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3313. Tres mujeres que intervienen activamente en la política de Cataluña III. María Teresa Gibert

Hemos creído interesante dar a conocer, por medio de unas breves preguntas, la opinión que tienen sobre algunos asuntos políticos de marcado interés —como el Estatuto— las mujeres catalanas; es decir, las más destacadas y más preparadas para triunfar en tan arduo empeño. Voces que llegan de Cataluña, con un noble afán de cordialidad y de comprensión, son las de estas mujeres, lector. 

María Teresa Gibert —audacia, voluntad, entusiasmo— milita en la «Esquerra» de Maciá. 

—¿Qué obra social cree usted que debe emprender con más urgencia la mujer? 

—Despertar en ella el sentido de responsabilidad que tiene de estimularla para que intervenga en la vida pública, y entonces, impulsada por su sensibilidad más acusada, informar las obras de «Asistencia Pública», para que tengan todo el sentido de una verdadera Asistencia y no sean unos organismos burocráticos, fríos y faltos de toda sensibilidad. 

—¿Qué porvenir reserva usted al feminismo? 

—Sin grandes diferencias, el mismo que ha tenido en los demás países: que juntamente con los hombres se ampliará la legión ciudadana con unos mismos derechos y deberes. Eso ha de producirse así, parque la mujer no ha de crear su partido político, hoy que con el feminismo ya es triunfante, sino que le basta sólo con actuar, y al hacerlo puede dirigir o en gran manera orientar la política de los pueblos. 

—¿Qué opinión tiene de las mujeres de nuestro Parlamento? 

—Que han demostrado la capacidad de la mujer para la política, y, como precursoras de un movimiento, han sido un exponente eficaz para que en las Cortes triunfaran plenamente nuestras aspiraciones. 

—De llegar a ser diputada, cuáles serían sus primeras aspiraciones? 

—Resulta muy difícil contestar a esta pregunta. De todos modos, si llegara el caso, procuraría hacerme mías en su espíritu aquellas palabras históricas que pronunciara un día Alicia Massaryk en su primera interpelación en el Parlamento checoeslovaco, indignada de que se invirtiera el tiempo en discusiones estériles: «¿Por qué no dedicar vuestras actividades al bien de la patria, a la protección de la infancia? Nuestros niños están abandonados. No tenemos para ellos asilos ni hospitales. Antes de quince días necesito que esta Cámara haya proporcionado medios para favorecer a los niños abandonados en la miseria, expuestos a la muerte.» 

—¿Qué cree usted respecto a la suerte que puede tener el Estatuto de Cataluña? 

—Creo que las Cortes que han hecho la Constitución no dejarán de aplicarla en toda su integridad, y cono mujer que he recibido de ellas tantos derechos, no puedo suponer que les falte comprensión, esta vez, para resolver el pleito de Cataluña como una cosa constitucional, que cuando fué el momento ya supieron encauzar jurídicamente. 

—¿Qué mujer, políticamente, merece más su admiración? 

—Salvando las ideas y las distancias, siento una ferviente admiración por Teresa de Jesús y por Rosa Luxemburgo. Dos mujeres de una potencia intelectual formidable y de una actividad proselitista ejemplar.


Ana María Martínez Sagi
Tres mujeres que intervienen activamente en la política de Cataluña. Leonor Serrano, Ana Muriá y Teresa Gibert
Crónica, 22 de mayo de 1932









3311. Tres mujeres que intervienen activamente en la política de Cataluña II. Ana Muriá

Hemos creído interesante dar a conocer, por medio de unas breves preguntas, la opinión que tienen sobre algunos asuntos políticos de marcado interés —como el Estatuto— las mujeres catalanas; es decir, las más destacadas y más preparadas para triunfar en tan arduo empeño. Voces que llegan de Cataluña, con un noble afán de cordialidad y de comprensión, son las de estas mujeres, lector. 

Ana Muriá —espíritu comprensivo, recto, corazón apasionado por todo cuanto a nuestra tierra hace referencia— es del Partido Catalanista Republicano. 

—¿Cuál es, a su juicio, la obra social que con más urgencia ha de emprender la mujer? 

—En este momento, las costumbres y los clásicos conceptos morales se hallan en plena transformación, y, por lo tanto, en revoltijo con costumbres y conceptos modernos y ultramodernos. Como siempre, hay aquí los aprovechados que pescan en río revuelto y, con el nombre de modernidad, dan rienda suelta a sus tendencias excesivas. La mujer debe abreviar este período de transformación, luchando por destruir rápidamente los viejos y nuevos prejuicios, y para establecer definitivamente la justa y pura expresión moral, basada en el respeto fervoroso, sencillo y noble a la madre Naturaleza. 

