo, su razón, su sentido.

Recobradlos. Traedlos hasta nuestro presente.
Dad al aire sus nombres como ramas crecidas
en la entraña secreta. Recordad que nos dieron

claridad y conciencia. No dejéis que la muerte
señoree el olvido ni su luz aterida
pues de ella crecimos. Somos sólo su efecto.


Angelina Gatell
Noticia del tiempo (Cien sonetos de ayer y de hoy)











2230. Angelina Gatell Comas, in memoriam

Angelina Gatell Comas
(Barcelona, 8 de junio de 1926 - Madrid, 7 de enero de 2017)


Angelina Gatell, una gran mujer, extraordinaria poeta, resistente antifranquista, rebelde con causa.

No la conocí personalmente, pero cada día sembraba de poesía y compromiso su muro de Facebook, agitaba conciencias con su voz reivindicativa llena de fuerza y de Memoria.

«No temas a la muerte» escribía en su poema Diálogo,

-No temas a la muerte...
-No es ella lo que turba
el corazón que llevo, tan cansado...
-¿Entonces...?
-Mi miedo no es morir. Es no vivir.
No sé si me comprendes...

Te comprendo Angelina. También comprendí aquel último mensaje en tu muro con rumor de despedida el 17 de diciembre: «Gracias a todos los que os habéis interesado por mí. No lo olvidaré. No os puedo escribir aún no tengo fuerzas para escribir. Besos y mi agradecimiento. Os quiero. Angelina.»

Después el silencio.

Ahora y para siempre el recuerdo. 


«… Me arroparon con sombra. Me dieron
pan de sombra amasado
por manos de sombra y condena… »
AG


Generación

A mi hermano

Nada está hecho y ya nosotros
abandonamos la tarea.
Más que luchar, hemos soñado.
De nuestros sueños poco queda.

Más que cantar, es el silencio
nuestro destino y nuestra meta.
Más que vivir hemos pasado
sobre el cansancio de la tierra.

Más que sembrar, hemos dejado
henchido el cuerpo de tristeza.
Más que morir, hemos vivido
con tanta oscura muerte a cuestas.

Más que llorar, hemos sufrido
nuestra gran lágrima secreta.
Más que los hierros, es la noche
la interminable cárcel nuestra.

Más que el dolor, es la amargura,
el fruto cruel de la impotencia.
Más que trazar nuestro camino
es el camino el que nos lleva.

Desde el principio comprendimos
que era imposible la luz nueva.
Sombras tan solo, se apagaba
nuestra hermosura en la tiniebla.


Angelina Gatell
Las claudicaciones, 1969