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3393. Al nuevo coronel Juan Modesto Guilloto. Lejano compañero de colegio en la bahía de Cádiz




Desde Madrid, Modesto, donde ya las primeras 
bocanadas de frío que el Guadarrama envía 
duramente preparan a glorias venideras 
la capital que el triunfo hará posible un día, 
recibe mi alabanza, coronel, viejo amigo, 
mientras el Ebro justo con su mojada mano 
te asciende y de ola en ola, cara al viento y conmigo, 
a hombros el Guadalete, pasa el mar gaditano. 

¡Nuestro mar, nuestro río, nuestras playas morenas! 
¡Las perdidas lecciones entre los arenales! 
¡Las salvas de los buques silbados de sirenas, 
desde los gratuitos pupitres colegiales! 

Pasad, pasad, recuerdos, orgullosos ahora 
de aquella rota infancia juntamente vivida, 
que hoy para ti, Modesto, coronel, se colora 
de populares lauros y palma merecida. 

Que desde el Manzanares, ya general de ríos, 
quien como tú, hace tiempo, miliciano se viera,
también te condecoren con estos versos míos 
Madrid, que no te olvida, Cádiz, que ya te espera.


Rafael Alberti
Hora de España núm. XXII, Octubre de 1938








1658. Un día inolvidable




El 25 de octubre de 1938 en Les Masíes,  un caserío situado entre el monasterio de Poblet y L’Espluga de Francolí, el Ejército del Ebro, organizó un gran homenaje a los brigadistas internacionales en su cuartel general bajo el lema de "Caballeros de la Libertad del Mundo, ¡buen camino!". Asistieron Negrín, Rojo, Modesto, Marty, Líster, Gallo... y una delegación de voluntarios representando a todas las unidades y países. 

Juan Modesto en sus memorias, lo recoge así:

La actividad enemiga decreció extraordinariamente después del 14 de octubre. La causa estaba, sin duda, en las bajas que le habíamos hecho en los combates anteriores. Aprovechando la pausa abierta en los combates, celebramos los del Ebro una jornada inolvidable. El gobierno nos había confiado organizar, en nombre del Ejército Popular, la despedida de los voluntarios internacionales. Eran unos 6.000 los que en ese periodo se encontraban en España, hasta esos días encuadrados en las brigadas 11, 12, 13, 14, 15 y 139 de las divisiones 35 y 45 del Ejército Popular. Otra brigada, la 129, estaba en la otra zona. Al acto de despedida vinieron el Presidente del Gobierno, Juan Negrín, y el jefe del Estado Mayor Central, general Vicente Rojo.

Estaban presentes Luigi Longo (italiano), Franz Dhalem (alemán) y André Marty (francés), que tanto contribuyeron a la organización de las brigadas, así como Pietro Nenni, Julius Deutsch y George Branting. Ellos representaban a un sector determinante de los organizadores de los comités de solidaridad con la democracia española, que se crearon en 17 países y fueron el alma de la solidaridad de sus pueblos, de la solidaridad internacional con el pueblo español.

Los demás eran nuestros camaradas de tantos combates, con los que habíamos convivido y luchado durante dos años de guerra, desde Madrid hasta el Ebro, pasando por la calcinada llanura zaragozana, donde la sed mata, y las montañas nevadas de Teruel, donde el frío mutila. Al recordarlos hoy, los cito a todos en conjunto -como juntos y en el mismo rango de heroísmo se batieron- para rendirles, igual que en aquel día, el homenaje del Ejército Popular. Como excepción, quiero citar a la voluntaria, y madre de voluntario, Ana Maria (húngara), a las americanas Evelina, chófer, y Salaria Kee de Harlem (enfermera), así como a las doctoras, en primera línea casi toda la guerra, Jeannette Opfmen (francesa) y Josefa Jmelova (checoslovaca). Muchos de ellos, alrededor de 5.000, cayeron codo con codo junto a los mejores hijos del pueblo español, combatiendo por la paz de todos los pueblos y por la libertad del género humano.

