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3193. Casi niños




Casi niños aún, bellos, serenos,
van cantando a la muerte estos muchachos.
Y su irse desangrando poco a poco
tan sólo es comparable al de la aurora.

Cuando en el viento suenan,
apagándose sus últimas canciones,
es entonces igual que si sus ojos
fueran preciosas flores pisoteadas.

Así los corazones más hermosos
por la felicidad humana han muerto.
De los sangrientos campos españoles
llega, pura, a nosotros su llamada.


Jef Last
El Mono Azul, 15 de octubre de 1936









3167. Milicianos

Madrid, noviembre de 1936. ©Archivo histórico del PCE


Casi niños aun, bellos, serenos, 
van cantando a la muerte estos, muchachos. 
Y su irse desangrando poco a poco 
tan sólo es comparable al de la aurora. 

Cuando en el viento suenan, apagándose, 
sus últimas canciones, 
es entonces igual que si sus ojos
fueran preciosas flores pisoteada.

Así los corazones más hermosos 
por la felicidad humana han muerto. 
De los sangrientos campos españoles 
llega, pura, a nosotros su llamada. 


Jef Last
Ahora, 4 de marzo de 1937








2785. Jef Last / A un compañero caído

Josephus Carel Franciscus (Jef) Last
(La Haya, 2 de mayo de 1898 - Laren, 15 de febrero de 1972)


Vine a España tan pronto como estalló la sublevación fascista. Me enrolé como miliciano en el batallón Sargento Vázquez, y he combatido en distinto sectores del frente madrileño. Mi entusiasmo por el pueblo español excede a todo cuanto pudiera decirle. Los camaradas que han luchado y luchan conmigo no sólo saben dar el pecho al enemigo como soldados valerosos, sino que procuran además ser útiles en cualquier otra ocupación que les reclame fortuitamente. Les he visto recoger la algarroba, transportándola en sus mantas de campaña, en lugares situados detrás y aun delante de la línea de fuego, aprovechando los momentos de calma o la oscuridad de la noche. Estos hombres, animados de una gran fe, un extraordinario ardor combativo y un incomparable espíritu de sacrificio, saben por qué luchan y contra lo qué luchan.

He publicado tres folletos sobre la lucha sostenida aquí contra el fascismo internacional. Tendrá usted una idea del interés que existe en mi país por este asunto si le digo que en un mes han salido diez ediciones, con un total de treinta mil ejemplares. Estos folletos han sido traducidos también al francés. Entre diciembre y enero últimos tuve un permiso de unos días, que aproveché para ir a mi país. Debo confesarles que jamás pude soñar en un movimiento de simpatía hacia el pueblo español como el que pude observar allí. En este movimiento participa no sólo la clase obrera, sino también la clase media, e incluso algunos elementos pertenecientes a la alta burguesía. Pero muy especialmente la juventud católica. Tenga usted en cuenta que los publicistas católicos más conocidos y prestigiosos de Holanda, como Van Duinkerken y el doctor Brouwer, así como el gran escritor católico flamenco Van Walschap –de quien pienso, y conmigo toda la juventud literaria holandesa, que es el primer escritor de nuestra patria–, no sólo han expresado verbalmente su simpatía y adhesión a la causa del pueblo español, sino que han escrito folletos y manifiestos en favor de esa causa. Por lo que respecta a Van Duinkerken, ha organizado reuniones y actos, en algunos de lo cuales tomó parte el escritor católico José Bergamín. Yo tengo pruebas irrefutables de este movimiento en vuestro favor del pueblo holandés, movimiento que, como he dicho, abarca distinto sectores de la opinión pública holandesa.


Jef Last
Política, Madrid, 7 de julio de 1937



A un compañero caído

Florecía una rosa, blanca, en aquel campo pardo
flor de la muerte en medio de heridos aún muriendo.
Un joven rostro habla –al dar su último paso–
Sabido darse un aire vago de estar sonriendo.
«Tengo frío» –clamaban sus labios azulencos.
y con su mano, a tientas, buscaba al compañero.
Vi resbalar su vida al resbalar su sangre
y hacérseme su cara cada vez más amable.
«Un muerto más, inscrito en nuestra lista de héroes»,
Dios mío, qué náuseas en la boca esta palabra.
No, un niño que arrastró al bruto que arma al hombre,
un aliento de menos de boca que cantaba.
Un canto que se quiebra a la primera estrofa,
un corazón valiente que de pronto acribillan,
un compañero menos en nuestra senda angosta
y nocturna que andamos con barro a la rodilla.
Pero en esta mañana, un jo ven pajarillo
se ha puesto en una rama y hace sonar u arpa.
y para mí que oigo en sus alegres trinos
la voz de mi caído compañero que aún canta.

