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3038. Guernica




París, primavera de 1937: Pablo Picasso despierta y lee.

Lee el diario mientras desayuna, en su taller.

El café se le enfría en la taza.

La aviación alemana ha arrasado la ciudad de Guernica. Durante tres horas, los aviones nazis han perseguido y ametrallado al gentío que huía de la ciudad en llamas.

El general Franco asegura que Guernica ha sido incendiada por dinamiteros asturianos y pirómanos vascos enrolados en las filas comunistas.

Dos años después, en Madrid, Wolfram von Richthofen, comandante de las tropas alemanas en España, acompaña a Franco en el palco de la victoria: matando españoles, Hitler ha ensayado su próxima guerra mundial.

Muchos años después, en Nueva York, Colin Powell pronuncia un discurso, en las Naciones Unidas, anunciando la inminente aniquilación de Irak.

Mientras él habla, el fondo de la sala no se ve, Guernica no se ve. La reproducción del cuadro de Picasso, que decora la pared, ha sido completamente cubierta por un enorme paño azul.

Las autoridades de las Naciones Unidas han decidido que ése no es el acompañamiento más adecuado para la proclamación de una nueva carnicería.


Eduardo Galeano
Espejos. Una historia casi universal







3019. Prohibido ser ineficiente

Ejecución de Rudolf Höss, comandante de Auschwitz,  2 de abril de 1947



El hogar estaba pegado a la fábrica. Desde la ventana del dormitorio, se veían las chimeneas.

El director regresaba a casa cada mediodía, se sentaba junto a su mujer y sus cinco hijos, rezaba el Padrenuestro, almorzaba y después recorría el jardín, los árboles, las flores, las gallinas y los pájaros cantores, pero ni por un instante perdía de vista la buena marcha de la producción industrial.

Era el primero en llegar a la fábrica y el último en irse. Respetado y temido, aparecía a cualquier hora, sin aviso, en cualquier parte.

No soportaba el desperdicio de recursos. Los costos altos y la productividad baja le amargaban la vida. Le daban náuseas la falta de higiene y el desorden. Podía perdonar cualquier pecado. La ineficiencia, no.

Fue él quien sustituyó el ácido sulfúrico y el monóxido de carbono por el fulminante gas Zyklon B, fue él quien creó hornos crematorios diez veces más productivos que los hornos de Treblinka, fue él quien logró producir la mayor cantidad de muerte en el menor tiempo y fue él quien creó el mejor centro de exterminio de toda la historia de la humanidad.

En 1947, Rudolf Höss fue ahorcado en Auschwitz, el campo de concentración que él había construido y dirigido, entre los árboles en flor a los que había dedicado algunos poemas.


Eduardo Galeano
Espejos. Una historia casi universal










2604. El reino de las contradicciones. España: de la guerra civil al referéndum de 1966 - Quince

Equipajes de emigrantes españoles en la estación del Norte en 1966


Quince

El soldadito escucha con brillo en los ojos, los relatos de dos obreros españoles que vuelven de Lausanne y Stuttgart, respectivamente: "Allá te pagan 130 pelas la hora, y siempre andan con prisa. Trabajas tus ocho horas y después puedes trabajar las que quieras y las ganas aparte". Uno de los dos emigrados, tiene la mirada clavada en el paisaje al otro lado de la ventanilla: de las altas montañas bajan riachuelos y burritos agobiados por las alforjas, fragmentos de mar y cielo asoman entre los Cantábricos, grupos de casas van anunciando una parada, otra, él descubre construcciones que no conocía. Le han cambiado el país: "Hace tres años y medio que salí de Durango y desde entonces no me tomaba vacaciones. Vengo por un mes. Después, me vuelvo a Alemania siete años". Se queja de la comida y de los alemanes, "que se te ofenden por cualquier cosita", pero a la vez estimula el entusiasmo del soldadito gallego: "Tú encontrarías trabajo fácil, hombre, porque allá necesitan mucho a los carpinteros. Los tejados los hacen de madera, sabes, no como acá que te ponen cemento y esas cosas. Pero sin una contrata no puedes ir. Antes sí, iba cualquiera, cualquiera podía ir sin contrata ni nada. Mientras gobernaba aquel Adenauer, las cosas marchaban bien".