No es posible en este relato mencionarlos a todos. Pero como bandera y símbolo de los demás recordaré a Hans Beimler (alemán), General Lukacs (húngaro), Joe Dallet (americano), Peter Borilov (búlgaro) , Pierre Akkerman y Jean Wanden Plas (belgas), George Brown (inglés), Toni Konomi (albanés) , Van Galen (holandés), Georg Eisner (alemán), Eugenio Winckler (checoslovaco), Emeric Tarr (húngaro), Franz Reisenauer (austriaco) , Kirijakidis (griego), Burca Costache (rumano) , Bernard Larsen (escandinavo), Parovich Smidt (yugoslavo) , Guido Picelli (italiano), Oliver Law (americano), Alfred Brugères (francés), Antel Kochanek (polaco) y los doctores: Sollenberger (inglés), Heilbrunn (alemán), Dubois-Domanski (polaco), Grossev (búlgaro) y Frantichek Krigel (checoslovaco).

En los 6.000 que estaban allí con nosotros y en los 5.000 que yacían en tierras de España, rendimos homenaje a los 35.000 voluntarios -soldados, mandos, comisarios y organizadores- que dieron al mundo el ejemplo más grande de fraternidad, humanismo y solidaridad internacional hasta entonces conocido. Ellos hicieron escuela, la escuela de la resistencia al fascismo en el mundo, que se inspiró en los mismos postulados.

Hablamos el Presidente Negrín y yo, abriendo aquella jornada memorable. Ahora, cuando escribo estas líneas, recuerdo con emoción aquel impresionante acto de fraternización, presidido, en su grandiosa sencillez, por el “Hasta la vista" con que nos despedimos unos de otros en los múltiples encuentros que tuvimos aquel día. Y en verdad nos hemos encontrado después en el mismo campo, en la misma trinchera, contra el mismo enemigo.

Eran los voluntarios internacionales, hijos de todos los confines de la Tierra, miembros de todos los partidos y asociaciones progresivas del mundo, de diferentes tendencias ideológicas, concepciones políticas y confesiones religiosas. Vinieron a España como expresión viva de "la protesta indignada de los hombres libres del mundo entero frente a la intervención directa del hitlerismo alemán y del fascismo italiano", como decía el Llamamiento que sus organizadores hicieron a todos los pueblos.

Si alguien quiere conocer historias maravillosas de hombres sencillos, que vaya a cualquier país del mundo y pregunte por "los internacionales". Cada uno de ellos es ejemplo de abnegación, de espíritu de sacrificio, de grandeza moral y humana.  En España se batieron bajo el signo y la consigna: POR VUESTRA Y NUESTRA LIBERTAD. Por eso se les conoce en todas partes bajo el nombre genérico de VOLUNTARIOS DE LA LIBERTAD.

Siempre en lo más duro de los combates, animados por un espíritu de sacrificio incontestable, los voluntarios extranjeros no fueron todos unos caballeros sin miedo y sin mancha, y su historia es una historia de hombres; pero en favor de la causa por la que habían decidido asumir los riesgos, no dudaron en exponer su vida y sus sufrimientos, sin esperar otra recompensa que la conciencia de servir, y por eso las Brigadas Internacionales fueron una epopeya.


Juan Modesto
Soy del Quinto Regimiento - Capítulo XIV
París: Éditions de la Librairie du Globe








1418. El partido del pueblo

Juan Guilloto León
(El Puerto de Santa María, Cádiz, 24 de septiebre de 1906 - Praga, 19 de abril de 1969)


Cuando salimos de España, nos separamos de amigos inolvidables y camaradas entrañables, a muchos de los cuales no volveríamos a ver.

Siguieron en el país, o volvieron a él, para proseguir en las nuevas condiciones la misión y obra del Partido en las entrañas del pueblo, en la lucha por la libertad. Ellos son nuestro orgullo. En la trayectoria seguida a través de los años, ha sido el Partido Comunista de España la fuerza política en liza per­manente en defensa del pueblo.

Como lo fue en la guerra: el 18 de julio; en la defensa de Madrid; en la contención del desastre del Este; en la resistencia de Levante; en la gesta del Ebro. Como lo fue en las crisis que se produjeron en el curso de la guerra; crisis todas ellas mortales para cualquier régimen que no tuviera el arraigo popular de la democracia española; crisis todas ellas superadas por la voluntad de los españoles y su unidad en la lucha.