Jef Last
Frente del Pardo, 16 de febrero de 1937













1542. Discurso de Jef Last en el II Congreso Internacional de Escritores

Camaradas: Hubo un tiempo en que yo odiaba al fascismo intelectualmente, por decirlo así. Sus doctrinas, sus actos, todo lo que de él sabía por los libros o por los relatos de los camaradas, me parecía no sólo aborrecible, sino incluso en contradicción con la cultura y con la vida.

Más valía morir que vivir bajo un régimen semejante; valía más dejar mujeres e hijos para irse a luchar a España, que no asistir al envenenamiento del alma y del espíritu de esos hijos, caso de que el fascismo triunfara en Europa. Este odio, camaradas —odio de artista contra la fealdad, odio de intelectual contra la estupidez y la mentira, odio de ser humano contra la crueldad más bestial—, era, pues, bastante fuerte; pero es necesario decir que, al cabo de nueve meses de luchar en España, ese odio ha cambiado por completo de carácter. En lugar de ser cerebral, se me ha metido, por decirlo así, en la masa de la sangre, forma parte integrante de mi ser, de igual modo que ha echado raíces en lo más hondo del corazón de los nobles camaradas a cuyo lado, en la misma trinchera, he tenido la suerte de batirme. Oir lo que cuentan unos, leer los periódicos, ver las fotografías, es una cosa; tocar con tus propias manos el cuerpo despedazado de una mujer a la que antes has admirado, recoger piltrafas de niños que han estado jugando al lado tuyo, volver a ver, convertida en ruinas, la humilde morada a la que habías sido invitado, es otra cosa.

La guerra totalitaria que nos están haciendo, no sólo supera en crueldad, en brutalidad y en cobardía a cuanto haya visto nunca el mundo: supera igualmente a la imaginación más perversa y cruel. Después de cuanto hemos visto y vivido, un Octavio Mirbeau, un Poe, inclusive, nos parecen escritores harto endebles.

Dice un refrán de mi tierra que a todo se acostumbra uno, incluso a estar colgado con una cuerda atada al cuello. Lo cierto es que el pueblo español, y sobre todo el de Madrid, se ha acostumbrado a vivir en el heroísmo, como hay otros pueblos que se acostumbran cada vez más a vivir en la cobardía.

Pero vuestra venida aquí —este simbólico acto de fe en nuestra victoria, esta alianza con el proletariado en armas— me parece, sobre todo en este momento, significativa desde otro punto de vista. Si nuestra lucha no fuese más que una lucha contra algo, si no fuese al mismo tiempo una lucha por más amor cada vez, por más justicia, por más libertad y más cultura como nuestros soldados la entienden, estaría perdida de antemano.

La lucha por la cultura: eso es lo que nos reúne.

Un soldado analfabeto de mi Compañía que escribía en la primera carta a su mujer: «Cada día estoy más contento de haber venido aquí, Porque aquí aprendo cosas que nunca hubiera podido aprender en mi pueblo», o los soldados que en los edificios de la Ciudad Universitaria habían pegado cartelones llenos de faltas de ortografía, en los que se decía : «Camaradas, no toquéis a los instrumentos, que están al servicio de la ciencia», o bien aquellos milicianos que arriesgaban sus vidas por salvar del Palacio de Liria en llamas los tesoros de arte, todos ellos luchan por la misma cultura que defendemos nosotros, por una cultura que veneran sin haber probado nunca sus frutos.

Miguel de Unamuno ha escrito, en su libro sobre Don Quijote y Sancho, que, de estos dos personajes, era Sancho Panza el verdadero idealista porque creía en Don Quijote. Y no es posible releer la obra maestra de Cervantes sin percibir en cada página esa admiración que, a pesar de todo, siente el hombre del pueblo hacia su superior en espíritu, veneración que le induce a seguir al intelectual, incluso cuando su razón le dice que no debe hacerlo. 

No quisiera yo comparar al magnífico pueblo español de hoy, heroico y consciente, con Sancho Panza, que, sin defenderse, aguantaba los golpes no más que por ganar su famosa isla. Pero sí me atrevo a decir que en el Sancho gobernador, probo, justo y valeroso, pueden encontrarse ya, con todo, las características esenciales de los milicianos de nuestro glorioso Ejército.

Otros escritores, en cambio, han comparado a Don Quijote con el intelectual de nuestros días. Ello nos impone una enorme responsabilidad. Si es cierto que los escritores son, según la célebre frase de Stalin, «los ingenieros del alma», es menester que trabajen con una consciencia de matemáticos.

Para citar una vez más a nuestro gran jefe Stalin: «¡Vigilancia, vigilancia y vigilancia!» Ocurre a veces que el médico que combate una enfermedad sea el primer contagiado por los bacilos de esa enfermedad. Velemos para evitar todo contagio. Basta de «trahison de clercs». Basta de procederes mecánicos y de rótulos demasiado cómodos. Nuestro deber no puede ser nunca seguir el surco de los periodistas y de los oradores; tenemos nuestro quehacer claramente definido: el de ahondar en el sentido de esta lucha homérica a que tenemos el honor y la suerte de asistir. ¡Que no se diga de nosotros que el valor moral es cosa mucho más difícil de lograr que el valor físico de los soldados que están en la trinchera!