—¿Qué porvenir le augura al feminismo? 

—El feminismo ha de desaparecer, siendo asimilado completamente por el humanismo. 

—¿Cuál es su opinión sobre las mujeres que tienen hoy una representación en el Parlamento?

—Victoria Kent y Clara Campoamor representan un enorme esfuerzo y un fruto óptimo del feminismo español. 

—¿Qué suerte cree que correrá el Estatuto de Cataluña?

—El apoyo decidido, constante y firme que los catalanes hemos prestado y prestamos a la República Española demuestra sobradamente la fe que tenemos en ella.

—¿Qué mujer política, figura internacional, admira usted más?

—La esposa del Mahatma Gandhi. 

—De ser usted diputada, ¿en qué sentido seguiría su actuación? 

—Supongamos, si usted quiere, que yo en este momento ocupo un cargo público. ¿Qué haría? Mi partido, como todos los partidos, tiene su programa de gobierno, con el cual mis sentimientos se hallan, como es natural, completamente de acuerdo. Si yo fuese diputado, o concejal, por lo tanto, ceñiría mi actuación a las normas de este programa y a las necesidades de mis electores. No concibo que pueda obrarse de otra manera. Hay hombres que consideran el acta como una propiedad; olvidan que el lugar que ocupan pertenece únicamente a los que le han elegido para ocuparlo, que su persona no es su individualidad, sino que es la representación de una multitud de ciudadanos cuya voluntad es soberana. Si no se cree capaz de respetar esa voluntad y de asumir esa representación, no debe aceptar el cargo. A mí me parece la mayor vergüenza para un hombre que ocupa un cargo público una censura de sus electores. El hecho del político que, una vez adquirida el acta, se pasa con ella a otro partido, abandona los principios que prometió respetar, para entregarse a otros, que quizá no aprueba el pueblo que le eligió, me repugna, pues aquel hombre hace uso ad líbitum de lo que no le pertenece, y es desleal con los que depositaron en él su confianza.


Ana María Martínez Sagi
Tres mujeres que intervienen activamente en la política de Cataluña. Leonor Serrano, Ana Muriá y Teresa Gibert
Crónica, 22 de mayo de 1932








3308. Tres mujeres que intervienen activamente en la política de Cataluña I. Leonor Serrano

Hemos creído interesante dar a conocer, por medio de unas breves preguntas, la opinión que tienen sobre algunos asuntos políticos de marcado interés —como el Estatuto— las mujeres catalanas; es decir, las más destacadas y más preparadas para triunfar en tan arduo empeño. Voces que llegan de Cataluña, con un noble afán de cordialidad y de comprensión, son las de estas mujeres, lector. 

Leonor Serrano —abogada, mujer extraordinariamente culta, inteligente y activa— actúa por la Unión Socialista de Cataluña. 


—¿Cuál es, a su juicio, la obra social que con más urgencia ha de emprender la mujer? 

—La del mejoramiento y evolución material y espiritual del pueblo, de los trabajadores, sobre todo, por la beneficencia y la enseñanza, convertidas en justicia social, si no quieren un final derrumbamiento de la civilización.

 —¿Qué porvenir le augura al feminismo? 

—De creciente intervención de la mujer, hasta convertirse, de feminismo (lucha de sexos), en humanismo (síntesis y unidad familiar y social). 

—¿Cuál es su opinión sobre las mujeres que tienen hoy una representación en el Parlamento? 

—Que han hecho, cada una dentro de su ideología y aptitudes, cuanto humanamente han podido, dada su posición de vanguardia y su relativa soledad espiritual en un ambiente femenino que nada les pedía, o que les era contrario. 

—¿Qué suerte cree que correrá el Estatuto de Cataluña? 

—Que será aprobado en lo más esencial, y puede inaugurar una nueva era de cooperación de Cataluña con España: aunque de cierta inquietud agitada y creadora en Cataluña misma. 

—¿Qué mujer política, figura internacional, admira usted más? 

—Rosa Liebnekt, Margarita Bonfield y Krupskaya, la viuda de Lenin, creadora de toda la cultura popular rusa y de la casi extinción del analfabetismo, que antes se elevaba al 85 por 100. Yo no soy comunista; pero admiro el esfuerzo de Rusia en cultura popular.