Entramos a España por Irún; saldremos por Port-Bou. A la vuelta, el ferrocarril vendrá repleto de andaluces que se marcharán de sus tierras, con sus valijas de madera hechas por ellos mismos, mal atadas con cualquier cordel, arrastrando niños de todas las edades. No todos los niños, claro: ha sido preciso desprenderse de algunos hijos. Yo miraré a las mujeres que intercambiarán fotografías y comentarios, hablarán sin cesar de los que se han quedado, llorarán y se consolarán entre sí, a lo largo de las interminables horas de viaje, apagadas aquí y allá las voces por el estrépito de la máquina y los berridos de los chiquilines que les han cabido entre los brazos. Pensaré en los millones de niños y adolescentes españoles a los que se  enseña en las escuelas y liceos que Franco salvó a la familia, que los comunistas "querían introducir la lucha de clases en los hogares españoles y se proponían desintegrar la familia". Echaré una ojeada al diario, mientras el tren atraviesa los Pirineos, leeré los titulares: "No hay todavía despidos en masa de españoles en Alemania", leeré las noticias: "en los nuevos planes del gabinete germano, entra la posibilidad de prescindir de un número superior al de los 250 000 obreros extranjeros que se dice han sido despedidos antes de Navidad... Pero no se ha producido todavía un número alarmante de despidos de trabajadores españoles... » Pensaré que estos trabajadores que abandonan sus tierras agotadas, dejando los campos poblados por niños y viejos, no saben, en su mayoría, leer ni escribir. No hay peligro: ni se inquietarán ni se consolarán leyendo los diarios. Harán sus trámites en Port-Bou, donde los "gestores" les arrancarán el poco dinero que puedan haberse llevado, y de allí irán a parar a ciudades que no conocen, donde se habla un idioma que ignoran y se vive una vida que nada tiene que ver con la suya. Pensaré que según datos oficiales, que se quedan cortos, sòlo en 1965 emigraron 227.000 trabajadores como éstos de España; pensaré que al precio de alejarse de su gente, su sol y sus canciones, su comarca, al precio, en fin, de alejarse de sí mismos, también estos contribuirán a nivelar la balanza de pagos del país, aunque casi ninguno sepa qué quiere decir eso y muy pocos tengan conciencia de que los 300 millones de dólares enviados a sus familias desde el exterior, ayudan a que se amortigüe parte de los 2.300 millones de dólares de pérdida de la balanza comercial.

España exporta españoles e importa turistas: son dos fuentes de divisas. Me vendrá a la memoria una de las canciones prohibidas de Raimon, dedicada "al que se queda", al que no sube al autobús que cada día parte del pueblito de Oliva rumbo a Francia:

"Que hace el cielo con nosotros,
Pobres hombres de hambre y carne?
Y llueve, 
cinco días que llueve,
cinco días que vivimos
sin sueldo.
Y llueve.
Pero yo no quiero las fábricas,
las extranjeras fábricas
donde mueren más que viven
tantos amigos que yo tengo:
tantos amigos que se han ido.
Y llueve.
Cinco días que llueve
y no se puede trabajar.
Y llueve, y llueve, y llueve.
("I plou, i plou, i plou").


Eduardo Galeano
El reino de las contradicciones.  España: de la guerra civil al referéndum de 1966
Cuadernos de Ruedo ibérico núm. 10, diciembre-enero 1967








2598. El reino de las contradicciones. España: de la guerra civil al referéndum de 1966 - Catorce

Fotografía: Francesc Català-Roca


Catorce

Viniendo de Altamira, donde hace veinte mil años los hombres invocaban la caza pintando con tierra y sangre los techos de sus cavernas, nos quedamos a pasar el día en un pueblito, Santillana del Mar, que parece detenido hace quinientos años en la historia. Mientras almorzábamos, un desfile de gran soirée, con modelos de una casa de alta costura de Madrid, se deslizó elegantemente, por la pantalla del televisor, ante nuestros ojos; a nuestras espaldas, los chicos de la casa repetían los jingles de propaganda de los chocolates "Tulicrem". A la caída de la noche, todo el pueblo se reunió, como de costumbre, frente al receptor, fija la atención de cada uno de aquellos hombres rudimentarios, en las imágenes que se sucedían, deslumbrantes, en la pantalla. Así escucharon el discurso de Nochebuena de Franco; así el rostro bondadoso del Caudillo estuvo presente también entre ellos. De algún modo, pienso, esto es España en la actualidad: una contradicción permanente, varias épocas mezcladas en una sola. Como son España, en el mismo sentido, los chicos que vimos jugando a la guerra en un parque de Barcelona, con cascos de la U.S. Army y... corazas de Cruzados.