Sólo cuando la unidad se deteriora, las dificultades son mayores; cuando se rompe, viene la derrota. Esa es la gran enseñanza.

No vencimos en la guerra, porque a pesar de ser su teatro nuestro territorio nacional, sus aguas y sus cielos, era el primer episodio de la segunda guerra mundial.

El enemigo tuvo de su parte fuerzas y medios a discreción, con arreglo a sus necesidades, y el arsenal bélico de las poten­cias nazi-fascistas, organizadoras de la gran tragedia mal llamada del 39-45, porque debe llamase del 36-45.

Las potencias occidentales aceptaron la intervención germano-italiana. La "No intervención", hija del imperialismo occidental, fue socia de aquella y la Junta de Casado su hijastra.

Salimos de España con la cabeza alta, como la mantuvo el pueblo español.

En todas partes los combatientes de España se incorporaron a las filas de la resistencia, aportando su temple, su pasión, sus experiencias, a la lucha por la democracia. Hoy, treinta años después, estamos orgullosos de la gesta imperecedera del pueblo español, del que somos hijos, en la guerra nacional-revolucionaria que libró contra los agresores.

Ellos, los agresores nacionales y extranjeros, desencadenaron la guerra, su guerra contra España, de la que se han lucrado el imperialismo y sus socios españoles. Al discurrir de los años, ya no es un secreto que la derrotada en 1936-1939 fue España, fueron sus hijos, beneficiándose el puñado de gentes de la situación y los potentados de la Banca y las finanzas nacionales y foráneas.

En la tragedia del final de la guerra, sólo el Partido permanece enhiesto, sin claudicar, sin responsabilidad histórica en la traición que desarma la defensa, acogota la resistencia y capitula.

En su puesto de combate, traicionados como el pueblo, junto con el pueblo, entramos los comunistas en el período del martirologio.

El destino del pueblo, su suerte, es la nuestra. Sus tragedias nos son propias, aceptadas por ser ley que nos rige, firmes, conscientes rumbo a la libertad, a la victoria indudables.

Esa es la razón de su existencia, la verdad del ser del Partido.

Este relato, conscientemente incompleto, se refiere sólo a la guerra. Los comunistas en ella cumplimos con nuestro deber. El pueblo español por su heroísmo y su sacrificio mereció la victoria. Hacia ella, y nosotros con él, marcha con firme paso.


Juan Modesto Guilloto
"Soy del Quinto Regimiento"









1349. "El traidor no es menester ..."

La Junta de Casado era una dictadura militar, con la máscara del Consejo de Defensa. Tenía como origen un centro militar que manejaba Casado y otro político que encabezaba Julián Besteiro, miembro de la Ejecutiva del Partido Socialista. Eran apéndices de Casado los ácratas, sus defensores y otros secuaces del coronel; de Besteiro lo era Izquierda Republicana. "Que gobiernen los militares", había dicho el profesor. Casado era el verdadero dictador militar, al que rodeaba una junta consultiva a la que dictaba su voluntad.

Al sublevarse Casado, Negrín acogió la noticia como si acabase de llegar del planeta Marte. Le llamó al teléfono y conversó con el traidor en los siguientes términos:

- ¿Qué ha hecho usted?

- Ya lo ve usted, sublevarme.

- ¿Contra quién?

- Contra usted.

- ¿Cómo es posible?

- Ya lo ve.

- Oiga, general Casado...

- No soy general, soy coronel.

- Queda usted destituido - terminó Negrin, dejándole el teléfono al general Hidalgo de Cisneros.

Muchas veces he pensado en esta conversación telefónica de Negrín con Casado, de la que fui testigo. ¿Es que Casado engañó a Negrín? ¿Hasta qué punto? Quizás esto explicara la resistencia de Negrín a designar un comunista al frente del Ejército del Centro.

El golpe de gracia a la moral del gobierno se lo dio la Flota. Ya he dicho que la mandaba el almirante Buiza. Otro colega de Negrín, Bruno Alonso, socialista, era el Comisario General de la Marina.