No olvidemos nunca que en la base de toda cultura está la crítica, la autocrítica que tanto nos ha recomendado Lenin. Allí donde falta la crítica, las injusticias y las inmundicias se engangrenan como heridas que han cerrado en falso. Hay que sacarlas a la luz para poder curarlas. Quien se calla por temor a que nuestros enemigos puedan servirse de su crítica, se dará cuenta amargamente, algún día, de que los mismos males que dejó de señalar, creciendo incesantemente y con toda tranquilidad, hablan y acusan con más fuerza que cuanto hubiera podido hacer su crítica. Lo que amenaza la vida del paciente es la enfermedad misma, y no el diagnóstico del médico.

He hablado de «ahondar».

Aplaudo de todo corazón este «frente popular» que nos une en nuestra lucha por la democracia. Veo en ese «frente popular», no sólo una garantía de la victoria, sino la realización de los deseos de todo el proletariado, el primer paso que habrá de conducirnos a la consigna de Marx: «¡Proletarios de todos los países, unios!»

Sin embargo, ese frente popular presenta aún con demasiada frecuencia el carácter de una colaboración puramente oportunista. Es imposible quedarse ahí.

Son lazos más estrechos que los del interés los que nos unen a amigos como nuestro presidente José Bergamín, a los heroicos defensores católicos de Euzkadi. La consigna de Marx de que «la religión es el opio del pueblo» no basta ya para explicar la honda simpatía que encuentra nuestro ideal en toda la vanguardia de la juventud católica. A los intelectuales incumbe el deber de descubrir lo que de común tenemos, no en informes y resoluciones, sino en Francisco de Asís, en los padres de la Iglesia, y en aquellos socialistas de la Edad Media que hacían su revolución en nombre de la misma doctrina que en la actualidad se ve perseguida por Hitler.

Aparte de esto, al comprender que la lucha del proletariado es una lucha por la vida feliz de las generaciones futuras, la lucha de los intelectuales debe dirigirse hacia el mismo fin, declarando la guerra a todos los restos de una moral burguesa, capitalista o patriotera, que atenta contra esa felicidad. El proletariado tiene derecho a exigir de nosotros las bases de una moral nueva y de un arte nuevo que estén de acuerdo con sus aspiraciones. El águila, una vez puesta en libertad, no puede volver nunca a su antigua jaula. El Don Quijote Moderno no puede ya contentarse con explotar a Sancho Panza para su gloria puramente personal; debe unirse al alma misma del pueblo, para poder satisfacer unos deseos santificados por ríos de sangre humana.

La lucha del pueblo español, repito, es la lucha de la vanguardia del proletariado mundial por la libertad, la justicia y la cultura. Ha habido momentos en que esa lucha parecía exasperada. En esos momentos me he acordado de aquella otra lucha que sostuvo una vez mi pueblo con el monarca más poderoso del mundo, aliado con la Iglesia omnipotente. Me he acordado del año 1572, cuando tan sólo dos de las siete provincias hacían resistencia al enemigo: el ejército estaba derrotado, y solamente el pueblo en armas defendía encarnizadamente las pocas ciudades que todavía eran libres. Todos sabéis cómo vino a terminar aquella lucha en la liberación de los Países Bajos, y cómo, pocos años después, las artes y la cultura, en un régimen bastante democrático para su tiempo, cobraban en Holanda un impulso no igualado en ninguna otra parte, bajo los regímenes autocráticos.

Esa lucha de los «mendigos» de mi tierra, la Revolución francesa, la gloriosa Revolución rusa y ahora la magnífica defensa de la España republicana, no son más que episodios de la evolución humana. Ningún río vuelve nunca a su manadero. El río de la evolución humana sale de las sangrientas tinieblas que los dictadores fascistas quisieran restablecer. Se dirige hacia el mar libre de «el género humano que es la Internacional». ¡Gloria y victoria al noble pueblo de España que ha sido el primero en hacer saltar los diques que a esa corriente se oponían, salvando, con sus actos, a la Europa occidental, del pantano en que no pueden menos de ahogarse todos los gérmenes de cultura! ¡Gloria y victoria a mis camaradas de las trincheras que escriben con su sangre páginas más hermosas que las que jamás sabrá escribir ninguno de nosotros!