Televisores en pueblitos medievales, mentalidades medievales en la televisión: el desarrollo de los medios de comunicación en masa no suprime por sí la resistencia a los cambios del país viejo; veintiocho años de terrorismo moral y político están presentes en la mediocridad irredimible de los programas, consagrados sin excepción al culto de Franco y las Buenas Costumbres; el hipócrita puritanismo obliga a Juliette Greco a alargar muchos centímetros la pollera, a la hora de la función, pero no impide, por cierto, que en la España que no aparece por las pantallas, existan bases norteamericanas como las de Rota, Torrejón y Zaragoza, en las que los españoles ponen las mujeres, y los yanquis el idioma, la moneda y la justicia. En este país donde el Barrio Chino de Barcelona figura en las guías de turismo, una revista puede ser confiscada y sus editores penados, si exhiben algo más que el nacimiento de un seno en alguna fotografía -y ya es un avance, porque antes sólo se permitía mostrar caras de mujeres. Nada puede sorprender: el régimen prohíbe las canciones de Raimon, pero los nietos de Franco contestan en Nochebuena un reportaje de Radio Barcelona, y dicen tan campantes que Raimon les gusta mucho que "sería un placer para nosotros" verlo personalmente.

No son éstas, por cierto, las contradicciones más graves, ni las más elocuentes asincronías que España exhibe en estos tiempos de desarrollo económico y de galanteos con el Mercado Común.

Las playas de Marbella y Torremolinos congregan a multimillonarios de todos los países, son lugares de moda en cada temporada, las revistas publican coloridas fotografías de una de las costas más hermosas del mundo, paisajes reservados por la naturaleza para los dioses y los hombres con abultadas cuentas bancarias: turismo y prosperidad, los dólares flotan en el aire. Pero esas playas alucinantes están ubicadas en una de las provincias más pobres del país, Málaga, y el nivel de vida miserable de los trabajadores de allí no ha sido alterado por el turismo. Mientras millones de españoles carecen de un hogar decente y otros pagan por el alquiler la mitad de su salario, la especulación inmobiliaria prospera a sus anchas a costa del turismo Y la vivienda sufre un alza exorbitante de precios. Sí, el país produce sus propios Dodge Dart y Renault Dauphine, pero hay a la vez millones de minifundistas tan pobres, tan estrangulados por los intermediarios, tan condenados a los caprichos de la tierra y el cielo, que no puedan pagar ni impuestos. En el campo español, cinco millones de familias son propietarias de menos de una hectárea de tierra, a la que ni siquiera pueden arrancar los frutos necesarios para su subsistencia: muchas abandonan ese océano de pobreza y huyen a los islotes de prosperidad, los centros industriales, las ciudades: allí, cien familias controlan el ochenta por ciento del capital total de las sociedades anónimas: allí, los obreros andaluces legendariamente haraganes, trabajan doce horas por día y pagan a los prestamistas de mano de obra más de la mitad de lo que ganan: Yo ví a los "gestores" alquilar hombres en la Plaza Urquinaona de Barcelona. El salario mínimo actual de un obrero español, cubre menos de la mitad del costo de la vida que el régimen reconoce en sus cifras oficiales. Es preciso trabajar doce horas, catorce, acceder a los privilegios que la naciente "sociedad de Consumo" otorga a sus esclavos para que los compren y los exhiban pero no tengan tiempo de usarlos -ya se trate de un televisor o una heladera o un gadget para el baño o la cocina. En los dos primeros años del Plan de Desarrollo, el ingreso nacional crece un 15,6 %, es la manteca al techo, el auge económico, el "neocapitalismo español". Pero en esos mismos dos años, disminuye la participación de los salarios en el ingreso nacional, lo que no impide al marqués de Deleitosa afirmar que "el más grave defecto de la empresa española es que no produce bastantes beneficios". José María Aguirre Gonzalo, que integra los directorios de treinta y dos sociedades anónimas, escribe que, para un gran impulso a la economía española, "creo que hay que crear millonarios".


Eduardo Galeano
El reino de las contradicciones.  España: de la guerra civil al referéndum de 1966
Cuadernos de Ruedo ibérico núm. 10, diciembre-enero 1967







2590. El reino de las contradicciones. España: de la guerra civil al referéndum de 1966 - Trece

Barcelona, 11 de mayo de 1966. Tras concentrarse en la catedral, los sacerdotes iniciaron la marcha hacia la jefatura de policía
(Thomas Hoepker/La Vanguardia)


Trece

A pesar de la distensión, hay todavía presos políticos en España. Y son unos cuantos. El régimen mismo lo reconoce, sin proponérselo, cada vez que anuncia que se reduce una pena de once a nueve años, otra de veintitrés a quince.