—De ser usted diputada, ¿en qué sentido seguiría su actuación? 

—Yo pertenezco a la Unión Socialista de Cataluña, y mi ideal es la cooperación con el Partido Socialista Español y con los partidos socialistas del mundo para incorporar Cataluña a los grandes valores universales. Pero hay aquií características propias, tanto políticas, como económicas y sociales, que exigen una plena autonomía. Es muy distinta la situación del campesino u obrero catalán de la del campesino o bracero castellano o andaluz; pero no cabe duda que las más altas y generosas direcciones de la República han salido del socialismo español y de sus dirigentes de Madrid. En Cataluña, el socialismo catalán, hoy por hoy, está representado por la élite de los obreros y de los intelectuales catalanes. 

Aproximar esos grandes valores —Castilla y Cataluña, intelectuales y obreros—para salvar la nueva civilización del Trabajo, es todo mi ideal político. 


Ana María Martínez Sagi
Tres mujeres que intervienen activamente en la política de Cataluña. Leonor Serrano, Ana Muriá y Teresa Gibert
Crónica, 22 de mayo de 1932









3279. Las mujeres de Cataluña van a tener los mismos derechos que los hombres

Foto: Badosa, 1934


En ningún caso estará sometida a la autoridad marital

Aquello de "la mujer, la pierna quebrada y en casa" ha terminado en Cataluña. 

A partir de la promulgación de la ley, la mujer puede disfrutar libremente de sus bienes, acometer empresas financieras, incluso abrir un Banco sin pedirle permiso al esposo; puede enajenar, hipotecar, vender... 

Lo suyo, suyo es. No tiene que pedirle permiso a nadie para hacer su santa voluntad. En ningún caso la mujer está sometida a la autoridad marital. 

Ninguno de los cónyuges habrá de responder de las obligaciones contraídas por el otro en el ejercicio de su respectiva actividad. Quiere decir que el marido no tendrá tampoco que responder de las deudas de su esposa. ¡Allá ella se las entienda con la modista, el joyero, el tapicero y el mueblista! Y si no paga y no tiene con qué responder y la llevan a la cárcel, el marido se lavará las manos. ¿Qué tiene él que ver con todo eso? 

De sus propios bienes podrá hacer lo que le plazca. Si para adquirir algo, un automóvil o una casa, por ejemplo, no tiene con qué, ¡ah!, entonces que se busque un fiador. 


Ya pueden los esposos andarse con cuidado

Claro que antes las leyes catalanas hacían de la mujer en Cataluña algo tan dependiente del marido que podía decirse que al contraer matrimonio dejaba civilmente de existir. 

Dice la primera frase del primer artículo de la nueva ley: 

"La mujer tiene la misma capacidad civil que el hombre." 

Los demás artículos dicen así: 

"El matrimonio no es causa modificativa de la capacidad de obrar de la mujer." 

"La ley no concede al marido autoridad sobre la mujer ni le otorga su representación." 

"Los cónyuges pueden ejercer profesión, oficio, cargo, comercio o industria que no les impida el cumplimiento de los deberes familiares y sin obligar al otro cónyuge."

"Cada uno de los cónyuges podrá, sin licencia del otro, adquirir por título oneroso o lucrativo, alienar y gravar sus bienes, comparecer a juicio, y, en general, contraer y obligarse a realizar toda clase de actos jurídicos." 

"Los cónyuges pueden celebrar entre ellos toda clase de actos jurídicos, sin perjuicio de la revocabilidad, bien por actos intervivos, bien por actos de última voluntad, de los actos realizados a título lucrativo. En ningún caso, durante la vigencia del matrimonio, podrá uno de ellos ejecutar los bienes del otro."


La institución del "Hereu" y la "Pubilla"

Los fueros y leyes catalanes no tenían, sin embargo, completamente abandonada a la mujer. 

La antiquísima institución de la pubilla, que llega a conceder a los hijos de ésta, como primer apellido, el de la madre, es una prueba de ello. 

Pero sólo a la pubilla. La hija primogénita de los payeses hacendados tenía y tiene los mismos derechos que el varón. La pubilla era heredera del apellido y de los bienes y la cabeza de familia al contraer matrimonio. 

Si la institución del hereu resulta curiosa, y lo sigue siendo, pues todavía existe, la de la pubilla lo es mucho más. 

La institución no tiene otra finalidad que la conservación de la masía, el matrimonio familiar y la casa con el apellido.