Jef Last
Julio 1937
  
Publicado en Hora de España VIII
Valencia, Agosto 1937








1444. Jef Last, el poeta soldado

El 2 de mayo de 1898 nacía en La Haya (Holanda) Josephus Carel Franciscus Last, conocido como escritor bajo el seudónimo de Jef Last. Durante su niñez recibió una educación católica en la Christian High School de Amsterdam e, inspirado por la Revolución Rusa de 1917, comenzó a leer las obras de Karl Marx y se unió al Partido Socialdemócrata de los Trabajadores (S.D.A.P). Para 1920, interesado por el porvenir de los obreros en una Holanda golpeada por una fuerte depresión, participó de movimientos estudiantiles y trabajó en fábricas y minas, lo que le permitió escribir una importante cantidad de artículos periodísticos en revistas de izquierda como Opgang, Het Volk, De Notenkraker, De Socialistische Gids y Eenheid. Además, su activismo social lo llevo a participar de la organización cultural del SDAP, del Instituto para el Desarrollo de la Confederación Sindical de los Trabajadores y de la Liga contra el Imperialismo y la Opresión Colonial, donde conoció a la poeta y escritora Henriette Roland Holst, al político socialista y dirigente sindical Henk Sneevliet y al político indonesio Muhammad Hatta.1

Para 1930, Jef Last se decepcionó del SDAP y se unió al Partido Socialista Revolucionario (R.S.P.), donde participó activamente en acciones sociales y culturales. En cuanto a su actividad literaria, Last publicó una novela nueva por año, un libro de poesía y una gran cantidad de artículos periodísticos en la prensa nacional e internacional. En noviembre de 1931, debido a su interés político, viajó a la Unión Soviética para escribir un reportaje para Het Leven y allí se quedó a trabajar como delegado holandés en la Asociación Internacional de Escritores Revolucionarios de Moscú. A finales de 1932, de regreso a Holanda, Jef Last se afilió al Partico Comunista de los Países Bajos (C.P.N.) y, en 1933, partió a París para ayudar a los refugiados alemanes que huían de la persecución y el racismo nazi.

Fue en Francia donde Last tuvo contacto con escritores de renombre como el poeta y novelista Louis Aragon y el escritor André Malraux y donde se relaciona con el escritor André Gide, con quien participó en el I Congreso Europeo de Escritores Antifascistas (1935). Influenciado por Gide, el escritor holandés redacta y publica su novela Zuiderzée (1934), donde describe una relación homosexual entre los protagonistas.2

En junio de 1936, André Gide fue invitado por el Estado Ruso para realizar una visita a la Unión Soviética, donde se encuentra con su amigo holandés Jef Last y quien lo acompañara en el viaje junto a Louis Guilloux, Eugène Dabit, Pierre Herbart y Jacques Schiffrin. Una gran amistad unirá a ambos escritores hasta que Gide publica Retour de l' URSS (1936) y rompe con el comunismo.3 Según José María Ridao, Gide fue cambiando su postura hacía la Unión Soviética por la suma de detalles aparentemente intrascendentes que observó durante su viaje; ante una cola para la obtención de alimentos Gide se preguntaba: “Me asombro –escribió Gide–: ¿De qué sirve llegar antes? ¿Qué se gana?’ ‘¿Cómo que qué se gana? –le respondió un interlocutor innominado, uno de tantos que le informaron al margen de los circuitos oficiales–. Los primeros son los únicos a los que se puede despachar’. La conclusión que extrajo Gide resultaba inapelable: en la Unión Soviética se compraba “por extrema necesidad, jamás por antojo”4, por lo que el escritor francés se fue desencantando de la utopía «en construcción» aunque su amigo y compañero de delegación, Jef Last, intentaba convencerlo de los «progresos prodigiosos» que se habían producido desde su último viaje dos años atrás.5


El poeta en la Guerra Civil

En julio de 1936, un grupo de generales golpistas intentó tomar por la fuerza el poder de la República en España. Obreros y civiles españoles a favor de la legalidad republicana consiguieron detener a las fuerzas rebeldes en las ciudades más importantes de la península Ibérica. Muchos intelectuales europeos enterados del avance fascista por España decidieron viajar a tierras hispanas para apoyar a la República contra los rebeldes. El escritor francés André Malraux compró aviones al gobierno galo y pagó a pilotos extranjeros para organizar una escuadra aérea y luchar contras los aviones italianos y alemanes que apoyaban a los golpistas; el periodista soviético Mijaíl Koltsov, además de escribir crónicas para Pravda, participó en importantes reuniones del gobierno republicano asesorándolo en cuestiones militares y, bajo la personificación del comunista mexicano Miguel Martínez, ayudó en la preparación del Quinto  Regimiento6 ; el escritor húngaro-soviético Máté Zalka, con el seudónimo de Pavel Lukács, dirigió la XII Brigada Internacional con el cargo de general; el novelista alemán Gustav Regler llegó a España y fue designado comisario político de la XII Brigada Internacional; el escritor alemán Ludwig Renn ingresó como miembro del Estado Mayor de la XI Brigada Internacional donde también se encontraba el periodista y militar alemán Hans Kahle; el poeta holandés Jef Last que, enterado del levantamiento fascista, viajó a España e ingresó como miliciano en el Batallón Sargento Vázquez para luchar contra los golpistas; entre muchos otros escritores, periodistas, poetas e intelectuales españoles y extranjeros.