Aplicándoseles el rótulo común de "agitadores rojos", se ha encerrado y se encierra, en realidad, a hombres de todas las tendencias –en un país donde, por lo demás, se cultiva en estos últimos tiempos con particular dedicación la relación con los gobiernos de "agitadores rojos" que han tomado el poder.

Contra lo que se cree habitualmente en el exterior, es alto el porcentaje de católicos que van a parar a la cárcel con cierta frecuencia en España. Tampoco se sabe, fuera de fronteras, que hubo agitadores católicos en el origen de las huelgas de Asturias, y se ignora que una considerable cantidad de revistas y publicaciones católicas han sido confiscadas o clausuradas por el régimen en estos últimos años. El convento de benedictinos de la Abadía de Montserrat, publica la revista más liberal de cuantas aparecen en España: Serra d’Or, en catalán: otro convento de Barcelona, el de los capuchinos de Sarriá, fue sitiado por la policía durante tres días en marzo de este año: se había realizado allí una asamblea estudiantil prohibida por el régimen. Fue en el Instituto de Química de este mismo convento, donde Raimon realizó una de sus más espectaculares funciones-mítines, ante un público de 6500 muchachos congregados por el Sindicato Democrático de Estudiantes (ilegal) y numerosos policías de uniforme o de civil que no se atrevieron a intervenir. En estos últimos tres o cuatro años, el movimiento juvenil católico de izquierda de Barcelona que ha funcionado siempre clandestinamente, varió su nombre tres veces: las sucesivas modificaciones dan la pauta de un proceso de cambio que va mucho más allá de las palabras. Comenzó llamándose "Católicos Catalanes", después "Cristianos Catalanes" y más tarde "Comunitarios Catalanes": ahora se llama "Fuerzas Federales Socialistas". Es una editorial católica de Barcelona la que se apresta a publicar un texto del marxista Ernest Mandel, que verá la luz al mismo tiempo que una nueva edición de un manual de consejos sacros para jovencitas de quince años.

Conocí en Madrid al sacerdote José Baylo. Había salido de la cárcel hacía poco tiempo. Siendo capellán, un tribunal militar lo acusó y condenó, en 1962, por "mantener contactos con elementos del Partido Comunista". Se trataba de un "delito" eclesiástico, no militar ni civil: hay cánones y textos pontificios que condenan las relaciones con los marxistas. Baylo sufrió, pues, las consecuencias de un proceso eclesiástico sin haber pasado por él. Durante su larga detención, la Iglesia lo abandonó: fueron inútiles las cartas a los obispos, las reclamaciones, todos los propósitos de comunicación con la jerarquía. Sus propios colegas le hicieron el vacío: cuando le pidió a un capellán que sacara del cuartel unas líneas dirigidas a un abogado eclesiástico, el sacerdote le dijo que él era capellán y no cartero. El de Baylo fue un claro caso de cobardía colectiva de la Iglesia, todavía presa del pánico a la contaminación marxista, funcionando todavía dentro de los esquemas que la han convertido en una empresa de venta de entradas al Cielo. Pero ya en estos últimos tiempos soplan vientos de Concilio también para la Iglesia española: de 1962 a 1967, varios siglos han transcurrido.

José María González Ruiz, canónigo de la Catedral de Málaga, una de las más altas autoridades de la Iglesia en el país, de prominente actuación también en Roma, mantiene relaciones públicas y notorias, hoy día, con marxistas de varias tiendas, publica libros y dicta conferencias en este sentido, envía cartas a L’Unitá. Fue él quien organizo la manifestación de curas en Barcelona, en la primavera de 1966, severamente reprimida por la policía.

Hay en Madrid cincuenta mil niños sin escuela por falta de locales, pero se organizan campañas para levantar 186 nuevas Iglesias. Para inscribir a un niño en las escuelas españolas, se requiere el certificado de vacunación, pero también el de bautismo: en los pueblos, son los curas quienes expiden los certificados de buena conducta. Si un hombre o una mujer quieren casarse sin ceremonia religiosa, deben abjurar públicamente de la fe católica: quien no está casado por la Iglesia es soltero porque así lo han decidido las leyes y la moral pública.

La "España negra", el imperio de curas, militares y señoritos, no es un invento. No por casualidad, el régimen difundió, en los días del referéndum, papeletas sin pie de imprenta aconsejando votar "sí". Y sin embargo, dentro de esta misma Iglesia cuya jerarquía había decidido que el aplastamiento de la República era la última Cruzada de la Edad Media, surgen las más estridentes voces de protesta contra sus propios privilegios y las injusticias del régimen.