La ley sobre la capacidad jurídica de la mujer y las que en materia agraria vienen promulgándose, terminarán posiblemente, antes que lo hagan los juristas, con los privilegios del hereu y la pubilla. Si se minifundiera la tierra, más aún de lo que está en Cataluña, y con ello se desmembraran las heredades, perderían aquellas instituciones su razón de existencia. Hombres y mujeres, primogénitos y segundones, tendrán en todos los casos los mismos derechos y prerrogativas. 


Lo que dicen "las esclavas del hogar"

—A ustedes, señoritas —he preguntado a un grupo de guapas modistillas—, ¿qué les parece la nueva ley? 

—Pues muy bien. Pero no vemos las ventajas que para nosotras pueda tener.

—¿Qué negocios puedo realizar yo, pobre de mí? —apunta una.— ¿Y dónde están mis fincas? —dice otra—. Claro que siempre es una satisfacción saber que el día que llegue a casarme, del dinero que yo gane, porque pienso seguir trabajando y sacándome un jornal, podré hacer lo que me parezca. 

—Ya era hora —interviene una rubia de que los señores que hacen leyes comenzaran a ocuparse de nosotras, que venimos siendo "las esclavas del hogar". 

Cada una de las muchachas quiere dar su opinión sobre tema tan importante. Se arman un pequeño lío con sus derechos, y hasta presentan el cuadro horroroso de que los hombres tengamos que criar los chicos, ya que por ley natural no puede obligársenos a tenerlos. 

Hablan incluso de cuando ellas gobiernen. Porque esperan ser Poder, tarde o temprano. 

—Entonces legislaremos acerca de la sociedad y la lealtad conyugales, acerca del tabaco, la disciplina del hogar, la hora a que los maridos deben volver a casa y sobre muchos otros temas en que la libertad masculina no sufre, hasta ahora, muchas restricciones, o, por lo menos, no tienen castigos eficaces. 


Los matrimonios solo se celebrarán por amor

Las empleadas de la Generalidad y del Ayuntamiento de Barcelona, jovencitas inteligentes y cultas, razonan de este modo: 

—Han sido necesarios veinte siglos de civilización para que llegaran a dictarse leyes como ésta. No sabemos qué motivos tenía la sociedad para controlar de una manera tan arbitraria los actos de la mujer. 

Todas estas muchachas son un poco políticas. 

Y toman, como los hombres, parte activa en mítines y conferencias. Las casadas no digamos. 

—Cuando llegué a mí mayor edad —cuenta una—, soltera todavía y en mi poder la legítima de mí madre, podía obrar a mi antojo y hacer de mí y de mí dinero lo que buenamente me dictaba la voluntad. Si mi educación no me hubiera dado la medida exacta de las cosas, si yo hubiera sido, como lo eran algunas de mis amigas, una caprichosa o una excéntrica, podía haber gastado en cuatro días mi fortuna sin que nadie, por ello, me pidiese cuentas. Podía haber comprado joyas, víajar, haberme jugado mi dinero en Montecarlo... He aquí que me caso y ya no puedo disponer de un solo céntimo de mi capital, reducido, desde luego, pero mío. A los veinticinco años, la misma ley que dos años antes me concediera una libertad absoluta, me imponía una tutoria completa. Y conste que no puedo quejarme ni por un instante de la conducta de mi marido en este punto, pues la libertad de que la ley me privaba, mi esposo me la concedía. 

—¿Cree usted que puede tener influencia la ley en la felicidad del matrimonio? 

—De momento, sí, por nueva. Pero es una garantía para los matrimonios del futuro. 

En este momento ya habrá esposas que esperen la entrada en vigor de la ley para rescatar su fortuna del marido que se casó precisamente por ella. 

Esto, sin embargo, no ocurrirá en los matrimonios que se celebren desde enero del año próximo. Todos los matrimonios se celebrarán sólo por amor, única clave de la sociedad conyugal. Sin amor, el maridaje no será en Cataluña otra cosa que el acuerdo de dos ciudadanos para vivir en una misma casa, cada uno con sus derechos y su indiferencia. 


J.D.B. 
Estampa, 25 de agosto de 1934









3117. Natividad Yarza, la primera alcaldesa de Cataluña

Natividad Yarza, maestra nacional, nacida en Valladolid

Recia, con una cara enérgica de mujer acostumbrada a luchar, así es doña Natividad Yarza, primera alcaldesa catalana, y también primera alcaldesa española elegida por sufragio ya que las otras no han sido, hasta ahora, más que presidentas de los comisiones gestoras. 