Según el poeta y escritor argentino Cayetano Córdova Iturburu, que conoció a Jef Last en las trincheras de Madrid, el poeta holandés llego a España en agosto de 1936: “Nos enteramos, también, en Agosto del año pasado [1936], de su incorporación a las filas de las milicias populares”7, pero según el poeta español Bernardo Clariana, quien le realiza un reportaje para la revista Hora de España, Jef Last estuvo en tierras españolas en septiembre de 1936: “Jef vino a España dejando su brumoso país de flores, en los primeros días de septiembre, y esto explica que no lucha en la Brigada Internacional, sino como teniente del Batallón Sargento Vázquez”8. Pero haya llegado a España en agosto o en septiembre de 1936, el poeta holandés Jef Last, por su postura antifascista, su condición de comunista y su cercanía al proletariado, se enlista en las milicias populares que luchan a favor de la República y del pueblo español y marcha al frente de guerra junto a cientos de milicianos españoles y extranjeros para enfrentarse a los sublevados.

Desde su llegada a España hasta mediados de 1937, Jef Last combatió junto al coronel Julio Mangada Rosenörn, conocido como «el general del pueblo»9, en el frente madrileño, en Navalperal de Pinares, en Getafe y en Las Rozas realizando importantes actos heroicos en defensa de la legalidad republicana. Cuando el escritor argentino Córdova Iturburu llega a Madrid en mayo de 1937, fue recibido por el escritor holandés, de unos 39 años de edad, quien será el encargado de acompañarlo al frente y en una de sus crónicas lo describe de la siguiente manera: “Jef Last tiene los ojos azules e  inocentes de los hombres del Norte. Es flaco y desgarbado. Y un poco encorvado. Viste los breeches de cuero y el espeso chaquetón del Ejército ceñido por el correaje que sostiene, a su derecha, la pistolera del arma reglamentaria. Una dulzura persuasiva tamiza, permanentemente, sus palabras. Una bondad infinita, una ternura contagiosa, resbala, cuando habla, de sus ojos, de su gesto, de su actitud”10. Este poeta flaco, encorvado y vestido de militar había realizado un acto de valentía y heroísmo durante los enfrentamientos en la zona de Getafe, hacía octubre de 1936.11 Cuando tropas, ametralladoras, artillería, tanques y aviones de los sublevados atacaban a las milicias populares sobre el camino de Toledo a Madrid, los milicianos comenzaron a desbandarse y para que no se produjera una matanza, el miliciano Jef Last se puso de pie y mirando de frente a los rebeldes en un español entrecortado les grito a sus compañeros: “¡Españoles! ¡Valientes españoles! ¡Detener a la canalla fascistas!” por lo que treinta hombres rodearon a Last y cubrieron la retirada del resto de los camaradas.12


Viaje a Holanda y el regreso a la lucha

A comienzos de 1937, Jef Last recibió un permiso de tres semanas del Ejército Popular Republicano y viajó a Holanda. En Haarlem, el poeta holandés se dedicó a escribir discursos sobre los sucesos en España, los que eran leídos por diferentes personas a los asistentes a los mítines porque la policía holandesa le había prohibido que hablara de la Guerra Civil. En Amsterdam, Last participó del Congreso del Partido Comunista holandés y se realizó una colecta para ayudar a los republicanos españoles. En Frisia, un anciano que viajó a pie más de dos horas para escucharlo hablar le entrego parte de su salario para la causa leal. En Leeuwarden, luego de finalizar una charla sobre el  conflicto español, un ferroviario, que había asistido a la reunión, le regaló un chaquetón para usar a su regreso a España.13

Cuando terminaba su permiso y Jef Last estaba por regresar a la península Ibérica, la policía y el Estado de Holanda decidieron quitarle su ciudadanía holandesa por participar en la Guerra Civil española a favor del pueblo y de la República; desde ese momento, el poeta y escritor holandés era “[…] incompatible con la flemática ciudadanía holandesa, donde la seriedad monta flacas bicicletas y las rubias muchachas saben pedalear graciosamente”14.

En Bruselas, Last se detuvo para brindar una conferencia sobre la guerra en España ante una asistencia de varios cientos de personas. Entre ellas se encontraban estudiantes, profesores y autoridades universitarias que lo escucharon hasta que la policía belga disolvió la reunión e intentó arrestar al escritor holandés. Desde allí marchó a España y se integró a su batallón en el frente de Madrid.15 De regreso en las trincheras del frente madrileño, en el sector de Las Rozas, Jef Last se reencuentra con sus compañeros de brigada y, ya con el cargo de teniente del Batallón Sargento Vázquez, vuelve a ocupar su «chabola», una pequeña vivienda con suelo de tierra y una cama de paja desde donde controlaban los movimientos en las trincheras fascistas. Last reside entre sus camaradas y no quiere vivir mejor que los demás soldados, Córdova Iturburu describe sobre la humildad de la vivienda del teniente–poeta: “¿Qué veo a mi alrededor en esta ‘chabola’ de Jef Last? A la luz de una vela, que se sostiene en la boca de una botella, veo una mochila de tela, abierta, un par de platos y cucharas, unos correajes de soldado, un fusil, unas empolvadas mantas gris-pizarra”16. Era, también en esa chabola, donde Last escribía sus poemas sobre la guerra, las Cartas de España, que se enviaban a Holanda y se publicaban en pequeños cuadernillos, y algunas participaciones en El Mono Azul, una revista editada por la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura.