Desde que aquélla se hizo a la mar, el día 4 de marzo, estaba en rebeldía. Pero se preparaba para la deserción, y por eso los mandos comunistas, que eran poquísimos, fueron encarcelados o depuestos.

Dos veces pudieron corregir su actitud Buiza y Bruno Alonso. Una se la brindó el gobierno, cuando ya estaba dominada la sublevación casadista y quintacolumnista en Cartagena; otra, cuando el Comandante del destructor "Antequera" dijo a su jefe que, en vez de desertar, la Marina debía ponerse a disposición de la Junta, a lo que el Comandante de la flotilla de destructores respondió: La decisión del almirante está de acuerdo con el nuevo gobierno y facilita su misión. Los hechos posteriores demostrarían que Buiza decía verdad.

Hasta su salida de España, el gobierno siguió parlamentando con Casado y los elementos, de la Junta. Unas comunicaciones telefónicas seguían a otras.

Los jefes del Ejército estaban en el complot, salvo Escobar y Moriones, que luego lo aceptaron "como un mal menor".

En la noche del 4 al 5 hablé nuevamente con mis camaradas de Madrid. Antes había pedido órdenes al gobierno para ellos. Este seguía parlamentando con los "juntistas", a los que propuso realizar un encuentro entre sus representantes y otros del gobierno, "para llegar a un acuerdo". Los casadistas, a los que sostenía el aparato del Estado, del que ellos mismos eran piezas principales, sobre todo en el Ejército, se negaron.

En otra conversación con Madrid, dije a mis camaradas, que seguían en Lista 20 y 23, que si las fuerzas políticas leales al gobierno no los necesitaban y seguían sin empleo, vinieran a reunirse con nosotros, como así lo hicieron. Si el gobierno se decidía a utilizamos y nos ordenaba algo, nos tendría a mano.

Las conversaciones gobierno-juntistas declarados o en vía de serlo, se sucedían. Cuando Negrín quiso volver por los fueros de la ley -creo que nunca pensó seriamente en hacerla- se encontró desasistido de todos con los que creía contar. Sólo los comunistas estábamos dispuestos a prestarle apoyo.

El día 5 sugerí que saliéramos aisladamente o en pareja a las provincias, para intentar restablecer la autoridad del gobierno. Mi propuesta fue desestimada. En la mañana de ese mismo día el general Matallana, que había sido nombrado unos días antes jefe del Grupo de Ejér­citos, se encontraba en Elda. Traía la representación de Miaja y Menéndez. Los tres generales, que se habían acostumbrado a ser los amos de la zona durante el último año; los tres generales, que dieron motivos suficientes para ser destituidos hacia meses por no cumplir las órdenes del gobierno; los tres, como era de esperar, eran juntistas. El dictador Casado ofreció la presidencia de la Junta a Miaja, que se prestó a presidirla; como en la noche del 18 de julio de 1936 se prestó a ser ministro de la Guerra en el abortado ministerio que se intentó crear; como se prestó a la misma noche a parlamentar con Mala por teléfono. ¡A qué no se prestaría Miaja!

Cuando Matallana salió de conversar con el gobierno, tenía lágrimas en los ojos. Me saludó y le volví la espalda. No sé aún si eran lágrimas de cocodrilo, o si unos restos de su honestidad político-militar se le salían licuados por no poder convivir con su postura traidora.

Cuando el gobierno se marchó, en realidad no tenía ya nada que hacer como gobierno. En la madrugada del 6 de marzo salí de España con los camaradas que fuimos del Ejército de Cataluña. Fue una decisión del Partido, sobre la base del enjuiciamiento de la situación, en el que participamos todos los allí presentes.

Entonces, si la memoria no me es infiel, cuando se examinó la situación después del afianzamiento -con el apoyo por negligencia del gobierno de Negrín- de la Junta de Casado, junta de traición, se desechó el llamar a la guerra civil en nuestro campo. Ello hubiera significado precipitar consciente e irreversiblemente la catástrofe, la pérdida de la guerra, la victoria de Franco, bajo nuestra responsabilidad principal. NO. Eso sería un crimen ante nuestro pueblo.