Camina de prisa, con el andar de las gentes acostumbradas a cruzar largos espacios de campo y monte por malos senderos. En el horizonte, sobre una pequeña colina, el pueblo de Bellpart asoma blanco y diminuto. 

—En Barcelona he gestionado —me dice— un camino que una el pueblo con la carretera. El señor Companys me ha recibido. ¡Es un hombre tan amable! 

Atravesamos un arroyo. La alcaldesa salta como puede entre unos pedruscos y alcanza la orilla opuesta. 

—Ahora va a conocer usted mi pueblo. Es muy pequeño, muy campesino, pero yo siento por él una gran pasión. 

Todo el campo catalán la emociona. Ha vivido siempre en él.

—Ha nacido usted en una aldea catalana? 

Se echa a reír. 

—He nacido en Valladolid. Cuando tenía dos meses me llevaron a Zaragoza y a los cuatro años a Barcelona. Desde entonces, no he salido de Cataluña. 

Llegamos a Bellpart. Unos mozos vuelven de las huertas con azada al hombro, y dos muchachas los siguen con el delantal cargado de legumbres recién arrancadas de la tierra. Todos saludan a la alcaldesa, todos se acercan a hablarle como a una compañera, 

Y es que doña Natividad Yarza, maestra de Bellpart era, durante las elecciones, el candidato de esas gentes humildes que, al amanecer, van a inclinarse sobre un pedazo de huerta. Y de todas las mujeres. 


Su amor por la campesina catalana

La escuela está en el edificio del Ayuntamiento. O al revés, si ustedes prefieren. Es una casita de dos pisos; en el de abajo, hay una sala donde se hallan colocados pupitres para unos cuarenta niños; en el de arriba, una habitación minúscula amueblada con una mesa y un retrato de don Niceto Alcalá Zamora, hace las veces de secretaría, y al lado, una alcoba, en el espacio que deja libre la cama, hace de archivo. 

La alcaldesa está acostumbrada a estos arreglos que impone el poco dinero. Durante tres años fué maestra en Santa Margarita de Monbuy; luego, en Villanoveta del Cami. Más tarde, regentó una escuela en Igualada, otra en Pontons, y para recordar Aragón, estuvo durante una temporada al frente de la escuela de Candasnos. Pero prefería Cataluña, donde se crió, y una mañana llegó a Bellpart. 

—Era —me dice— mucho antes del advenimiento de la República. Yo sentía entonces los mismos deseos que ahora de intervenir activamente en la política y de redimir a la mujer. Pero aquel régimen no me permitía llevar a cabo proyectos. Cuando la Constitución republicana declaró a la mujer igual al hombre, entonces decidí luchar. 

Durante unos segundos, la alcaldesa permanece silenciosa para contemplar, desde la ventana, un grupo de muchachas que avanza por el camino del río. 

—¡Si supiera usted qué dura y qué trabajadora es la mujer del campo catalán! Como los hombres, labran, aran, cavan. Como los hombres, arrancan a la tierra su corteza de piedras y malezas para plantar la vid. Saben vivir con muy poco y saben ahorrar. Sí; son sus iguales para el trabajo, para las obligaciones, ¡para todo!, ¿por qué no lo han de ser en sus derechos? No basta que se haya afirmado esto en una Constitución. Hay que decírselo, hay que enterarlas de esta buena nueva. 

—¿Y los hombres? 

—Los hombres, aquí por lo menos, aceptan encantados este estado de las cosas. Ninguno ha sentido su amor propio herido por el hecho de que sea una mujer quien gobierne. O, por lo menos, no lo he advertido. Es más: me piden que los oriente, que les resuelva sus conflictos. 

Se oyen en el piso de abajo risas y voces infantiles. Son los niños que van llegando al colegio. Algunos, que viven en masías apartadas, han tenido que atravesar varios kilómetros de campo. 

—Las elecciones se celebraron aquí el día 14 de enero —nos dice la alcaldesa mientras busca los libros y los cuadernos de apuntes—. No hubo ni un solo incidente. Fué el día más bello de mi vida. 


L.G. de L.
Estampa, 3 de marzo de 1934







3053. Mary-Pepa Colomer, la aviadora más joven de España

A unos cuantos kilómetros de Barcelona, yendo hacia el Prat, el antiguo aeródromo de Canudas, en la soleada pero fría mañana de invierno, está desierto. Sólo allá, en medio del campo, la ágil silueta de una mujer se destaca sobre el fondo azul del cielo, junto a la hélice inmóvil de una avioneta, dispuesta a volar. 