Mientras estaba combatiendo en el frente de Navalperal, Jef Last escribió un poema que fue publicado en El Mono Azul del jueves 15 de octubre de 1936 y estaba dedicado a los jóvenes milicianos que marchaban al frente de guerra para morir combatiendo a favor de la causa republicana: 

Un poema de Jef Last:

Casi niños aún, bellos, serenos,
van cantando a la muerte estos muchachos.
Y su irse desangrando poco a poco
tan sólo es comparable al de la aurora.

Cuando en el viento suenan, apagándose
sus últimas canciones,
es entonces igual que si sus ojos
fueran preciosas flores pisoteadas.

Así los corazones más hermosos
por la felicidad humana han muerto.
De los sangrientos campos españoles
llega, pura, a nosotros su llamada.17

Pero el poeta, escritor y miliciano holandés no solo escribía sobre la defensa del pueblo español sobre los sublevados fascistas sino que luchaba en las trincheras republicanas contra el avance de marroquíes, italianos y alemanes dirigidos por generales rebeldes españoles y además ocupaba parte de su tiempo para enseñarles a leer y a escribir a sus camaradas republicanos y cuidar de ellos en todo momento. No solo luchaba contra el fascismo sino también contra el analfabetismo de un pueblo que había sido explotado durante años y años por una clase letrada y culta. Córdova Iturburu relata en sus crónicas sobre la guerra española cómo los milicianos bajo el mando del teniente Last lo tratan como un igual porque: “Él les enseña, pacientemente, a hacer gimnasia, les enseña la instrucción militar que con tanta avidez aprenden estos fervorosos soldados de la República, les enseña a leer y a escribir, cuida de que nada les falte y él, que se juega la vida a una carta a cada instante, pone una prolijidad meticulosa en la tarea de reducir a un mínimun de posibilidades el peligro a que exponen a sus soldados las necesidades de la guerra”18

Al poco tiempo, Jef Last y Cayetano Córdova Iturburu se vuelven a encontrar en la Casa de la Alianza de Intelectuales Antifascistas de Madrid, donde el escritor holandés le relata orgullosamente su ascenso a capitán del ejército republicano. Luego, Córdova Iturburu se entera de la hazaña realizada por Last y por la cual fue ascendido, la noche anterior al 1 de mayo de 1937, fecha de importancia para los trabajadores a nivel mundial, el capitán Last junto al sargento Vico se arrastraron durante horas para colocar a pocos metros de las trincheras fascistas una bandera roja que ondeaba sobre ellas al salir el sol de tan sublime día para el proletariado.19

Instructor de las Brigadas y delegado en el Congreso de Escritores.

A mediados de 1937, el capitán Last fue enviado al hospital de Madrigueras (Albacete) por algún castigo aplicado a su elección sexual. El mismo escritor holandés relata en sus Cartas de España que en Madrigueras la homosexualidad entre los soldados era castigada con 5 días de prisión.20 En el hospital, el poeta holandés fue tratado por el doctor Max Hodann, médico y psiquiatra austriaco, especialista en enfermedades venéreas, educación e higiene sexual y miembro de los servicios sanitarios de las Brigadas Internacionales.

Para 1937, el pueblo de Madrigueras se había convertido en una zona de instrucción permanente de las unidades que pasaban a descanso o aquellas brigadas que eran enviadas a la retaguardia a reorganizarse.21 Una vez en Madrigueras y bajo tratamiento médico por su homosexualidad, el veterano de las trincheras del frente madrileño Jef Last fue destinado a la instrucción y entrenamiento de las Brigadas Internacionales que se encontraban en la región.