Eduardo Galeano
El reino de las contradicciones.  España: de la guerra civil al referéndum de 1966
Cuadernos de Ruedo ibérico núm. 10, diciembre-enero 1967








2583. El reino de las contradicciones. España: de la guerra civil al referéndum de 1966 - Doce

Protesta contra el régimen franquista. parís, 1963


Doce

Dando vueltas con un amigo en la noche de Madrid, llegamos a la Calle del Reloj. Del cuartel emana, en la oscuridad, un cierto esplendor helado, siniestro, como el que he sentido parándome en el centro de la desierta Plaza Mayor, en el exacto sitio donde la Inquisición, hace ya mucho tiempo, quemaba vivos a los herejes. Ocurre que en este cuartel funcionan los tribunales militares. Aquí, hace bien poco tiempo, aquellos anarquistas fueron condenados a morir por asfixia, por pena de garrote vil, al cabo de un juicio sumario en el que estuvieron, como todos los presos políticos, siempre de espaldas al público. Aquí se dictó sentencia sin pruebas contra Julián Grimau -y después se supo que el militar que lo acusó no había completado sus cursos de Derecho. Miro los fríos muros grises y no puedo dejar de pensar en las cinco de la mañana de aquel sábado en el Campo de Tiro de Retamares, el cuerpo de Grimau neblinosamente iluminado por los focos de los automóviles, la bruma lechosa de los focos, Grimau de pie, Grimau se cae, atadas las manos, acribillado por las balas de los soldados que creyeron que estaban ajusticiando a un delincuente común: no puedo dejar de pensar que si el silencio se está rompiendo en la España de fines de 1966, después de tantos años de insensibilidad que sucedieron al shock de la guerra civil, hubo hombres que pagaron por ello, bien recientemente, el precio de sus vidas. El amigo que me acompaña tiene, por cierto, más motivos que yo para que el frío le recorra el cuerpo. Es un obrero metalúrgico, anarquista, cuyo nombre me reservo: acaba de salir de la cárcel donde estuvo encerrado quince años, quince años enteros, como tantos otros, enterrado vivo.

Me cuenta la historia, desde el día en que lo acorralaron en un ferrocarril en marcha donde viajaba con documentos falsos ("hubo un delator: estaba jodido"), hasta la noche en que salió de la prisión, el mundo nuevo, diferente, que entonces encontró, cómo fue difícil reconocer la ciudad y la gente. Le duele que hayan prácticamente desaparecido aquellos cafés legendarios en los cuales los amigos transcurrían tardes y noches en interminables tertulias que eran como asambleas; le duele que desde el 1936 se haya triplicado la población de Madrid, pero que se venda, ahora, la mitad de los diarios que se vendían entonces; le duele la influencia de la televisión transformando el lenguaje popular y difundiendo la mitología del éxito, la fiebre del oro: me habla de los jóvenes trabajadores que son sus compañeros de pensión, despolitizados, indiferentes a otra cosa que no sea el sueño del Fiat 600 o la millonaria norteamericana que vendrá, viuda, vieja y fea, pero con su varita mágica, para arrancarlos -para arrancar a uno, al elegido- de la humillación y el desamparo de la clase obrera: la sordidez de las conversaciones en que se clasifica a las mujeres en dos categorías distintas, según sirvan para casarse o para acostarse con ellas. Le duele que un pesebre con aire acondicionado pueda ser el ideal de vida de esta "sociedad de consumo" que ha encontrado, instalada en su patria, a la salida de la cárcel: "sociedad de consumo" que, por cierto, consume bien poco.

Pero la prisión no le dobló la espalda. Apenas conoció la libertad, se lanzó a militar en las Comisiones Obreras. Y dice que ya tiene convencidos a dos de la pensión.


Eduardo Galeano
El reino de las contradicciones.  España: de la guerra civil al referéndum de 1966
Cuadernos de Ruedo ibérico núm. 10, diciembre-enero 1967








2577. El reino de las contradicciones. España: de la guerra civil al referéndum de 1966 - Once

La duquesa de Medina Sidonia (segunda a la derecha) durante la marcha a Madrid desde Palomares, 1967 - Archivo ABC. La duquesa
ingresó en prisión acusada de organizar una manifestación ilegal no pácífica durante el primer aniversario del accidente nuclear en
Palomares