La decisión del Partido Comunista de España fue, pues, diferente.

Queríamos ganar la guerra, a través de la política de resistencia por encima de la Junta y de la voluntad de Casado. Pero el pueblo y nosotros con él seríamos derrotados por la traición, derrota siempre más costosa, de mayores sacrificios para los que la sufrimos. Más ignominiosa para los traidores. Estos son los responsables.

Sabíamos que la situación era difícil. También lo fue el 18 de julio de 1936. Y en los meses de marzo-mayo de 1938. En aquellas fechas, como en noviembre de 1936, las fuerzas exteriores e interiores que querían hacemos capitular, no pudieron llevar a cabo sus designios. Ahora, en marzo de 1939, por las debilidades de Negrín y las incidencias de la guerra, Casado, erigido en dictador, realizó la capitulación.

A la Junta la apoyaba el aparato del Estado republicano en el centro. Nuestra gran debilidad fue no atender suficientemente la retaguardia.

A pesar de nuestros propósitos hubo "guerra civil en la guerra civil", provocada por la agresión de Casado a las fuerzas mandadas por comunistas. Agresión, por cierto, combinada con ataques fascistas. El IV Cuerpo, mandado por el anarquista Cipriano Mera, abandonó el frente de Guadalajara, que quedó así abierto al enemigo. Pero este no se movió en aquella dirección. Sí atacó, en cambio, en la Casa de Campo y en otros sectores de la defensa de Madrid contra la 7ª división que mandaba Ino González. Este batió a los de Casado y también al enemigo, recuperando lo conquistado por aquél y haciéndole 90 prisioneros.

A Casado, que en la mañana del 11 de marzo decidió comenzar las "negociaciones de paz" y elaboró un documento de 9 puntos, se le presentaron aquella misma tarde los representantes de Franco, en Madrid, que ya conocían el documento por habérselo entregado un consejero de la Junta, que les había informado.

Casado se entendió con ellos. El agente principal de Franco en Madrid era el teniente coronel de artillería Cendaños, al que acompañaba otro sujeto. Ambos le felicitaron por la decisión de negociar la paz. Pero advirtieron a Casado que los representantes de la Junta no tendrían otra misión que entenderse "sobre el modo de entregar la zona y el ejército republicano".

Desde ese momento Casado actuó a las órdenes de Franco. Se había sublevado contra Negrín "para obtener una paz honrosa". Pero la realidad era diferente. Acordó con Buiza la deserción de la Flota; ordenó a la aviación que se entregara el día 26 a Franco; provocó luchas internas que provocaron en Madrid más de 5.000 muertos; puso en libertad a los fascistas y encarceló a los comunistas y a todos aquellos que no aceptaban la capitulación, tildándolos de comunistas, porque nuestro Partido fue el único que se alzó y luchó contra aquélla.

La medida cabal de su traición la daría el propio Segismundo Casado, coronel felón, al confesar por la radio el día 26 de marzo: "Puedo asegurar que en toda la zona leal nada ha acontecido que no estuviera en los planes concebidos por nosotros al tomar el poder constitucional de la España republicana el 5 de marzo".

Su infamia era consciente.

Otro "juntista", el consejero de Hacienda y Economía, González Marín, ácrata, batiendo todos los records del cinismo diría también el 26, por la radio: "Para realizar la reorganización total de este país y dedicar las energías del pueblo a la guerra, no teníamos más remedio que derribar al gobierno Negrín, actuando por encima de consideraciones de carácter constitucional y jurídico".

Otros consejeros: Sánchez Requena, José del Río, Miguel San Andrés, cada uno a su forma, igualmente el 26, por la radio, dijeron que la junta había sido "sorprendida" por lo que había pasado y "no podía comprender" las intenciones del gobierno de Burgos, a quien le ofreció todo lo necesario para la rendición de la zona republicana en las mejores condiciones posibles. "Ingenuos". 

No tenían en cuenta el refrán castellano: El traidor no es menester después de traición pasada.


Juan Modesto Guilloto
Soy del Quinto Regimiento