En julio de 1937, se iba a desarrollar en territorio hispano el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura y por su calidad de poeta y escritor Jef Last fue elegido como delegado por Holanda para participar en sus sesiones. El 4 de julio se reúnen en Valencia los delegados de los siguientes países participes del congreso: Alemania, Argelia, Argentina, Austria, Bélgica, Bulgaria, Costa Rica, Cuba, Checoslovaquia, Chile, China, Dinamarca, España, Estados Unidos, Francia, Grecia, Holanda, Inglaterra, Islandia, Italia, México, Noruega, Perú, Portugal, Rumania, Rusia, Suecia y Suiza. Según Manuel Aznar Soler, en el Congreso “[…] hubo unanimidad en resaltar que el pueblo español estaba luchando contra el fascismo internacional por la dignidad humana, por la defensa de la cultura y por la libertad del hombre y del pensamiento. […] Pero la defensa de la cultura no era una actitud meramente pasiva o “conservadora”, sino que exigía convertir a la cultura –en sentido gramsciano- en el fundamento racional que convertía al miliciano o miliciana en personas conscientes del sentido profundo de la lucha y de los valores que implicaba la derrota del fascismo. Guerra o revolución o guerra y revolución, lo prioritario era ganar la guerra. Por otra  parte, la conciencia de que la guerra civil española alcanzaba una dimensión internacional y de que en ella se estaba jugando el porvenir del mundo fue un tema reiterado y recurrente en muchos discursos”22 .

El 6 de julio, los escritores se trasladaron a Madrid para continuar con las sesiones del Congreso y visitar el frente madrileño. En las reuniones de ese día, el poeta holandés Jef Last dirigió su discurso a los congresistas. En ese discurso, Last mostraba su odio al fascismo por ser contrario a la cultura y a la vida: “Este odio, camaradas –odio de artistas contra la fealdad, odio de intelectual contra la estupidez y la mentira, odio de ser humano contra la crueldad más bestial-, era, pues, bastante fuerte; pero es necesario decir que, al cabo de nueve meses de luchar en España, ese odio ha cambiado por completo de carácter. En lugar de ser cerebral, se me ha metido, por decirlo así, en la masa de la sangre, forma parte integrante de mi ser, de igual modo que ha echado raíces en lo más hondo del corazón de los nobles camaradas a cuyo lado, en la misma trinchera, he tenido la suerte de batirme”23.

Su discurso continua en defensa de la cultura y en apoyo de un pueblo que lucha por protegerla: “La lucha por la cultura: eso es lo que nos reúne. El soldado analfabeto de mi Compañía que escribía en la primera carta a su mujer: «Cada día estoy más contento de haber venido aquí, porque aquí aprendo cosas que nunca hubiera aprender en mi pueblo», o los soldados que en los edificios de la Ciudad Universitaria habían pegado cartelones llenos de falta de ortografía, en los que se decía: «Camaradas, no toquéis a los instrumentos, que están al servicio de la ciencia», o bien aquellos milicianos que arriesgaban sus vidas por salvar del Palacio de Liria en llamas los tesoros de arte, todos ellos luchan por la misma cultura que defendemos nosotros, por una cultura que veneran sin haber probado nunca sus frutos”24 .

Además, esa lucha debe ser acompañada por los intelectuales no solo desde los periódicos y los palcos sino al lado de los soldados en las trincheras: “Nuestro deber no puede ser nunca seguir el surco de los periodistas y de los oradores; tenemos nuestro quehacer claramente definido: el de ahondar en el sentido de esta lucha homérica a que tenemos el honor y la suerte de asistir. ¡Qué no se diga de nosotros que el valor moral es   cosa mucho más difícil de lograr que el valor físico de los soldados que están en la trinchera!”25

La lucha contra el fascismo tiene que ser una lucha del proletariado y los intelectuales en conjunto para lograr la libertad, la justicia y la cultura: “[…] la lucha del proletariado es una lucha por la vida feliz de las generaciones futuras, la lucha de los intelectuales debe dirigirse hacia el mismo fin, declarando la guerra a todos los restos de una moral burguesa, capitalista o patriotera, que atenta contra nuestra felicidad”26.

El discurso del escritor holandés y capitán del Ejército Popular termina arengando al pueblo español para la obtención de la victoria contra las huestes fascistas.

El II Congreso Internacional de Escritores continuara sus sesiones en Barcelona para terminar en París, donde los congresistas firmaron una resolución que establecía el apoyo de la intelectualidad antifascista a la lucha de la República Española contra el levantamiento fascista y el compromiso de movilizar a la opinión pública – ya que los gobiernos de sus respectivos países practicaban la política de «no intervención» en el conflicto español- en solidaridad al pueblo hispano.

La salida de España En julio de 1937, el poeta holandés Jef Last había contestado a quienes proponían un apoyo absoluto a la política soviética y al silencio ante los problemas internos: “No olvidemos nunca que en la base de toda la cultura está la crítica, la autocrítica que tanto nos ha recomendado Lenin. Allí donde falta la crítica, las injusticias y las inmundicias se engangrenan como heridas que han cerrado en falso. Hay que sacarlas a la luz para poder curarlas”27 y continúa con una crítica directa a los «oportunistas» integrantes del Frente Popular que gobernaba a la República en este período de guerra civil: “Sin embargo, ese frente popular presenta aún con demasiada frecuencia el carácter de una colaboración puramente oportunista. Es imposible quedarse ahí”28.