Once

El exjefe nacional de propaganda de la Falange me recibió en Madrid, apenas salido de la cárcel. Así se expresó Dionisio Ridruejo, actual militante antifranquista: "Todo el lenguaje oficial es el lenguaje de la oposición. El régimen sabe que no tiene futuro, tiene conciencia de su provisionalidad. Está interesado en que sea lento el proceso de democratización, para que la dictadura dure tanto como las vidas de sus beneficiarios".  Y por su parte, la duquesa de Medina-Sidonia, afirmó a lo largo de un extenso diálogo que sostuvimos: "El régimen se desintegra. No hay más que ver el desorden en los ministerios: se pelean, dan una orden aquí y otra allí, en fin. Es que son veintiocho años que llevan todos unidos bajo la dictadura de un señor, y este señor ya no puede mandar nada. Están acostumbrados a obedecer, todos, y por eso se desorientan así". Ocurre que, a su juicio, "los fuertes ya no son fuertes en España: ahora todo depende de la debilidad de los débiles".

Puede resultar extraño el caso de esta duquesa española abrumada de títulos, que se consagra a la lucha antiimperialista y se proclama socialista. Pero no es menos elocuente, al fin y al cabo, que haya sido condenado a ocho años de cárcel el hijo del Ministro del Aire, acusado de practicar la subversión comunista (salió de la prisión en estos días), o que sean de izquierda todos los hijos del gran retórico del falangismo, Sánchez Mazas, inventor de las frases: "¡Arriba España!" y "Por el Imperio hacia Dios": uno de ellos ha sido obligado al exilio.


Eduardo Galeano
El reino de las contradicciones.  España: de la guerra civil al referéndum de 1966
Cuadernos de Ruedo ibérico núm. 10, diciembre-enero 1967









2575. El reino de las contradicciones. España: de la guerra civil al referéndum de 1966 - Diez



Diez

Conmoción en la máquina burocrática sindical: surgen las Comisiones Obreras, espontáneamente nacidas de las bases, de la manera más simple: porque los obreros de tal fábrica reclaman una ducha o porque los de tal otra quieren que se cumpla una ley que su patrón desconoce.

Las Comisiones nacen bajo el signo de la lucha contra la estructura jerárquica oficial del movimiento sindical, absolutamente divorciada de la clase trabajadora, sus preocupaciones y sus intereses. Postulan un claro programa de reivindicaciones inmediatas y de fondo: sus miembros ganan abrumadoramente las elecciones en los propios sindicatos de gobierno, en el metalúrgico, en la banca, la electricidad, el papel, las artes gráficas, la minería. Los vetos interpuestos a algunas candidaturas, no bastan para contener la avalancha: se niega una, aparece otra. José Hernando, operario metalúrgico, uno de los principales organizadores de la gran rebelión que está sacudiendo al aparato sindical franquista, me lo contó así, en la casa de unos amigos comunes de Madrid: "El pueblo español estaba futbolizado, no pensaba, en nada pensaba, para qué: ahí estaban Di Stefano y Manolete, ahí está El Cordobés. Se creyó que con eso bastaba. Las Comisiones Obreras han venido a demostrar que no, que no bastaba, que el pueblo español quiere pensar y se dispone a actuar. Y no es como el sifón, vamos, que hace burbujitas y se le va la fuerza, no".

El régimen reacciona: evita, por un lado, que la victoria de las Comisiones Obreras se refleje en los niveles medios y altos de la estructura gremial; por el otro, la nueva Constitución anuncia cambios, aún no conocidos totalmente, en la organización sindical tradicional. Algunos de los dirigentes triunfantes van a parar a la cárcel, de la que entran y salen más o menos habitualmente, y casi todos figuran en las "listas negras" que las empresas hacen circular en nombre de la necesaria profilaxis ante la contaminación comunista de sus obreros. Pero ya se está lejos de los tiempos en que bastaba que un trabajador fuera dirigente gremial, o que lo hubiera sido, para que se convirtiera en cadáver ante el pelotón de fusilamiento. 

El régimen se "moderniza", los ojos puestos en el Mercado Común Europeo: los ministros del Opus Dei saben muy bien que no es con los esclerosados sindicatos verticales como España podrá alcanzar el "nivel europeo", también imprescindible en este plano, para su asociación anhelada al MCE.