Un obrero que sale de los hangares la señala con un gesto de admiración: 

—Es Mary. ¡Hoy madruga!... 


*


Aunque sus amigos y sus familiares la conocen simplemente por "Mary", ella se llama, en realidad, Mary-Pepa Colomer, y es una bella señorita barcelonesa, que se ha hecho aviadora. Alta, rubia, fuerte y enérgica, observándola, se comprende muy bien que haya sido atraída, a pesar de su juventud, por la arriesgada profesión de piloto aviador. Claro que tuvo que vencer sus obstáculos... 

—Al principio —me cuenta, abandonando un momento la dura labor de "purgar" a la avioneta— mi familia no quería. ¡Huy, tuve que luchar con muchas dificultades! Decían que yo estaba loca; que la aviación era para los hombres y no para las mujeres; que me iba a estrellar... Pero yo no hice caso, y, en vista de que no cedía, mi familia me autorizó, al fin. Canudas fué mi primer profesor, el que me enseñó a volar... 

—¿Y cómo se le ocurrió a usted hacerse aviadora? 

—¡Pues no lo sé! Quizá influenciada por las lecturas. De niña me encantaban los relatos de las hazañas de los más afamados aviadores, y cuando, desde el balcón de mi casa, veía pasar un aeroplano, me quedaba contemplándolo, como hipnotizada. Y cuando fui un poco mayor... 

—¿Tardó mucho en aprender? 

—No; en seguida supe manejar el aparato. Tenía —y tengo— una gran serenidad para volar, y a los pocos meses de empezar las clases, ya me elevaba sola. Luego me examiné para conseguir el título de piloto y salí bien. Acababa de cumplir entonces diez y siete años.


*


Ahora, Mary-Pepa Colomer tiene veintiuno, y es, por lo tanto, la aviadora más joven de España, y, seguramente, una de las que más tiempo han volado: setenta horas. 

—¿Usted se piensa dedicar a la aviación, Mary-Pepa —le he preguntado—, o la practica sólo como deporte? 

—¡Claro que me pienso dedicar a ella! —contesta rápida—. Para eso me entreno casi todas las mañanas. Yo no tengo ninguna otra profesión o carrera, y como tendré que ganarme la vida por mi cuenta, prefiero hacerlo de aviadora. Hasta ahora, la aviación no nos brinda ningún porvenir a las mujeres; pero quizá las cosas cambien con el tiempo. 

—¿Y no le da a usted miedo volar? 

—¿Miedo? No, nada; en absoluto.. —responde, muy extrañada—. Nunca he sentido miedo, ni cuando empecé a manejar la avioneta. ¿Miedo? No, no; no soy cobarde... 


*


Los dos hombres a quienes Mary-Pepa admira más en el mundo son, naturalmente, dos aviadores: Lindbergh y La Cierva. 

—A Lindbergh —afirma— lo admiro por su serenidad y su valor, y a La Cierva, por su talento. Si existiesen muchos hombres como ellos, el mundo sería otra cosa. 

—¿Y no admira usted, aunque sea de otro modo, a ningún hombre más? ¿No tiene novio? 

Se ruboriza; sonríe, vuelve a ruborizarse: 

—No; no tengo novio —dice, al fin—. No lo he tenido nunca... 


*


—¿Y usted no ha pensado nunca en intentar un raid, en batir un record? 

La señorita Colomer suspira con desaliento: 

—¡Ya lo creo que lo he pensado! Es mi sueño continuo... 

—¿Y por qué no lo intenta? 

—¿Sabe usted cuánto dinero se necesita para ello? Pues muchos miles de duros, que yo no tengo, y que es dificilísimo encontrar. Pero si pudiera, claro que intentaría alguna hazaña aérea. Me encuentro siempre muy animada. Intentaría sobrepasar algún record de altura, de distancia, de duración de vuelo... Hasta me atrevería, sin temor al fracaso, a cruzar el Atlántico. Pero no puede ser; no hay dinero... 

Hace una brusca transición: 

—¿Usted no me ha visto volar? 

—No; creo que no... 

—Pues verá. Asciende, rápida, a la cabina de la avioneta; se cala el casco, y, poco a poco, el aparato empieza a subir. 

J. S.-O. 
Estampa, 23 de febrero de 1935