Por su amistad con André Gide, escritor crítico de la Unión Soviética, el aumento de sus críticas al Partido Comunista y la política soviética en el conflicto español y su homosexualidad, elección sexual duramente reprimida por los comisarios políticos ya que se sostenía que “un comunista debía saber dominar su sexualidad”29, Last debió marcharse de España en septiembre de 1937. A finales del mismo año, los comunistas le realizaron una corte marcial, por su condición de capitán del Ejército Popular, y lo condenaron a pena de muerte. El poeta holandés, sin la ciudadanía de su país, huyó a Noruega donde fue recibido por Willy Brandt, seudónimo del periodista y político alemán Herbert Karl Frahm, quien le brindo trabajo como intérprete. En 1938, en un intento de regresar a Holanda para visitar a su esposa y sus hijas, fue capturado en la frontera y encarcelado. Una vez liberado, retorno a Noruega donde se dedicó a ser propagandista de la causa republicana de la Guerra Civil española, conflicto que lo marcará para toda su vida.

Diego Gerardo Naselli, Profesor en Historia
Huellas de la Historia, núm. 29, año 3
Febrero 2012

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1 Wester, Rudi, “LAST, Josephus Carel Franciscus”, Biografisch Woordenboek van het Socialisme en de Arbeidersbeweging in Nederland, 2001, http://www.iisg.nl/bwsa/bios/last.html
2 Su esposa Ida ter Haar aceptaba su homosexualidad aunque Jef Last se definía como bisexual. Last fue el co-fundador del Club de la Emancipación Homosexual Shakespeare. “Gay and Lesbians in war and resistence”, Liberation for Everyone, 2006, http://www.bevrijdingintercultureel.nl/ eng/homoseksuelen.html
3 Gutiérrez, Pepe, “Gide y el comunismo”, Fundación Andreu Nin, junio 2002, http://www.fundanin.org/Gide.htm. Artículo publicado en el número 151 de El viejo topo, abril 2002. 
4 Ridao, José María, “André Gide, desencantado”, El Siglo de Europa, núm. 872, 15 de marzo de 2010, http://www.elsiglodeuropa.es/siglo/historico/2010/872/872cultura.html
5 Ídem.
6 Preston, Paul, “Idealistas bajo las balas”, El Cultural.es, 24/05/2007, http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/20596/Idealistas_bajo_las_balas
7 Córdova Iturburu, Cayetano, España bajo el comando del pueblo, Acento, Buenos Aires, s/f, p. 49. 8 Clariana, Bernardo, “El poeta Jef Last lucha a nuestro lado”, Hora de España, Febrero 1937, Valencia, p. 39.
9 Barrio, José Antonio del, “Recordando al llamado general del pueblo”, Historia del siglo XX – Suite 101, 01 de enero de 2010, http://jose-antonio-del-barrio.suite101.net/recordando-al-llamado-general-delpueblo-a7841
10 Córdova Iturburu, Cayetano, Ob. Cit., p. 48.
11 “La Guerra Civil en el Parque Lineal (I): el avance hacia Madrid y la Batalla de Seseña”, Parque Lineal del Manzanares, 19 de enero de 2012, http://www.parquelineal.es/guerracivil/batalla_sesena.php
12 Córdova Iturburu, Cayetano, Ob. Cit., p. 48.
13 Clariana, Bernardo, Ob. Cit., pp. 39-40.
14 Ídem, p. 40.
15 Ídem, p. 40.
16 Córdova Iturburu, Cayetano, Ob. Cit., p. 50.
17 “Un poema de Jef Last”, El Mono Azul, jueves 15 de octubre de 1936, año I, núm. 8, Madrid, p. 2.
18 Córdova Iturburu, Cayetano, Ob. Cit., p. 50.
19 Ídem, pp. 51-52.
20 Requena Gallego, Manuel; Sepúlveda Losa, Rosa María (coords), La sanidad en las Brigadas Internacionales, Ediciones de la Universidad Castilla-La Mancha, Cuenca, 2006, p. 123.
21 Asociación Cultural de Recreación Histórica, “Albacete cede de las Brigadas Internacionales – 1936 . 1939”, Las Brigadas Internacionales en Albacete, 20 de enero de 2012, http://brigadasinternacionalesenalbacete.blogspot.com/
22 Aznar Soler, Manuel, “El Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura”, II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (Valencia, Madrid, Barcelona, París) 37, 2007, http://ddd.uab.cat/pub/expbib/2007/exili/aznar.asp.html
23 Last, Jef, “Discursos”, Hora de España, VIII, agosto de 1937, Valencia, p. 48.
24 Ídem, p. 49.
25 Ídem, p. 50.
26 Ídem, p. 51.
27 Ídem, p. 50.
28 Ídem, p. 51.
29 Requena Gallego, Manuel; Sepúlveda Losa, Rosa María (coords), Ob. Cit., p. 123.


Imágen: Retrato de Jef Last realizado por Piet Begeer en 1929