El ministro Castiella negocia en Bonn y el ministro López Rodó promete democracia en París, Rumania establece con España relaciones diplomáticas a nivel consular, nace y se desarrolla el turismo del Este, crece el comercio con Cuba: la apertura hacia Europa occidental y los países socialistas, no puede realizarse impunemente. Cuando España restableció relaciones diplomáticas y comerciales con otros países de Europa, y pudo ingresar en las Naciones Unidas, fueron los hijos de los vencedores quienes trajeron en sus maletas, al regreso de becas y viajes oficiales, los primeros libros "subversivos" que entraron a un país donde hasta Rousseau estaba prohibido. Ahora, muchos años después, esta segunda apertura no puede hacerse sin consecuencias, sin que el viento entre por las ya no tan clausuradas ventanas del régimen. No es sólo por hipocresía que diarios y ministros hablan, en la España actual, de socialismo y república, llenándose la boca -ya que no la cabeza- con ideas que la España vencida había levantado como banderas -tardío homenaje a la gloria de su derrota. La presión interna del boom económico, la industrialización acelerada, el ascenso de una "sociedad de consumo" en las ciudades, superpuesta a una sociedad agraria todavía medieval, obligan al país, por el dinamismo de los cambios que implican, a entrar también políticamente en nuestro siglo. La derecha "limpia" su mala conciencia: la monarquía se hace "popular", la Falange, en los estertores de su agonía, "democrática" la Democracia Cristiana pasa a ser "social". Para ubicarse al nivel de aceptación europea que sería menester al desarrollo interno de la economía española, los mismos que dispusieron la prohibición de las huelgas y el control de la información, la supresión de los partidos y la creación de sindicatos verticales, son hoy los "campeones" del derecho de huelga y la libertad de prensa, los sindicatos democráticos y el pluripartidismo.

La expansión económica crea sus propias contradicciones, las estructuras se vuelven contra sí mismas: las Comisiones Obreras invaden los sindicatos oficiales, y la propia organización estudiantil del régimen incuba las primeras rebeldías juveniles, que la hicieron estallar en pedazos. El régimen asimila las tensiones tan hábilmente como puede, pero se encuentra a cada paso con que el desarrollo del país choca una y otra vez con los obstáculos que levantan las estructuras tradicionales a las que debe su propia existencia: la industria no puede crecer coherentemente en un país donde el campo produce y consume cada vez menos, con la mitad de las tierras en manos de menos del 1 % de los propietarios, pero, ¿no fue acaso el propio Franco quien abolió la Reforma Agraria, por decreto del 28 de agosto de 1936, en la zona « nacional" ?  Del mismo modo, la existencia de sindicatos independientes y poderosos -una de las condiciones visibles de una sociedad europea moderna- es incompatible con un sistema que obliga a los obreros a trabajar doce horas al día, pero, ¿no fueron acaso los patrones quienes ganaron la guerra? ¿No se levantaron Franco y los suyos en defensa de un "orden" vulnerado, entre otras cosas, porque el poder sindical amenazaba dar fuerza de realidad a la ley de ocho horas y otras conquistas obreras?


Eduardo Galeano
El reino de las contradicciones.  España: de la guerra civil al referéndum de 1966
Cuadernos de Ruedo ibérico núm. 10, diciembre-enero 1967










2572. El reino de las contradicciones. España: de la guerra civil al referéndum de 1966 - Siete/Ocho






Siete

Hay un fatalismo español. No me resultó difícil darme cuenta de que aquel camarero de un café de Valencia no estaba conforme con su situación personal ni, por extensión, con la de su país. Pero reconocía, eso sí, que "Franco de todos modos ha hecho una gran obra, porque este país necesita una dictadura. No hay más remedio. Si los españoles no tenemos las manos atadas, ¡hala!, nos peleamos. Es por el temperamento, ¿sabe usted? Hay muchos españoles para los cuales la dictadura ha llegado a ser una costumbre, en todo caso un mal necesario: se acepta a Franco como al frío en el invierno, como las mujeres educadas para la sumisión aceptan maridos que las maltratan, "porque es el Destino, la cruz de cada cual, la voluntad de Dios".

Pero hay también una rebeldía española, una furia legendaria que está todavía viva en esta sociedad desangrada por la tragedia. Es la rebeldía que el plebiscito no muestra, la de los hombres que dicen no, en castellano:

"No,
yo digo no,
digamos no,
nosotros no somos de ese mundo"

o en catalán :

"No!
jo dic no,
diguem no.
Nosaltres no som d’eixe món"

Es la rebeldía de las huelgas de Asturias y las manifestaciones estudiantiles, la crispación y la protesta de la nueva España peleadora que canta por la boca del valenciano Raimon: la que no reniega de su forma de piel de toro, la que tendrá la palabra, de nuestra generación en adelante, las manos ya no atadas por la memoria.


Ocho

"Tendría que escribir más canciones contra el miedo. Todas las canciones contra el miedo". Raimon vuelve la cara al sol que se alza, blanco, sol de invierno recién nacido, entre las montañas. Tiene ahora 26 años. Su padre, un carpintero anarquista, acababa de salir de la cárcel cuando él nació: la familia vivía, vive todavía, en el barrio obrero de Játiva, en una calle que se llamaba, pero ya no se llama, De la Libertad. En el 1939, al fin de la guerra, la calle perdió su nombre: las tropas franquistas le blanquearon el rótulo, a la cal, y desde entonces la gente la llama Calle Blanca, Carrer Blanc en catalán. Esta es la casa de Raimon que debió abandonar, hace unos pocos años, "la cara al vent, al vent del món", "porque creo que puedo deciros, en mi maltratada lengua, en su lengua catalana dicha al modo de Valencia,

paraules i fets
que encare ens fan sentir homes entre els homes

Raimon no es popular solamente entre los casi siete millones de españoles que hablan catalán; de norte a sur y de este a oeste, lo mejor de la nueva generación reconoce su naciente voluntad de afirmación y lucha en las canciones que Raimon, más que cantar, vocifera. 

Hasta en Madrid, que tradicionalmente mira de reojo cuanto viene de tierras catalanas, Raimon ha conquistado el segundo puesto en las encuestas de popularidad entre los jóvenes, según los resultados publicados por un diario del régimen: un cursilón inofensivo obtuvo el primer puesto. Primer Premio en el Festival de la Canción del Mediterráneo, Gran Premio al Disco de Cantante Extranjero en París: también las recompensas y el éxito estrepitoso de las funciones internacionales de Raimon señalan, más allá de fronteras, su creciente resonancia.

Sin embargo, en España, Raimon no puede actuar en televisión, desde hace dos años, y la radio le está también prácticamente prohibida. El long-play que recoge su actuación en el Olympia de París, se vende a precio de oro, traído desde Andorra de contrabando: allí están grabadas las canciones que el régimen no le permite cantar, tampoco, en sus funciones públicas. Porque cada vez que Raimon canta, en programas organizados por los estudiantes en toda España, las funciones se transforman en mítines, la fiebre sube.

Él no ignora, por cierto, el poder explosivo de sus canciones. A fines de noviembre del año pasado, en Sabadell, populoso suburbio industrial de Barcelona, tuvo que cantar seis veces seguidas la misma canción: "La Nit", -la noche- porque la censura le prohibió las otras que integraban el recital. Raimon sacó de su bolsillo un papelito y leyó los títulos de cada una de las canciones no permitidas: el público acometió entonces, a coro, furiosamente, "Diguem no" -Digamos no- prohibida desde 1964:

Hemos visto el miedo
ser ley para todos.
Hemos visto el hambre
ser el pan de muchos,
y cómo han hecho callar
a muchos hombres
llenos de razón.

"El miedo. El miedo a las tradiciones, a lo que piensa el vecino, a perder la paga. Tendría que escribir más canciones contra el miedo": Raimon sacude la cabeza, sonríe tristemente. Desde el alto peñón donde estamos sentados, escuchamos, en el silencio de la mañana, el tintineo de los cencerros de una manada de ovejas que marcha, por la quebrada, rumbo a la ermita de San José. Raimon me dice las letras de algunas canciones prohibidas:

Tú, tú que me escuchas
con cierto miedo.
Tú me obligas a gritar

y de otras que ni siquiera ha presentado nunca a la censura:

Así vengas o no vengas,
hará frío este invierno.
Y las viejas que venden tabaco
lo sentirán mucho más.

Desde el punto de vista de los comisarios, todos estos sencillos versos de Raimon, explicados y discutidos en cada recital, resultan más peligrosos que ciertas obras clásicas del marxismo o las herejías de Freud y los existencialistas franceses, ya editadas o de próxima aparición en Barcelona. Para la España conformista y temerosa, que elevó el certificado de voto en el referéndum a la categoría de talismán mágico, tales canciones son muy inconvenientes. Si en los días del plebiscito se prohibió actuar a un conjunto yeyé por el solo hecho de que se llamaba "Los no", ¿cómo va a permitirse a Raimon cantar libremente sus canciones?

Raimon revela y presiente a la otra España, a la nueva, habla de "un tiempo que ya es un poco nuestro" y de "un país que ya estamos haciendo": es demasiado. ¿Acaso no se le han rechazado a Berlanga quince guiones de películas que ha ido presentando en vano, uno tras otro, a la censura? Apenas pasada la guerra, se prohibió en España "La República" de Platón.

En 1967, la censura demuestra que ha ganado sentido práctico.


Eduardo Galeano
El reino de las contradicciones.  España: de la guerra civil al referéndum de 1966
Cuadernos de Ruedo ibérico núm. 10, diciembre-enero 1967